miércoles, 20 de junio de 2012

EL COSTO DE LA SINRAZÓN


ERNESTO VILLANUEVA

En estos días tirios y troyanos recurren a todo para posicionar a sus candidatos presidenciales en la opinión pública. A quien le toque gobernar encontrará un país casi en ruinas. No es mi opinión personal. Es el resultado de la lectura del reporte sobre México y su competitividad del Foro Económico Mundial, que muestra cómo se encuentra la nación en el contexto mundial bajo el gobierno de Felipe Calderón. El estudio no tiene desperdicio. Veamos por qué.
Primero. El informe del Foro Económico Mundial tiene el mérito de incluir no sólo evaluaciones de sus propios analistas, sino también de mexicanos, entre ellos el subsecretario de Economía José Antonio Torre y sus asistentes Enrique Perret Erhard y Narciso Suárez, por lo cual se presume que esos resultados están avalados por el gobierno de México. El estudio incluye a 142 países, y la primera mirada sobre México no deja lugar a dudas sobre lo mucho que deberá rehacerse a partir del 1 de diciembre de este año.
En lo que se refiere a la estructura de las instituciones públicas, México se localiza en el lugar 109 de 142. La fallida estrategia de Calderón contra el crimen organizado y la inseguridad ha tenido un altísimo costo para hacer negocios en México al ubicar al país en el lugar 139; es decir, a tres sitios del último del mundo, que no es poca cosa. El sector educativo (incluyendo todos los niveles, de primaria a posgrado) tiene una “pobre calidad” que ubica a la nación en el lugar 107. Hace cuatro años estábamos en el 79, también muy mal, pero ahora estamos peor. En el diseño de las políticas públicas del mercado laboral, tenemos el nada honroso sitio 114. Así, resulta gravísimo lo que hemos caído para este año.
Segundo. Los problemas que señala el reporte como los principales obstáculos para invertir en México son, en orden descendente, los siguientes: 1) Crimen y robo, 2) Corrupción, 3) Ineficiencia del gobierno, 4) Acceso a financiamiento, 5) Regulación de impuestos, 6) Restricciones de la política pública laboral, 7) Infraestructura inadecuada, 8) Tasas de impuestos, 9) Fuerza de trabajo mal preparada, 10) Inestabilidad política, 11) Reducidos valores éticos en la fuerza de trabajo, 12) Inflación, 13) Inestabilidad gubernamental, 14) Regulaciones inadecuadas al manejo de divisas, y 15) Pobre sistema de salud pública.
En algunos indicadores, como en el de las instituciones, México pasa de panzazo, pero ello no significa que tales resultados sean mínimamente positivos, pues no colocan al país en la lista de los primeros 70, salvo en políticas públicas de transparencia, donde sí alcanzó el número 70, aunque casi todos los “transparentólogos” mexicanos esperarían que estuviera en los primeros 20 sitios. El indicador más bajo se localiza en la confianza pública en los políticos, con 2.2, seguido del favoritismo de los gobernantes para la toma de decisiones, con el 2.9. El mejor rubro es el concerniente a la protección de la inversión extranjera, que registra 6 puntos en una escala de 0 a 10.
Tercero. Por lo que se refiere a la infraestructura, los indicadores más bajos son la calidad del suministro de energía eléctrica (sitio número 83) y acceso a los teléfonos celulares (puesto 96). Y en lo que respecta a la salud y a la educación primaria, sorprendentemente México está en el número 80 por casos de malaria, a diferencia de la tuberculosis, donde se ubica en el número 40. La calidad de la educación primaria pública es muy pobre (lugar 121), aunque, eso sí, hay una gran cobertura, pues este es el único caso en que el país alcanza el número 22.
Este hecho, empero, no es útil al pueblo, sólo al Sindicato de Trabajadores de la Maestra. Tenemos muchos espacios para estudiar, pero muy malos. Algo similar sucede con la educación secundaria, preparatoria y superior, donde México se posiciona en el número 107 por su calidad educativa, pero en el número 64 por cuanto se refiere a la disponibilidad de espacios para estudiar. Lo anterior pone de relieve la urgente necesidad de hacer una cirugía mayor en el sistema educativo nacional que pase por acotar la negociación de la ley con los maestros, la idoneidad de los profesores y el diseño de programas de estudio que permitan crear ciudadanía. Hoy la educación pública es sólo una ilusión que sirve como instrumento para generar en los mexicanos seguridad psicológica.
Los datos duros de una institución internacional que se presume ajena a las intrigas políticas domésticas es fuente de múltiples interpretaciones. Lo cierto, con todo, es que nadie puede sostener que con los gobiernos del PAN México está mejor que antes en el contexto mundial; antes bien, entre muchas otras cosas, confirman que la guerra de Calderón ha tenido altísimos costos no sólo en lo obvio (vidas humanas, pérdida de espacios públicos y seguridad), sino también en la inversión extranjera y la creación de empleos, que paradójicamente fue el lema de campaña de Felipe Calderón. El próximo 1 de julio los ciudadanos decidirán si se refrenda esta ruta que se ha seguido con Calderón y el PAN o cambiamos de rumbo para reconstruir lo que queda del país.

