jueves, 7 de junio de 2012

LA PATADA DE FOX


RAÚL CARRANCÁ

En realidad causa asombro, pues no se entiende que el panista que "sacó al PRI de los Pinos" le dé hoy la patada al PAN. ¿O metió acaso la pata en uno y otro partido? Sea como sea es absurdo que Fox pida cerrar filas con Peña Nieto. De pronto el expresidente se vuelve agorero. Él sabrá qué señales o accidentes con fundamento tiene al alcance de sus manos, pero de plano no le queda el papel de pitoniso porque las encuestas y los augurios de su oficina no son Apolo. Me parece muy aventurado afirmar que "es claro que se perfila un ganador", aunque cae en una contradicción muy propia de su estilo. "Debemos cerrar filas -dice- atrás de quien vaya a ganar", y agrega: "no sé quién vaya a ganar, pero es claro que se perfila alguien para ganar". Galimatías auténtico. Su lenguaje es obscuro por la impropiedad de la frase, y se presta a la confusión de las ideas. Desde luego el señor Madero está que trina, no faltaba más, ante una clara muestra, entre otras muchas, de que la tristemente célebre transición ha sido un bulto para espantar ingenuos. ¿Quién puede creer que López Obrador se ha inflado artificialmente? La protesta de "Yo soy 132" no es un suspiro que llene globos. Lo que ha llenado en cambio son plazas y sitios de reunión, campus y conciencias insatisfechas, indignadas, por lo que pasa en México. ¿Quién puede creer que la de López Obrador es una propuesta de gobierno del pasado, que parece más del siglo XX que del siglo XXI, si apenas comienza el siglo XXI y el XX es de apenas ayer, cuando mucho? Además, tendría Fox que demostrar con argumentos sólidos lo que dice. O sea, razonar. ¡Qué trabajo le cuesta! Puede uno simpatizar con el candidato que quiera, y votar igualmente por quien quiera. Pero es desconcertante que un ex presidente de la República, y por añadidura panista, afirme que no cree en la generación espontánea, a propósito de "Yo soy 132". Da risa. Que se pregunte cómo surgió él. ¡Por generación espontánea y por "cortesía electoral" del señor Zedillo Ponce de León! A mayor abundamiento es una tontería decir que no es posible que cien jóvenes, quinientos jóvenes, se pongan de acuerdo de la noche a la mañana en un tema a seguir. ¡Qué cuantitativo se pone Fox! ¿No sabe acaso que lo cualitativo vence y convence al final de cuentas? Las de los jóvenes no son simples manifestaciones. Desde luego yo no dudo que haya peligro de que los aprovechen. A río revuelvo... Sin embargo todo indica que tienen muy bien puestos los pies en la tierra los contestatarios del PRI y del régimen actual. En suma, Fox tiene una vocación invencible para hacer el ridículo. Mire usted que sostener que en México hay una auténtica división de poderes. Será en la Constitución porque en la realidad van y vienen las influencias, las presiones, las confabulaciones que muy delicadamente llaman concertaciones y donde la dignidad es un valor ignorado. ¿Nos quiere dar Fox, el nuevo priista, atole con el dedo? Debería saber a estas alturas de su vida que en política no hay nada escrito, y que el día de las elecciones -el primero de julio- es cuando se quita el velo de las incertidumbres. 
Desde luego Peña Nieto ya le dio las gracias a su nuevo compañero de filas. ¿Pero qué hará la señora Vázquez Mota, que apenas ayer, y bien plantada en este siglo, le daba las gracias a Fox por su apoyo que llamó "milagro"? Ahora resulta que el milagro se vuelve maligno. ¡Otro milagro! ¡A ver si la señora Vázquez Mota se salva milagrosamente de ésta! En suma, dejemos que llegue el primero de julio, votemos y decidamos sin adelantar vísperas desde ahora. En política nada hay más peligroso que especular en el vacío, casi tanto como creer a ciegas en las encuestas. Fox ha puesto en un brete a su partido y a muchos sesudos analistas. En el aprieto no hay efugio para salvarse. Por lo tanto, mejor dejemos sólo a Fox con sus entretenimientos tardíos. ¿Y López Obrador? Viendo la tormenta casi sin mojarse, a la espera de lo que venga y con la confianza en que las conciencias, buenas o malas, al final despiertan.

DENUNCIAS POPULARES Y ACCIONES COLECTIVAS

SERGIO VALLS HERNÁNDEZ

Esta semana resolvimos en el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación la acción de inconstitucionalidad 36/2009 promovida por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos contra el artículo 124 de la Ley de Desarrollo Forestal Sustentable del Estado de Nuevo León. En este precepto el Congreso del Estado estableció que una autoridad local recibiría las denuncias sobre hechos, actos u omisiones que contraviniesen las disposiciones de la ley estatal.

En opinión de la CNDH, la segunda parte del artículo 124 contenía vicios de constitucionalidad al estimarla contraria al derecho a un medio ambiente adecuado y a las garantías de seguridad jurídica y tutela judicial efectiva -contenidas en los artículos 4, 14, 16 y 17 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos- ello por no prever en la legislación estatal los medios efectivos de acceso a tribunales idóneos para hacer exigibles y eficaz el derecho fundamental referido, además, de no regular el procedimiento respectivo.
En el intercambio de opiniones en el Pleno que dicha acción de inconstitucionalidad generó, puso de manifiesto que varios Ministros compartíamos la idea de que no debía confundirse las "denuncias populares" que no necesariamente siguen cauces jurisdiccionales, con las "acciones colectivas" que sí son instrumentos de naturaleza procesal. Por ello, y una vez aclarada la diferencia entre denuncia popular y acción colectiva, así como subrayada la adición a la Constitución federal que regula la acción colectiva en el artículo 17 que vio la luz en fecha posterior a la interposición de la acción de inconstitucionalidad, la Corte resolvió que el artículo 124 de Ley de Desarrollo Forestal Sustentable del Estado de Nuevo León no es contraria a la Constitución federal.
Del estudio sistemático de otras leyes procesales de Nuevo León, la Corte estimó que tampoco resulta vulnerado el derecho local a la tutela judicial para un medio ambiente adecuado contenido en las leyes estatales, puesto que en la ley impugnada se prevé el procedimiento de denuncia, las sanciones y la prevención de conductas que ataquen el medio ambiente, mismos que son diferentes a la acción colectiva contemplado en el artículo 17 de la Constitución de la República para el caso de la violación del segmento federal de las normas concurrentes medioambientales, incluidas desde luego las referidas a la materia forestal sustentable.

DE TODO UN POCO


JOSÉ WOLDENBERG

Estamos aprendiendo -todos- el abc de las elecciones. Quizá sea porque hemos vivido solo cinco votaciones presidenciales competidas y solo tres, contando ésta, que además fueron equitativas -en lo que a las condiciones de la contienda se refiere-, pero ya podemos enunciar algunos descubrimientos tan relevantes como el de los cinco dedos en la mano izquierda.
1. Las campañas son campañas. Una vez que existe un sistema de partidos equilibrado y que las condiciones de la pugna son más o menos parejas, la disputa por los votos deja de ser un ritual anodino y se convierte en un auténtico forcejeo por la voluntad de los ciudadanos. De tal suerte que durante las campañas el tejido de relaciones sociales, con sus intereses, pasiones, sensibilidades e ilusiones, se mueve en ocasiones como un mar calmo y en otras como una auténtica marejada. Las elecciones son como un inmenso paraguas bajo el cual se cobijan no solo propuestas y programas distintos sino adhesiones y odios que encuentran un cauce para su expresión y contienda. Y las campañas sirven para tender puentes (o para dinamitarlos) entre candidatos (y partidos) y votantes. Y entre estos últimos lo mismo hay los hiperconvencidos de dar su apoyo a determinada opción, que indecisos, dubitativos, melancólicos, e incluso aquellos que dan la espalda por completo al juego electoral.
2. Nadie sabe para quién trabaja. Dado que nuestro sistema de partidos no es de dos, sino de tres (o bueno, de siete), no resulta fácil adivinar el impacto de las campañas "negativas" en el trasiego de votos. El PAN realizó una dura cruzada en contra de quien era (o es) percibido como puntero: Enrique Peña Nieto y el PRI. Enfiló sus baterías contra él, y vimos multiplicarse spots que lo criticaban a diestra y siniestra. Al parecer, la estrategia surtió efectos, porque no solo la intención de votos hacia el tricolor se redujo, sino que los llamados negativos de su candidato aumentaron; pero al parecer también, el beneficiado fue el tercero en discordia: la alianza de izquierda y Andrés Manuel López Obrador. Lo dicho: nadie sabe...
(Por cierto, vale la pena subrayar, como las autoridades electorales no se cansaron de decir, que las llamadas campañas de contraste, negativas, críticas, o como usted las quiera bautizar, no están ni estaban prohibidas por la legislación. Lo único que la norma impide son la calumnia contra las personas y la denigración de instituciones y partidos. Esto viene a cuento, porque luego de la reforma de 2007 muy diversos comentaristas repitieron una y otra vez que la ley prohibía la crítica al adversario y por ello inhibía la libertad de expresión y el derecho de los ciudadanos a obtener información relevante sobre los contendientes. Pues bien, es claro que no es así. Aunque, en efecto, como todas las libertades, la de expresión también tiene límites marcados por la ley).
3. Ni muy, muy, ni tan, tan. Los medios masivos de comunicación resultan imprescindibles como mediadores entre las ofertas políticas y el océano de ciudadanos. Es a través de ellos que los eventuales votantes reciben información, explicaciones, arengas, publicidad, imágenes, prejuicios (y súmele usted). Juegan un papel relevante sin el cual no se puede explicar la jerarquización de las agendas, las percepciones públicas, las intenciones de voto. Son poderosos y por ello diferentes legislaturas confeccionaron normas para tratar de que su comportamiento fuera profesional y equilibrado. Pero poderosos no quiere decir todopoderosos.
Coexisten en medio de una trama de redes sociales -no me refiero solo a los adictos al Twitter o al Facebook- que modulan y modelan buena parte de los mensajes de los medios y que compiten con ellos. En las familias, las escuelas, los barrios, los centros de trabajo o recreación, los ciudadanos reciben igualmente información, arengas, y ya no me repito. De tal suerte que los medios no son irrelevantes (lejos están de ello), pero tampoco titiriteros todopoderosos.
4. El todo y las partes. Somos una República con 32 entidades. Pero no todas pesan lo mismo en términos electorales. Por ello, las dinámicas regionales nos ayudan a entender los resultados nacionales. El Estado de México tiene el listado nominal más numeroso. Suma 10 millones, 396 mil 537 ciudadanos, es decir, el 13.08 por ciento del total (79.45 millones). El Distrito Federal tiene el 9.08 por ciento de los electores de tal suerte que entre ambas entidades suman el 22.16. Más de uno de cada cinco electores se encuentra en ellas. Pero si agregamos además a Veracruz, Jalisco y Puebla llegamos al 40.42 por ciento de los votantes potenciales. Y si añadimos a Guanajuato, Nuevo León, Michoacán y Chiapas arribamos al 57.22.
En contraste, Baja California Sur y Colima representan en conjunto el 1.13 por ciento de los votos. Y si le sumamos a Campeche, Nayarit, Aguascalientes, Tlaxcala y Quintana Roo, llegamos al 5.98 por ciento de los inscritos para votar. Siete estados juntos tienen menos electores que Jalisco o Veracruz.

