martes, 5 de mayo de 2009

SALUD Y ECONOMÍA: GASTAMOS POCO Y MAL

CIRO MURAYAMA

El brote de influenza ha puesto a México en una emergencia sanitaria. Gobierno, especialistas, medios de comunicación y sociedad en general suman esfuerzos para evitar que la salud de la población sufra daños mayores. Pero antes de esta grave epidemia, que pudo originarse y difundirse en cualquier otro país como venían previendo los expertos, el estado de la salud en México se encontraba en una situación de precariedad que se agrava ante una situación inédita como la actual.
Como en su momento indicó la Comisión Mexicana sobre Macroeconomía y Salud (Invertir en salud para el desarrollo económico, FCE, 2006), si bien nuestro país es considerado por el Banco Mundial una nación de ingreso medio alto, y por las Naciones Unidas una de desarrollo humano medio alto, lo cierto es que la salud en México es más débil de lo que cabía esperar para su nivel de ingresos. Un ejemplo es la tasa de mortalidad en menores de un año, que es 22% mayor que la que se esperaría para nuestro nivel de desarrollo. Otro ejemplo es la mortalidad materna, que en 2003 registró 83 muertes por cada 100 mil nacidos vivos, cuando la meta de los objetivos de desarrollo del milenio es de 27.5 muertes.
Estos ejemplos revelan un rezago en asuntos básicos de la salud. A ello hay que sumar los desafíos que supone la transición epidemiológica que vive México, la cual sobrepone los problemas de salud que suelen ser característicos del subdesarrollo —enfermedades infecto-contagiosas— con los de las naciones industrializadas —expansión de los padecimientos crónico-degenerativos, en especial la diabetes mellitus, que se ha convertido en la primera causa de muerte—. Este cuadro se presenta sobre una sociedad polarizada económicamente y con altos índices de pobreza y que, además, envejece, lo cual hará crecer de forma drástica la necesidad de atención médica especializada en las próximas décadas.
Un ángulo de mirada que contribuye a comprender el estado de la salud en México es el gasto. Mientras los países de la OCDE destinan a la salud en promedio 8.7% de su PIB, México canaliza sólo 6%, Canadá 10%, Estados Unidos 16% y en América Latina, Costa Rica 7.3%, Brasil 7.6% y Uruguay 9.8%.
Pero nuestro problema no es sólo que destinemos pocos recursos a la salud, sino que es un gasto que reproduce la desigualdad.
En México, de acuerdo con el estudio citado, en 2003 los recursos públicos representaron 46.4% (presupuestos gubernamentales más contribuciones del gobierno a la seguridad social), el prepago (seguros) 3.1%, mientras que el llamado “gasto de bolsillo” 50.5% del total. Lo anterior refleja que la mitad del gasto en salud lo hacen las familias en función de sus necesidades, no de sus capacidades económicas, lo que lleva a que con frecuencia se incurra en gastos catastróficos o empobrecedores en salud (que en 2004 alcanzaron a 15.9% de los hogares mexicanos). De ahí que la OMS sitúe a México en el lugar 144, en una lista de 189 países, en equidad en la contribución financiera a la salud.
México, más allá de la emergencia, tiene que hacer un esfuerzo mayúsculo para universalizar el acceso a la salud. La extensión en la cobertura tiene que traducirse no sólo en ampliación de las listas de asegurados, sino de las capacidades reales de atención, incluyendo infraestructura, medicamentos y personal. De acuerdo con el segundo informe del presidente Calderón, el gasto federal en salud fue de 2.5% del PIB en 2008. Con ese esfuerzo financiero, la universalización de la atención a la salud será una quimera. De nuevo, llegamos al tema fiscal: si no se amplía la recaudación como porcentaje del PIB, las restricciones presupuestales se impondrán sobre las necesidades vitales.
Ahora que se toman medidas de emergencia para enfrentar la alerta sanitaria, sería oportuno pensar en las acciones urgentes para atender la fragilidad fiscal que limita todas las capacidades para asegurar el bienestar de la población.

AMEDI Y LA INFLUENZA MEDIÁTICA

JAVIER CORRAL JURADO

El mismo día que el gobierno de la República decretó la alerta sanitaria para enfrentar la epidemia del virus de la influenza, 23 de abril, ocurría también un hecho importante para la vida del país. En el Club de Periodistas de México se desarrollaba la novena asamblea nacional de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi), que renovó sus cuadros directivos y analizó bajo la mirada especializada de varios de sus miembros el estado de la legislación en materia de medios de comunicación, particularmente los proyectos de reforma a la radio y la tv que duermen el sueño de los justos en ambas cámaras del Congreso.
La Amedi es importante para el país porque se trata del grupo plural más relevante que se ha conformado en torno de la lucha por la democratización de los medios, y se ha constituido en un referente indiscutible de esa lucha. Ahí se ha logrado reunir —poco tiempo después de las traumáticas elecciones de 2006— a los personajes de mayor prestigio político, jurídico, académico, comunicacional y de organización social.
A lo largo de estos dos últimos años ha consolidado su presencia en la vida pública de México, y con base en el rigor ético y profesional de sus estudios e investigaciones, en el celo de su independencia política, en la imparcialidad partidista que se ha impuesto y en la autonomía en su acción y pensamiento, es ya una voz sonora y una presencia visible en el debate de la nación.
Por más intentos que los intereses comerciales han realizado por sofocar el tema de la necesaria reforma de los medios, la Amedi ha mantenido encendida la llama de la esperanza, y animado bajo distintos enfoques y batallas ese debate como un asunto vital para la democracia.
En una renovación soberana y democrática, esperanzadora, ha tomado las riendas de la Amedi como nuevo presidente del Consejo Directivo, 2009-2011, el prestigiado investigador Raúl Trejo Delarbre, nuestro máximo teórico de la comunicación política en México, y como coordinador del Consejo Consultivo —en sustitución de Miguel Ángel Granados Chapa—, el doctor Néstor García Canclini, otro de los grandes no sólo en nuestro país, sino en América Latina.
De Trejo podemos decir que se trata del personaje que con mayor rigor ético, político y académico ha influido en la conciencia de miles sobre el estudio contemporáneo de la comunicación. Ya en el ejercicio de su responsabilidad en Amedi, convocó a un blog para discutir, intercambiar experiencias y expresar inquietudes y hallazgos sobre el desempeño de los medios ante la epidemia. Respondieron académicos e investigadores de la comunicación y se construyó un interesante diálogo con muy diversos enfoques (http://mediosantelainfluenza.wordpress.com/).
Según Trejo Delarbre, “En términos generales, sería mezquino regatearles a tv, radio y prensa el papel de comunicación que han cumplido con eficacia. Algunos han exagerado pero, en general, las descripciones altisonantes, la tentación del estruendo y las imágenes lastimeras quedaron en segundo plano. Las explicaciones a cargo de médicos especializados en epidemias han acaparado los segmentos. En noticiarios y espacios extraordinarios, televisoras y radiodifusoras han sido puentes entre expertos y sociedad”.
Este enfoque conforma una precisión de lucha política muy importante, que ante tanto abuso y exceso de algunos medios suele olvidarse para todos los demás. Trejo Delarbre lo ha formulado: “La Amedi no está en contra de los medios sino del abuso: queremos una apertura fincada en la investigación y el seguimiento escrupuloso de los asuntos públicos; queremos que se desenvuelvan en plena libertad para desarrollar ciudadanos y no consumidores”.
Es menester saludar ese enfoque y agradecer a Trejo Delarbre, a su nuevo comité directivo y a García Canclini el esfuerzo con el que deciden continuar una tarea indispensable para México: el cumplimiento de un deber cívico en horas difíciles para el país, y ampliamente retadoras para el derecho a la información.