CALDERÓN, DESESPERADO; LA CONTIENDA ENTRE EPN Y AMLO


JESÚS CANTÚ ESCALANTE

El presidente Felipe Calderón sabe que se configuró el peor escenario para él: un empate técnico en la disputa por la Presidencia de la República, en la que la candidata de su partido no participa y, al contrario, se encuentra rezagada en un tercer lugar. Por ello no pudo contenerse y optó por entrometerse en el debate de los candidatos presidenciales tratando de ganar el posdebate y, de esa forma, frenar el ascenso del candidato del Movimiento Progresista, Andrés Manuel López Obrador.
López Obrador le dio pie para su intervención, pues efectivamente se equivocó al señalar que los 300 mil millones de pesos de ahorro en el gasto corriente de la Federación serían producto de la reducción a la mitad de los salarios de los altos funcionarios. En realidad, provendría de todas las partidas del gasto corriente, que se incrementó de manera desproporcionada en los 11 años de gobierno panista.
La pifia del perredista permitió al presidente enviar de inmediato su mensaje por Twitter: “Si el gobierno despidiera a todos los altos funcionarios, de director a presidente, ahorraría 2 000 mdp, no 300 000 mdp. ½ sueldo 1 000 m.”. Lo cual hacía aparecer al candidato presidencial como una persona totalmente fuera de la realidad.
No conforme con eso, al día siguiente el presidente envió a su secretario de Hacienda, José Antonio Meade, a retomar el tema y precisar que el gobierno destina a salarios 264 mil millones, de los cuales únicamente el 0.7% corresponde a los altos funcionarios, lo que representa la cifra de mil 848 millones de pesos, cercana a los 2 mil millones que refirió el titular del Ejecutivo. Para no dejar lugar a dudas de que la embestida era contra AMLO, el secretario remató: “…un programa económico que descansa en la ficción o en el engaño ha sido el principal ingrediente de la tragedia griega que hoy estamos viviendo”.
Ganar la agenda mediática en el posdebate permitiría a Calderón afectar las preferencias electorales del dos veces candidato presidencial de la izquierda, pero no le aseguraba que Josefina Vázquez Mota se metiera a la pelea. Aunque ciertamente JVM había solicitado precisiones al perredista, no había atinado a contradecirlo, como no pudo hacerlo ninguno de los otros participantes en el debate. Así que el martes 12 Calderón tuvo que salir directamente a señalar: “Esta elección no está decidida (…) Esta elección se va a decidir el 1 de julio entre tres, bueno, entre cuatro de esos candidatos, por lo menos tres de ellos muy competitivos. Y creo que va a ser una elección igualmente competitiva, donde cada voto va a contar. A mi juicio, cualquiera de los candidatos en este momento, especialmente los punteros, puede ganar”.