miércoles, 6 de junio de 2012

JÓVENES CONTRA EL CINISMO POLÍTICO

ISSA LUNA PLA

La mayoría de los que han escrito sobre el movimiento de estudiantes YoSoy132 lo hacen para preguntarse qué tanto influirá éste en las elecciones. Esta es una pregunta válida, sin embargo, me parece que no es la pregunta adecuada.


En el preámbulo de las elecciones, preguntarse si el movimiento juvenil tendrá efectos en el puntero es equivalente a darle una importancia mínima al esfuerzo de los jóvenes (y otros que se suman) y de reducir sus móviles a las circunstancias de corto alcance. Entender este movimiento desde sus emociones y el papel que juegan en la democracia actual le da una vida más larga al movimiento y le hace justicia.
 
¿Qué es lo que motiva a este movimiento? ¿Por qué se le unen cada día más grupos de jóvenes? Empecemos reconociendo lo que no motiva a los jóvenes. La razón por la que se organizan y se manifiestan las personas alrededor del #YoSoy132 no tiene una razón económica necesariamente. No se trata de un conflicto por el poder económico ni de una disputa de recursos. Tampoco se pretende sustituir un modelo de gobierno por otro, o a unos líderes por otros.  Esto es quizás lo ha hecho más complejo a este movimiento. Se mueve sobre una línea muy delgada que separa el interés partidista del real móvil emocional del movimiento.
 
Las emociones de los jóvenes son la consecuencia de una clase política afanada en minimizarlos y negarlos. No existe ninguna institución de gobierno, ni siquiera en el congreso, que consulte decisiones con los grupos de los jóvenes mexicanos. Hace unos años, en Puebla, una chica brillante que participaba en las juventudes de su partido político se me acercó en un seminario y me hizo la pregunta del millón: ¿por qué a los jóvenes no nos invitan a participar en decisiones de políticas públicas? Quizás en ese momento le respondí que faltaba organizarlos. Pero en realidad lo que faltaba es que la sociedad entera y el propio Estado los viera como un grupo de interés. 
 
Ignorar los intereses de los jóvenes, obstaculizarles el paso a los recursos para que se organicen, y sacarlos de las decisiones públicas ha generado una bola de nieve. Las emociones del movimiento #YoSoy132 no son de avaricia o codicia económica; son de descontento, injusticia, abuso, autoritarismo, impotencia, agravio y resentimiento. Estos sentimientos no han derivado en violencia. El paso entre la codicia económica y el resentimiento no es automático, por eso este movimiento en particular, difícilmente se manifestaría en crisis de violencia o guerra. 
 
#YoSoy132, más bien, se lanza en contra del cinismo político. Contra la impunidad y la corrupción percibida, contra la avaricia de los líderes y grupos políticos; contra la desvergüenza, la imprudencia, la obscenidad, el descaro y la irresponsabilidad de los partidos, gobernantes y sus vínculos económicos con poderes fácticos. Contra seguir siendo ignorados como grupo de interés y contra seguir siendo víctimas de la injusticia. 
 
Hasta aquí, sabemos qué ha causado su malestar, sabemos cuál es su descontento, y sabemos que ese resentimiento los conducirá por la vía del conflicto no violento. ¿Cuál es entonces el papel de estas emociones en nuestra democracia? De inicio, crear conciencia social de que tenemos que dejar de minimizar sus preocupaciones y menospreciar su incredulidad.
 
Los jóvenes organizados son un grupo de interés y pueden mover voluntades. Pueden participar en las decisiones de los comités vecinales para reclamar espacios de ocio. En mi barrio han logrado que les autoricen pintar en ciertas bardas, y han logrado que en el parque les monten un campo de patinaje donde cada tarde llegan con sus patinetas y practican saltos y giros. Los jóvenes también podrían participar en el diseño de políticas públicas laborales, que van a impactar en su presente. Jóvenes que han participado en otros países en éstas políticas logran, no solamente las oportunidades de calidad, sino también las políticas de construcción de capacidades para hacer frente a los mercados laborales de mejor manera.
 
Los jóvenes tienen además un interés público en los procesos de legislación. Tienen derecho a opinar sobre cuáles son las mejores normas para rehabilitar a menores infractores; tienen derecho a ser tomados en cuenta en el desarrollo económico y social del país. Podrían participar en los comités de los programas sociales; en los consejos de los derechos de los consumidores como un grupo económico; y hasta en los consejos de las concesionarias de televisión, telecomunicaciones y en los de vigilancia de los fines culturales al hacer uso del espacio radioeléctrico, que es territorio nacional. Podrían, claro. 
 
Lo que a muchos nos identifica con estos jóvenes y con su causa es que los mexicanos ya estamos al tope del cinismo político. En esto, el movimiento YoSoy132 nos levanta a todos de nuestros asientos. Para quien gobierne este país YoSoy132 no la deja fácil. Nos da cuenta de que el México bucólico de los ciudadanos teletubis es sólo una parte del montón, y que al que venga al escenario se le pondrá exigente la audiencia.
 
Pero lo que los jóvenes pueden también lograr en esta batalla es garantizarse un rol estelar en la democracia, en el gobierno y en la vida pública del país. De la queja a la demanda hay un paso largo. Podrían lograr que los reconozcamos como grupo de interés y les demos su lugar. Que participen en la construcción económica, cultural y educativa de ellos y de sus hijos. Que participen en construir ciudadanos críticos e informados, como ellos nos han dicho que quieren. En ciudadanos intolerantes al cinismo político.

