jueves, 15 de julio de 2010
COALICIONES Y DES-PEÑADERO
LA MONEDA ESTÁ EN EL AIRE
En efecto, antes del 4 de julio parecía que, en una suerte de proceso histórico inevitable, el PRI recuperaría la Presidencia en el 2012, si bien faltaba saber con qué candidato. Lo que vinieron a traer los ciertamente extraños resultados de ese domingo fue una especie de “reescritura del futuro”, al poner a todos los partidos en condiciones reales de ganar en la siguiente elección. Como se dice coloquialmente: la moneda está en el aire y nadie puede sentirse seguro de nada.
Por otra parte, las elecciones pasadas confirmaron que —con los defectos y problemas que se quiera— la ruta electoral es la única legítima y reconocida para llegar al poder. El voto se ejerce con una libertad apreciable, las personas eligen entre opciones de gobierno diferentes, los propios ciudadanos cuentan los sufragios emitidos y llenan las actas en cada casilla, hay órganos locales y federales que pueden revisar las inconsistencias o irregularidades que se hayan producido y al poder llegan los que obtuvieron más votos. Puede parecer algo muy simple y obvio, pero para llegar a eso México tardó décadas y a todos los ciudadanos nos costó (y nos sigue costando) miles de millones de pesos. Los partidos políticos tienen a su disposición para el 2010 más de 3 mil millones de pesos, lo que no es poca cosa.
La incertidumbre electoral hacia el 2012 tendrá una escala previa, de gran intensidad, en la elección del próximo año en el Estado de México. Se trata de una elección crucial por varios motivos. El primero de ellos es que el Estado de México es la entidad federativa más poblada del país, con lo cual aporta el mayor número de inscritos al Registro Federal de Electorales. Hay más de 14 millones de habitantes en el territorio mexiquense (contra casi nueve en el Distrito Federal, para hacernos una idea).
La elección es también crucial porque tanto el PAN como el PRD han manifestado sus intenciones de conformar una coalición opositora para derrotar al PRI, siguiendo la fórmula que les produjo buenos resultados en Oaxaca y en Puebla. Ese es el segundo motivo por el que será muy interesante el proceso electoral local del próximo año.
Y el tercero motivo de interés es porque parece ser que en el resultado del Edomex se juega su futuro político Enrique Peña Nieto y sus posibilidades de ser primero candidato del PRI y luego presidente de la república. Hay quien ha sugerido que su imagen quedaría un tanto deteriorada si el PRI no es capaz de mantenerse en el poder en el territorio que gobierna Peña Nieto.
Todo lo anterior nos permite concluir que, en efecto, se ha vuelto a instalar la incertidumbre electoral en México y eso es una gran noticia para todos. Los años en que ya se sabía el partido que iba a ganar parecen haberse quedado cada vez más atrás. Ahora importa, y mucho, seleccionar a buenos candidatos. Importa también hacer un trabajo de equipo dentro de los partidos, evitando las fracturas internas. Importa, finalmente, presentar proyectos políticos con ideas de fondo, conforme a la agenda temática que le preocupa a los ciudadanos y no simplemente la que le interesa a los políticos.
Es decir, lo que importa es que cada vez se ofrezcan a la ciudadanía mejores proyectos, con más ideas y argumentos, con mejores candidatos que sean honestos y tengan capacidad de convencer y no solamente de vencer. Lo que importa, a fin de cuentas, es que se vaya perfeccionando al proceso democrático y que las elecciones sirvan como herramienta para mejorar el nivel de vida de todos los habitantes de México.
ALIANZA CONTRA LAS COALICIONES
El mayor disimulo se da entre los dirigentes del PRI, a los que ha calado hondo el balance del 4 de julio, pero eso es comprensible en ellos que dieron como ineluctable su regreso a Los Pinos. Lo asombroso es que se muestren sorprendidos quienes antes han recurrido a las alianzas, y peor aún, que desde el PRD o el PAN se trate de recriminar esas victorias, sólo porque ellos no las encabezaron, o porque sus vaticinios de fracaso no fueron correspondidos por la voluntad popular. De hecho, a partir de su éxito ha recrudecido la crítica y está en formación una especie de alianza anticoalicionista, que congrega lo mismo a Peña Nieto que a Fox o AMLO.
La resistencia a que se siga despejando de caciques y gobiernos corruptos la competencia para el 2012 proviene lógicamente de quienes ven amenazados de nuevo sus planes político-electorales, y colocan por sobre cualquier interés el personal. Imposible reconocer que más allá de las diferencias ideológicas y programáticas que en efecto existen entre el PAN y la izquierda se trata de la conjunción de esfuerzos entre los partidos con acreditada vocación y práctica democrática, con todo y sus divisiones internas, deficiencias e insuficiencias programáticas.
Al ahondar en lo incomprensible que les parecen las coaliciones entre el PAN y PRD, no sólo pretenden borrar del análisis el dato indiscutible de que, a lo largo de las dos últimas décadas, se han concretado una docena de alianzas electorales en varios estados del país, desde Baja California, pasando por Chihuahua y hasta Yucatán, que es la segunda ocasión que en Oaxaca se concreta el acuerdo coalicionista en torno del mismo candidato Gabino Cué, hoy gobernador electo; también esa postura muestra un profundo desconocimiento de las realidades locales donde los ciudadanos se han mantenido en vilo en el respeto de sus derechos fundamentales.
Las coaliciones han sido exitosas desde una perspectiva auténticamente ciudadana de la política, donde los partidos se conciben como instrumentos de la lucha social y política de los ciudadanos, y con ello se ha podido frenar la carrera ascendente hacia la restauración autoritaria del PRI. Porque no hay duda —y he ahí la imposibilidad de comprender el fenómeno coalicionista por los caudillos incivilizados—, los ciudadanos fueron protagonistas esenciales de esas batallas y por ello son los propietarios de esos triunfos, que como en Oaxaca se constituyó en una épica gesta de liberación personal y social.
Esa meta está cumplida en gran medida por lo menos en dos estados donde sus gobernadores fueron motivo de escándalo inmoral y figuras representativas del cinismo político y la impunidad. No es casual que tanto Mario Marín como Ulises Ruiz hayan sido llevados a la SCJN por violación grave de garantías; incomprensiblemente exonerado el primero y responsabilizado lisa y llanamente el segundo de su participación directa en la violación de los derechos humanos y la muerte de 26 personas, aunque sin mayor consecuencia jurídica hasta ahora.