El 23 de febrero, Calderón afirmó ante los consejeros de Banamex que el aspirante tricolor, Enrique Peña Nieto, aventajaba a la abanderada blanquiazul por escasos 4 puntos porcentuales; es decir, en ese momento la disputa por la Presidencia se reducía a dos: Peña Nieto y Josefina; tres meses y medio después, mantiene su postura de que la contienda no está definida, pero ahora ya es una carrera con tres participantes principales. Es su intento desesperado por evitar que AMLO llegue a Los Pinos.
No hay que revisar las encuestas para saber cómo va la contienda; basta ver la actuación de los candidatos y de los actores políticos que los rodean o arropan. El domingo, López Obrador y Peña Nieto salieron a exponer sus puntos de vista. Incluso, en un sorprendente giro, el perredista se desentendió de sus opositores, hasta del tricolor, para dedicarse a exponer sus propuestas, lo cual fue correspondido por el priista, quien tampoco se ocupó de atacarlo.
En contrapartida, la panista repartió sus ataques entre los otros tres contendientes, pues hasta Gabriel Quadri alcanzó su parte; y éste, a su vez, atacó particularmente a AMLO y trató de obligar a sus adversarios a pronunciarse sobre temas específicos.
De acuerdo con las encuestas posteriores al debate, éste no provocó mayores cambios en las preferencias electorales, por lo cual será el posdebate el que finalmente defina la contienda. A pesar de que hay una creencia generalizada en que la figura principal del encuentro del domingo fue la abanderada blanquiazul, su distancia era tan grande, y el impacto de su actuación sobre la intención de voto tan pequeño, que no alcanza a meterse en la pelea por más que Calderón trate de introducirla artificialmente.
Puesto que los cambios registrados no parecen suficientes para desempatar la contienda entre Peña Nieto y López Obrador, el resultado dependerá de quien logre dominar la agenda mediática en los siguientes 10 días: Si el tema prevaleciente son los ahorros que ofrece López Obrador, salvo que haya una respuesta contundente y precisa de él o de alguien de su equipo, las posibilidades de Peña Nieto crecerán; si lo que se sostiene son los convenios de Peña Nieto con las compañías de comunicación, mexicanas o extranjeras, serán las posibilidades de AMLO las que se incrementarán.
La gran diferencia entre esta elección y la de hace seis años es que a los opositores del tabasqueño se les acortó el tiempo para orquestar la campaña en su contra, pues debido a los bajos porcentajes de preferencia electoral que mostraba hasta hace unas semanas, nunca imaginaron un escenario como el actual. A pesar de ello, falta ver la embestida final y, desde luego, la operación del día de la jornada electoral, donde seguramente proliferarán los intentos de manipulación de la voluntad popular mediante la compra y coacción de votantes.
Lo cierto es que el segundo debate no modificó sustancialmente el escenario, y como dice Calderón: “la elección no está decidida”. Pero la contienda hoy es entre dos, no entre tres, como él afirma.