MARGEN DE ERROR


JORGE ALCOCER

Entre los políticos y las encuestas hay una bamboleante relación de amor y odio; la mayoría de aquellos reaccionan con la pueril lógica de aplaudir si las encuestas los favorecen, y descalificarlas cuando no. Hay casos extremos.
Lo acabamos de ver ante los resultados de la encuesta mensual de Reforma (31/05/12) que reporta una diferencia de 4 puntos porcentuales entre el puntero en preferencias, Enrique Peña Nieto (38%), y quien se colocó en el segundo lugar, Andrés Manuel López Obrador (34%). La abanderada panista, Josefina Vázquez Mota, pasó al tercer lugar (23%), en tanto que Gabriel Quadri alcanzó 5%. Esos datos están calculados sin los ciudadanos "indefinidos", que representan el 23% de los encuestados. Si consideramos preferencias sin ese ajuste, los valores son 28.5% (EPN); 25.5% (AMLO); 18% (JVM) y 4% (GQ).
Conviene abrir la óptica del análisis; considerando el margen de error de la citada encuesta (+/- 2.9 puntos porcentuales) tenemos los siguientes escenarios extremos para los dos candidatos con mayor preferencia. a) Si el margen de error se aplica a favor de López Obrador, éste obtiene 36.9% por 35.1% de Peña Nieto, lo supera con casi dos puntos. b) Si se aplica a favor de Peña Nieto, éste obtiene 40.9% por 31.1% de López Obrador, una diferencia de casi 10 puntos porcentuales.
Veamos lo que ocurre al hacer lo mismo con las encuestas más recientes de Consulta e Ipsos-Bimsa (margen de error +/- 3.1). En la primera, los valores mínimos y máximos son: EPN, 42-48; AMLO, 24-31; en la segunda: EPN, 40-46; AMLO, 25-31 (% ajustado por redondeo). En los dos casos, Peña Nieto registra una significativa ventaja, por lo que aun descontándole el margen de error y sumándolo a López Obrador, la diferencia es de entre 9 a 11 puntos. Otras encuestas muestran resultados similares al anterior.
Volvamos a la encuesta de Reforma. ¿Cuál de los dos escenarios antes planteados tiene mayor probabilidad de ocurrir? El que otorga ventaja a López Obrador está "fuera de rango", término utilizado para referirse a encuestas que difieren significativamente de la mayoría de las levantadas en fechas similares. En cambio, el escenario que otorga a Peña Nieto casi 10 puntos está dentro del rango que muestran otras encuestas realizadas por las mismas fechas, incluida la más reciente de Ana Cristina Covarrubias.
Interesante es que, en la encuesta de Reforma, los datos de intención de voto de electores entre 18 a 29 años (Enfoque 03/06/12) revelan que López Obrador tiene menor preferencia entre los jóvenes que en el total (31% vs 34%). Por otra parte, las consignadas para diputados y senadores dejan de lado que cada partido aparecerá con su propio emblema en la boleta, por lo que no es posible conocer los datos de tres partidos (PT, MC y PVEM) ni el futuro de su registro legal.
Los porcentajes por partidos/coaliciones arrojan el mismo orden de prelación que el consignado para los candidatos presidenciales, lo que provocaría al PAN ser la tercera fuerza en ambas Cámaras. ¿Será?
Mientras no existan pruebas en contra, a las encuestas de reconocida trayectoria debemos dar el mismo trato, y aceptar que los resultados publicados son verídicos, en el sentido preciso de que así salieron del levantamiento en campo. Para analizar, hay que comparar.
Dejemos de lado la fe, las filias y fobias, leamos la letra chiquita.

VICENTE FOX-PEÑA NIETO, EL AMARGO SPOT


JENARO VILLAMIL
“Ciertamente, estamos preparados para el retorno del PRI a la presidencia de la República porque, gracias a mí, vivimos la alternancia y se consolidó la democracia”.
Esta sería una de las frases que el expresidente Vicente Fox grabaría en un próximo spot para apoyar a Enrique Peña Nieto, el candidato presidencial del partido al que alguna vez el guanajuatense calificó como un nido de “tepocatas y víboras prietas”.
El amargo spot que Vicente Fox protagoniza a favor del retorno del PRI a la presidencia de la República sólo confirma lo que muchos sabíamos desde el año 2000: el exgerente de la Coca-Cola se vendió como el primer producto de la mercadotecnia política televisiva que iba a lograr el “cambio” con la sola percepción favorable de que un individuo, con desplantes de ignorancia y bravuconería, acabaría con décadas de estructuras autoritarias.
Por supuesto que no lo logró. Los promotores de aquel “voto útil” a favor de Vicente Fox –muchos de ellos exsimpatizantes del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas– se desencantaron desde el primer año de la administración de la alternancia fallida.
Fox no sólo traicionó los anhelos de cambio democrático. Encabezó una de las peores administraciones en los últimos años, marcadas por la frivolidad de la “pareja presidencial”, la corrupción de los hijos de Marta Sahagún y la incapacidad de un personaje para frenar el avance de los poderes fácticos que hoy atenazan la estabilidad del país (el crimen organizado y el poderío de las televisoras, principalmente).
No es extraño que a 12 años de distancia, Fox ahora encabece el “voto útil” a favor de Peña Nieto, el representante de la nueva ola priista con las viejas prácticas de siempre. Lo extraño es que los panistas se escandalicen de quien siempre menospreció la doctrina y las reglas del juego del partido fundado por Gómez Morín.
La reacción de Enrique Peña Nieto frente al apoyo de Fox confirma lo que desde hace meses se venía gestando entre Toluca y el rancho San Cristóbal: un acuerdo político de protección e impunidad contra el exmandatario panista que tiene muchas cuentas pendientes por las corruptelas de los Bribiesca y los desastres de su administración.
“Yo no tengo más que agradecimiento al expresidente por estas expresiones que ha tenido. Me parece que es una visión muy pragmática. Él señaló que lo importante es dar espacio a quien va en la delantera de esta competencia, consolidarla, y a partir de ahí lograr una gestión de gobierno que tenga mayores capacidades para que lo que tiene que hacerse por México realmente se materialice”, afirmó Peña Nieto en rueda de prensa.
A pesar de la retórica típica de los discursos que no dicen nada explícito, la reacción del exgobernador mexiquense tiene varias lecturas entre líneas.
La “visión pragmática” de Fox es simplemente la otra manera de nombrar el oportunismo. Apenas hace cinco años, Fox se volvió a ufanar de que él derrotó “dos veces” a Andrés Manuel López Obrador y que, en buena medida, Felipe Calderón le debía la presidencia de la República. Ojalá y los peñistas no tengan que pagarle altos réditos al guanajuatense por algún favor en el futuro.
La misma “visión pragmática” es la misma que alienta a los exdirigentes nacionales del PAN y del PRD, Manuel Espino y Rosario Robles, a sumarse a la campaña de Peña Nieto. Estos dos personajes firmaron hoy un acuerdo de adhesión denominado pomposamente Plan de la Concertación Mexicana.
Durante este sexenio, Espino no dejó de acusar a Calderón de aliarse a los priistas para gobernar, y ahora se suma a la ola peñista con el penoso antecedente de su detención por violar la norma que marca el alcoholímetro capitalino.

COFECO DOBLADA


JAVIER CORRAL JURADO

El pasado 24 de enero, cuando la Comisión Federal de Competencia resolvió, en votación de 3 a 2, no autorizar la fusión de las empresas de Emilio Azcárraga Jean y Ricardo Salinas Pliego, Televisa-Iusacell, expresé frente a las manifestaciones de júbilo que se dieron, incluso entre voces expertas, que no echáramos las campanas al vuelo y no bajáramos la guardia. No sólo porque estaba a disposición de las televisoras el recurso de reconsideración, sino porque sabíamos de las presiones sobre la CFC y la apretada votación que resolvió negativamente el asunto. Además los términos de la resolución, desde entonces, abrían la puerta para modificar la decisión. Era de suponerse que sobrevendrían más presiones conforme se acercara la fecha de la elección.
Las presiones han triunfado, primero sobre Miguel Flores Bernés, el comisionado que hizo la mayoría con Eduardo Pérez Mota y Rodrigo Morales Elcoro, y esto orienta al conjunto del organismo antimonopolios que, a partir de este miércoles, pierde esa categoría —diríamos su principal encomienda constitucional— pues autorizará una de las concentraciones económicas más perniciosas para el mercado de telecomunicaciones y de nefastas consecuencias para la democracia y las libertades de expresión y de información al permitir que los dos únicos mastodontes de la televisión abierta se asocien en el negocio de la telefonía móvil, constituyendo en la práctica el monopolio televisivo más importante del mundo.
Aunque dirán que la autorización está condicionada a cumplir ciertas reglas —entre las cuales no están las más importantes: la retransmisión gratuita de las señales abiertas en los sistemas restringidos de televisión (satelital o cable) y la desincorporación de algunos canales de TV— en el fondo se trata de barnizar uno de los mayores despropósitos en la política de competencia, exactamente en sentido contrario al reclamo social por democratizar, diversificar y ampliar la oferta comunicacional en México. Mientras miles de jóvenes del #YoSoy132 salen a protestar contra el duopolio de la televisión, la respuesta del gobierno es empoderarlo más, concederle mayores privilegios, reforzar su concentración insolente y provocar a los jóvenes de una manera irresponsable, porque se les está enviando un mensaje durísimo: nada valen sus exigencias. Que el gobierno no se sorprenda después de que los jóvenes lancen convertida en piedra, la voz de su exigencia brutalmente ignorada.
Porque los podrán marear con el cuento de que la rectificación de la Cofeco condiciona la fusión al lanzamiento de una tercera cadena, incluso podrán decirles que es “una de sus demandas”, pero más pronto que tarde sabrán, porque el asunto no es tan sofisticado, que se les da el visto bueno a un par de empresas que controlan la televisión abierta y muchos otros segmentos de mercado ligados para que se coludan, se repartan los mercados y se conforme un monopolio en la producción y distribución de contenidos audiovisuales, en lugar de competir entre sí.
Esto lo afirmó la resolución de enero pasado: “...la operación tendría por objeto o efecto disminuir, dañar o impedir la competencia y la libre concurrencia en el mercado relacionado de contenidos/programación (canales de TV abierta), así como en televisión y audio restringidos”... “Tendría efectos positivos en el proceso de competencia del mercado de servicios de telefonía móvil. Lo anterior debido a que Iusacell presta ese servido en un mercado altamente concentrado donde participa Telcel, agente económico con poder sustancial y con más de 70% de participación de mercado... no obstante, los beneficios obtenidos no son distintos a los obtenidos con cualquier otra inyección de recursos en Iusacell” ... “las aportaciones al bienestar del consumidor que se derivarían de dicha concentración en el mercado de telefonía móvil no pueden ser trasladadas a otros mercados... pues las eficiencias para unos consumidores no pueden compensar el daño que la pérdida de competencia producirá en los consumidores de los mercados relacionados afectados” ... “La concentración otorgaría a Televisa los incentivos y capacidad de desplazar a otros agentes económicos, como es el caso de Dish, o impedirles el acceso al mercado relevante de televisión y audio restringidos”.
¿Qué ha cambiado de esas consideraciones a la fecha? Nada, se mantiene el duopolio, en contenidos, en mercado publicitario y en frecuencias. Sólo cambia el calendario electoral, que avanza hacia su fecha definitiva. Y también avanza el fin de sexenio. También han crecido los desplantes y arrogancias de los dueños de la televisión. Uno prefiere transmitir el fútbol en vez del debate presidencial, y el otro manda a uno de sus personeros, Alejandro Puente, a comunicarle al Presidente delante de la asamblea de Canitec que ya los autorizan a licitar la tercera cadena. Y el Presidente, que respeta la “autonomía” de Cofeco y Cofetel, viaja hoy a Chile. Buen viaje, señor Presidente.