lunes, 4 de mayo de 2009

REVUELTAS, MILITANTE DEL DESENCANTO

JOSÉ WOLDENBERG

En un ambiente sórdido, enclaustrado y pastoso, transcurre la vida de unos personajes angustiados por su condición y su conciencia. Sus relaciones, de manera enfática las de pareja, se encuentran condenadas a las leyes de la implacable rueda de la fortuna que pasa del encandilamiento al agravio, de las ilusiones a las realidades opresivas. Son personajes con un aliento introspectivo muy poco común. Y José Revueltas, el más introspectivo de todos, como un dios, pinta un fresco de desamparo y derrota.Se trata de Los días terrenales, la novela publicada en 1949. El propio autor solicitó a los editores que la retiraran de circulación porque sus compañeros o ex compañeros de “causa” veían en ella una visión reaccionaria, existencialista, derrotista, pequeñoburguesa.1
Escribe Álvaro Ruiz Abreu: “La agresión de sus camaradas obligó a Revueltas a guardar silencio, no intentó publicar otro libro en los años siguientes”. Y casi dos décadas después, en 1968, cuando el escritor dio una entrevista a un diario venezolano, dijo: “Para aclarar mi posición escribí Los días terrenales y El cuadrante de la soledad. Como el ataque de los marxistas era muy violento, la reacción guardaba silencio, esperando que yo fuera a entregarme, puesto que me estaban considerando como suyo. Pero para mostrar que se confundían y evitar equívocos, retiré mis obras de la circulación. No abdiqué. El propósito que me hice fue el de estudiarme a mí mismo, lo cual me resultó muy bueno, porque me volví más antiestalinista y más antidogmático”.2
La novela es el gran fresco donde se aprecia el desencanto de José Revueltas no sólo con el Partido Comunista, no sólo con la política, sino con la frágil y viscosa condición humana. No es casual que el libro se inicie con un epígrafe de Jean Rostand: “… hay una cierta lógica, una línea que cada uno debe dar a su destino. Yo soporto solamente la desesperanza del espíritu…”.3
Reproduzco unas escenas para subrayar algunas claves (o eso creo):
1
Gregorio, el joven militante comunista, convive con los campesinos pobres de una región de Veracruz. Van a pescar, pero el producto íntegro de esa ardua labor será destinado “a los gastos de peregrinación al santuario de Catemaco y a la compra de ofrendas y exvotos con que los indios agradecerían sus milagros a la hermosa virgen del Carmen…”. No es el retrato de un pueblo capaz de hacerse cargo de su futuro, de tomar en sus manos el destino, sino un pueblo modelado por las supercherías religiosas y las tradiciones opresivas. Las relaciones entre hombres y mujeres son como un nudo difícil de desatar, pero están más que alejadas de un esquema idílico. Las mujeres aparecen “en silencio, sin respiración, sombras de sombras junto a cada uno de sus tristes y despóticos machos. Una imagen viva de negra, hermética, amorosa e inamorosa sumisión y voluptuoso sufrimiento”.Su líder, el tuerto Ventura, es la elocuente expresión —el representante fiel— del conglomerado de hombres y mujeres a los que dirige, “un pedazo tan vivo del pueblo: burlón, taimado, sensual, cruel, muy pegado a la tierra, muy existente, muy sólido…”. Es un líder justiciero. Dice: “Hemos de dividirnos entre todos todo lo que sale del río, porque el río pertenece a todos”. Pero al mismo tiempo es un “dios”, porque “todos lo amaban y todos estaban dispuestos a hundirse con él cuando desapareciera en el abismo”.Esas relaciones revisten para Gregorio, estudiante de la Academia de San Carlos, un tono trágico. Vive y convive con “seres a los que nunca les podrá comprender del todo”, desea fundir su destino con el de esos campesinos pobres, con esos compañeros de Partido que han constituido el Centro Rosa Luxemburgo para luchar por la emancipación de la mujer, en medio de sus penurias, pero no encuentra cómo trascender ese círculo asfixiante de relaciones autoritarias y carencias vitales. No es sólo ficción, sino testimonio. Revueltas trabajó en la organización de los campesinos de Acayucan, al sur de Veracruz: “Allí hice mis primeras experiencias de organizador revolucionario”.4
Revueltas, con triste ironía, hace decir a Jovita, una mujer joven: “Las jóvenes tenemos nuestro deber de Dios, que es casarnos, acostarnos con nuestros maridos, parir y criar a nuestros hijos. Las ancianitas ya no pueden hacer nada de eso; la única obligación que les queda es luchar por los derechos de la mujer en el Centro Rosa Luxemburgo”.Sarcasmo amargo el de Revueltas. Alejado por completo de las fórmulas que quieren ver en el pueblo el receptáculo de todas las virtudes.
2
Fidel es un dirigente del PC. Miembro de su Comité Central. Y es la encarnación de la rigidez, la intolerancia y la frialdad. Lee el informe que le manda Gregorio. El texto le parece “políticamente intolerable”, y por ello Revueltas descubre en él “ojos, escandalizados como los de algún clérigo presto a fulminar cualquier heterodoxia”, “el celo intolerante del devoto, sádico de ser preciso”, “ese placer de sentirse moralmente superior”. Para Fidel todas son “cuestiones de principio” y eso lo hace insensible a lo que lo rodea. Su fortaleza son “los principios” y fuera de ella no tiene brújulas suficientes para orientarse.Una cierta forma de vivir la política, de pensar el enfrentamiento entre clases, de trazar la línea partidista, es lo que lo vuelve un autómata. Utiliza fórmulas consagradas para descalificar a quienes no comparten sus puntos de vista: “Echarle agua al molino de la burguesía”, o de los trotskistas, o de los fascistas, o de los mencheviques, o cualquiera otra de las “desviaciones” de la línea correcta. “Es sórdido y por dentro vacío y helado”, piensa su pareja, Julia. Revueltas insiste: es “como un cura… un cura rojo”, pero sin embargo, “no se le puede dañar u odiar porque tal vez sea un hombre sincero, honrado y de un gran corazón; o peor aún: un hombre útil a la causa”. En esas dos caras es en donde reside la ambigüedad: un engrane que quizá sirva al cambio social, al mismo tiempo que se deshumaniza.La tensión entre Fidel y Julia es la del amor agotado, la de los celos retrospectivos, la de la solidaridad que se convierte en prisión. Y que estalla cuando su pequeña niña muere sin que Fidel sea capaz de distraer el dinero que tiene para enviar el periódico del Partido, para la cura de su propia hija. “Cuando la niña comenzó a enfermarse y él estuvo casi a punto de sufrir, casi a punto de ser algo más que una máquina, ella (pensó) lo volvería a amar”. Pero no sucedió.Y la muerte de esa pequeña de diez meses es la que sella el rompimiento de la pareja. Julia ni siquiera recibe respuesta cuando le pregunta a Fidel si piensa ir al entierro. Ahí en esa casa habitación que es al mismo tiempo una oficina clandestina del Partido, que es su hábitat amoroso y carcelario, que es su universo político y privado, llegará el obrero metalúrgico apodado Ciudad Juárez, que borracho y con un ramo amarillo de zempasúchitl, será capaz de demostrar la piedad, el cariño y la empatía que Fidel es incapaz de expresar.La frialdad, la distancia anímica es sinónimo de inhumanidad.
3
Bautista y Rosendo son dos militantes del Partido. Actúan en la clandestinidad. Su misión consiste en repartir propaganda. Bautista ve a Fidel “como el sacerdote de una pavorosa religión escalofriante”, y recuerda su encuentro en la “oficina ilegal” que al mismo tiempo es su casa. Compartieron “el apresurado olor a muerte que ya se desprendía de Bandera”, que había fallecido de hambre, pero cuando Bautista afirma que “el periódico podía esperar”, aludiendo a que ese dinero bien debería servir para el entierro de la niña, Fidel responde: “La que puede esperar es ella, porque está muerta”. A Bautista le recorre un escalofrío. La insensibilidad de Fidel lo confunde y petrifica.Pero para Rosendo esa misma escena representa un ejemplo. Se trata de un símbolo “del desinterés y el sacrificio con los que era necesario recorrer el áspero y tormentoso camino de la lucha revolucionaria”. “¿Qué debe importar la consunción y acabamiento de los propios hijos, si a cambio de ello se lucha por un mundo donde no exista el hambre, ni el dolor ni la muerte para ningún niño de la tierra?”.Bautista es un militante curtido, experimentado, y por ello cercano al desencanto. Rosendo se inicia en el activismo clandestino y todo lo fascina. Y es la propia clandestinidad la que deja su impronta en las relaciones entre ellos. La información, por seguridad, no puede circular con libertad. Saber el nombre de alguien, la ubicación de un local, la fecha de una cita puede resultar peligroso, y por ello conocer es un privilegio que se obtiene junto a la confianza.Cuando Bautista dice frente a otros de dónde viene y a quiénes vio, Fidel golpea con el puño el escritorio y lo reconviene: “Cuida tus palabras, camarada Bautista… ¡Estás desconspirando!”. Las relaciones son de camaradería, pero por necesidad están teñidas de duda, de precaución. Bautista piensa: “Proceder siempre como si se estuviera rodeado de provocadores. No sólo el delirio de persecución organizado como un sistema consciente y como una norma, sino la más infinita soledad del alma como régimen único de convivencia”.La clandestinidad puede ser heroica pero deja su sello. Las relaciones son de complicidad y reserva. Y la estructura jerárquica tiende a semejarse a la del ejército o la Iglesia. Los secretos son parte del lenguaje oficial y ello cohesiona y separa a las personas en una pirámide de rangos y grados.
4
La muerte es una presencia constante en Los días terrenales. Si la de Bandera devela la frialdad de Fidel, la del cacique Macario Mendoza, jefe de los Guardias Blancas, descubre la pasión oscura y recíproca de Gregorio y la prostituta Epifania. Ella lo había matado, “porque si no él te mata a ti”, le dice a Gregorio. El acto criminal puede ser comprendido en ese espacio de política primitiva y de pasiones elementales y fundamentales y bárbaras, pero Gregorio sabe que el Comité Central lo condenará como anarquista o peor aún, lo verá como un “asunto personal”, de faldas. “Y no por falta de honradez… sino porque simplemente no podían ver las cosas a través del complejo tejido de fórmulas en que estaban envueltos: no podían razonar sino dentro de una aritmética atroz que aplicaban a la vida”.Se imagina al “seminarista rojo” de Fidel pontificando: “Gravísimo error, el empeño por suplantar la lucha de masas por el atentado personal”. Puede ver su rostro endurecido, “la mirada fulgurante y ansiosa, el dedo pulgar erecto y tenso…”. Ante esa muerte, que no puede ser asimilada y comprendida por la dirección del Partido, Gregorio sabe que volverá a aparecer “una ordenada álgebra de sentimientos estratificados, dentro de un sistema frío, simple y espantoso”.La vida está cargada de pasión, pero el filtro que sirve al Comité Central para ordenarla resulta chato, previsible, geométrico, y por ello repugnante.
5
Hay en Revueltas una profunda visión pesimista de la condición humana. Incluso quienes se encuentran en el bando “bueno” parecen preferir el “bien abstracto” de servir a una causa, que el “bien concreto” del día a día. La relación de Fidel y Julia está marcada por los celos retrospectivos de él. La conoció en una fábrica en Jalapa, y sabía que Julia había tenido una relación previa con Santos Pérez, el líder “amarillo” del sindicato que también es asesinado (de nuevo la presencia omnipotente de la muerte). En alguno de los primeros momentos Fidel preguntó a Julia si ella y Santos Pérez “¿tuvieron relaciones sexuales?”. Y ella, en un gesto de sinceridad, le contestó que sí. Y por esa puerta, ahora lo veía con claridad, se había colado el fantasma de la duda y los celos.Quizá Fidel creía que Bandera no era su hija sino de Santos Pérez. No había podido olvidar esa relación de Julia. Y “¿qué culpa tenía ella de que las relaciones humanas fueran tan imperfectas y equívocas?”. Julia abandonará a Fidel. Y lo hace con un “hermoso odio infinito”. Las relaciones están teñidas de una tensión insuperable: amor-odio, cariño-repugnancia, solidaridad-competencia, presente-pasado. Al parecer, no hay escapatoria.