jueves, 14 de junio de 2012

POR QUÉ ES IMPOSIBLE UN FRAUDE


JOSÉ WOLDENBERG

Sí, un fraude; modificar, alterar, maquillar, los votos que se depositan en las urnas.
Para hacer fraude se pueden tomar varios caminos: trucar la lista de electores, colocar funcionarios de casilla facciosos, alterar el cómputo, manipular el material electoral.
Pues bien, ¿qué sucede entre nosotros? El padrón electoral y la lista nominal de electores son revisados por 333 comisiones de vigilancia en las que participan todos los partidos políticos. Se trata de 300 comisiones distritales, 32 estatales y una nacional. Tienen acceso a la base de datos y la posibilidad de realizar un seguimiento puntual de su elaboración. Además son instrumentos que se auditan una y otra vez y un comité técnico -con científicos de primer nivel- dictamina sobre ellos. El padrón y la lista fueron aprobados sin impugnaciones y cualquier ciudadano con credencial puede checar si aparece en él. La época de los rasurados (ciudadanos que eran cercenados alevosamente de la lista) y los fantasmas (ciudadanos inexistentes a los que se expedía credencial para votar) quedó atrás.
Las boletas son infalsificables. Se elaboran en papel seguridad que tiene fibras visibles e invisibles, sellos de agua, están foliadas, contienen el nombre del municipio en el cual deben usarse y son elaboradas en exclusiva por Talleres Gráficos de México. Son distribuidas por el IFE con el apoyo del Ejército y la Marina. Se trata, por supuesto, de evitar su falsificación y/o trasiego. Y ambas cosas se han logrado.
Las credenciales de elector están plagadas de elementos de seguridad que las hacen infalsificables. Cuando se han encontrado imitaciones no pasan la prueba del ojo y sobre todo no sirven para votar porque no aparecen en el listado nominal. A las credenciales se les marca una vez que el ciudadano vota, para evitar que vuelvan a ser utilizadas, y para impedir el doble voto -suponiendo que un ciudadano tuviera dos credenciales- se marca el dedo pulgar del elector con tinta indeleble. Además, para el momento de la votación existen mamparas con una cortinilla que permite la entrada de un solo votante, de tal suerte que incluso si fue presionado o coaccionado pueda emitir su voto en libertad, sin que nadie lo observe.
Los funcionarios de la casilla son ciudadanos residentes en la sección electoral que luego de un sorteo y de una somera capacitación actúan como presidentes, secretarios y escrutadores. No son funcionarios del IFE, sino ciudadanos que generosamente aceptan recibir y contar los votos de sus vecinos. Y ningún dedo todopoderoso los designa, sino que el azar -doble insaculación- y una rápida instrucción los habilita como las autoridades de la casilla. Es difícil pensar que puedan amafiarse para beneficiar o perjudicar a alguien, pero, por si las moscas, los partidos tienen el derecho de nombrar a sus propios representantes, que pueden observar todo el proceso desde la instalación hasta la clausura de la casilla, incluyendo por supuesto el conteo de los votos. No hay excusa para que los grandes partidos dejen de tener representantes en todas y cada una de las casillas.
Los votantes tienen que identificarse con su credencial y los representantes de los partidos cuentan con una copia de las listas nominales con fotografía para que chequen los datos del eventual elector y su rostro. Una vez que termina la votación, el cómputo lo hacen los funcionarios de casilla en presencia de los representantes de los partidos (e incluso de observadores registrados previamente en el IFE). Y los resultados son asentados en un acta, de la cual se da copia a todos y cada uno de los representantes de los partidos, y los resultados se despliegan fuera de la casilla para que los vecinos los puedan conocer.
El presidente de la casilla, acompañado por los representantes de los partidos (no vaya a ser que en el camino le entre la tentación del fraude), lleva los paquetes electorales y, por fuera de ellos, las actas del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), a uno de los 300 consejos distritales del IFE, desde donde, tal y como van llegando, se trasmite la información a un centro de cómputo en la Ciudad de México. Esa computadora está conectada directamente a internet para que cualquier persona, desde cualquier lugar del mundo, pueda observar cómo se van agregando los resultados no sólo a nivel nacional, sino también circunscripcional, estatal, distrital e incluso casilla por casilla (recuérdese que los partidos cuentan con las copias de las actas de escrutinio de las casillas y las pueden confrontar con los resultados del PREP).
Pero el PREP es sólo un sistema para informar la noche de la elección. El cómputo oficial inicia el miércoles siguiente en los consejos distritales, en donde se reúnen el presidente (único funcionario del IFE), seis consejeros ciudadanos y los representantes de los partidos.
Pueden producirse irregularidades en una casilla o en un conjunto de casillas. Pero un fraude maquinado centralmente es imposible.