lunes, 4 de junio de 2012

LOS ESTUDIANTES


CARMEN ARISTEGUI

En apenas tres semanas, los jóvenes estudiantes que han tomado las calles, las plazas y los titulares de los medios de comunicación han sacudido, intensamente, el ambiente político electoral de nuestro país. Con entusiasmo, con inteligencia, con creatividad y hasta con humor, han inyectado un nuevo brío a la idea del debate y la participación ciudadana. El prejuicio sobre estos muchachos, respecto a su apatía infinita, su individualismo y su desinterés sobre todo aquello que tenga que ver con política o asuntos del interés general, ha sido derrumbado. Están aquí y están decididos a participar. Quieren incidir. Quieren que su presencia cuente y quieren que las decisiones sobre el destino del país no les pasen de noche.
¿Estamos o no ante una auténtica "Primavera mexicana" que evoca a los grandes movimientos transformadores -encabezados por jóvenes ilustrados con perspectivas de desempleo- que fueron capaces de tumbar dictaduras en el mundo árabe? ¿Es, acaso, un verdadero despertar ciudadano que permitirá enderezar el rumbo de este país dolido? No es fácil saberlo. Depende, desde luego, de que los propios jóvenes lo crean realmente y que el resto de la sociedad mexicana, por muchas razones atomizada, encuentre en ellos la creación de un espacio en donde vean reflejadas sus propias inquietudes y preocupaciones.
Los jóvenes se han organizado bajo el nombre #YoSoy132, a partir del incidente ocurrido en la Universidad Iberoamericana con el candidato del PRI a la Presidencia, Enrique Peña Nieto. El tipo de cobertura informativa que se dio o, mejor dicho, que no se dio sobre el suceso y las diferentes reacciones que pretendieron descalificar las expresiones duras y críticas de los jóvenes ante esa visita detonaron algo que ha estado ahí desde largo tiempo atrás en una parte importante de la sociedad mexicana que, ahora lo sabemos, incluye a estos jóvenes, que por miles han salido a expresarse en ciudades del país.
La irrupción estudiantil nació contra la manipulación informativa y contra la intervención indebida de la televisión en un proceso electoral. Por eso los reclamos han ido contra la principal televisora y contra la idea de una imposición antidemocrática que no puede ser aceptada.
Han irrumpido, masivamente, en las calles, y desde un espíritu festivo e irreverente han también activado el impulso de los demás ciudadanos. Unos abiertamente anti Peña y otros con reivindicaciones más amplias han roto el umbral entre universidades públicas y privadas.
El ánimo que han inyectado los estudiantes al resto de la población es palpable y ha resultado estimulante. En los últimos días se puede observar, en cualquier mesa de conversación, que se habla de los estudiantes en las calles; de los temas relacionados con las campañas o sobre los medios de comunicación y su papel en una vida democrática.
Sus primeras consignas han ido dirigidas al candidato Peña Nieto, asociando su imagen a la televisión. Los cartelones y los estribillos de los chicos en la calles han repetido la idea de que estamos frente a una creatura de la televisión. Los chicos se han rebelado ante lo que consideran un orden democrático trastocado.
Peña Nieto es el primero que sabe que carga con ese estigma. La noche misma del debate, tratando de exorcizar el fantasma, lanzó la mejor frase del encuentro: "Si la televisión hiciera presidentes, usted lo sería, Andrés Manuel".
Aunque se refería al tema del uso del dinero público en medios de comunicación como forma para favorecer la imagen de políticos y promover candidaturas (abriendo un debate, inconcluso aún), tocaba, en realidad, al gran tema y desafío de la realidad política nacional y que está relacionado con su propia candidatura.
La televisión ha prohijado su imagen e impulsado su candidatura de tal manera que ha dejado sembrada la idea -bastante extendida si nos atenemos a las consignas de los estudiantes en los últimos días- de que lo que ha hecho la televisión es, en realidad, una inversión política indebida que trastoca los ejes fundamentales del orden democrático.
Los estudiantes en las calles han producido victorias interesantes en apenas unos días, pero no han tragado el anzuelo. Las televisoras cedieron sus dos principales canales para transmitir el segundo debate después del regateo en el primero. Hoy el duopolio dice que sería bueno licitar una tercera cadena de televisión. Sus noticieros ofrecen espacios a los estudiantes y sus movilizaciones. Sus periodistas asumen posturas críticas en torno a la candidatura de Peña Nieto. Todo eso, mientras, en las calles, los chicos y las chicas les reclaman una imposición.

EPN Y AMLO, LA INCERTIDUMBRE


JOHN ACKERMAN

Se rompió el hechizo. Conforme avanzan las campañas presidenciales aumenta el grado de incertidumbre con respecto a quién sería el ganador el próximo 1 de julio. La supuesta inevitabilidad de un triunfo de Enrique Peña Nieto se ha esfumado y la elección se polariza entre quienes añoran el pasado y quienes buscan experimentar con algo nuevo.

Los resultados de la más reciente encuesta del periódico Reforma son elocuentes. Este medio, que no tendría razón alguna para favorecer a la izquierda política, informa que la ventaja de Peña Nieto sobre Andrés Manuel López Obrador se ha reducido a únicamente 3 puntos porcentuales. En la encuesta levantada entre el 24 y el 27 de mayo, el candidato del PRI recibe 28.5% de la intención del voto en términos “brutos”, contra 25.5% para López Obrador, 18% para Josefina Vázquez Mota y 21% de “indecisos”. Es decir, la candidata del PAN no solamente ha caído a un lejano tercer lugar, sino que se encuentra incluso rebasada por los indecisos.

El desglose de los números es también muy revelador. Por ejemplo, el estudio señala que en el último mes López Obrador habría remontado 12 puntos entre electores “independientes” para colocarse con una holgada ventaja de 43% contra 26% para Peña Nieto en este sector. El candidato de las izquierdas también habría rebasado al candidato del PRI tanto en el centro como en el sur del país.

Pero una examinación cuidadosa de los números revela que en realidad ya existiría un empate técnico entre los candidatos del PRI y el PRD. A la hora de pasar de una tasa “bruta” a una tasa “efectiva”, normalmente los encuestadores presumen que los “indecisos” se comportarían de manera similar a los votantes que ya manifestaron su decisión. Así, simplemente eliminan a los indecisos de la muestra y distribuyen este porcentaje entre los otros candidatos de acuerdo con su peso correspondiente entre los encuestados que sí expresaron su apoyo a algún candidato.

Pero una suposición más apegada a la realidad sería que estos indecisos más bien tendrían un comportamiento cercano a los “independientes”, ya que tanto los independientes como los indecisos suelen determinar su voto más en función del candidato que del partido político. Ahora bien, cuando se realiza el reparto de los indecisos de acuerdo con el peso específico de cada candidato entre los independientes, el resultado para el porcentaje “efectivo” de votación da el sorprendente resultado de 34% para Peña Nieto y 34.5% para López Obrador, en base a los mismos datos de Reforma. Queda aún más claro que la moneda está en el aire.

La encuesta de Reforma cuenta con una tasa de “rechazo” mucho menor a la de otras casas encuestadoras. Mientras la cifra para Mitofsky, que trabaja con Televisa, es de 60%, y la de Parametría, empleada por El Sol de México, es de 69%, la correspondiente a Reforma es de sólo 21%. La “cifra negra” de personas que simplemente se niegan a contestar es entonces tres veces menor en el caso de Reforma, un dato que sugiere mayor confianza en sus resultados.