Por lo pronto, la sanción ha sido político-electoral, y ha caído una maquinaria cuyo prestigio entre el priísmo nacional era su pretendida invencibilidad, no obstante que ese prestigio se derivara de las peores formas de defraudación electoral y uso indebido de los recursos públicos. Por eso se concentró en Oaxaca gran parte de la atención nacional. Bastión en el sureste mexicano, caja chica y grande a la vez en la operación de procesos electorales, siempre se colocó como la joya de la corona para las coaliciones que formamos con el PRD, el PT y Convergencia.
Electoralmente, el PAN ha tenido un crecimiento insospechado en esta elección: aumentó en más de 120 mil votos su votación histórica, fue el partido que más votos dio a la candidatura de Cué: 316,000; pasamos de 4 diputados locales a 11 en el Congreso estatal, de cinco municipios que gobernamos pasaremos a más de 20, con cinco de los 10 municipios más importantes de la entidad, entre ellos, la capital de Oaxaca.
Estoy convencido de que es importante seguir por la vía de las coaliciones derrotando la ilegal e inmoral intervención de los gobernadores de los estados en los procesos electorales. Las elecciones del 2012 necesitan un terreno más parejo para que cada partido presente sus candidatos y su plataforma, en un ambiente no sólo más hospitalario para la democracia, sino para la opción ciudadana que realmente le permita distinguir propuestas y diferenciar ideologías. Hay que recordarles a los anticoalicionistas que reclaman por el contraste ideológico que en un ambiente autoritario, sin reglas básicas de convivencia política y de mínimo respeto por la equidad y la legalidad de una contienda, no es ni siquiera posible la discusión de las ideas políticas, el debate de lo programático y lo doctrinal.
DISFRAZ DE CALDERÓN
MANUEL BARTLETT DÍAZLa crítica es clara, la alianza de la izquierda y la derecha diluye a los partidos, elimina el objetivo electoral, presentar opciones diferentes. No se debatieron los problemas nacionales, queda un país sin soluciones. ¿Quién ganó?, preguntan los comentaristas. La realidad es simple, pero se elude.
Las alianzas son el disfraz con el que Calderón ocultó al PAN, lo envolvió en múltiples siglas, fingió una alianza democrática plural, para evitar el rechazo a su partido responsable de la ingobernabilidad, inseguridad, empobrecimiento, desempleo. Esa es la inevitabilidad que se “percibe” del retorno del PRI, repudio natural al fallido Calderón. Haber evitado el carro completo, como alardean, no es producto de alianzas. Atrás de ellas estuvo la ilegal intervención del Ejecutivo con todos sus instrumentos: dinero ilimitado, programas “sociales”, dádivas, intervención de instituciones públicas, espionaje, campañas negras, delegados federales, Notimex, las televisoras nacionales. Todos delitos electorales. Desesperado, Calderón destruyó los avances electorales.
Los celebrantes de la limpieza de caciques, indignados por las malas artes de los gobernadores, no ven que se logró con las mismas violaciones por el Ejecutivo que censuran a los gobernadores. Quienes celebran la alternancia en estados en donde no ha habido, al apoyar al PAN calderonista buscan impedir la alternancia en la Presidencia.
En Puebla, la alianza fue fachada, el PAN no gana el estado, menos en su absoluto desprestigio, y el PRD chuchista no junta tres gatos, facción anteriormente cooptada, no tiene lógicamente incompatibilidades ideológicas. Operó Nueva Alianza con Calderón, para entronizar al PAN, con las mismas violaciones atribuidas al PRI. Su dirigencia afirma que pactaron cogobernar —tutelar— con el panista Moreno Valle, que gana disfrazado de plural. Derrotan a un gobernador desprestigiado para que la derecha se apropie del estado.
En Oaxaca esa “alianza” no ganó, fueron otras fuerzas, antagónicas a los desmedrados chuchos. En Sinaloa, el “triunfo” de la alianza fue una candidatura aberrante y división priísta. Ambos gobernadores ungidos ofrecieron su apoyo a Calderón. ¿Réplica de Chiapas, de Guerrero, gobernantes de izquierda comparsas de la derecha gobernante?
El “cochinero” electoral calderonista fue nacional, resultando en impugnaciones idénticas de lado y lado; descomposición electoral rumbo al 2012. La cúpula priísta en la simulación, condenan las alianzas en unos estados, en otros no. Derrotados por Nueva Alianza panista en Puebla, pero aliados con ésta en Chihuahua y otros, incongruencia sólo explicable por su descomposición moral, como fue el acuerdo clandestino Paredes-Gómez Mont. Recuerdan a Calderón haberlo apoyado para acceder al poder, reclamándole reciprocidad, porque estarán en manos de un Tribunal que huele a Calderón. Al fin cogobernaron, son iguales, se arreglarán.
El electorado votó sin saber que lo hacía para detener el desmoronamiento de Calderón. Pero existe un hartazgo popular explosivo, cuidado.
LAS ELECCIONES
ARNALDO CÓRDOVADe los estados en que había elecciones, todos eran gobernados por priístas, menos Tlaxcala, Aguascalientes y Zacatecas. Beatriz Paredes cacareó, pavoneándose, sus triunfos anticipados en Oaxaca, Puebla y Culiacán. Ganó los tres gobernados por sus oponentes, pero perdió esos importantísimos estados. Iba por naranjas y salió con tejocotes. Y, luego de las elecciones, siguió cacareando el poder arrollador del PRI, “la mayor fuerza política del país”, dijo. ¡Pobre señora de los huipiles!, esos tres chichones que lleva debajo de la trenza le van a durar un rato y tal vez sirvan para bajarle los humos triunfalistas.
Sí, hay que celebrar que los pueblos en México, cuando no son agachones y conservan su dignidad, son capaces de decidir el rumbo de las elecciones. Eso da esperanzas para el año 2012 y los priístas deberían tomarlo muy en cuenta. Creo que lo que más agruras debe haberle causado a Peña Nieto no fue que sus amigos de Puebla y Oaxaca perdieran tan claramente, sino el espantajo que Jesús Ortega y César Nava le restregaron en las narices de que podían ir juntos de nuevo en las elecciones del estado de México el año próximo. Hablando en plata, los priístas fueron los grandes perdedores de estas elecciones. Que ganaran los estados que ya gobernaban no es ninguna gracia. Fue mucho más lo que perdieron. Además, todavía está por verse lo que se resolverá en los tribunales.
¡Oh, sí! ¿No que las alianzas no funcionaban? Panistas y chuchos andan de verdad exultantes y Manuel Camacho debe vivir sus momentos de gloria (¡Ya era hora! ¿O no?). Pero se da el hecho de que, la verdad sea dicha, ninguno de ellos ganó un carajo. Ninguno de sus candidatos era panista ni, mucho menos, chucho. En Oaxaca triunfó un antiguo seguidor de Diódoro Carrasco que, además, es cercano a López Obrador y tuvo la galanura de reconocer su aporte a la campaña. Los otros son priístas reciclados, uno, el de Sinaloa, parte de un bando priísta que se oponía al gobernador saliente; el otro, un elbista declarado y confeso. Ya veremos si saben guardar alguna fidelidad a sus compromisos aliancistas.