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La vida privada es inexistente para los miembros del PC. Esa dimensión que al socializarse se degrada es otra de las causantes del desaliento de Revueltas.Rebeca, mujer de Bautista, “se había acostado con Gregorio”. “Un conflicto absurdo, estúpido”. Pero que al ser develado ante los camaradas de Partido adquiere una dimensión patética. Cito en extenso porque la escena es expresiva:"Las palabras de Bautista habían salido en aquella ocasión como de un gramófono lejano y muy antiguo con un tono débil y chillante, de involuntaria pero también de inevitable lacrimosidad, que hubiera sido para reírse, de no ser el mismo tono de voz con que se habla de un hijo muerto. ‘Si los compañeros Gregorio y Rebeca lo hicieron por amor —fueron sus palabras— yo no tengo ningún empeño en ser un obstáculo entre ellos, pues la consecuencia lógica sería entonces que continuaran sus relaciones —había clavado los ojos en su mujer como si la acariciara con la tristeza más grande del mundo—; la camarada Rebeca está en completa libertad de escoger’. Una pausa larga y vacía, en que hubo un silencio espantoso. ‘Ahora que si los compañeros —Bautista se pasó un gigantesco trago de saliva— Gregorio y Rebeca lo hicieron por divertirse —el verbo divertirse había resultado singularmente trágico—, yo quiero decir aquí, con toda honradez, que Rebeca puede estar segura que sabré olvidar y en adelante nada turbará la tranquilidad de nuestra vida’ ".No es necesario transcribir la respuesta de Rebeca. El Partido como tribunal que todo lo puede, todo lo ve, todo lo juzga. El colectivo que desgarra la privacidad y humilla, queriendo o no, a los expuestos. La intuición de que hay asuntos que al ser tocados por la luz pública se vuelven grotescos, groseros. La imposibilidad de reservarse para uno mismo lo que sólo a uno mismo incumbe. Esa atmósfera es la que vuelve opresiva a la vida.Y algo similar sucederá con Fidel y Julia. Cuando su relación termine.
7
Hay algo más que repele a Revueltas: la autoproclamada superioridad moral de los militantes comunistas. A pesar de los diferentes episodios en los que la insensibilidad gobierna las relaciones, Revueltas, a través de Bautista, explora otra dimensión: “Los jóvenes comunistas de aquí o de no importa qué país de la tierra… con irreflexiva jactancia, se juzgaban capaces de ser distintos al resto de los hombres y capaces de no abrigar en su inmaculado e ingenuo corazón ninguna de las pasiones que son el tormento de los demás”. Era su misión, su entrega, su compromiso, lo que los hacía diferentes, mejores.La fidelidad a una causa superior resulta conmovedora, “como la de los primeros cristianos”. Pero —siempre un pero—, Bautista observa el despliegue de un “comunismo cristiano”, plagado de “sacrificios gratuitos e inútiles, sin ningún otro sentido que la propia y egoísta edificación moral”. Ese no estar atado a los hijos, a la pareja, a los camaradas, generaba la anulación de la vida “personal, íntima, privada”, y construía un sinsentido repugnante: una finalidad abstracta y futura sacrificaba el presente y sus posibilidades.La frase de Fidel: “La que puede esperar es ella, porque está muerta”, le develaba a Bautista una contradicción lacerante: el inhumanismo no podía construir un futuro promisorio. El laberinto de las relaciones humanas impedía su tratamiento a través de fórmulas preestablecidas y rígidas. Tal como Gregorio se lo había dicho a Fidel: “En tanto que usted conoce al hombre, ignora casi en absoluto lo que son los hombres vivos que lo rodean, y pretende entonces manejarlos como entidades abstractas, sin sangre, sin pasiones, sin testículos, sin semen".Pero la observación o crítica de Gregorio no ofrece salida. Concluye: "Si usted llegase a obtener el poder, ¡y Dios nos libre de ello!, se convertirá en un tirano espantoso, y sí, por otra parte, llegase a mirar a los hombres un poquito más humanamente, terminaría, a mi juicio con muy buen criterio, por pegarse un tiro".Gregorio vive y observa una existencia trágica, sin salida. Un tupido bosque que ofrece siempre opciones para el mal.
8
El arquitecto Jorge Ramos es otra víctima de la situación. Rico y exitoso, presta su casa para que ahí se reúna el Comité Central del Partido en la clandestinidad. Vive una esquizofrenia funcional: sigue la línea del Partido pero sabe que sus mejores textos son los que se alejan de ella. No desea ser mal visto por sus colegas y amigos de izquierda que eran incapaces de pensar el arte fuera de la política, pero le hubiese gustado "preservar de toda contaminación partidista sus ideas sobre el arte". La noción utilitaria, instrumental, de la creación le resulta incómoda, mentirosa; pero el arte enclaustrado, sujeto a su propia lógica, también le parece inasible.Vive "la heroica tristeza del pensador incomprendido". "Con frecuencia se ve en la necesidad de someterse a una cierta ‘razón de Estado’ ideológica, y exaltar obras sin ningún mérito pero de las que, por otra parte, no era posible decir que no fueran útiles a la Revolución. Su moral de crítico, así, entraba en conflicto con su moral política".Esa escisión es el combustible de un malestar sordo, permanente, que en ocasiones puede trascender, despojándose del lenguaje muerto y predecible de la crítica "comprometida". Su posición es oscilante. Sigue entonces los postulados oficiales y también, en algunas ocasiones, rompe con ellos. “La vida no era sino una cadena de transacciones”. Y la libertad una noción evanescente.Ramos y Revueltas: intelectuales en la cuerda floja; sujetos a dos fuegos.
9
Fidel encabeza la crítica contra Gregorio en el Comité Central. Logra que sea removido de sus tareas y trasladado a otras. Y cuando ambos se encuentran, Gregorio-Revueltas ve en Fidel una imagen perturbadora: “Fidel era un hombre… Más que un hombre, un esquema, un fenómeno de deformación, de esquematismo espiritual… junto a ese ‘esquematismo’ tenía virtudes verdaderamente excepcionales… lleno de abnegación y generosidad, lleno de pureza, ciego, criminal y santo. Una máquina, Dios mío, una máquina de creer”.Revueltas mezcla los adjetivos y los conjuga para ofrecer una visión multidimensional del funcionario del Partido. No es luz o sombra, sino luz y sombra. Sus cualidades se trastocan en defectos y sus vicios acompañan a sus virtudes.Y Gregorio se revela —aunque sea introspectivamente— contra las fórmulas elementales que encarna Fidel. Sobre todo contra la pretensión infantil de buscar la "estúpida felicidad del género humano". Para Gregorio, el hombre es lo más bello de la naturaleza, es "materia que piensa", y por eso le pregunta a Fidel: "¿Por qué quieres rebajarlo a la condición de un hermoso cerdo feliz?". El pensamiento y la angustia invariablemente entrarán en contradicción con vivir enajenado y feliz. Se trata de antípodas que no pueden ser armonizadas: "Sí, lo asombroso no es la inexistencia de verdades absolutas, sino que el hombre las busque y las invente con ese afán febril, desmesurado, de jugador tramposo, de ratero de alta escuela". Y Gregorio llega más lejos: "Hay que decirlo a voz en cuello: el hombre no tiene ninguna finalidad, ninguna ‘razón’ de vivir. Debe vivir en la conciencia de esto para que merezca llamarse hombre. En cuanto descubre asideros, esperanzas, ya no es un hombre sino un pobre diablo empavorecido…".El desencanto de Revueltas, entonces, no se reduce a la política y menos aún al comportamiento de un Partido, sino a la vana expectativa de un ideario que utópicamente pretende construir una sociedad "de hombres felices" y sin conflictos. Parece decir: la sociedad sin clases puede, eventualmente, ser construida; pero los hombres no dejarán de portar la incertidumbre vital.
10
Fidel asiste a la reunión del Comité Central en casa del arquitecto Ramos. Él vive en un cuarto-oficina minúsculo mientras el anfitrión goza de una situación económica boyante. Observa los cuadros y adornos, los enormes sillones y el decorado exquisito, la chimenea y el librero. El contraste está a la vista. Fidel se piensa como misionero de una causa superior y ve con desprecio a quienes sólo son aliados de esa causa. Presiente quizá lo que años después describirá Howard Fast en El dios desnudo, cuando al abandonar al Partido Comunista de los Estados Unidos, como reacción al informe secreto que Jrúschov presenta al XX Congreso del PC de la Unión Soviética, será víctima de las descalificaciones más agrias por parte de los "compañeros de viaje" del PC. Fidel es incapaz de sentir alguna estima por los otros, por los que no son exactamente iguales a él mismo. Quisiera un ejército de cruzados modelados a su imagen y semejanza, y por ello “sentía un gran desprecio por todas esas personas a quienes el Partido denominaba simpatizantes. Se trataba de elementos de cierta posición económica y ‘social’ —algunos hasta con relaciones entre altos personajes del Gobierno— que reducían los deberes de su conciencia política a simples donativos monetarios. Era como si comprasen su confort, su tranquilidad, mientras los demás comunistas arrostraban todos los peligros. Gentuza”.Ni aun los "simpatizantes" le merecen estimación. Se trata de instrumentos útiles, pero desechables; convenientes pero despreciables.
11
La prostituta Epifania contagia a Gregorio "de una enfermedad". Al parecer, sífilis. Gregorio acude a un dispensario para recibir las primeras atenciones. Es un viaje al infierno y a la expiación. El trato despótico, mecánico, humillante que recibe, en una atmósfera donde flota "una pequeña peste turbia de ácido fénico, de yodoformo, de orines, de mugre, de saliva, de vinagre, que más bien parecía provenir de las gentes ahí reunidas como si cada una la llevase consigo, con su triste humanidad…", es un mural de las rutinas de la degradación y la deshonra.Su relación sexual había sido un acto de amor y quizá una búsqueda también de la muerte. Pero para el médico y las enfermeras sólo hay una fila interminable de varones calientes y estúpidos. Otra vez, los desencuentros naturales entre los hombres, otra vez una maquinaria inerte que hace pedazos la dignidad de los seres humanos.
12
Es la condición humana, parece decir Revueltas, la que no tiene remedio. Ante la seguridad dogmática de que la historia tiene estaciones de paso y un final asegurado, es ese amasijo de pasiones, inseguridades, virtudes, pretensiones, al que llamamos humanidad, el que es incapaz de construir un desenlace venturoso.Es la soledad el auténtico destino de los hombres. Y no asumirla es lo que lleva a la necesaria y fea asociación con otros. "Dejarse vencer era transigir, corromperse, dejar de ser solo, asociarse en la complicidad de los hombres, en sus vicios, en sus mentiras, en sus vergüenzas…", piensa Gregorio. Le sublevaba la noción pueril de un "hombre nuevo" y las ilusiones vanas a que daba pie. "No esperaba ninguna transformación sustancial en el hombre, ni menos aún creía en la causalidad infantil… que presupone un hombre nuevo en un mundo nuevo”.Gregorio no desea ser un "soñador social" y menos impregnarse de ese ideario meloso que supone al hombre "sin mancha, libre del mal". Por el contrario, quería pensar "en el único hombre que existe, en el hombre contemporáneo, real, esencialmente sucio, esencialmente innoble, ruin, despreciable". De él había que ser solidario y comprensivo. Cambiar el mundo, sí. Pensaba que era posible. Pero existiría siempre una dimensión irreductible: las grandes masas "idiotamente felices", "entregadas al deporte o a algún otro tóxico análogo", acabarían "ebrias de dicha" por ajusticiar a esa minoría de seres humanos que se "tortura por la incertidumbre… de los porqué y los para qué".No se podía ser optimista. Salvo los crédulos y los dogmáticos como Fidel. El desencanto entonces resulta completo. Revueltas está poseído de un desaliento vital. Cree haber descubierto el rostro verdadero de los hombres y ello le impide hacerse ilusiones en un futuro armónico y bueno. No hay escape. No obstante, José Revueltas siguió militando en la izquierda, a pesar de sus convicciones más profundas. ¿De dónde sacó esas fuerzas? No es fácil entenderlo.
13
Gregorio termina golpeado, torturado en una mazmorra policiaca. "La marcha del hambre" que ha encabezado acaba en una sangrienta represión. Y no son los golpes o los puntapiés, las torturas y las vejaciones lo que lo conmueven, sino los rostros de los hombres "que ninguna bestia puede tener".Gregorio, parece decir Revueltas, es un nuevo Jesús. Y así termina Los días terrenales: " ‘Soportar la verdad —se le ocurrió de pronto— pero también la carencia de cualquier verdad’."En esos momentos el ruido de la cerradura, en la puerta de hierro, lo hizo volverse. La puerta se abrió con estrépito y una ráfaga de luz hirió el interior de la celda. Ahí estaban otra vez los verdugos. Gregorio no se movió."Lo conducirían a otro sitio, sin duda, para torturarlo nuevamente. Para crucificarlo."Ésa era la verdad. Estaba bien".
1 Álvaro Ruiz Abreu, José Revueltas: los muros de la utopía, Cal y arena, México, 1992, pp. 225-243.2 Entrevista realizada por María Josefina Tejera, “Literatura y dialéctica”, en El Nacional (Caracas), 1 de septiembre de 1968, en Andrea Revueltas y Philippe Cheron (compiladores), Conversaciones con José Revueltas, Era, México, 2001, 219 pp.
3 Todas las citas son del libro de José Revueltas: Los días terrenales, Era, México, segunda edición, 1976, 232 pp.
4 Entrevista realizada por Adolfo A. Ortega, “El realismo y el progreso de la literatura mexicana”, en La Cultura en México, suplemento de la revista Siempre!, 6 de mayo de 1977, en Andrea Revueltas… op. cit. p. 118.