Es importante mencionar que el titular del área de opinión pública de Reforma, Alejandro Moreno, no es un simple “encuestador” que realiza “sondeos”, sino un investigador serio que conoce las complejidades y las profundidades de su materia. Cuenta con un doctorado en Ciencia Política por la Universidad de Michigan, es investigador de tiempo completo del Departamento de Ciencia Política del ITAM, y es reconocido internacionalmente por sus numerosos estudios, tanto en inglés como en español, sobre la opinión pública en México.

La incertidumbre con respecto al ganador el próximo 1 de julio es una gran noticia para la democracia mexicana. El teórico Adam Przeworski ha sostenido que es precisamente la “incertidumbre institucionalizada” la que distingue a los sistemas democráticos de los autoritarios. Bajo el autoritarismo, todo el mundo sabe quiénes gobernarán y se resignan a aceptar su destino o, en su caso, deciden protestar en las calles y aun tomar las armas. En contraste, en una democracia nadie sabe quiénes serán los gobernantes porque la decisión depende del ejercicio libre del voto. Por lo tanto, una gran parte de la energía ciudadana se canaliza a las campañas electorales.

Desde hace meses, los principales medios de comunicación electrónicos y algunos encuestadores han tenido la firme intención de convencer a la sociedad de que todavía vivimos en un sistema autoritario donde el ganador de las elecciones estaría decidido desde antes de que los ciudadanos acudan a las urnas. Pero hoy, gracias a medios independientes como Reforma, podemos empezar a recuperar la esperanza en que posiblemente en esta elección puedan ser los votantes y no las instituciones electorales o los poderes fácticos los que decidan quién será el próximo presidente de la República. La determinación de los jóvenes del movimiento #YoSoy132 de participar activamente en el proceso electoral también refleja esta apuesta social por la institucionalidad democrática.

Ahora bien, estos datos demuestran igualmente que López Obrador se equivoca cuando señala que la única forma en que la izquierda podría ganar la Presidencia sería con una votación dividida en tres tercios. El candidato ha postulado que la sociedad mexicana es fundamentalmente conservadora y que la votación máxima que la izquierda podría recibir sería de aproximadamente 35%, similar a la cifra que tuvo hace seis años en la elección presidencial de 2006.

La realidad, sin embargo, pareciera decir otra cosa. La elección empieza a polarizarse, y cada vez más personas que votaron por Calderón en 2006 están pensando seriamente en votar ahora por López Obrador con el fin de evitar el retorno del PRI a Los Pinos. Así como Vicente Fox se benefició del “voto útil” de la izquierda en 2000, López Obrador podría ser el beneficiario del “voto razonado” de los panistas de hoy.

LOS RETOS DE #YOSOY132


ERNESTO VILLANUEVA

En muchas ocasiones he señalado en este espacio que lo que la sociedad no haga por sí misma nadie lo va a hacer. Ahora, a pocas semanas de la elección presidencial, un grupo creciente de estudiantes de universidades privadas de la Ciudad de México y de instituciones de educación superior públicas ha iniciado un movimiento que se expresa con marchas en las calles de diversas ciudades del país y, por supuesto, en el propio Distrito Federal. Se trata de un fenómeno inédito en el siglo XXI que no estaba escrito en el libreto de las contiendas electorales. De ahí su peculiaridad. Veamos lo que es posible esperar de una iniciativa de esta naturaleza.
Primero. Se ha repetido que en México la ausencia de conciencia crítica y de socialización del conocimiento, en general, constituyen el mejor clima para que se reproduzcan al infinito la indiferencia, la decepción y la falta de confianza en las instituciones, así como para que se prolongue el débil estado de derecho. He señalado en estas páginas, del mismo modo, la asimetría entre lo que se invierte en el rubro de educación (México está entre los primeros 15 países en este aspecto) y los resultados que obtiene (ocupa el lugar 79, de acuerdo con un estudio de la OCDE del 2010 entre las naciones integrantes de la ONU).
Este hecho ha propiciado que la educación, entendida como vehículo de conciencia, de claridad sobre el papel de la persona en la sociedad y sus posibilidades de incidencia en ella, cumpla en la práctica un cometido formal. De ahí, por tanto, tradicionalmente las universidades que formalmente son los centros de la inteligencia del país forman estudiantes acríticos, con habilidades de trabajo pero con escasa formación social para evaluar lo que pasa en el país. Procuran no ser víctimas del “pánico moral” y evitar ser estigmatizados como “conflictivos” o “revoltosos”
Segundo. Los estudiantes, a partir de la protesta en la Universidad Iberoamericana por parte de los 131 jóvenes que se identificaron como alumnos de la Ibero, han ido mejorando sus estrategias para no ser víctimas del citado “pánico moral”. Así, de la protesta contra el candidato del PRI Enrique Peña Nieto en las instalaciones de la Ibero, que me parecieron inadecuadas por la forma, no por el fondo, ahora han adoptado un código de respeto, de eliminación de insultos, sin impedir la libertad de tránsito de los demás. Esto le da a dicho movimiento un cariz nuevo, que deja sin argumentos a quienes en principio expresaron su descalificación a priori, porque razonablemente están efectuando sus acciones con la Constitución en la mano. Dicha muestra de civilidad no tiene muchos precedentes en este país tan convulso, donde existen razones de sobra para el resentimiento social y para las reacciones desesperadas.
Tercero. Este movimiento estudiantil tiene, entre otras, seis grandes demandas: 1. La democratización de los medios de comunicación; 2. Hacer del uso de internet un derecho constitucional (esa misma reflexión es el tema del libro Internet y derechos fundamentales, de Clara Luz Álvarez, recientemente publicado por Miguel Ángel Porrúa); 3. Códigos de ética y defensores de la audiencia en los medios de comunicación; 4. Someter a concurso producciones para los canales públicos permisionarios a las distintas escuelas de comunicación 5. Abrir debate entre jóvenes y medios sobre las demandas en cuestión, y 6. Seguridad para los integrantes del movimiento estudiantil que hacen uso de su libertad de expresión, y en especial para los periodistas, que han sido alcanzados por la violencia en el ejercicio de su trabajo.
Al parecer, con la expresión “democratización de los medios” se refieren a ampliar la competencia en la radio y la televisión para que el público pueda elegir entre mayores fuentes de información. Decía John Stuart Mill que la verdad se alcanza escuchando todos los pareceres que tengan algo que decir sobre ella. Y aquí sería el caso. Los demás puntos se ajustan con creces a las mejores prácticas internacionales. Los medios del gobierno federal tienen todos un ómbudsman (yo fui el fundador de la figura en Radio Educación), que representa un contrapeso interno y un espacio independiente para que la sociedad pueda expresar sus puntos de vista con la seguridad de que será tomada en cuenta.
Cuarto. Con este movimiento se ha plantado una semilla para generar conciencia social. Por sus propias características, se ha convertido en “noticia”, como un dato de interés público que escapa al día a día. Falta mucho por delante. Hoy, minorías activas son centro de atención de la opinión pública. No se sabe qué va a pasar mañana. Si bien es verdad que este movimiento se declara apartidista, es mucho más político de lo que parece.
Implícitamente sus demandas, plausibles, constituyen una presión al candidato del PRI Enrique Peña Nieto, quien es tratado con obsecuencia por los medios electrónicos; afectan también a la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota (cuya falta de ideas propias no impide que se le den mayores espacios en los medios), y, por el contrario, representarían una bocanada de aire puro para el candidato de las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador.
Hasta aquí los escenarios ideales ¿Tendrán una influencia significativa en los resultados de las elecciones presidenciales del próximo 1 de julio? Es improbable pero no imposible. La estructura formada por los cuatro partidos políticos a base de clientelaje hará su aparición el día de las elecciones. ¿Podrán los estudiantes –que, ojo, no representan a la mayoría de los universitarios inscritos– hacer frente a las más variadas y sofisticadas formas de fraude electoral? ¿Podrán acreditar al menos observadores en los distritos más significativos del país? ¿Las marchas moverán los ratings de las televisoras privadas para que se conduzcan con civilidad democrática? Si esto que se antoja muy difícil es logrado, sin duda México habrá dado varios pasos adelante en el contagio de prácticas democráticas.

¿EN NOMBRE DE QUIÉN HABLA #YOSOY132?

RICARDO BECERRA LAGUNA

No son ni-nis pero tampoco tienen tipo de pirrurris. Resultaron en un hibridismo, una mixtura, una oleada espontánea que ha crecido por el momento político y porque supo enarbolar –muy a su modo- uno de nuestros temas torales, neuróticos e irresueltos: el de los medios masivos de comunicación, su papel y su acomodo en la democracia mexicana. 