El pequeño estado de Tlaxcala quiso dejar de ser priísta y se volvió momentáneamente perredista y luego panista. Ahora vuelve a ser priísta. Aguascalientes era panista, pero su gobernador panista se conjuró con los priístas locales para entregarles el poder. Ahora el CEN del PAN de seguro lo va a expulsar. Zacatecas se cuece aparte. En una alianza, fundacional en cierto sentido, entre el ex priísta Ricardo Monreal y la perredista Amalia García, se le arrebató al PRI esa entidad. Parecía para siempre. No fue así. Monreal y García comenzaron a jugar un idiota juego de poder que lo echó todo a perder. Monreal, a un cierto punto, dejó el camino libre a Amalia García. Ésta no le respondió con la misma lealtad.
A pesar de que me une con Amalia una vieja relación de afecto, nunca he podido entender lo que trae en la cabeza. Autoritaria y soberbia hasta el exceso, nunca ha podido confiar en nadie y hasta a sus propios camaradas los acorraló hasta que se fueron con el enemigo con muy poca dignidad. A su hija, la senadora Claudia Corichi, le dejó el manejo de lo que quedaba del PRD y acabó avasallándolo con sus caprichos y ocurrencias. Ella sólo ha tenido éxito ayudada por las circunstancias y por la suerte. Su derrota estaba anunciada irremediablemente. Y Monreal, por su parte, nunca tuvo el empaque para mantener su antiguo consenso entre los zacatecanos. Su figura fue disminuyendo y la medida de su poder real lo muestra la exigua votación que logró su hermano candidato.
Las coaliciones, lo dije aquí alguna vez, son una tarea indispensable para todos los partidos en la política moderna. Para triunfar hay que aliarse con alguien para tener mayor fuerza en el electorado. También para ampliar la fuerza de los gobiernos. Las alianzas de los chuchos asesorados por Camacho fueron un sinsentido. Uno no se puede aliar con sus enemigos más encarnizados. La izquierda con la derecha. Se menciona el ejemplo de Chile en las postrimerías de la dictadura. No vale. En Chile todos luchaban por la sobrevivencia y se sigue haciendo. Aquí no tenemos un Pinochet contra el que puedan ir unidas izquierdas y derechas. Entre nosotros la derecha y la izquierda militan en campos antagónicos. Hacer alianzas sólo para sacar al PRI (o a los caciques, como se dice) del poder de los estados no es razón suficiente para renunciar a la propia identidad.
Chuchos y panistas son lo mismo (así como sigue siendo cierto que, a niveles más altos, panistas y priístas son lo mismo). La izquierda no se merece ese liderazgo abominable que ha desvirtuado por completo los principios y la noción de izquierda que el PRD encarnaba hasta que esos logreros tomaron su dirección nacional. Ellos no sacaron nada de lo que puedan enorgullecerse. Sólo se ensuciaron todavía más de lo que ya andaban. Es verdad que los priístas salieron con el miedo en los huesos. Pero, nosotros, ¿qué sacamos con eso? Gabino Cué puede ser un gobernador excelente. De los otros dos no hay quien dé una pita. En todo caso, hay que ver cómo va a evolucionar el PRD, representado hoy en todo y por todo por los chuchos.
Creo que los perredistas deberían seguir en el ejemplo a los pueblos de Oaxaca, Puebla y Sinaloa y, así como éstos lograron echar a los corruptos del poder, los perredistas sean lo suficientemente conscientes para arreglar cuentas con los oportunistas que se han apoderado de los órganos de dirección de ese partido. Que cada uno de ellos haga las cuentas claras: ¿qué sacaron de las recientes elecciones como organización política?, ¿a quién creen que esas alianzas beneficiaron de verdad? A los candidatos triunfadores, ni duda cabe; también a los propios ciudadanos que, con su voto, se liberaron de gobernantes sanguinarios y corruptos hasta la ignominia. ¿Al PRD, cómo o en qué?
De seguir en su política aliancista, el PRD está ya convirtiéndose en cola de ratón del PAN. Viene el estado de México. El PRD no tiene en ese estado ni un solo prospecto que pueda competir con los priístas. Tampoco el PAN. ¿Van a recurrir a un ex priísta descontento para tener una candidatura competitiva? Por lo visto, nuestros aliancistas de derecha (a la izquierda y a la derecha) no tienen otra perspectiva. Una vez más dependeremos de los ciudadanos.
LOS CUATRO MEJORES DEL MUNDIAL
ALIANZAS, ¿HASTA DÓNDE?
Como estrategia electoral ha demostrado ser eficaz. Pero uno se pregunta, como tantos nos preguntamos, qué es lo que va a ocurrir a partir de que tomen posesión los nuevos funcionarios.
Curiosamente, además, el antecedente priísta de alguno de los candidatos de los tríos es un dato que llama la atención.
Son muy diversas las preguntas que cabe hacer sobre lo que podrá ocurrir a partir del ejercicio de sus funciones. Habrá, por supuesto, la integración de unos gobiernos estatales necesariamente mixtos, pero me temo que la determinación de una política común no va a ser nada fácil salvo que, de antemano, se hayan producido pactos íntimos que justificaron las alianzas. Los cuales, cuando se pongan de manifiesto, van a generar no pocos conflictos al interior de cada partido.
No puede uno dejar de considerar la posición que habrán de adoptar los nuevos gobernadores. Porque para ser congruentes con las alianzas, da la impresión que, en particular, los titulares de los poderes ejecutivos van a tener, encima de ellos, una especie de consejo de administración de integración plural que habrá de discutir y acordar, en su caso, los pasos a seguir.
La imagen del gobernador, dueño y señor del estado que le corresponda, hoy necesariamente tendrá que acompañarse de la información, previa y precisa, de los acuerdos que justifiquen cada una de sus acciones. Con ello cada poder ejecutivo tendrá que reconocer que ganando las elecciones ha perdido el poder. El problema deberá empezar con la integración de cada gabinete. Nada me gustaría más que ser un testigo invisible de las reuniones previas a la toma de posesión en la que, a partir de opiniones políticas supuestamente diferentes, tendrán que adoptarse los acuerdos económicos y sociales que justificarían, en su caso, las promesas de campaña.
Por cierto, es previsible que el supuesto consejo de administración no llegue a acuerdos, en cuyo caso el titular del poder ejecutivo tendrá que asumir la responsabilidad de la decisión final y en ese momento, si esa decisión resulta contraria a la opinión de los otros partidos o de alguno de ellos, se podrá armar un desbarajuste monumental.