MÉXICO ENFERMO

DENISE DRESSER

Mientras la mayor parte de los mexicanos centra su atención en los estragos producidos por una granja porcina en Veracruz, poco entienden la gran epidemia que recorre al Congreso.
Ciudadanos acuartelados. Tapabocas omnipresentes. Calles vacías. Escuelas cerradas. País enfermo. México asolado por la influenza, buscando cómo curarla; México varado por un virus letal, intentando contener sus peores efectos. Pero mientras la mayor parte de los mexicanos centra su atención en los estragos producidos por una granja porcina en Veracruz, poco entienden la otra gran enfermedad. La epidemia que recorre el Congreso y afecta a sus miembros. La infección viral que debilita a los diputados, somete a los Senadores, y convierte a las clase política en un grupo de hombres y mujeres sin columna vertebral. Seres febriles con síntomas compartidos. Seres inermes que protegen privilegios empresariales en vez de promover derechos ciudadanos. Demostrando cuan contagiados están cuando aprueban con 259 votos a favor, cero en contra, y cero abstenciones, una iniciativa que permitiría las "acciones colectivas" que, en teoría, otorgarían poder a consumidores indefensos ante abusos de compañías públicas y privadas. Pero en México, el virus que produjo la llamada "Ley Televisa" sigue vivo y la reforma mal diseñada es un signo más del mal que no hemos podido erradicar. Una epidemia enraizada en la incapacidad del Congreso para entender su papel como promotor del interés público. Otra vez, como ocurrió en el 2006 frente a las televisoras, los diputados cedieron. Otra vez, como en aquella coyuntura la élite empresarial logró su objetivo: evitar que los ciudadanos defiendan sus derechos, promuevan sus intereses, participen como sujetos plenos y no como objetos tutelados. Porque hay muchos otros países, Colombia, Brasil, Uruguay, Argentina, Chile, Ecuador, Costa Rica, España, toda Europa, Canadá y Estados Unidos, que reconocen el derecho de sus ciudadanos a defenderse colectivamente. A organizarse a través del llamado "class action" como el que encabezó la famosa Erin Brockovich contra una empresa contaminante. A demandar a una compañía que ofrece malos servicios o impone cobros indebidos o daña el medio ambiente o produce daños a la salud. Pero en México, la clase política le sigue negando ese derecho ciudadano a sus habitantes y acaba de demostrarlo. En México, ser consumidor es ser indefenso. Invisible. Impotente. Ciudadano al que se le exige participar pero se le niegan los caminos para hacerlo. Es vivir con la frustración cotidiana que entraña recibir un cobro de luz exorbitante, un recibo telefónico estratosférico, un estado de cuenta bancario inintelegible. Es vivir con el enojo compartido ante las gasolineras tramposas, los medidores amañados, las compañías que optan por abusar de consumidores en lugar de generar su lealtad mediante buenos servicios y productos. Es vivir sabiendo que no hay instrumentos con los cuales pelear contra todo eso, porque el gobierno no lo permite, los empresarios no lo toleran, la Profeco no cumple con su función y la Condusef tampoco. En la iniciativa recién aprobada, sólo el Gobierno podrá iniciar las acciones colectivas en contra de sí mismo o de empresas cuyo comportamiento considera cuestionable. Y eso equivale a encargarle el gallinero a los zorros. Equivale a colocar la defensa de derechos ciudadanos en manos de quienes quieren cercenarlos. La conducta de los congresistas no es novedosa pero sí sorprendente; uno pensaría que la experiencia enfermiza de la "Ley Televisa" habría generado anticuerpos. Habría vacunado a los partidos en contra de procesos que los convierten en correa de transmisión de microbios que paralizan a México. Pero parecería que no es así y la razón se encuentra en el foco del contagio. En el lugar de donde surge esa infección mutante que afecta a demasiadas iniciativas legislativas: la cúpula del Consejo Coordinador Empresarial. Las empresas que enviaron cabilderos para diseminar el virus ante el cual tantos sucumbieron. Un sector corporativo de miras cortas y vetos pesados. Una clase empresarial incapaz de comprender que al limitar las "acciones colectivas" condena a México a la mediocridad económica, al proteger a compañías con pocos incentivos para innovar y muchas oportunidades para expoliar. Una clase empresarial incapaz de entender que al colocar tapabocas a la participación ciudadana promueve todo aquello que tanto asustó a las élites en la elección del 2006. La polarización. La insatisfacción. El resentimiento. Sin duda México está enfermo. Pero su padecimiento va más allá de la influenza actual. Tiene que ver con con el control de arriba hacia abajo, con la exclusión de muchos por pocos, con los privilegios económicos que leyes, como la recién aprobada, buscan perpetuar. Y la única vacuna posible es aquella que asegure derechos plenos a una ciudadanía que todavía no los tiene. El único antiviral contra la impunidad es la acción ciudadana. El único diagnóstico útil es aquel que, como escribió Sigmund Freud, "nos obliga a mirarnos el alma, conocernos, entender por qué la enfermedad estaba destinada a surgir, y quizás entonces curarla".

DECRETO INCONSTITUCIONAL

JOHN M. ACKERMAN

El sábado 24 de abril, el Ejecutivo pasó por encima de la Constitución al declarar unilateralmente un estado de excepción. Si bien las medidas que Calderón ha tomado para combatir la epidemia están plenamente justificadas, la forma en que éstas han sido implementadas implica un flagrante agravio al estado de derecho. Al negarse a conseguir la autorización del Congreso de la Unión o fijar una fecha límite para sus poderes extraordinarios, el Presidente ratifica una vez más sus propensiones dictatoriales.
El decreto presidencial violenta las garantías de libre tránsito y libre asociación, así como nuestros derechos a la privacidad y el respeto de la propiedad. Autoriza a la Secretaría de Salud “la inspección de pasajeros que puedan ser portadores de gérmenes, así como de equipajes, medios de transporte, mercancías y otros objetos”. Asimismo, permite “el ingreso a todo tipo de local o casa habitación para el cumplimiento de actividades dirigidas al control y combate de la epidemia”. También otorga facultades al gobierno para “evitar las congregaciones de personas en cualquier lugar de reunión”.
El decreto permite a José Ángel Córdova Villalobos contravenir el artículo 16 constitucional, que a la letra señala que “nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o posesiones, sino en virtud de mandamiento escrito de la autoridad competente, que funde y motive la causa legal del procedimiento”. Esta salvaguarda constitucional es esencial para evitar el abuso de autoridad. Una situación en la que el gobierno pueda ingresar a nuestras casas, interrumpir nuestras reuniones o detenernos en las calles cuando se le antoje, convirtiendo a la totalidad de los ciudadanos en presuntos implicados en algún crimen, nos acercaría claramente a un sistema autoritario.
En el caso de la actual epidemia y en aras de proteger al bien público se justifica la suspensión temporal de algunas garantías. Sin embargo, habría que tener sumo cuidado en que la autoridad no convierta la actual emergencia en un burdo pretexto para consolidar su poder y erosionar los cimientos de la democracia.
George W. Bush, experto en este tipo de ejercicios, utilizó el ataque a las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001 como excusa para fortalecer los poderes de la presidencia y violentar los derechos básicos de propios y extraños. En América Latina también ha sido práctica común utilizar los “estados de emergencia” para justificar actos abiertamente autoritarios. Alberto Fujimori, en Perú, fue ampliamente conocido por este tipo de acciones, incluyendo la clausura del Congreso de su país.
Atento a estos peligros, los redactores de nuestra Constitución impusieron un par de candados muy sencillos para atender situaciones como la actual. El artículo 29 señala que para poder suspender garantías, el Presidente de la República obligatoriamente debe contar con “la aprobación del Congreso” y que el estado de excepción tiene que ser únicamente “por un tiempo limitado”. Calderón violó la Constitución al negarse a cumplir ambos requisitos.
El gobierno busca escudarse en el texto del artículo 73, fracción XVI, bases primera a cuarta de la Carta Magna, que señala a la letra que “en caso de epidemias de carácter grave o peligro de invasión de enfermedades exóticas en el país, la Secretaría de Salud tendrá la obligación de dictar inmediatamente las medidas preventivas indispensables, a reserva de ser después sancionadas por el Presidente de la República”. Pero este texto no hace ninguna mención de la suspensión de garantías constitucionales. Una cosa es tomar medidas preventivas como informar al público sobre alguna enfermedad o cerrar escuelas. Es otra cosa completamente irrumpir en la intimidad de nuestros hogares, detener arbitrariamente a ciudadanos y prohibir reuniones públicas.
Asimismo, habría que recordar que el artículo 73 de la Constitución enumera las facultades del Congreso de la Unión, no de la Presidencia de la República. Resultaría sumamente contradictorio y paradójico, para decir lo menos, que el constituyente permanente hubiera elegido precisamente este artículo como el lugar para hacer a un lado al mismo Congreso en un tema tan delicado como la protección de nuestros derechos fundamentales. De ninguna manera podemos interpretar estos párrafos del artículo 73 como una forma para darle la vuelta a los candados incluidos en el artículo 29 mencionados arriba.
Calderón no hubiera tenido ningún problema en conseguir la autorización de los diputados y los senadores para sus medidas de emergencia. El Congreso se encontraba todavía dentro de su periodo ordinario y la clase política en general ha demostrado una gran altura y unidad en su respuesta ante la emergencia sanitaria.
La participación del Congreso hubiera sido muy benéfica, ya que habría dejado que nuestros representantes populares fueran corresponsables de la respuesta del Estado Mexicano a la crisis. Además, le habría dejado claro al Presidente que cualquier abuso del estado de emergencia sería severamente castigado. Pero en lugar de seguir las disposiciones constitucionales, Calderón decidió irse por la libre y de paso abrió un boquete más en nuestro lastimado estado de derecho.