Pero antes de entrar a ese fondo político creo que por puro respeto y necesidad de diálogo vale la pena explicar (apelar a los #132) tres decisiones recientes elaboradas por el IFE y que tocan el centro de la agenda planteada por ellos. Veamos. 
La realización de tres debates entre candidatos presidenciales. En efecto, uno de los aciertos de la reforma del 2007 a la ley electoral es haber colocado a los debates como una absoluta obligación. Dejaron de ser una opción para los candidatos principales –opción que se toma o se deja graciosamente según la estrategia de cada quien o su lugar en las encuestas-. Hace seis años así ocurrió: sólo quien quiso asistió a las citas. Por eso, a partir del 2012, el IFE queda a cargo de la organización de dos debates de candidatos a la Presidencia cuya asistencia es obligada, no está a discusión.  
¿Y por qué el IFE no se adelanta a la organización de un tercer debate? Porque la ley (artículo 70) dice que organizará dos, no prohíbe un tercero, o un cuarto, pero esa posibilidad queda ya a merced y en la voluntad de los propios candidatos. Si ellos lo desean, la autoridad dispondrá todo lo necesario (recursos, escenario, transmisión logística, edecanes incluso) pero como el protagonista no es el IFE sino los candidatos mismos, no hay modo de convertir al tercer encuentro en una exigencia obligada. La palabra, la respuesta al movimiento, el tercer debate es pues, una decisión de candidatos y partidos.       
Cadena nacional en el próximo debate. Esta eventualidad fue puesta en cuestión antes, por el propio IFE, durante la organización del primer encuentro. No obstante y que el Consejo General decidió no solicitar la cadena nacional, el IFE realizó un montón de esfuerzos que lograron, entre otras cosas, que mil 90 emisoras de radio y televisión en las 32 entidades lo transmitieran. También, 527 estaciones permisionadas en todo el país (canal 11 y 22 entre otras), y el resto, 563 frecuencias concesionadas de radio y televisión (Canal 5, MVS, varias cadenas nacionales de radio, en la televisión de paga y por 294 mil usuarios de 25 países, a través de internet).
Una vez más, la ley electoral es indulgente con los concesionarios de la radio y la televisión, pues deja a su libre albedrío conceder o no sus señales para el debate electoral. En esas estábamos, cuando la onda expansiva del #132 logró lo principal: que el canal más visto por los mexicanos (el 2) y a regañadientes (el 13), fueran puestos a disposición del IFE para el próximo debate. Esto quiere decir que el 94 por ciento de los ciudadanos que pueden votar, podrán verlo por televisión abierta; a eso hay que agregar las opciones disponibles en otras señales de radio, Internet y también otras televisoras importantes y de paga.  
Si este es el alcance de la información política relevante, si este es el nivel real de audiencia potencial garantizada para el debate, entonces entran a consideración otros aspectos importantes, como por ejemplo, el derecho de los ciudadanos a no ver el debate, a pasar la noche del domingo 10 de junio escuchando o viendo el canal que mejor les parezca (o prescindiendo de ellos). En eso consiste también la libertad y el pluralismo de la información.      
Como quiera que sea, insisto, el movimiento se anotó un triunfo mayúsculo, que de ningún modo debe vivirse como derrota: los grandes concesionarios de la televisión han accedido a transmitir por sus principales canales, el que puede ser el evento más importante del proceso electoral, evento desdeñado o ninguneado antes de la irrupción de los #132.    
La ampliación al plazo de registro de observadores electorales. En este punto, el Consejo General respondió con un unánime sí, aunque no fue fácil, pues como se sabe, el librito electoral señala una fecha límite para la inscripción. Pero la participación política es un derecho fundamental (contrario a la compra de espacios en radio y televisión, por ejemplo), la propia ley abre un resquicio para que el Consejo General escuche y atienda solicitudes que tiendan a garantizar el derecho a la observación electoral y además, la ampliación del plazo no afecta a terceros, a nadie absolutamente. De ese modo, y por consenso, el IFE dio una semana mas para que los jóvenes interesados vean, sigan, vigilen cada eslabón del proceso, incluido el cumplimiento de las normas que regulan la radio y televisión en la temporada electoral.      
Hasta aquí el marcador del movimiento #132 en el IFE. Sin embargo, más importante resulta explorar las pulsiones que los mueven, qué es lo que los ha vuelto tan notorios y sistemáticosen el paisaje electoral. Van otras tres razones.
En primer lugar, por su agenda. Oigamos el primer comunicado de la Coordinadora del movimiento: “La información hace posible que los ciudadanos puedan exigir y criticar, de manera fundamentada, a su gobierno, a los actores políticos, a los empresarios y a la sociedad misma. Por eso, YoSoy132 hace del derecho a la información y del derecho a la libertad de expresión sus principales demandas” (véase, el Correo del Sur, La jornada 3 de junio de 2012). Mírese como se mire, esto es una completa novedad. Hasta ahora, el derecho a la información había sido un tema de académicos, especialistas, organismos, activistas y élites muy activas. Pero ahora la cosa saltó y se transformó en el motor de una movilización social de gran magnitud clavada, por derecho propio, en el debate de las campañas electorales.      
Porqué quieren un lugar en el mundo electoral. A contrapelo de tantos aguafiestas que profetizaban unas campañas hundidas en la aburrición; a contrapelo de la antipolítica y de los agoreros de una desafección mayor con los votos y las urnas, el #132 ha venido a interpelar a las televisoras y a los medios, a partidos y autoridades electorales, reclamando inclusión, objetividad, información genuina. ¿Pueden imaginarse una demanda más legítima y claramente democrática?
El movimiento ha venido a instaurar un mentís rotundo y masivo a la falsa idea de que vivimos una apatía juvenil irremediable, de modo que estamos en presencia de una significativa mutación hacia la participación electoral, antes que su desafección. 
Es el primer movimiento estudiantil no corporativo, desde 1968. Es decir: han decidido irrumpir el escenario sin pedir nada para si, nada que sea exclusivo para ellos mismos. Contrario al CEU de 1986 y de 1999, contrario a tantos movimientos reivindicativos y de defensa, los #132 no quieren “lo suyo ahora” (pases automáticos, cuotas sin incremento, menos exámenes y menos evaluaciones, tarifas especiales de transporte).
Al contrario, portan una agenda del “interés general”, una agenda del espacio público y ese es su valor decisivo. Un movimiento de causas universales, donde tiene lugar un tema que nos incumbe a todos.
En este sentido, los #132 son la hueste avanzada de un ánimo que parecía extinguido: demandas que saben invocar el objetivo con alegría participativa, sin enfrentamiento ni violencia, buscando su lugar en el ecosistema  electoral, procurando hablar por el interés de todos.
En medio de tanta fragmentación, en medio de tanto grupo de interés, de tantos particularismos, la llegada del #132, es una de las mejores nuevas del proceso electoral.      

LA DESFACHATEZ DE CÉSAR DUARTE

JAVIER CORRAL JURADO

Protegido por un gran número de medios de comunicación en el Estado de Chihuahua, para los que destina una cuantiosa parte del presupuesto estatal a través de "convenios anuales" de publicidad y manejo de la información, sin contrapesos reales entre la mayoría de las organizaciones sociales o los organismos empresariales para cuestionarlo, a su entera disposición el Congreso del Estado para lo que mande el señor gobernador, sin acción opositora relevante en ese ámbito legislativo, César Duarte Jáquez llega muy pronto al destino donde va cualquier poder sin equilibrios: la desvergüenza política. Actúa sin rubor violentando la ley, se ufana de ello, se volvió cínico.