Pienso en cuatro temas fundamentales que difícilmente se podrán separar: la economía, la política, las decisiones sociales y, de manera especial, las relaciones con el titular del Poder Ejecutivo federal. Por otra parte, la población que votó por esa integración plural en cualquier momento se considerará autorizada para reclamar violentamente si la decisión del señor gobernador es contraria a sus puntos de vista. Y nadie puede suponer que entre panistas, perredistas y convergencionistas ¡vaya nombrecito!, supuestamente contrarios en sus planes de trabajo, se puedan alcanzar acuerdos que sean contrarios a su política. El tema lo veo más complicado cuando se trate de acordar entre PAN y PRD.
Hoy las decisiones políticas alcanzan todos los temas. Pensemos en la actitud de los gobernadores frente a los problemas del sindicato minero y del SME. Yo dudo mucho que los gobernadores puedan ser, como lo han sido en este sexenio, propicios a las intenciones y los actos del gobierno en contra de los trabajadores mineros y electricistas. Y desde luego veo casi imposible que un gobierno integrado por gente del PRD vaya a ponerse de acuerdo con el secretario del Trabajo, como ha ocurrido hasta ahora, por ejemplo, en Cananea.
De la misma manera, me parece que será muy difícil que el gobierno federal pueda tratar de imponer una determinada política en un estado en el que su partido represente sólo la tercera parte del poder.
Desde luego que con estas alianzas los partidos se la están jugando con sus propios afiliados. Si las cosas se llevaran como se deben llevar, imagino las broncas que tendrán que armarse en las asambleas de cada partido.
Claro que la alternativa, profundamente antipática, será la de una dictadura convencional, seguramente pactada ya en lo esencial, en la que el diseño habrá de implicar el sacrificio de los intereses sociales y económicos de los partidos. Pero, ¿hasta qué punto será eso posible?
De lo que no cabe duda es que el próximo trienio va a ser muy divertido. Los partidos aliados no la van a pasar tan bien.
LA NORMALIDAD SOSPECHOSA
ROLANDO CORDERA CAMPOSPara nosotros, sin embargo, esas son noticias lejanas. En su road show por las capitales europeas, el secretario de Hacienda abundó en sus curiosas tesis sobre la fortaleza mexicana y su capacidad de pago, en tanto que por estas playas nadie pareció inmutarse ante las pésimas noticias pergeñadas en la OCDE sobre el estado real, presente y futuro del mercado laboral, donde deberían cocinarse las posibilidades materiales y sociales de una recuperación que puede, en efecto, haber empezado pero que no ha concluido de forma alguna. Todo es, en estos lares, política del “aquí no pasa ni pasará nada”, con unas elecciones precedidas de acontecimientos criminales ominosos que no impidieron que la justa electoral se llevara a cabo ni afectaron sensiblemente sus resultados.
Mientras haya elecciones habrá electores, podríamos decir para acompañar a quienes festinan la robustez del orden político erigido al calor de la transición votada a la que apostaron la mayoría de los actores políticos al fin del siglo XX, con la excepción destacada de Muñoz Ledo y algunos de sus asociados en el reclamo de una reforma estatal que le diera cauce y cuerpo a una ciudadanía que emergía tras largos años de forzado reposo. Precisamente por su juventud, esta ciudadanía no contaba con el mínimo caudal de experiencia que la dotara de la paciencia y la astucia necesarias para “vivir” una democracia cuya evolución dejaba intactas las estructuras de poder y lazos de dominio tejidos en duros años de crisis económica, ajuste financiero, pero también político, a las nuevas circunstancias del mundo global liberado del formato bipolar, pero no de las amenazas terroríficas que dicho formato había mantenido a buen recaudo.
Resulta difícil a estas alturas presumir de que pudimos hacerlo y estuvimos a la altura del portentoso cambio de piel y faz que sufrió el mundo en el último cuarto del siglo pasado. Sin duda se intentó, con el cambio estructural y la firma del TLCAN, darle al país mecanismos e instrumentos para acelerar su inscripción en lo que Bush I anunciara precipitadamente como un “nuevo orden mundial”. Pero los resultados están a la vista y sólo quienes sin la mínima sensibilidad e ilustración política veneran el estancamiento estabilizador en que México está metido desde hace lustros, pueden insistir en que una normalidad desastrosa como la actual es el horizonte aceptable para una sociedad crecientemente urbana, pobre y joven, donde las expectativas se hunden apenas aparecen y la política sirve para lo que se quiera, menos para alejar el temor y el miedo cotidianos de la mayoría a la inseguridad personal, la enfermedad y el hambre que acosa a millones de familias.
Cambiar este estado de cosas mediante la acción política pacífica reclamará de los mexicanos mucha organización y capacidad dirigente. A eso convoca de nuevo Andrés Manuel López Obrador, desde la legitimidad de su larga marcha por el pueblo y su país, y lo menos que puede hacerse es atender su llamado, someterlo a la crítica que se quiera, pero a la vez dejar atrás la rutina facilona de desdeñarlo por la simplificación de su análisis o la estridencia de sus juicios.
Para empezar, tendría que admitirse que el “peligro para México” estaba y está en otras partes; luego, asumir que, con los términos que se desee, el país sufre una archiconcentración del poder, la riqueza y el ingreso, en medio de una pobreza extensa y una desazón social mayúscula, y que algunos de sus beneficiarios se aprestan a impedir a como dé lugar que tal situación se altere aunque sea por micras en favor de los de abajo, que forman legiones debido precisamente a esa concentración insólita.
Lo planteado por López Obrador, y que, supongo, será debidamente desplegado en propuestas de programa el domingo entrante, constituye la primera entrega formal para iniciar una nueva política que desmonte esta normalidad asfixiante y ponga al Estado nacional de pie, a pesar de lo magullado y encogido que ha quedado después de tanta modernización epidérmica y, sí, pretendida y soberbiamente oligárquica. Como quiera que se la quiera ver, la arenga lopezobradorista está en el centro de nuestro aporreado orden del día.
LA ALEJANDRÍA DE ALEJANDRO MAGNO
HERMILIO LÓPEZ BASSOLSLA LEY ARIZONA Y EL PACTO DE DERECHOS CIVILES Y POLÍTICOS
CARLOS ARELLANO GARCÍACAMBIO DE ESTRATEGIA
RAÚL CARRANCÁ Y RIVASACTUALIDAD DEL ASILO POLÍTICO
FERNANDO SERRANO MIGALLÓNEs cierto que el siglo XX fue el del asilo político, pero también que, al final de aquel vapuleado tiempo, una serie de siniestras afirmaciones operaron en secuencia en contra de esta institución humanitaria. Para empezar, a finales de la década de 1980, el final de la historia, la muerte de las ideologías y la hegemonía de la democracia liberal, operaron como una aplanadora ideológica en la que no había más modelo que el dominante y, por lo tanto, desde su óptica, ya no había lugar a pensar en un futuro donde hubiera asilados políticos. Las guerras étnicas, el retorno de los nacionalismos y la crisis de las derechas echaron abajo las ideas de Thatcher, Fukuyama y Reagan.