LA CONFUSIÓN COMO FORMA DE GOBIERNO

ARNALDO CÓRDOVA

Ya se va volviendo una aburrida rutina ver actuar a los panistas en el gobierno (y también a sus socios priístas) ante situaciones de emergencia poseídos por la más ciega y desarmante confusión. Desde luego, dan muestras claras de que no saben ni por dónde les llegó el desastre y después balbucean de mil modos que no entienden de qué se trata y que los esperemos tantito para poder darnos alguna información. Eso se ha podido ver al brotar la epidemia de influenza porcina (la Organización Mundial de la Salud recomendó que se le llamara humana”, para no ofender a los porcicultores).
Primero no supieron por qué en meses recientes estaban muriendo por neumonía muchas más personas que antes y algunas se consideraban saludables. Los afectados por toda clase de enfermedades respiratorias se incrementaron varias veces cuando no había razones aparentes que lo explicaran. En la OMS y en muchos centros de investigación epidemiológica se alertaba ya desde hace años sobre la posibilidad de que brotara en cualquier parte del planeta una pandemia de alguna forma de influenza que no necesariamente sería como las ya conocidas.
En México la prensa y algunos medios de comunicación informaban de ese incremento de las enfermedades respiratorias y comenzaron a sonar algunos casos raros que, como ocurría en ciertas regiones del país, se atribuían a fenómenos de contaminación ambiental. Uno tiene especial relevancia, no sólo por lo que ha resultado, sino por su historia. En el poblado de La Gloria, cerca de Perote y a 10 kilómetros de las granjas porcinas Carroll, desde hace años se organizó un movimiento cívico que tenía por objeto la denuncia de la contaminación que esas granjas ocasionaban y sus dañinos efectos sobre la salud de los pobladores. El pasado 9 de marzo apareció un raro brote de enfermedades respiratorias. Seiscientos pobladores (son en total 5 mil) se enfermaron, entre ellos el niño Édgar Hernández, el primero al que se le detectó la nueva influenza.
Ese asunto debió atenderlo en primera instancia el gobierno veracruzano y hacerlo del conocimiento del federal. No podía esperarse algo así, pues en La Gloria todo mundo recuerda que Fidel Herrera se opuso perrunamente al movimiento que denunciaba a las Granjas Carroll y hoy varios pobladores están sujetos a proceso por ataques a las vías generales de comunicación. De cualquier modo, el gobierno federal era el mayor obligado a atender este gravísimo caso de salud pública. Los servicios médicos locales enviaron muestras al único laboratorio de los llamados de nivel 3 que hay en México y cuya misión es precisamente la investigación de este tipo de enfermedades. Ese laboratorio se ubica, justo, en el puerto de Veracruz.
Después de mucho tiempo, demasiado para la contingencia, no se pudo saber en ese laboratorio de qué se trataba. Las muestras fueron enviadas a otro en Winnipeg, Canadá, que nos dio la mala nueva: estábamos en presencia de una nueva cepa a la que se llamó porcina y lo detectaron en primer lugar en la muestra del niño Hernández. Cuando el secretario Córdova fue informado de los resultados de los análisis debe haberse caído de alguna nube. Al día siguiente tronó la noticia: en México había brotado la epidemia y los muertos ya se contaban por más de un centenar. Algunos médicos eminentes trataron de llamar la atención de que las muertes eran, en general, por neumonía, pero no todas atribuibles al nuevo brote. Todavía el domingo pasado La Jornada informaba de 68 a 81 muertos en un día y de enfermos en números de mil 4 a mil 324.
Unos días después y ya apercibido de que no todos los muertos son iguales, aunque se parezcan, el secretario de Salud balbuceó que, en realidad, los muertos por el brote eran siete. Como no daba mayores explicaciones, los ciudadanos, empavorecidos e indignados, calificaron sus cuentas de una burla. El gobernador Herrera se alcanzó la puntada de afirmar, con cierta chacota, que la cepa había surgido en China. Lo que él busca, desde luego, es que a las Granjas Carroll no se las investigue (por cierto, esa compañía hace por sí misma sus evaluaciones, las cuales siempre se dan por ciertas). Todos los pobladores de La Gloria, en lucha desde 2004, han denunciado que las tinajas en tierra en las que se depositan los detritos y los restos de los animales no tienen ningún tratamiento y están expuestas al aire libre contaminando toda la región.
Ya se han dado más de tres mil casos de probables contagiados. Cuatro días después de que se dio la alerta se instaló un laboratorio para el análisis de muestras. Antes no se pensó en instalarlo. Se dice que otros cinco se instalarán. Se requeriría para un seguimiento eficaz de la enfermedad de un mínimo de 500 muestras diarias en el país. El que ahora funciona sólo es capaz de dar 15 de ellas. Tampoco hay existencia de medicamentos (en especial, antivirales) ni utensilios con los cuales curarse o protegerse. La de los tapabocas es ya una anécdota del folclor popular. De repente se esfumaron y se volvieron carísimos. No hay las reservas de medicamentos que desde hace años se estimó prudente tener para una eventualidad de este tipo. Ahora se nos dice que la vacuna contra este nuevo mal podrá estar lista hasta dentro de unos seis meses.
La imprevisión, la incuria, la improvisación, la desorganización y la estupidez se han vuelto los signos de las administraciones panistas y de sus aliados priístas. La población está asustada, desesperada por no saber qué es lo que puede y debe hacer para protegerse y de sus gobernantes derechistas espera cada vez menos pues siempre salen con la misma batea de babas. La epidemia, a un paso de volverse pandemia, ha castigado también a los negocios. El cierre de un restaurante por más de cinco días significa condenar a la quiebra a sus dueños. Los grandes tiburones siempre se las arreglan para salir bien librados, además cuentan con el apoyo servil y rastrero de los gobiernos de derecha.
El Estado existe para organizar y regular a la sociedad en sus múltiples actividades; para defenderla de sí misma cuando sus elementos comienzan a agredirse y a destruirse; para protegerla del exterior en cualquier circunstancia, no necesariamente en una guerra; para dirigirla en sus capacidades de autodefensa y de autorganización. El Estado de derecha que hoy gobierna a México ha demostrado que sólo sirve para amamantar a los que lo poseen todo, protegerlos contra su propia sociedad y salvarlos de la ruina a que sus propios excesos los exponen. La derecha es buena para saquear lo que es de todos, pero es inepta para gobernar.

DE LA NUEVA ANORMALIDAD

ROLANDO CORDERA

Catastrofemas de la semana: la economía de Estados Unidos se contrajo más de lo esperado y cayó en el primer trimestre del año en 6.1 por ciento a tasa anual, ligeramente menor al 6.3 por ciento registrado en el último trimestre de 2008, pero insuficiente para anunciar que la noche quedó atrás. Por su parte, la actividad económica de México registró un “desplome” anual en febrero de 10.8 por ciento, con caídas en la industria de 13.2 por ciento y de 9.6 por ciento en los servicios. Esta, nos recuerda Juan Antonio Zúñiga (La Jornada, 29/4/09, p. 45), es la reducción más aguda registrada por el Índice Global de la Actividad Económica, que en junio de 1995 tuvo una contracción de 9.78 por ciento.
A partir de estos y otros registros, el Banco de México revisó sus proyecciones para 2009 y pronostica que la producción podría contraerse hasta en 4.8 por ciento. México vive en medio de la “más severa recesión desde la posguerra”, advirtió el gobernador del banco central, y traerá consigo una pérdida de 450 mil empleos. De esta manera, Banxico rebasa por lo pesimista las proyecciones del Fondo Monetario Internacional, que días antes anunciaba una disminución anual de 3.7 por ciento, la más aguda de la región latinoamericana para el año (Roberto González Amador, La Jornada, 30/4/09, p. 46).
Estas y otras estimaciones nos remiten a territorio astronómico cuando las ponemos en números absolutos: miles de millones de dólares, cientos de miles de millones de pesos, centenas de miles de trabajos perdidos. Pero es esta última realidad la que podría hacernos poner los pies en la tierra y acercar nuestro entendimiento y sensibilidad a la gravedad de la situación por la que pasa nuestra sociedad, antes de la epidemia y después de ella, cuando las pérdidas atribuidas a ésta puedan estimarse con calma.
La relación que el Banco de México nos presenta entre la caída de la actividad y la pérdida de empleos puede ser conservadora, cuando no moderada; pero sin caer en catastrofismo alguno, del que ahora se encargan el banco y el fondo, hay que hablar no sólo de empleos perdidos, sino de empleos no creados, dado que cada año llegan a la edad de trabajar y necesitan hacerlo entre 800 mil y un millón de mexicanos. Así, el déficit de ocupaciones formales, que llegó a más de 5 millones en el sexenio anterior, no puede sino aumentar.
Este es el contexto social y económico donde se inscribe la alarma epidemiológica. Con ella, asomaron su nariz otras grietas de nuestro espíritu público: la desconfianza vuelta industria mediática; la aritmética revelada como falla mayor de críticos y opinadores; la frenética búsqueda de un chivo expiatorio como placebo para la incertidumbre de los profesionales de la noticia, agravada por la tranquilidad con que la mayoría de la población parece haber tomado las medidas de emergencia y la información, sin duda incompleta, ofrecida por la autoridad.
En medio, los ecos de la época que Obama decretó periclitada: un costo beneficio grotesco que lleva a enjuiciar a Ebrard por las pérdidas en que incurrirán los restaurantes, ¡cuando apenas se han registrado ocho muertes atribuidas al virus recién llegado! ¡Ah, la astucia de la razón contable!
El cuadro dibujado por el banco y el fondo puede servirnos para poner en perspectiva lo que viene: no “la vuelta a la normalidad” sino la entrada a una nueva anormalidad que sólo podremos soportar si rehacemos la agenda nacional: el empleo en el centro; la salud como derecho universal garantizado por un servicio nacional digno de tal nombre; la investigación biomédica y sanitaria como eje de nuestra seguridad humana; la recuperación pronta de capacidades perdidas, víctimas de la furia neoliberal, en materia de vacunas y otras variantes básicas y asequibles para una vida sana, etcétera.
Sin duda, la auditoría sobre el estado real de nuestro sistema de salud debe emprenderse ya, al paso de la urgente revisión de la economía y de la política económica punto menos que suicida en que parece empeñado el gobierno. Pero la situación es muy grave, y la tentación de confundir sensatez ciudadana con resignación ante un autoritarismo de nuevo corte pero viejo tufo oligárquico crece con los días. A la epidemia de ignorancia de que nos habló el doctor Sarukhán este viernes en El Universal puede suceder sin más una epidemia de arrogancia sin más fin que racionalizar lo absurdo.
La normalización que nos urge no puede basarse en las medias verdades, mucho menos en la autocelebración grandilocuente; pero tampoco en juicios sumarios inspirados en lo peor de la conspiración-ficción para la que tan buen terreno ofrecen la emergencia y el temor ante las señales profundas de nuestra realidad natural.
Bienvenidos a la N(ueva) A(normalidad).

ANTECEDENTE NORTEAMERICANO DEL ARTÍCULO 133 CONSTITUCIONAL

CARLOS ARELLANO GARCÍA

El conocimiento del texto del artículo VI, inciso 2, de la Constitución norteamericana de 1787, antecedente del artículo 133 constitucional, aparentemente dejaba fuera de duda la supremacía de la Constitución de Estados Unidos sobre los tratados internacionales, ya que se expresaba literalmente que los tratados se celebraban "bajo la autoridad de los Estados Unidos" y de ahí que los exégetas concluían la supremacía del Derecho interno sobre la normatividad jurídica internacional contenida en los tratados.En congruencia, con la postura de mayor jerarquía de la Constitución respecto de los tratados internacionales, el texto del precepto norteamericano y el artículo 133 constitucional fueron considerados como consagradores de una teoría, llamada "monista nacionalista", en la que el Derecho interno constitucional está por encima del Derecho internacional y, dado su mayor rango, prevalece y domina sobre lo que establezca el tratado internacional. Para apoyar la tesis "monista nacionalista", podemos recordar que el profesor español, llegado a México, con motivo de la guerra española, Don Manuel Pedroso, explicaba la tesis monista nacionalista con base en el pensamiento de Hegel y su movimiento dialéctico. Determinaba como tesis: "Yo, Estado, soy el mayor poder sobre la tierra", respecto de esta tesis se presentaba como antítesis la misma oración pero, sostenida por Estado diverso: "Yo Estado soy el mayor poder sobre la tierra" y, en la síntesis, se establecía el "Vereinbarung", traducido al español como "consentimiento" o "acuerdo de voluntades". Ese acuerdo de voluntades era la norma jurídica internacional pero, dada la soberanía de los Estados duraba vigente mientras los Estados lo permitían. Por tanto, era superior el Derecho interno al Derecho Internacional.Sin embargo, ese artículo VI, inciso 2, de la Constitución norteamericana recibió su auténtico sentido interpretativo de las consideraciones que realizó el jurista y estadista norteamericano Jay en "El Federalista" que se publicó en "El Correo de Nueva York", el 7 de marzo de 1788, y que, equivale a una exposición de motivos. Sostuvo Jay que sería imposible encontrar una Nación dispuesta a celebrar tratados con Estados Unidos de América, que la comprometiera a ella de modo absoluto y a los norteamericanos por el tiempo y hasta el grado que se les antojase. Agregó Jay que lo que quiso decir la Constitución americana al establecer que los tratados están bajo la autoridad de los Estados Unidos, es que, debe evitarse la violación de preceptos constitucionales, y este cuidado les corresponde al Presidente que celebra los tratados y a los Senadores que los aprueban. Presidente y senadores no deben violar preceptos de la Constitución norteamericana.Si el Presidente y los senadores norteamericanos vulneran la Constitución norteamericana no deben gozar de impunidad y deben ser castigados en los términos de la responsabilidad constitucional que establece la propia Constitución respecto de altos funcionarios. El Presidente norteamericano y los senadores de ese país que celebren un tratado violador de la Constitución, tal tratado les obliga a ellos y a sus familias y puede afectar sus propiedades. Juzgaba que el Presidente y los senadores serían incapaces de una conducta indigna de celebrar un tratado y aprobarlo en contra de la Constitución. Eso le parecía una idea burda y odiosa y consideraba que el honor, los juramentos, la reputación, la conciencia, el amor a la patria, los afectos y lazos familiares constituyen una garantía de la fidelidad a los intereses nacionales plasmados en la Constitución.Por tanto, en la Constitución norteamericana, el artículo VI, no dio supremacía a las normas constitucionales frente a los tratados, tal jerarquía se estableció como obligación para órganos internos: Presidente y senadores norteamericanos. Situación diferente fue aquella que se suscitó cuando Estados Unidos se convirtió en una potencia y adoptó tendencias imperialistas orientadas a imponer su voluntad en lo internacional. Naturalmente que, los países medianos y pequeños no pueden pretender que sus normas internas estén por encima de las normas jurídicas internacionales.