POR QUÉ VOTARÉ POR LÓPEZ OBRADOR


RAÚL CARRANCÁ

En primer lugar qué bueno que hayamos tenido un debate, es decir, que en un foro, a pesar de sus imperfecciones y fallas, hayamos podido escuchar a los candidatos presidenciables. Esto no se veía antes en México, salvo en una lejana "pasarela" que fue más bien una exhibición de ambiciones personales. Desde luego nadie es perfecto en la política ni tampoco en la vida, y por lo mismo hay que fijar la atención en el menos imperfecto en todos los sentidos, individuales y sociales. Desde mi punto de vista ninguno de los presidenciables puede siquiera aspirar, ni remotamente, a lo que es un verdadero orador. Por cierto, dos ex candidatos, Porfirio Muñoz Ledo y Diego Fernández de Cevallos, los harían pedazos con su potencia oratoria. Lo que pasa es que López Obrador no pretende serlo, así que no le viene el saco. Habla con su estilo y a su manera, nada más. No tiene las estridencias demagógicas ni el estilo tosco de ella, agresivo sin nada de elegancia; ni el manoseado sonsonete de esos malos concursos de oratoria del PRI; ni menos la insuficiencia verbal, rígida en su pobreza, de un profesor que habla ante un auditorio inerme. López Obrador es lo que es, y punto. Explica, analiza, pondera. No utiliza ambages ni artificios retóricos aprendidos a última hora. Estaremos de acuerdo o no con él, pero comparado con los otros maneja la tesis, rebate la antítesis y logra la síntesis con una tranquilidad que, por ejemplo, contrasta con la gritería estridente de Vázquez Mota. Algo importante al respecto es que desde el punto de vista de la geometría política México ya reclama la presencia de la izquierda progresista en el poder. Por simple peso en la balanza del acontecer político y por rescatar la gran tradición liberal del país.
Ahora bien, el segundo y último debate puso de relieve elementos suficientes para contrastar y decidir. Vázquez Mota rijosa, pendenciera, agresiva y para mi gusto hasta vulgar (qué lejos de la gran oratoria parlamentaria). Obsesionada con "eliminar" el fuero y con los juicios orales, ignora que el primero no lo permite la Constitución (artículo 13) y que los segundos andan con muletas si es que no han sido un fracaso. López Obrador fue el único que habló en serio de la violencia e inseguridad y del rescate auténtico de la política internacional de México. Quadri, que criticó el declive de esa política en el mundo, incurrió en una gravísima omisión, lo mismo que Peña Nieto que también habló de ella, al no recordar a Isidro Fabela, promotor magnífico de esa política en sus Cartas al General Cárdenas. Además, ambos omitieron hacer una evocación de la doctrina Estrada, punto de arranque de aquélla. ¿Por qué Peña Nieto no trajo al debate -¿olvido, ignorancia?- el hecho de que quien "sacó al PRI de los Pinos" tuvo en su momento palabras despectivas, igual que su canciller, para tan notable doctrina que predominaba hasta la fecha, cargada de sentido común y de lógica política? Pudo haber hecho una defensa de la misma y de su prevalencia en su partido. Hablando en términos tauromáquicos se le pasó la lidia de uno de sus mejores toros. En suma, votaré por López Obrador porque a mi juicio es quien nos ofrece el mejor proyecto que sólo un iluso -y él no lo es- podría abandonar en caso de triunfo, asumiendo, claro, consecuencias incalculables. El miedo de alguna gente es programado, manipulado, inducido, mediante el enorme poder de los medios de comunicación. Sería un acto político que llevaría al vacío el que López Obrador, en la hipótesis, encabezara un cambio violento en cualquier sentido. No le serviría a él ni a nadie. Ese miedo, por lo tanto, corresponde a un infundio, es patraña que lleva tendencia. Cosa distinta es que su programa no convenza, aunque yo sostengo que es el mejor estructurado para un cambio verdadero y por eso depositaré mi voto a favor de él, como lo harán millones de mexicanos. La hora de la verdadera encuesta está por llegar. Hay que votar, ya que la abstención es el peor enemigo de la democracia. 