Para 2001, con el atentado en Nueva York y el inicio de la guerra al terrorismo, los gobiernos de muchos lugares, a veces para solucionar sus propios problemas internos aun lejanos al terrorismo, quisieron acabar con el derecho de asilo como una medida más de su totalitarismo encubierto y, sin embargo, en su euforia paranoica, quedó de manifiesto que el derecho de asilo está relacionado tanto con la naturaleza de la vida política como también con la naturaleza humana.
La situación actual en Cuba es una manifestación de la vigencia de este derecho que es nuestra obligación defender. Cuba ha accedido a dejar salir de su territorio a 52 de los miembros del grupo de los 75: hace unos días, 11 de ellos, con sus familiares, para un total de 33 personas, fueron recibidos en España en un asilo político irregular que el gobierno ibérico ha llamado migración. El nombre importa y habría que vencer el temor a llamar a las cosas por su nombre, aunque en este caso juegue el deseo de España por no enrarecer el ya agitado panorama internacional. Pero importa más el hecho.
Si Cuba transita o no a una democracia, si su gobierno endurece o no su comportamiento en materia de derechos humanos, es un asunto que sólo los cubanos habrán de resolver, pero mientras haya sujetos perseguidos cuya sobrevivencia y libertad dependan de la protección que la comunidad internacional pueda ofrecerles, el derecho de asilo seguirá estando vigente.
Hoy quedan en el mundo muchos lugares de tensión que derivan en situaciones que pueden originar peticiones de asilo político.
Están la región de Cachemira entre India y China; Kazajastán y el Cáucaso en la antes Unión Soviética; el norte de México en tensión por la guerra del narcotráfico y, desde luego, el Oriente Medio, por sólo citar algunos, son muestras de que la principal preocupación mundial es, y seguirá siendo mucho tiempo, que no nos enfrentemos en la penosa coincidencia de ser héroes de guerra o asilados políticos
lunes, 12 de julio de 2010
LA LEY DE LA SELVA
Si bien en Oaxaca, Puebla y Sinaloa los ciudadanos enviaron un mensaje claro a los gobernantes de que no son la masa inerte que los políticos imaginan, las instituciones electorales en todo el país también ratificaron su disposición a hacerse de la vista gorda ante flagrantes violaciones a la ley. Los gobernadores hicieron todo lo posible por intervenir en los procesos electorales. Las grabaciones de Fidel Herrera y Ulises Ruiz son apenas la punta del iceberg. Las televisoras mantuvieron su política de vender entrevistas y notas de manera fraudulenta. Los infomerciales tanto de Eviel Pérez Magaña como de Gabino Cué fueron apenas los ejemplos más burdos de esta desafortunada práctica generalizada. Por su parte, Felipe Calderón tuvo una presencia mediática totalmente irregular durante la semana previa a las eleccciones y sin el menor empacho utilizó los programas de desarrollo social con fines electorales. Aún más grave fue la debilidad del supuesto “blindaje” contra el financiamiento del narcotráfico para partidos políticos y candidatos.
Mientras, las instituciones responsables se limitan a “iniciar las investigaciones correspondientes” y emitir “amonestaciones públicas”. Una vez más se ratifica que en materia electoral la situación se acerca más al escenario de la ley de la selva que al de un verdadero estado de derecho. Todos los actores saben que si quieren tener alguna posibilidad de ganar una elección deben buscar por todas las vías posibles cómo dar la vuelta a la normatividad vigente. Ello sienta un precedente funesto para el futuro y contribuye a la tormenta que podría llegar a desatarse durante las elecciones presidenciales de 2012.
Emilio Gamboa Patrón se equivoca cuando llama a la alianza opositora a aceptar su derrota en Durango y en Veracruz y a entrar en una negociación con los candidatos priístas. Pide un “voto de confianza a las instituciones de la República” y recuerda que el PRI “no regateó” el triunfo de Felipe Calderón en 2006, sino que ofreció su respaldo y apoyo. Señala que tal como el PRI ha admitido los “resultados adversos” en Oaxaca, Puebla y Sinaloa, la coalición debería hacer lo propio en Durango y Veracruz. Queda claro que el dirigente priísta prefiere la vieja vía del “acuerdo” por encima de la institucionalidad democrática.
Su punto de vista entona muy bien con las no pocas voces que han criticado de manera general la “judicialización de la política”. De acuerdo con esta postura, la constante impugnación de los resultados electorales reflejaría una supuesta inmadurez entre los políticos quienes no saben aceptar sus derrotas y aspiran a ganar en los tribunales lo que no pudieron ganar en las urnas.
Lo que no advierten quienes esto piensan es que el problema central no es la judicialización de la política sino la “politización de la justicia”. Es efectivamente muy grave que los jueces se dejen dominar por influencias externas y utilicen de manera indebida su investidura para intervenir en los procesos electorales. Con ello se defrauda la voluntad popular y las instituciones democráticas pierden su credibilidad.
Sin embargo, en sí misma la búsqueda de soluciones institucionales a los conflictos electorales es un símbolo de la salud de nuestra democracia, no de alguna enfermedad. La otra alternativa es la barbarie. Específicamente, los “pactos de gobernabilidad” típicos del régimen priísta son ejercicios sumamente dañinos que, si bien consolidan los acuerdos cupulares entre los integrantes de la clase política, dejan una desagradable sensación de impunidad y simulación entre la sociedad.
Miguel Ángel Yunes, José Rosas Aispuro y Xóchitl Gálvez están en todo su derecho de impugnar hasta las últimas consecuencias las elecciones de Veracruz, Durango e Hidalgo. Asimismo, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) tiene la responsabilidad de entrar a fondo en la evaluación de la posible nulidad de estos comicios. El estrecho margen de diferencia entre el primero y segundo lugar en los tres estados junto con las graves acusaciones respecto a la compra y coacción del voto, el robo de urnas, la parcialidad de los institutos electorales, y las intervenciones indebidas de los gobernadores y procuradores actuales así como de los poderes fácticos (tanto empresariales como delincuenciales) configuran un posible escenario altamente violatorio a los principios constitucionales que deberían regir toda contienda electoral.