IFE: EN VEZ DE CORREGIR, OCULTAR

JESÚS CANTÚ

En 2006 las inconsistencias manifiestas en las actas de escrutinio y cómputo generaron dudas fundadas sobre el resultado de la elección presidencial; las actas y los datos capturados en el PREP mostraban cómo la suma de votos no correspondía al número de votantes que acudieron a las urnas y/o a las boletas depositadas. El número de votos para partidos, coaliciones y candidatos, más el de sufragios anulados, debe obtenerse de la cuenta de esas boletas, bajo el principio lógico de que tiene que haber concordancia entre la cantidad de votantes, de boletas depositadas y del total de sufragios. Puede emprenderse una verificación adicional con los datos del número de electores inscritos en la lista nominal de cada una de las casillas, la cifra de boletas enviadas a cada una de ellas (que corresponde a la cantidad de electores más el doble del número de los partidos políticos participantes en la elección –cada uno de los cuales tiene derecho a acreditar hasta dos representantes que no siempre viven dentro de esa sección), el número de boletas depositadas en las urnas y la cifra de boletas sobrantes. Esta información se encuentra en los archivos del PREP y está disponible para cualquier persona que desee revisarla. Y aunque no toda es indispensable para saber quién es el triunfador en la elección, sí es necesaria para las siguientes tres acciones: a) evaluar la calidad del trabajo institucional; b) detectar oportunamente las inconsistencias, con la posibilidad de corregirlas en las sesiones de cómputo; y c) evaluar la calidad de la elección.En cuanto a la calidad del trabajo institucional, la excelencia se alcanza si no existe una sola inconsistencia. Debido a que la organización de comicios es una actividad intensiva en el uso del recurso humano, es prácticamente imposible que no existan inconsistencias, pero debe buscarse que se reduzcan al mínimo, y para ello hay que trabajar en tres sentidos: revisar la documentación electoral para tratar de simplificarla al máximo; evaluar los procesos y procedimientos en las casillas (dentro de los límites legales) para incorporar elementos que permitan detectar y corregir inmediatamente cualquier inconsistencia; y perfeccionar el trabajo de capacitación de los ciudadanos que fungirán como funcionarios de mesa directiva de casilla.En lo referente a la posibilidad de detectar y enmendar los errores, la presencia de toda esta información en el PREP es el resultado de muchas reflexiones colectivas acerca de cómo dotar a los integrantes de los Consejos Distritales (consejeros electorales y representantes de los partidos políticos) de los instrumentos para identificar oportunamente todas las actas con inconsistencias para poder proceder al recuento de los votos en la sesión de cómputo distrital, en función de la causal establecida en el numeral I del inciso “d” del artículo 295: Cuando “existan errores o inconsistencias evidentes en los distintos elementos de las actas, salvo que puedan corregirse o aclararse con otros elementos a satisfacción plena de quien lo haya solicitado”.A menor número de inconsistencias, la calidad de la elección es mejor y genera confiabilidad y certeza. En sentido inverso, cuanto más crezca la cifra de inconsistencias –ya sea por errores humanos o manipulaciones de votos o resultados de casilla–, mayores serán las inquietudes y la desconfianza. Y, obviamente, si las inconsistencias se presentan en 47% de las casillas, como reconoce Luis Carlos Ugalde en su libro sobre las elecciones de 2006, y la diferencia entre el primero y el segundo lugares en la contienda por la Presidencia es tan cerrada como se registró, la sospecha envuelve a toda la elección. Dado que la organización de unos comicios es un proceso continuo en el que la calidad del trabajo que se realiza en una etapa repercute en la siguiente, lo que no se logre corregir con el ejercicio institucional en la preparación de la contienda puede enmendarse en las sesiones de escrutinio y cómputo que celebran los Consejos Distritales a partir del miércoles siguiente al día de la elección. Fue precisamente esto lo que no se hizo en 2006 y eso radicalizó el conflicto poselectoral.Lo anterior viene a cuento porque nuevamente se pretende suprimir toda esta información del PREP (no es la primera vez que se intenta: ya había sido motivo de discusión en el Consejo 1996-2003), precisamente para evitar que se detecten las inconsistencias y, en su caso, se cuestione la calidad del trabajo institucional y de la elección misma.Esto muestra en toda su dimensión la lógica del IFE: en lugar de corregir el problema, ocultarlo, y, aún más, pretender que lo que no se conoce no existe. Se trata de una vuelta a los tiempos en que la autoridad electoral dosificaba la información pública y buscaba ocultar y/o desaparecer todas las huellas de su actuación. De concretarse esta intención, se consumaría un retroceso mayúsculo.

CAMPAÑAS EN MEDIO DE LAS CRISIS

MIGUEL ANGEL GRANDOS CHAPA

Este domingo 3 de mayo comienzan las campañas electorales, que concluirán 60 días después, el primero de julio. Siempre deslucidas y desatendidas, las elecciones intermedias, las que corresponden a la sola renovación de la Cámara de Diputados, esta vez lo serán en mayor medida, porque ocurren en medio de las varias crisis que agobian a nuestro país: la de inseguridad, la económica, la de los propios partidos y, por si algo faltara, la sanitaria, la de la influenza humana.Hoy mismo las campañas no comenzarán al modo tradicional. El Código Electoral define como actos de campaña “las reuniones públicas, asambleas, marchas y en general aquellos en que los candidatos y voceros de los partidos se dirigen al electorado para promover sus candidaturas”. La necesidad de contener la expansión del desconocido virus que está poniendo en jaque a México y al mundo ha obligado a conjurar las aglomeraciones, al punto de que el gobierno de la Ciudad de México prohibió la actividad en los restaurantes hasta el martes 5 de mayo inclusive, y el federal dispuso una disminución severa de la actividad económica y la paralización de la administración pública, todo ello con miras a evitar el contacto de la gente con la gente, que es la materia con que se amasan las campañas.Se había previsto que el Consejo General del IFE tomara el 2 de mayo alguna determinación a este respecto. Hasta se conjeturó en los días precedentes que podría modificarse el calendario electoral. Dado que esto es imposible, porque las fechas están consignadas en legislación que no es dable modificar sobre la marcha, al menos en los términos en que la influenza se presenta al comenzar mayo, lo pertinente será la adopción de acuerdos políticos que establezcan reglas de observancia general para los partidos, aunque no sean jurídicamente vinculatorias. Está en el interés de los propios partidos, cada uno por su lado, actuar en consonancia con los intereses generales y de acuerdo a su propia conveniencia. Si alguno de ellos incurriera en la insensatez de citar a un mitin de arranque de campaña hoy domingo, como hubiera sido normal en otros tiempos, tendría en la ausencia de sus propios militantes la mejor demostración de que ellos no quieren ponerse en riesgo de contagio ni dejar de contribuir al esfuerzo general de contención del virus.Por lo demás, la emergencia dentro de la emergencia concluirá a media semana. Cuando más, se prolongará hasta el domingo 10 de mayo, y a partir del lunes será más practicable, si no la realización de reuniones públicas, sí la de encuentros con pequeños grupos, en espacios abiertos, en cada uno de los 300 distritos. Si eso ocurre, se hará más cercana la comunicación de los candidatos con sus electores, a los que hay que convencer no sólo para votar en cierta dirección, sino para que acudan a las urnas.Se ha detectado y medido un creciente desencanto por los procesos electorales y una cada vez mayor desconfianza en las instituciones que los organizan y los protagonizan. Quizá ayudó a ahondar tales sentimientos ciudadanos la deplorable puesta en práctica de la reforma electoral de 2007-2008 que, por un lado, dio al IFE el control de la propaganda electoral por radio y televisión, y que, por otro, pretendió regular las precampañas. Éstas corrieron, durante 40 días, del 31 de enero al 11 de marzo, y en ese período se estrenó la facultad del órgano electoral para manejar el tiempo del Estado en los medios electrónicos. Las maniobras de resistencia de las grandes empresas que dominan ese campo, y la deplorable estrategia desplegada por el IFE, que en vez de espacios suficientes para la discusión de propuestas programó la aturrullante difusión de miles de spots, produjeron un mal resultado en detrimento de la presencia de los partidos en la escena pública. En el período intermedio, del 11 de marzo al día de hoy, el espacio electromagnético se ha llenado con la abusiva publicidad comercial y la propaganda de los órganos electorales, especialmente del IFE, que ha provocado, según distintas percepciones con las que coincido, una saturación en el público, poco inclinado a la política y empujado de ese modo a la abstención y el desinterés por la vida colectiva.Cuenta así mismo en la génesis del alejamiento de los ciudadanos y los partidos el agudo e inadmisible contraste entre la prosperidad de tales partidos y el empobrecimiento general causado o profundizado por la crisis económica. Mientras todo el mundo tiene que apretarse el cinturón, los partidos disfrutan de un financiamiento público desfasado de la realidad económica circundante. En este 2009, los partidos están recibiendo más de 3 mil 600 millones de pesos, de los cuales 2 mil 700 corresponden a su gasto ordinario (para solventar su oneroso tren de vida cotidiana) y poco más de 800 para los dos meses de campaña.De las cifras totales, Acción Nacional recibe este año poco más de mil millones de pesos; el PRI, poco más de 700; el PRD, poco más de 600; el PVEM, poco más de 300; el PT, casi 290; Convergencia, 270; Nueva Alianza, 254, y el PSD, 190. Como además los partidos pueden obtener financiamiento privado, de sus militantes y de actividades propias destinadas a ese fin, están en posibilidad de gastar enormes cifras. La propia autoridad electoral, que aplica normas que deben ser revisadas, fijó un elevado tope de campaña (tope máximo dice pleonásticamente la ley y lo repiten los acuerdos del IFE), de 812 mil 680 pesos: ¡cada candidato, de un total posible de 2 mil 400, puede gastar esa cifra no distante del millón de pesos! La desaprensión con que se fijan estas cantidades permitió a los precandidatos, en la breve precampaña, gastar hasta 214 mil pesos, holgada cifra que es una invitación a poderes fácticos e ilegales a realizar contribuciones a esos momentos del proceso, pues qué ciudadano puede permitirse esa erogación de límite tan dilatado.Hablar del dinero nos conduce a situar las campañas que hoy comienzan en el marco de otra crisis, la de inseguridad. Aunque se ha hablado profusamente del blindaje para evitar que el narcotráfico y otras formas de la delincuencia organizada penetren a las instituciones por la vía electoral, apoyando candidatos a modo, no hay forma práctica de impedirlo. El 2 de mayo el Consejo General del IFE habría aprobado los registros de candidatos presentados por los partidos. Es altamente probable que se hayan deslizado entre los aspirantes a legislador avalados por los partidos personas que ganaron su postulación a partir de recursos de procedencia ilegal, mismos que podrán alimentar sus campañas, como se ha visto ya en comicios locales.De ese modo, estamos en la paradoja de que la crisis sanitaria, la económica y la de los partidos desalientan la participación de los ciudadanos en las elecciones intermedias, y en cambio la crisis de inseguridad, que se manifiesta en la prosperidad de las bandas delincuenciales, estimula el interés de estos grupos en modelar la vida pública conforme a sus intereses.