A su fracaso agrega ahora un abierto proselitismo político a favor de su partido, violando la Constitución federal, la del Estado de Chihuahua, el Código Electoral y otras disposiciones en otros cuerpos normativos. No obstante que existe prohibición expresa a todos los gobiernos para la promoción de obras y servicios durante las campañas, el gobernador de Chihuahua lo ignora, se burla.
Ha podido sofocar y silenciar dos asuntos que de existir un auténtico sistema de rendición de cuentas en el país, lo tendríamos de compañero de escándalo con Humberto Moreira, y en proceso junto con el ex gobernador de Baja California Sur. El primer caso es el endeudamiento del gobierno del Estado de Chihuahua bajo la administración de César Duarte, más grave incluso que el de Coahuila, no sólo por el monto exponencial de su crecimiento, sino por tratarse de una de las deudas más cara de todo el país, contratada con comisiones e intereses sumamente elevados. La irresponsable hipoteca que dejará Duarte sobre los hombros de las futuras generaciones en Chihuahua obliga a una acción decidida desde todas las instancias posibles para que por lo menos se finquen las responsabilidades correspondientes.
Este es uno de los asuntos torales para calificar el desempeño de un gobierno, el manejo de las finanzas públicas, y en este rubro los gobiernos priístas se han mostrado no sólo ineficaces, sino corruptos, pues los endeudamientos en el país se dan a la par que reciben el mayor porcentaje de recursos federales de toda la historia. Hoy las entidades  reciben el 34% de los ingresos de la federación. Cuando más les llega, más se endeudan.
La deuda de los estados se maneja con gran opacidad gracias a lo que de manera común se denomina "ingeniería financiera"; es decir, nuevos esquemas que hacen muy difícil rastrear la información. Los gobernadores hacen lo posible para que no se sepa bien lo que está ocurriendo. Sin embargo, no hay abrigo siempre para la mentira, tarde que temprano manos hábiles desvelan las componendas. 
Técnicamente la deuda con vencimiento menor a un año no se computa como deuda estatal, pero obviamente es deuda. Los bancos comerciales están dispuestos a financiar deuda de corto plazo sin incluso requerir garantías porque en algunos casos cobran enormes comisiones por renovar las líneas de créditos, comisiones que son muy superiores a los intereses de los créditos. Obviamente la falta de transparencia puede facilitar la corrupción al igual que estas comisiones por renovar líneas de crédito de corto plazo, que ni siquiera son parte de la definición de deuda de los estados.
Además, el Secreto Bancario aplica a la información que revisa Banco de México y la SHCP. Es decir, Banxico para no incurrir en una violación de este secreto no puede siquiera entregar la información a SHCP, lo cual es preocupante porque las autoridades ni siquiera pueden corroborar la información. Si uno visita la página, descubre que la SHCP publica sólo información agregada de los montos de la deuda de los estados, pero existe una fuerte discrepancia entre la información que le reportan (y que en teoría debería ser la deuda de los estados emitida con garantías, como son las participaciones federales) y que Banxico se ha dado a la tarea de obtener, la información de los bancos y la SHCP la publica agregada a nivel estado. Pero incluso la real puede ser mucho mayor gracias a la ingeniería financiera que permite a los estados ocultar deuda.
La deuda de Coahuila registrada ante SHCP es de sólo 8 mil millones mientras que de la información obtenida de los bancos esta asciende a más de 34 mil millones. En el caso de Chihuahua, también existe una fuerte brecha entre la información reportada a hacienda 13 mil millones y la obtenida que incluye la de los bancos, 18 mil millones, lo que hace que nuestra entidad tenga comprometido un buen porcentaje de sus participaciones para pagar esa deuda.
A esto se refirió en su visita a Chihuahua Josefina Vázquez Mota, al fracaso de los gobiernos del PRI en nuestra entidad, que de mil 316 millones de pesos en 2005, alcanzó los 17 mil millones para 2011; y particularmente la manera como Duarte, en menos de un año, la incrementó exponencialmente. Cabe resaltar que las cifras dadas a conocer por Vázquez Mota se sustentan precisamente en el informe de Saldos Totales de las Obligaciones Financieras de Entidades Federativas y Municipios, publicado recientemente por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, en donde se señala la deuda alcanzada en 2011 de 17 mil 318.6 millones, así como que, para 2012 la deuda del estado alcanzará los 18 mil 220.50 millones, es decir se registra un incremento de 5 mil 673.5 millones de pesos respecto al 2010.
Ello le valió a la candidata panista una andanada de descalificaciones por parte del gobernador, en su acostumbrado tono partidista, por no decir faccioso.
El otro tema que Duarte pretende mantener sofocado —obviamente no lo logrará—, es el enorme fraude que se está realizando a través del organismo Pensiones Civiles del Estado, el cual está adquiriendo medicamentos con sobreprecios exorbitantes para favorecer, y así pagar la factura, a varios de quienes le financiaron buena parte de su campaña. Tengo en mi poder el expediente completo de la licitación pública PCE-LP-001-2012 (considerada como la joya de la corona en el sector farmacéutico) que tuvo por objeto la adquisición de medicamentos y productos farmacéuticos, a la cual fueron convocadas más de 40 empresas distribuidoras. Varias han sido las anomalías que se han identificado en las bases y en el proceso de licitación, pero el más significativo es el sobreprecio que la dependencia erogará en 2012 para los mismos productos adquiridos en 2011: alrededor de $100 millones de pesos! El asunto, por la necesidad de extenderme en detalles y cifras exactas, lo abordaré en mi próxima colaboración.
Resguardado en esa protección que le brinda buena parte de los medios, en donde dicta desde titulares hasta columnas para difamar a sus adversarios, el gobernador Duarte sale ahora a violar la Constitución y la ley electoral, campantemente. Usando ilegalmente los recursos públicos favorece al PRI. Existen varios casos, aquí refiero algunos. Tenemos el audio y los testimonios correspondientes del espectáculo que presentó Lucía Méndez, "Noches de Cabaret", el 14 de mayo en Madera, pagado con recursos del gobierno del estado, en el que se promocionó abiertamente al candidato Enrique Peña Nieto. Y el gobernador en primera fila.
En los últimos días, ante el declive del candidato presidencial de su partido, Duarte asumió directamente la coordinación de esa campaña en el Estado y empezó la repartidera de bienes y apoyos al padrón de priístas, en actos faraónicos que deben costar mucho más que lo que reparte. El 25 de mayo se trasladó al municipio de Aquiles Serdán, en donde entregó apoyos alimenticios consistentes en costales de frijol y cajas de leche a más de 2 mil personas. El 29 de mayo puso en marcha el programa social “Chihuahua Vive Sumando Color”, evento en el que encabezó la pinta de las fachadas de 5 mil viviendas en la ciudad de Chihuahua. Ese mismo día entregó 21 toneladas de papa y 25 mil 200 paquetes de leche a más de 21 mil familias de las colonias marginadas del sur de la capital.
El 31 de mayo el gobernador se dio a la tarea de entregar apoyos alimentarios que consistieron en harina de maíz y de papa, en el municipio de Bocoyna (1000 familias) y San Juanito (1500 familias). En ese mismo evento promocionó también la carretera hacia Carichi.
Además de realizar la promoción de estos programas —escudado en el problema de la sequía—, Duarte entró al terreno de la componenda luego de que la diputada priista, Guadalupe Rodríguez, en un claro intento de descalificación fallido, acusara a la candidata Josefina Vázquez Mota de entregar despensas en su visita a Chihuahua. No obstante conocer de la embustera operación de su candidata a diputada, Duarte dijo: “Estamos en un proceso federal y corresponde a las autoridades federales el desahogo a la Fepade y que en este caso se investigue, como en todos los casos se debe de investigar cuando se ponga el supuesto de la violación a la ley”.
Duarte es quien viola la Constitución y la ley. Está claro también que le importa poco, y eso que, según el propio Peña Nieto es de la generación del "nuevo PRI". Qué tal que perteneciera al viejo.

EL CAUDILLO Y LA COMISIÓN


PEDRO SALAZAR UGARTE

La defección era cosa anunciada. Cansado de las denuncias por las violaciones de los derechos humanos en su país, el caudillo respondió: “Ya basta, hasta cuándo, hasta cuándo nosotros vamos a estar con esa espada de Damocles”.
Su embajador ante la OEA anunció el tono del escape: a la Comisión y a la Corte (Interamericanas de Derechos Humanos) “prácticamente las controla una mafia internacional que se recicla entre sí y que responde a los intereses de la política hegemónica de Estados Unidos hacia la región”, dijo perentorio.
Hugo Chávez y su personero, Roy Chaderton, cumplieron la advertencia hace unos días cuando los legisladores oficialistas votaron una moción para —según dijo el presidente— afianzar “la plena independencia nacional”.
Venezuela rompió con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos con la rapidez y la fluidez con la que acontecen las cosas en las autocracias; sin discusión, sin contrapesos y sin controles.
El problema del derecho internacional es que no tiene dientes, advierten los profesores a los alumnos en las facultades de derecho. Para algunos ni siquiera es un sistema jurídico en sentido estricto porque le falta una pieza fundamental: la capacidad coactiva.
Esto es inexacto porque, al menos en materia de derechos humanos, los sistemas normativos y las instituciones internacionales han adquirido una autoridad real.
Existen instancias que sí tienen capacidad punitiva, como la Corte Penal Internacional, que juzga y sentencia a los perpetradores de genocidios, delitos de guerra o actos de lesa humanidad.
Pero, incluso cuando carecen de potestades coercitivas, las Comisiones y Cortes internacionales adoptan resoluciones que suelen ser atendidas por los Estados denunciados.
En esos casos la legitimidad de la agenda de los derechos humanos compensa las limitaciones estructurales del derecho internacional (y los errores —que también los hay— de los funcionarios internacionales).
Por eso es tan delicada la movida chavista. Su apuesta es socavar la credibilidad de un sistema construido con mucho esfuerzo para prevenir, denunciar y castigar las violaciones de derechos.
El Sistema Interamericano, hoy, es una válvula de seguridad para la democracia y sirve como un antídoto contra las regresiones autoritarias. En su génesis está la tesis —que sostenía Bobbio— de que los derechos, la democracia y la paz son tres eslabones de un mismo movimiento histórico.
Desde esta perspectiva la decisión del gobierno venezolano no es sorprendente: Venezuela tiene tiempo que dejó de ser una democracia y al gobernante le importan cada vez menos las apariencias.
De ahí lo preocupante de su acción. Chávez golpea a la Comisión Interamericana porque le estorban sus resoluciones pero también porque calcula que es un buen momento para hacerlo.
El caudillo ha olfateado la debilidad financiera y política que aqueja a las instituciones interamericanas y, también, la veleidad de las democracias en el continente.
La decisión de Chávez nos incumbe a los mexicanos porque el Sistema Interamericano es un ancla fundamental para contener el avance de los horrores que nos amenazan.
En años recientes algunas sentencias de la Corte Interamericana han abonado a la consolidación democrática. Dichas resoluciones no han transformado a la realidad porque la fuerza del derecho es limitada, pero han sido un azadón para los defensores de los derechos humanos en el país.
Y lo cierto es que el gobierno mexicano ha respetado y acatado esa sinergia entre defensores nacionales y juzgadores internacionales. Calderón metió al país en la espiral de violencia en la que estamos, pero mantiene firmes los compromisos internacionales.
De hecho, aunque parezca extraño, México se ha convertido en un importante aliado del Sistema Interamericano. Resulta paradójico, pero es cierto.
Una verdad que nos ofrece perspectiva, que honra la política exterior del gobierno en esa materia y que obliga a denunciar la afrenta chavista. 