De la forma en que el TEPJF aborde estos tres casos dependerá el camino hacia 2012. Ojalá que los magistrados estén dispuestos a tomar la ley en la mano y ejercer con plenitud sus facultades constitucionales. Si una evaluación seria y documentada de los casos de Veracruz, Durango e Hidalgo les pone frente a la posible nulidad de las elecciones, los magistrados no deben dudar de su obligación y compromiso con la historia y con el cumplimiento de la certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad de las elecciones.
CÓMO PARAR AL PRI: MANUAL DE USUARIO
DENISE DRESSER GUERRA1. Levantar la cubierta de los regímenes autoritarios a nivel estatal. Asegurarse de que esto se haga en sitios donde el abuso de autoridad haya sido la norma.
2. Cerciorarse de que las baterías instaladas correspondan a candidatos bien conocidos, con fuertes raíces locales, preferiblemente con un perfil más ciudadano, aunque también es posible recurrir a expriistas de renombre. Se trata, más que nada, de posicionar a candidatos que trasciendan las filas partidistas.
3. Si el control del aparato anti-PRI no funciona inicialmente, checar lo siguiente: ¿Las autoridades electorales estatales se están coludiendo con el gobierno priista? ¿Los recursos de la campaña del candidato del PRI provienen de la oficina del gobernador? ¿Los medios locales han llegado a “acuerdos” con el equipo del gobernador? ¿El crimen organizado está inyectando recursos a la campaña del candidato oficial del priismo?
Conectando las antenas
1. Colocar las antenas de los electores indecisos e independientes cerca de la campaña del candidato de la coalición PAN-PRD.
2. Enchufar el adaptador del voto no ideológico encima del contacto del voto partidista. Importa más promover la alternancia en bastiones históricamente priistas que resucitar los viejos agravios y las diferencias profundas entre panistas y perredistas.
3. Conectar la antena del pragmatismo electoral arriba del purismo programático. Esta combinación es capaz de producir victorias electorales en archipiélagos autoritarios del PRI como Puebla, Oaxaca y Sinaloa. Después de haber hecho esta conexión en las elecciones del 2010, es posible pensar en su uso para elecciones futuras.
Cambio de canales
1. Pulse los botones ALIANZA PAN-PRD para cambiar los canales priistas acostumbrados. Si desea aumentar el número de canales que será posible cambiar, piense en las posibles alianzas en lugares como el Estado de México.
2. Utilice todos los mecanismos necesarios para asegurar que las alianzas se den, ya que en caso contrario la programación priista se mantendrá, tal y como ocurrió en Veracruz.
Memorización de los canales
1. El aparato anti-PRI puede memorizar y almacenar todas las prácticas ilegales detectadas a lo largo de la jornada electoral. Además identifica las que se usan con más frecuencia. La lista debe ser elaborada y diseminada de la manera más amplia posible con el objetivo de adiestrar a las fuerzas aliancistas que se preparan para la próxima elección.
2. Si desea ver una descripción más detallada de cada función, consulte las transcripciones de las conversaciones grabadas de Ulises Ruiz, Fidel Herrera y Mario Marín.
Ajuste del volumen
1. Pulse los botones Vol. + a lo largo de la campaña para asegurar que organizaciones como Alianza Cívica y los medios nacionales den resonancia y visibilidad a las irregularidades detectadas a lo largo de las campañas: el reparto de despensas, la coacción del voto, la intervención política y presupuestaria de los gobernadores en favor de sus delfines, la inequidad persistente.
2. Para subir el volumen gire la rueda hacia las conversaciones grabadas de actividades obviamente ilegales perpetradas por prominentes políticos del PRI.
3. Puede interrumpir el sonido de los nefastos discursos de Beatriz Paredes en cualquier momento pulsando el botón MUTE.
Uso del botón TOOLS
1. Se debe oprimir el botón TOOLS para seleccionar rápidamente las funciones que pueden emplearse para confeccionar la alianza PAN-PRD en el Estado de México.
2. Al apretar el botón TOOLS aparece el menú HERRAMIENTAS. Allí hay una lista de todo aquello que debe ser utilizado en una campaña en contra de Enrique Peña Nieto, incluyendo la fortuna –nunca debidamente explicada– de Arturo Montiel, la falta del debido proceso en los procesos judiciales en Atenco, el caso de Paulette, los femenicidios, el incremento de la inseguridad y la presencia del crimen organizado en el estado.
3. Para ver una versión más detallada de cada función, examine cada uno de los estados gobernados por el PRI y así obtendrá una perspectiva más clara sobre los casos de corrupción y encubrimiento a nivel local.
Configuración del mando
1. Una vez configurada la estrategia de las alianzas PAN-PRD, es capaz de funcionar en modos diferentes, en latitudes distintas, con candidatos inusuales. Queda claro que si no se alían, el PAN y el PRD no tienen la fuerza necesaria como partidos separados para ser competitivos ante un PRI que resurge.
2. Para que la práctica de las alianzas cobre fuerza en el futuro será necesario contener las voces que en ambos partidos –como las de Fernando Gómez Mont, AMLO y Vicente Fox– las han descalificado, a pesar de sus buenos resultados.
3. Pulse el botón MUTE en esos casos.
4. Mediante una campaña bien pensada e inteligente, introduzca la idea de las alianzas a nivel nacional y pulse el botón POWER para encender el motor.
5. El motor deberá encender si el mando está correctamente configurado e incluye el planteamiento de estrategias de gobierno que vayan más allá de la agenda anti-PRI, y abarquen el fortalecimiento institucional, la construcción de pesos y contrapesos, y la promoción del interés público.
6. Pulse el botón SET para las elecciones presidenciales del 2012.
Cambio del formato de la imagen
1. Las alianzas PAN-PRD pueden seleccionar el tipo de imagen que mejor cumpla con los requisitos de desalojar al PRI, pero también deberán contribuir al fortalecimiento de la democracia en los estados.
2. Será imperativo evitar la reproducción de prácticas clientelares, patrimoniales y corporativas durante su paso por el poder. También será crucial remontar las divisiones internas que llevaron a la derrota de panistas y perredistas en otros lugares donde fueron gobierno.
3. Los procesos locales se han vuelto reflejo de la podredumbre que las alianzas deberán encarar y eliminar: campañas negras, intimidación de activistas, uso político de los aparatos policiacos y dispendio de recursos públicos.
4. La omisión, integración y desempeño de las autoridades electorales en los estados han resultado ser motivos de alarma. Más allá de la victoria de las alianzas, queda allí un problema estructural que México debe arreglar.