LA EPIDEMIA DESINFORMADORA

JENARO VILLAMIL

De origen indeterminado y sin vacuna que lo prevenga, la confirmación de un nuevo virus de influenza, el A (H1N1), ha concentrado el interés mundial ante la posibilidad de una nueva pandemia que, hasta el viernes 1, sólo ha causado fallecimientos en México. Incluso, la única muerte registrada hasta ese día en otro país fue la de un bebé mexicano que cruzó la frontera para ser atendido en un hospital de Estados Unidos.La paranoia se ha generalizado en el país, pero en buena medida el miedo es el resultado de un coctel: la opacidad, las inexactitudes y las contradicciones entre las cifras de contagiados y de muertos; entre las medidas adoptadas en México para enfrentar la emergencia sanitaria y las recomendaciones internacionales, y entre las declaraciones de funcionarios mexicanos de la Secretaría de Salud y la información difundida por la Organización Mundial de la Salud (OMS).A pesar de la saturación mediática sobre el tema, la desinformación es la otra cara del virus. He aquí un breve recuento de los principales ingredientes que generaron esta otra epidemia:1.- El jueves 23 de abril, el secretario de Salud, José Ángel Córdova Villalobos, sostuvo dos versiones frente a los indicios de una epidemia de influenza. En la mañana, al ser cuestionado sobre la información publicada días antes en el periódico Reforma (cinco personas fallecidas y 218 casos en hospitales), el funcionario afirmó que “esto no es una pandemia de influenza… Estamos viendo la prolongación de la época estacional de la influenza, que normalmente se termina en febrero”.Doce horas después, a las 23:00 horas, en cadena nacional, Córdova Villalobos confirmó que sí se trataba del brote de un nuevo tipo de influenza aeróbico que requería “medidas extremas” y ordenó la suspensión de las actividades escolares en el Distrito Federal y el Valle de México. No aclaró cuántas personas habían sido hospitalizadas ni cuántos fallecimientos estaban relacionados con la nueva cepa viral.2.- La danza de las cifras inició el domingo 26 de abril y continúa hasta ahora. La Secretaría de Salud mencionó ese día 103 muertes por influenza “atípica” y más de mil 380 personas afectadas, la mayoría, en el Distrito Federal. Se generó la alerta global ante la confirmación de 20 casos en Estados Unidos.El lunes 27 de abril, Córdova Villalobos aseguró que los muertos por “influenza porcina” eran 20, pero un día después redujo la cifra a sólo siete muertes confirmadas. El 29 de abril esta cifra se elevó a ocho y el viernes 1 de mayo informó que eran 16 fallecidos en todo el país por “influenza humana”, la denominación que le otorgó la Secretaría de Salud. De 159 expedientes de personas fallecidas, en 58 no había justificación para relacionarlos con el virus y 85 se mantenían como “sospechosos”. Al corte del 1 de mayo, de los 16 decesos 11 fueron en el Distrito Federal, tres en el Estado de México, uno en Oaxaca y uno en Tlaxcala.3.- El martes 28 se generalizó la confusión en el manejo de las cifras y el tipo de decesos. Córdova Villalobos creó un nuevo rango: “muertes sospechosas” por influenza porcina. Ese día fueron 159, al día siguiente 176 y después ya no se mencionó este concepto hasta el 1 de mayo, que se informó de 85 “muertes sospechosas”. Afirmó que están vivos 381 contagiados por el virus de influenza humana.4.- La denominación del nuevo tipo de influenza también ha ocasionado confusiones. Primero se le llamó “influenza porcina” para diferenciarla de la “influenza estacional”. El lunes 27, los científicos estadunidenses de Atlanta que lograron aislar la nueva cepa la denominaron gripe A H1N1. En Francia se le intentó denominar “gripe mexicana”, lo que generó una airada protesta de la embajada de México por considerar el término “discriminatorio”. La OMS sugirió que se le denomine influenza A (H1N1), y el 1 de mayo, la Secretaría de Salud dejó de llamarla “influenza porcina”, porque “no se contagia por los cerdos”, y la llamó “virus de influenza humana”.5.- La oficialización de las medidas adoptadas en México provocó diferencias y suspicacias. El 25 de abril en el Diario Oficial de la Federación se publicó un decreto que autoriza a la Secretaría de Salud a tomar acciones para “prevenir, controlar y combatir la existencia y transmisión del virus de influenza estacional epidémica”. No menciona “influenza porcina” ni “influenza humana” ni A H1N1 ni define qué es “influenza estacional epidémica”.Entre las medidas se ordena “el aislamiento de personas que puedan padecer la enfermedad y de los portadores de gérmenes de la misma”, así como “el ingreso a todo tipo de local o casa habitación para el cumplimiento de actividades dirigidas al control y combate a la epidemia”. También autoriza la adquisición de equipo médico, agentes de diagnóstico, material quirúrgico, productos higiénicos y medicinas “sin necesidad de agotar el procedimiento de licitación pública”.6.- Está a discusión si México adoptó o no las medidas emergentes necesarias. Funcionarios de la OMS afirmaron que el organismo supo desde el 9 de abril de casos de “influenza sospechosa” en México y el 24 de abril recibieron la confirmación de laboratorios de Estados Unidos y Canadá que identificaron que se trataba de una nueva cepa. “Nos movilizamos en cuestión de horas”, dijo el vocero de la OMS, Thomas Abraham.Sin embargo, el presidente Felipe Calderón, en su mensaje a la nación del 29 de abril, afirmó que en México “se lanzó el 16 de abril una alerta epidemiológica para que las autoridades médicas de todo el país y de los hospitales tomaran las precauciones debidas” y se enviaron a “los mejores laboratorios del mundo” las muestras tomadas a personas enfermas.Coincidentemente, el mismo 16 de abril el presidente estadunidense Barack Obama realizó su primera visita oficial a México. Para ese momento, nadie había informado a la sociedad sobre la “alerta epidemiológica” en nuestro país a la que aludió Calderón.El epidemiólogo de la Secretaría de Salud Miguel Ángel Lezana, quien ganó notoriedad por minimizar el uso del cubrebocas, aseguró el 1 de mayo a la agencia AP que fue la OMS la que tardó en atender la alerta enviada desde el 16 de abril. “Aparentemente hubo algún problema. No sé si fue en la oficina de la Organización Panamericana de la Salud (brazo regional de la OMS), en México o en Washington”, afirmó Lezana, director del Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica.

DEFINICIONES EN TIEMPOS DE CUARENTENA

CARLOS MONSIVAIS

Es frecuente redactar un artículo sin saber a dónde se quiere ir; es más inusual hacer un texto ignorando el punto de partida. Esta circularidad de las seguridades extraviadas es usual en estos días de asueto, cuando la información abunda en cierto sentido, pero es reiterativa y a momentos digna de la falta de confianza, algo no tan común y porque no es fácil hacerse digno de la falta de confianza, lo que antes era lo más sencillo. Dos imposibilidades a la hora de las estadísticas: inspirar confianza y garantizar la falta de confianza.
Se atraviesa por la fase 5 de una crisis de salud mundial, y por doquier se observan las medidas precautorias, los rostros de aflicción distendida de los altos funcionarios (una tregua de las preocupaciones urgentes), la confusión que desemboca en la pregunta cotidiana: “¿Me podrían decir qué está pasando?”. Todo tiende a la inmovilidad en el vértigo de las alteraciones sicológicas y todo conduce también a la autopsia de las declaraciones oficiales.
“Miré los muros de la patria mía/ si un tiempo fuertes ya desmoronados,/ de la carrera de la edad cansados,/ por quien caduca ya su valentía”. Versos magníficos, ¿pero qué tienen que ver? En rigor, muy poco; en esta temporada lo que tiene que ver con algo es una excentricidad porque, repito lo ya sabido, la amenaza de la pandemia es muy real, las medidas a seguir son prudentes y ni los muros de la patria se han desmoronado por entero ni hay en la experiencia reciente muros fuertes. ¿Qué le vamos a hacer? La población es disciplinada pero el manejo de la información es feudal.
Veamos momentos del caos. “¿Por qué en México sigue muriendo gente y en el resto de los países no se ha confirmado ningún fallecimiento?”. Responde el secretario de Salud, José Ángel Córdova: “Porque aquí siguen llegando tarde”. Miguel Ángel Lezana, director general de Vigilancia Epidemiológica, contradice al presidente Calderón: “De los 152 casos de muertes sospechosas de haber sido causadas por el virus de la influenza sólo existe la confirmación plena de siete, ni siquiera de 20, como también se había asegurado oficialmente. Y el resto. El resto sólo huele a influenza”. Sospecha que de las 152 muertes anunciadas sólo sean atribuibles a la influenza 10 o 20, y justifica “toda esta alarma mundial” porque “era la única manera de actuar; si no lo hubiésemos hecho así, en vez de 30 muertes podríamos haber tenido 3 mil”.
Las cifras no están enfermas sino convalecientes. Córdova se enreda, exige una ortodoxia clínica inaugural para reconocer cada caso de lo que fue “influenza porcina” y hoy es “influenza tipo A”. Las cifras son asistidas y reposan con discreción para volver a la carga en busca de seres persuasibles. ¿Cuántos muertos? ¿De qué murieron los que en esta ocasión no son muertos sino fallecidos? Cunden en cada hogar las sensaciones de espera, y todo indica que la población habita el espacio de los puntos suspensivos… y mientras lo hace intuye que lo que viene es peor, y la espera multiplica la falta de oportunidades mientras la vida continúa en la zona habitacional de los puntos suspensivos… Se siguen las noticias como si fueran crucigramas al revés, no sé lo que digo, se asumen las precauciones con incredulidad y disciplina. ¿Qué se hace? Como en los juegos infantiles de antaño, lo que informa la mano lo repite la tras. Y luego la tras se pasa el día entero quejándose de la falta de información.
* * *
Lo pidió el Presidente: las familias deben aprovechar la oportunidad única, podrán verse frente a frente y no aglomeradas frente a la tv, enviada por el demonio para impedir la convivialidad. Tiene razón, es hora de discutir los problemas de la vida, una familia es un conjunto de normas, preceptos, sesiones fotográficas, reuniones en torno a bodas y nacimientos, viajes al hospital en ocasiones infaustas… Es todo eso pero no ha sido el ámbito de reflexión como de ejercicios de Semana Santa. Si no aprovechamos la terrible oportunidad de la epidemia, quién sabe cuánto tiempo tardará para que las familias se enfrenten con su destino.
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Un gran riesgo de los asilados en casa es volverse “estatuas de sal”: desmoronarse al mirar hacia atrás o pensar retrospectivamente y querer recordar lo oído. Los diálogos son circulares: “No entendí lo que dijo el funcionario./ Es que le pusiste atención y es lo peor que se puede hacer./ Pero si no le pongo atención corro el riesgo de entenderlo./ Eso es lo que a él le molesta, que te fijes en lo que dice, que no es la función de los ciudadanos./ ¿Y él cómo sabe que me estoy fijando en lo que dice?/ ¿Y tú cómo puedes estar seguro de que no le entendiste?/ ¿Me estás acusando de calumniador?/ Te estoy acusando de extraer conclusiones en un momento en que eso no está a la orden del día./ ¿Y qué está a la orden del día?/ Ponerse a la disposición de las circunstancias”.
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Los tiempos cambian porque los virus mutan. ¿Cuándo se habían visto tales maromas? Se acabaron los sitios fijos; por eso, por cuidadoso que sea el desciframiento de los mensajes oficiales, sólo debe creerse en las cifras al instante de oírlas; luego, hay que recordarlas con cariño porque ya estuvieron en nuestro miedo o en nuestro alivio, que para el caso es lo mismo. Una cifra que se interpreta de múltiples maneras es una cifra que vale la pena. Al día siguiente o a las cuantas horas otra cifra la desplaza y nadie debe ofenderse. Recuérdese la canción: “Que duró solamente lo que dura una cifra”. Y si eso le pasa a los datos duros, o no tanto, ¿qué se puede decir de las interpretaciones? La información fluye pero no por los caminos habituales, sino por los de inducciones y deducciones. Allí, en la especulación, se halla la verdad y si ésta cambia de persona a persona, de medio informativo a medio informativo, y de funcionario a funcionario, tanto mejor. Una verdad sedentaria es ya puro anacronismo.