NUESTRA EQUÍVOCA SEMÁNTICA PÚBLICA


JOSÉ RAMÓN COSSÍO DÍAZ

Uno de los problemas de nuestra vida pública es lo equívoco de su semántica. Con el  paso de los años ciertas palabras han llegado a significar algo peculiar, distinto de aquello  que, en principio, significaban. Al utilizarlas se generan sentidos por completo diversos a  los que creemos tienen, con lo cual se están propiciando malentendidos y confusiones  crecientes. Decimos una cosa pensando que va a entenderse algo cuando, en realidad,  quien la escucha entiende otra. Las razones de esta equívoca situación no son nuevas ni  responsabilidad de alguien en lo individual. El modo como se ha dado nuestro devenir  político ha generado imágenes colectivas, mitos fundacionales y transicionales,  identificación de buenos y malos, todo lo cual ha requerido de  un lenguaje para ser  expresado. El  asunto no es, desde luego, la pluralidad de  los  sentidos, pues ello es  concomitante a cualquier sociedad, particularmente a aquellas que, como la mexicana, se  encuentran en transformación.  El  problema que vivimos tampoco puede llevarnos a  postular el establecimiento de un lenguaje común e inequívoco en el que, de algún modo,  todos le diéramos a las palabras un único sentido. Se trata de otra cosa. Prácticamente,  de percatarnos de la existencia del problema. Luego, deseablemente, hacer cosas  distintas a las que venimos haciendo.
En los días que corren se habla de política. Todo, de algún modo, se vincula con ella. Sin  embargo, ¿qué estamos entendiendo por “política”? En buena medida,  no mucho más  que “grilla”. Es decir, el establecimiento de relaciones para alcanzar el poder y  beneficiarse de él. Quien hace política, podría decirse así, subordina todo a su personal  provecho a partir del modo como logra conexiones personales. Adquirir el poder o estar  cerca de quien lo ha adquirido, vendría a ser el ejercicio “político” por excelencia. La  “chamba”, el contrato, la  recomendación, la influencia, pues, dependería de “hacer  política”, de comportarse “como político”. Comer con, conocer a, estar cerca de, serían, en  este sentido, modos de hacer política. A mayor número de conocidos, a mayor cercanía,  mayor capacidad política, podría decirse.
Si por política se está entendiendo esta manera de conducir la cosa pública, es evidente  que  entre más se hable de ella, mayor distancia se logrará con quienes la ejercen y  menos legitimación se otorgará a su ejercicio. Las soluciones que se presenten a los  problemas colectivos tenderán a verse con desconfianza. Es más, sería ridículo exhortar al  voto o a la acción colectiva cuando las personas entiendan que aquello a lo que se  convoca es a privilegiar a ciertos grupos o personas. Si la política se entiende como  “grilla”, es suicida ocuparse, participar o confiar en ella.
Sin embargo y a pesar del sentido generalizado, es preciso recuperarla, darle y exigir un  significado renovado que  sustituirá a la “grilla”. Para reencauzar las cosas es necesario  darle otro sentido al lenguaje que estamos utilizando. La política es una tarea de enorme  seriedad y  consecuencias. Se trata de elegir o nombrar a quien suponemos tiene la  capacidad de resolver problemas más o menos generales. De antemano sabemos que  como la solución a esos problemas es compleja e impone enormes cargas, se requiere de  personas que, simultáneamente, sean capaces de formar los consensos necesarios para  generar divisiones y, nuevamente, hacer que las cosas pasen realmente para trasformar  la realidad. La política no puede reducirse a conocer a o a estar cerca de. Tal vez ello sea  necesario en ciertos momentos  o situaciones que requieren de un encuentro personal,  más como instrumento que como fin.
Nuestro sistema social y, por ende, jurídico, está hecho para que una buena parte de las  soluciones generales tengan que tomarse por vías políticas. Por ello, es necesario  recuperar a la política como forma de generar soluciones. Lo que estamos requiriendo es  hacer más y mejor política, más trabajo para ponernos de acuerdo en la mayor cantidad  de temas posibles. Luego, más y  mejor administración para lograr su realización. Sin  embargo, si por política, repito,  seguimos entendiendo mera “grilla” y por administración  “burocracia”, poco es lo que habrá de lograse. Si nos detenemos a pensar un momento en 
lo que queremos significar con palabras como “política” y “político” estaríamos por buen  camino. La modificación de la semántica pública es  indispensable para acometer las  cosas de manera distinta. Si hubiera una reflexión sobre lo que nos resulte “adecuado”  entender por política, estaríamos dejando de lado muchas cosas que no califican en ella. 
Así, tendríamos que comenzar por reconstruir la realidad para que, al menos, se acerque  al sentido que queremos darle. Ello pasa, a su vez, por el nombrar las cosas de manera  diferente.

LA AGENDA DE LOS JÓVENES



MIGUEL CARBONELL

Uno de los fenómenos más llamativos de las actuales campañas electorales es el movimiento de los jóvenes, agrupados bajo la denominación de #Yosoy132.
Sobra decir que, quizá, dentro de ese movimiento en realidad hay personas que buscan objetivos muy diferentes, y que parten de un diagnóstico distinto de los problemas del país, así como de las soluciones que son necesarias para que entre todos salgamos adelante. Se trata, por supuesto, de un movimiento plural, animado por fuerzas disímbolas.
Ahora bien, lo que de verdad debe importarles a sus integrantes y al resto de los ciudadanos del país es qué agenda serán capaces de articular en las próximas semanas y meses.
El movimiento parece haber demostrado que tiene la capacidad de señalar las cosas con las que no está de acuerdo. Eso es algo fabuloso y debe celebrarse como una buena inyección de oxígeno dentro de un proceso electoral que amenazaba con matarnos a todos de aburrimiento. Pero ahora viene la parte más difícil para los jóvenes que se han sumado al movimiento: decirnos con qué están de acuerdo o qué piensan (en positivo) de los problemas del país.
No basta con que nos digan lo poco que les simpatizan las empresas propietarias de los principales canales de televisión. Se trata de un punto de vista del todo legítimo pero insuficiente. De hecho, la generación que hoy día integra el movimiento tiene una ventaja que no tuvieron las generaciones precedentes, ya que ninguno de sus miembros necesita prender la tele para estar informado.
Los jóvenes de hoy cuentan con la herramienta comunicativa más poderosa que se ha inventado: internet y, sobre todo, cuentan con el enorme potencial de las redes sociales, que les permiten comunicarse entre sí y hacer llegar sus mensajes a millones de personas sin necesidad de rogar por un hueco en el saturado espacio de los medios tradicionales.
Si sus padres o sus abuelos hubieran tenido la oportunidad de disfrutar de las ventajas de Twitter y Facebook no habrían pasado tantas horas perdiendo el tiempo frente a la pantalla de una televisión.
A muchos de nosotros nos gustaría ver a los jóvenes no solamente protestando contra las televisoras, sino también aportando argumentos y puntos de vista frescos en cuestiones tan relevantes para ellos y para el futuro de México como la educación, la seguridad pública, el crecimiento económico, el empleo, la globalización, los derechos humanos, la calidad de la justicia, etcétera.
Habrá quien piense que los jóvenes del movimiento #Yosoy132 no están preparados para conformar una agenda viable sobre una problemática tan vasta; yo, por el contrario, creo que sí pueden hacerlo y todavía más: creo que están obligados a hacerlo si no quieren caer en la superficialidad y el carácter efímero que han caracterizado a otros movimientos sociales.
Solamente si los jóvenes son capaces de articular una agenda temáticamente
 bien organizada y que cuente con análisis rigurosos es que podrán ir más allá de los actos de protesta, para comenzar a configurar las propuestas que México necesita con tanta urgencia.
Ante un debate público de tan escasa calidad como el que tenemos en el país, los jóvenes que han tenido la oportunidad de alcanzar un nivel educativo superior pueden aportar muchísimo. Lo pueden hacer porque para eso se han preparado durante años y lo deben hacer porque este país también es suyo, y no solamente de la generación que hoy ocupa el poder político.
La discusión podría iniciar en cada uno de los centros universitarios que le han dado vida al movimiento, para luego conformar una especie de “mesa nacional” en la que se tomen los acuerdos básicos.
No será fácil que se pongan de acuerdo, pero ése es el precio de construir una democracia: la deliberación de las propuestas es un paso obligado para generar cualquier tipo de consenso.
Si eso ocurre, veremos un espectáculo fabuloso, en el que los jóvenes estarán demostrando su gran compromiso con el país, pero también pondrán en evidencia que tienen las ideas, los proyectos y las propuestas para hacer por México algo mejor que lo que han hecho las generaciones anteriores. Ojalá que así sea, en beneficio de todos.