Prendiendo el aparato anti-PRI
1. Presione las palabras PODER CIUDADANO.
2. Presione en el MENÚ las palabras HARTAZGO, IMPUNIDAD, CINISMO, CARRO COMPLETO.
3. Pulse el botón ENTER; si la coalición opositora logra mantener el entusiasmo, la unidad y la determinación, la ventana del “pinche poder” –como le llamó Ulises Ruiz– del PRI desaparecerá de la pantalla o, al menos, se volverá más pequeña. El regreso del PRI a Los Pinos resultará posible, más no imparable.
Visualización de los menús
1. Con el aparato de la democracia encendido, pulse el MENÚ. En el lado izquierdo aparecen los íconos “democracia secuestrada”, “democracia disfuncional” y “democracia sitiada” que los nuevos gobiernos aliancistas en los estados deben liberar. Asegurarse de que en la lista de los candidatos ganadores, como Gabino Cué y Javier Moreno Valle, aparezcan las opciones “buen gobierno”, “transparencia” y “rendición de cuentas”.
2. Para ir a un menú superior, gire la rueda en favor de la ciudadanía.
Visualización de la pantalla
1. La pantalla identifica el canal actual. Pulse el botón DEMOCRACIA y su aparato mostrará el canal futuro, junto con el tipo de políticas públicas, el nivel de participación ciudadana y los cambios en la forma de hacer y entender la política para llegar hasta allí.
2. Pulse el botón ADIÓS CACIQUES y celebre la victoria que muchos ciudadanos mexicanos pueden y deben hacer suya.
SELVA SIN LEY
PORFIRIO MUÑOZ LEDOLos tiempos políticos se han precipitado. Convendría un diagnóstico sereno que permitiera adivinar su sentido. Lo más saliente es la “deconstrucción” de la normatividad electoral que habíamos impulsado durante quince años. Si se investigaran las violaciones al libre juego democrático cometidas en esta ocasión, muy probablemente resultarían mayores que las del 2006, porque fueron cometidas por casi todos los contendientes y a nadie parecen importarle.
Las relaciones entre los actores políticos están fracturadas y la competencia salvaje muy pronto dividirá entre ellos a los de cada bando, sin que tampoco medien estrategias ni reglas convenidas para dirimir las controversias internas. En ausencia de programas e identidades definidas, los comicios han sido el despliegue del sonido y la furia. Son elocuentes los vacíos constitucionales y la orfandad ideológica que dejó una transición catastrófica. La “espiral de descomposición”, como la llama Woldenberg.
El imperio de los poderes fácticos va en ascenso al punto que, cualesquiera que sean los ganadores formales, se verán fortalecidos. Es difícil concebir una salida pacífica a la crisis sin una sucesión de acuerdos políticos transparentes que restauren la legalidad electoral y sin reformas básicas que reordenen el funcionamiento de las instituciones. Es inescapable un nuevo consenso nacional sobre seguridad pública que haga posible el ejercicio interno y externo de la soberanía.
A pesar de que se pospuso la “postración de Calderón”, éste carece de la autonomía y la voluntad para convocar a un cambio verdadero. El Congreso ha entrado en parálisis cercana a la catalepsia. Una sola ley aprobada en lo que lleva la legislatura. Las cámaras se rebotan los proyectos porque las alianzas son distintas en cada una y todavía no aciertan a definir la agenda del próximo período. Exhibidos y rotos los acuerdos clandestinos, los ingresos fiscales y el presupuesto serán infértil campo de batalla.
Mueven a vergüenza las contiendas arqueológicas de gladiadores sobre un páramo de desposeídos. Quitar del poder al adversario no implica la democratización de la vida pública, sino la reafirmación contumaz de la feudalidad y la rotación de fueros y privilegios. Una suma de victorias electorales tampoco conduce a la movilización social que requiere la modificación del rumbo del país. Como en toda circunstancia grave es necesario explorar vías más radicales para trascender esta “era de estancamiento continuo”.
Así califica la situación nacional un excelente texto del Instituto de Estudios sobre la Transición Democrática. Describe los “efectos distorsionantes asociados” que determinan las últimas tres décadas: pobreza indisoluble, polarización social, migración masiva, multiplicación de la informalidad, cancelación de la movilidad social. En el trasfondo: la carencia de un “Estado social y democrático, garante de los derechos fundamentales de los mexicanos”. Sus propuestas: equidad y parlamentarismo.
Sugieren superar el modelo económico vigente y colocar en el centro el reparto del ingreso y un paradigma orientado a la justicia distributiva. En lo político, sostienen el imperativo de reemplazar el régimen presidencial por el parlamentario. Evitar el retroceso autoritario que representaría disminuir el contrapeso del Congreso e instaurar gobiernos de coalición inexplorados hasta ahora.
Reformas capitales que exigen abatir rutinas mentales y desafiar con determinación los intereses creados. No escapará a los autores que para emprender esos y otros cambios colaterales es menester un sacudimiento mayor de las conciencias que conduzca a un proceso constituyente y a una genuina refundación de la República.
jueves, 8 de julio de 2010
ECOS DE LA JORNADA ELECTORAL
Pero por lo pronto, el 4 de julio los funcionarios de casilla asistieron puntualmente a la cita. Decenas de miles de ciudadanos en 14 estados recibieron y contaron los votos de sus vecinos. Entregaron su tiempo y compromiso a una labor que tiene sentido y que educa para la convivencia en la diversidad. Contra muchas predicciones, la participación no resultó escasa. En siete estados los votantes fueron más del cincuenta por ciento del padrón, aunque en Tamaulipas y Chihuahua el abstencionismo resulta preocupante. No se registraron incidentes graves relacionados con los comicios y la jornada transcurrió en un clima de civilidad que debe ponderarse y reforzarse. En las casillas se encontraron representantes de los partidos y en la mayoría de los casos convivieron y trabajaron conjuntamente. Luego del recuento de los votos es probable que muchos se dieran cuenta de que sus adversarios no son la encarnación del Mal.
La infraestructura electoral (mamparas, boletas, listas nominales, marcadoras de las credenciales, tinta indeleble, actas, etcétera) estuvo en su sitio y no hay reclamos sobre la misma. Los programas de resultados electorales preliminares funcionaron y cualquiera pudo consultarlos. Unos avanzaron con mayor velocidad que otros, pero todos entregaron cifras desagregadas, lo que permite a los partidos comparar sus actas con las cifras de los PREP. Conocimos los resultados de diferentes exit polls, pero en esta materia hay que afinar muchas cosas. Se sabe que las encuestas a boca de urna permiten estimaciones de los resultados aún antes de cerrar las votaciones, porque se realizan entrevistando a una muestra representativa de las personas que acaban de sufragar. Sirven incluso para hacer correlaciones interesantes (edad, sexo, profesión, etcétera y voto). Pero se sabe que tienen grados de error significativos. Por ello, autoridades electorales en todo el mundo recomiendan la celebración de conteos rápidos, es decir, recuentos también muestrales pero con base en las actas de las votaciones. Se trata de instrumentos más exactos aunque más "lentos". ¿Por qué no recurrir a ellos? Ofrecen más certeza. Pero en esta materia la tontería mayor sigue siendo la de no dar cifras cuando la votación resulta muy cerrada, es decir, cuando más se necesita. Cuando lo que se requiere es un ejercicio de pedagogía que presente los rangos de votación que probablemente tendrán los diferentes candidatos.