sábado, 2 de mayo de 2009

SECUESTRO ELECTORAL

PORFIRIO MUÑOZ LEDO

Cuando la primera Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente, en 1972, acuñamos una frase esclarecedora: “No hay peor contaminante que la miseria”. Queríamos prevenir cualquier operación de los países avanzados tendiente a imponer pautas de desarrollo a los demás y colocar además el énfasis en la injusticia económica internacional y la degradación material generada por la desigualdad.
Unas son las causas de las enfermedades —su etiología— y otras las condiciones sociales y la debilidad institucional que contribuyen a su propagación y lastran su combate oportuno y eficaz. El caso de la influenza A/H1N1 diseminada en nuestro país es un ejemplo palmario de la incuria y la decadencia como detonadores de una PANdemia.
Los estragos que el huracán Katrina —agosto de 2005— provocó en Nueva Orleáns evidenciaron la mortandad incubada en la indefensión de la pobreza. Un reducto del tercer mundo —en medio de la opulencia— pagó elevado precio por las condiciones de insalubridad, marginación, precaria infraestructura, servicios públicos insuficientes y descuidos culpables de la administración Bush.
La tragedia fue utilizada para desencadenar privatizaciones, de acuerdo con la estrategia descrita por Naomi Klein en Capitalismo de shock. Las crisis debían ser aprovechadas para profundizar el modelo neoliberal, que era —paradójicamente— la causa última del desamparo y la excesiva mortandad.
Sin contar con la cínica manipulación política de la que fueron objeto el derrumbe de las torres gemelas en Nueva York y el atentado terrorista de Atocha en víspera de las elecciones españolas. Cada quien padece el fundamentalismo que le toca. El “comité de salud pública” de los jacobinos franceses los condujo a la guillotina y el nuestro está programado para la entronización de El Yunque.
La acción eficaz, la transparencia y la mesura son pruebas de la racionalidad del Estado. En nuestro caso deslumbra la exhibición de lo contrario. Aparecen datos sobre el conocimiento que tenían desde hace tiempo las instancias médicas respecto del probable desencadenamiento de la epidemia y la existencia de brotes específicos a finales del año pasado.
Debido a que en Estados Unidos surgieron casos de esta influenza desde diciembre de 2005, sus autoridades determinaron las sustancias idóneas para contrarrestarla. El Boletín de Práctica Médica divulgó aquí en diciembre de 2006 un catálogo de “acciones básicas ante una pandemia de influenza” y el Seminario Internacional de Influenza de octubre último predijo que podría precipitarse en razón de “los daños causados por la situación económica que atraviesa el mundo”.
Es claro que el 18 de marzo “expropiamos” el virus procedente del Canadá y que de inmediato comenzó su propagación: hospitalizaciones, diagnósticos erráticos, decesos y comunicaciones cruzadas entre autoridades de salud. Nada se hizo público durante las visitas de Sarkozy y de Obama, que tuvieron sin embargo limitantes por razones sanitarias.
No fue sino hasta el 25 de abril que el Ejecutivo desencadenó un operativo sigilosamente preparado. Reunión del Consejo Nacional de Salud, adoctrinamiento a los medios electrónicos y aparición de Calderón otorgando facultades de excepción al secretario de Salud. Decreto ostentosamente violatorio de garantías constitucionales.
Sorprende el silencio cuando no la complicidad del Congreso ante esta “dictadura sanitaria”. Remedo de la militarización del país y la declaración de guerra al crimen organizado. Esta vez Calderón no se vistió de médico, como entonces lo hizo de general, pero tal vez se disfrace —antes de las elecciones— para anunciar que ha derrotado el mal.
Asombra más la declaración del propio Ejecutivo en el sentido de que el país carece de los medios técnicos “capaces de identificar el diagnóstico, el tratamiento y la estrategia preventiva”, pero que en 72 horas los tendría, plazo que se ha prolongado indefinidamente. Como en tiempos de la Revolución: “Primero disparas y luego averiguas”.
¿Por qué México produce el mayor número de muertos? Si no somos un Estado fallido, nos parecemos mucho. Obedecemos a la definición de Fukuyama sobre la debilidad institucional de los países periféricos —la otra cara de la globalización—, que combina en el mismo saco apocalíptico terrorismo, narcotráfico, crimen organizado, éxodos migratorios y epidemias que amenazan al “mundo civilizado”.
El proceso electoral obliga a una reflexión colectiva y una acción responsable. No podríamos aceptar el secuestro de la conciencia pública y la desmovilización ciudadana por la manipulación mediática. Cubrebocas sí, “cubrementes” no. El manejo de la salud debiera quedar en manos de expertos y su difusión confiada a la pluralidad política. Conjuremos el golpe de Estado sanitario.

¿QUÉ TAL UN POCO DE HUMOR?

FRANCISCO MARTÍN MORENO

Desde un principio entendí que debía apartarme del análisis de fondo, pero sin perder de vista que el contenido no podía ser frívolo ni solemne ni el texto podía ser cínico por aquello que decía Oscar Wilde: “Un cínico es un hombre que sabe el precio de todas las cosas e ignora el valor de una sola…”
Si al terminar su lectura al menos hubiera yo arrancado un sonrisa, por ese solo hecho se justificaría más que sobradamente la existencia del presente artículo.
Mis ironías no atacan a las opiniones sino a los vicios, a las debilidades propias de la humana naturaleza. Deseo no ofender sino hacer llegar hasta el corazón de mis lectores un poco de amable humor, de ternura, de fe en la bondad humana. G. Eliot.
Redactar una columna con algún dejo de humor cuando la influenza y sus paranoias parecen atacar, aun cuando en forma benigna a una buena parte del país, implica un desafío profesional ciertamente seductor. Desde un principio entendí que debía apartarme del análisis de fondo, pero sin perder de vista que el contenido no podía ser frívolo ni solemne siempre pensé que los solemnes son, por lo pronto, tontos por decirlo eufemísticamente ni el texto podía ser cínico por aquello que decía Oscar Wilde: “Un cínico es un hombre que sabe el precio de todas las cosas e ignora el valor de una sola…” Si al terminar su lectura al menos hubiera yo arrancado un sonrisa, por ese solo hecho se justificaría más que sobradamente la existencia de la presente columna.
Valdría la pena recordar cuando Díaz Ordaz, refiriéndose a un problema ocular que padecía, le comentó a López Portillo siendo ya jefe del Estado mexicano, que él, su antecesor, seguía estando mal de los ojos porque: —Fíjese usted, don José, yo pensaba en que Echeverría seguía siendo el poder tras el trono porque todavía sigo viendo dos presidentes... Imposible olvidar cuando Álvaro Obregón ya retirado durante el gobierno de Calles en la Quinta Chilla, su rancho de Sonora, le preguntaron por qué razón se había ido tan lejos, apartándose de toda la civilización... Yo no estoy lejos repuso aquél poniéndose de puntitas: Fíjese nomás que desde aquí sigo viendo la Presidencia de la República...
Cuando al propio Obregón le fue amputado su brazo derecho al combatir a los villistas en 1915, se dolió al despertar de la pérdida de su miembro por dos razones: una, ahora se encontraba en clara desventaja en relación con sus colaboradores, puesto que ellos contaban con dos manos para robar y él ya tan sólo una, lo cual era una pena que lo obligaría a “trabajar” el doble; la otra, “así como me dejaron de tullido, jóvenes galenos, únicamente le podré agarrar una sola nalga a las viejas…”
Filosofía es la ciencia por la cual, con la cual y sin la cual te quedas tal cual... Soy el orgullo de mi abuela, quien es la vergüenza de la familia... Un minuto de silencio... un segundo de descuido... un hijo... Le pregunté a mi madre sobre la identidad de mi padre y ella me contestó: Pero qué sé yo, había tanta gente... Ahorre agua, báñese en pareja... Amaos los unos sobre los otros... La mayor perrada que le puedes hacer a quien se haya llevado a tu mujer es dejársela...
Una esposa estadunidense demandó el divorcio a su marido mexicano. Para efectos de la pensión que el juez debería concederle a la “pobre” mujer ésta esgrimió los siguientes argumentos: Mi marido hizo el amor conmigo 753 veces en 15 años y si una prostituta media cobra sobre unos 300 dólares por sesión, concediéndole a mi esposo un descuento del 50% y entregándole mi cuerpo por 150 dólares por noche, él me debería por concepto de uso y goce de mi cuerpo la cantidad de 112 mil 950 más sus respectivos intereses, los mismos que Su Señoría debe fijar a una tasa promedio anual del 8%... Además lavé su ropa interior, sus camisas, calcetines, playeras y planché sus trajes, le hice el desayuno, la comida y la cena y lo consolé de cuanto fracaso tuvo en su carrera. De esta suerte, Su Señoría, tomando en consideración lo que vale en cualquier lavandería la limpieza y el planchado de unos calzones a razón de 50 centavos de dólar la prenda y calculando que los lavé durante cinco mil 475 días que duró nuestro matrimonio, mi marido me debe dos mil 737 dólares sólo por ese concepto... Si sumamos todos los servicios recibidos durante 15 años, me adeuda la cantidad de 253 mil 987 dólares sin incluir las sesiones sicológicas a las que me presté para rescatarlo de las depresiones en que caía cuando los negocios marchaban mal. Si se parte del supuesto que cada consulta con un analista de Nueva York cuesta 300 dólares a razón de tres veces por semana.... El juez hizo cuentas de lo que le podrían costar a él mismo semejantes servicios, por lo cual compadeciéndose del marido ultrajado y para no sentar precedente ni hacer jurisprudencia relevó al infeliz cónyuge de todos sus cargos declarándolo absolutamente inocente como todos los esposos...
¿Más…? Bueno, pues los terremotos son movimientos trepidatorios que se producen en la tierra cuando los volcanes entran en erección... La cultura griega floreció mucho porque llovió mucho en aquella época... El campo es un lugar donde los pollos se pasean crudos... Un “año luz” es un año que se emplea en medir la luz... Humedad es la cantidad de vapor que hay en el agua... Las montañas se forman de muchas maneras pero no me acuerdo de ninguna... La Primera Internacional fue la primera reunión internacional de todos los países...
La risa es el mejor ejercicio para las arterias, ¿usted ya sonrió al menos el día de hoy..? Espero que la sensatez se apodere en algún momento de la mente de nuestros políticos…