Por otro lado, el comportamiento de las direcciones de los partidos en materia de resultados deja mucho que desear. Se proclaman triunfadores, pero sin ofrecer ni la más mínima información sobre la encuesta, conteo o estimación que dé credibilidad a sus dichos. En buena lid deberían estar obligados a informar sobre su fuente y a poner a disposición del público la base de datos de la misma. Por ejemplo: "hemos ganado según el conteo rápido de la empresa X y quien quiera consultarla lo puede hacer en la dirección electrónica Y", o "hemos triunfado y nuestro conteo rápido está desde ahora a la vista de todos".
Pero lo más relevante son los resultados. El voto sigue demostrando su fuerza y pertinencia. Y los ciudadanos lo usan para premiar o castigar. La inmensa mayoría de ellos vota en libertad, a conciencia, aunque existe la coacción y la compra de voluntades. Pero las cifras serían inexplicables sin esa extensa base de votantes que acuden a las urnas y expresan sus simpatías y antipatías cruzando una papeleta.
Gracias a ese ejercicio masivo volvemos a certificar que México es un país plural, que no cabe bajo el manto de un solo partido, que nuestra sociedad se encuentra cruzada por sensibilidades, puntos de vista, intereses, ideologías varias que están obligadas a convivir y competir, que los nacidos para perder y los condenados a ganar son expresiones de un país que ya no está entre nosotros.
El PRI gana siete gubernaturas, la coalición PAN-PRD-Convergencia, tres, y dos están muy cerradas. El PRI "recupera" las gubernaturas en tres entidades y la coalición arrebata por primera vez en la historia tres al PRI. En cada entidad habrá ayuntamientos gobernados por distintos partidos y todos los congresos serán habitados por una diversidad de corrientes políticas. La pluralidad se encuentra y recrea en las instituciones del Estado.
La coalición de izquierda y derecha mostró su fuerza y cerró el paso a la fantasía de que el 2012 ya estaba resuelto. No es poca cosa. El reto de sus componentes, sin embargo, será demostrar que su gestión de gobierno (conjunta) es productiva y que el pragmatismo no acabará borrando sus signos de identidad.
Las elecciones nos obligan a convivir y a competir.
¿LA ÚLTIMA PALABRA?
RAÚL CARRANCÁ Y RIVASAhora bien, lo mismo el individuo que el pueblo tienen en la Constitución, en el último párrafo del artículo 109, un instrumento de defensa del Derecho: la acción popular. En efecto, el texto dice: "Cualquier ciudadano, bajo su más estricta responsabilidad y mediante la presentación de elementos de prueba, podrá formular denuncia ante la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión respecto de las conductas a las que se refiere el presente artículo". Juntemos balanza y espada, llegado el caso, para defender el Derecho y la Constitución porque la última palabra es siempre la penúltima. No hay última palabra si el abogado sabe urdir en el tejido fino de la imaginación y de la convicción jurídicas. Lo que pasa es que la mezquindad, la flojera, la apatía, se enseñorean de muchos bufetes jurídicos. El valor y la fuerza del Derecho deben estar regidos por la limpieza de espíritu; y cuando la hay, la lucha por la Justicia es entonces el único compromiso del abogado.
LA FUERZA DE NUESTRA SOCIEDAD
FERNANDO SERRANO MIGALLÓNAntes de que la urgencia de la memoria nos detuviera para contemplar la partida de dos inteligencias prodigiosas, hacíamos el recuento de nuestras razones para festejar el Centenario y el Bicentenario de dos de las fechas fundamentales de nuestra identidad. Entonces, hablábamos de nuestras fortalezas, como la cultura y el idioma, de nuestra ansia de futuro y del nuevo rostro de los ciudadanos. Sin embargo, la que sin duda es la razón más profunda y la más clara de cuantas tenemos para festejar es la formación de una sociedad fuerte hasta límites inimaginables, resistente y valiente, a la que la historia ha sometido a pruebas y tensiones enormes. Hace unos días, independientemente de los resultados, se celebraron en todo el país elecciones estatales y municipales. Una vez más, los voceros del desastre y los agoreros de siempre tuvieron que guardarse sus vaticinios para mejor ocasión. Los ciudadanos acudieron a su cita con las urnas, eligieron en conciencia y demostraron, como siempre que es necesario, que la sociedad mexicana posee fuerzas muy superiores a sus problemas y a sus retos. Es cierto que la acumulación histórica de nuestro desarrollo ha impuesto duras marcas en la convivencia social; también, que nuestro ser social está señalado por hondas desigualdades y, sobre todo, que para los mexicanos luchar hasta por lo más elemental es una forma de vida. Pero esa misma fuerza de las cosas permite a nuestra sociedad movilizarse a velocidades que ningún gobierno alcanza y crear cambios donde los proyectos centralizados apenas sueñan en diseñarse. Somos una sociedad orgullosa de su potencia y también de sus valores y su dinámica. Hace muchos años, a modo de broma, se decía que, en caso de un holocausto nuclear, sólo sobrevivirían en la tierra algunos insectos y los mexicanos. Esa sensación de estar hechos a toda prueba, de salir heridos, pero erguidos, de las más duras pruebas, es la evidencia de una sociedad muy fuerte, sabia y antigua que dimensiona los hechos coyunturales e intuye con acierto los cambios verdaderos.
Somos la sociedad que hizo el 68, la que se organizó libremente en 85, la misma que llevó cuanto tenía para pagar la deuda por la expropiación petrolera, la que en el pasado convirtió las casas del puerto de Veracruz en baluartes contra la invasión, la misma que abrió las puertas a los españoles, a los argentinos, chilenos o armenios caídos en desgracia; la que no pierde la esperanza ni el orgullo de ser mexicanos y, sobre todo, la que se levanta cada día con el orgullo de su mexicanidad labrada a sangre y fuego. Ese es el verdadero sentido de nuestros aniversarios. Estamos muy conscientes de que a los mexicanos nada nos ha sido regalado, que hasta el más pequeño derecho ha sido motivo de una conquista. Estos somos los que hoy festejamos, los que hemos hecho la historia con las manos, minuto a minuto. Esa es la razón de nuestro festejo.