LA SOBERBIA DE TELEVISA


JENARO VILLAMIL

Las nuevas revelaciones del periódico británico The Guardian confirman lo que Proceso ha documentado e investigado desde 2005 a la fecha sobre la trama entre Enrique Peña Nieto y Televisa: la construcción de un proyecto político que se realizó a costa del erario público y de atropellar el elemental derecho de las audiencias para no ser engañada con publicidad disfrazada de información.
The Guardian retomó lo que se ventiló en uno de los cables divulgados por Wikileaks en 2011 y también agregó elementos para indicar que Televisa firmó contratos millonarios con el gobierno de Vicente Fox para inducir una percepción negativa en contra del entonces jefe de Gobierno capitalino, Andrés Manuel López Obrador.
El periódico británico le ha llamado “contabilidad creativa” a esta estrategia del consorcio televisivo y publicitario para encubrir los contratos y los montos reales de los convenios a través de empresas intermediarias. Proceso ha señalado que se presume una “doble contabilidad” que puede constituir un fraude a accionistas minoritarios.
La reacción de Televisa frente a estos nuevos elementos la pinta de cuerpo entero. Con Proceso fue una negativa visceral. Acusó a este reportero y a la revista de actuar “por consigna”, como si investigar los negocios del poder público con la televisora fuera un asunto confidencial. Con The Guardian pidió “disculpas públicas”, como si ellos hubieran hecho lo mismo con decenas de personajes empresariales, políticos y sociales a los que han linchado en pantalla cuando así conviene a sus intereses.
El “Plan de Acción” entre TVPromo-Radar, filiales de Televisa, y el gobierno de Peña Nieto no se modificó ni se canceló, a pesar de haberse ventilado desde octubre de 2005. Al contrario, en una demostración de soberbia, la empresa televisiva lo aplicó a otros gobernadores sin que ninguna autoridad lo frenara. Mucho menos el PRI, partido que cedió su condición de entidad de interés público para ponerse a las manos de los mercaderes de la pantalla. Pasaron de la lógica del “partido hegemónico” a la de políticos al servicio de la “televisión hegemónica”.
Peña Nieto se volvió un “modelo” a seguir. Le dieron la vuelta a la ley electoral, a la Ley Federal de Radio y Televisión y a la propia Constitución para convertir los programas informativos y los contenidos de entretenimiento y hasta de deportes en un escaparate de venta de percepciones a favor de los políticos que pagaron exorbitantes sumas.
Nadie los paró a tiempo. A pesar de que los políticos se quejan de los “abusos” y de la soberbia de Televisa, han acabado por ceder al poder del monopolio, temerosos de ver difundidos sus errores y sus expedientes negros en la pantalla.
La soberbia de Televisa fue alentada y consentida por gobernadores y por el propio gobierno federal. El primer mandatario Felipe Calderón, enredado en su ilegitimidad de origen y comprometido con los spots “cedidos” por Televisa en la campaña del 2006, ha gastado en casi seis años más de 50% de 19 mil millones de pesos dilapidados en gastos de comunicación social para favorecer al imperio mediático. Tan sólo hay que recordar las “teleseries” y los telemontajes de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) federal para tener una idea de lo invertido en el Canal 2 y las otras señales de Emilio Azcárraga Jean.
El resultado está a la vista. Al gobierno de Calderón no le sirvió para frenar la ambición de Televisa y caer en un descrédito generalizado. Su sexenio fue el que más prebendas y “gangas” otorgó a la televisora: desde la fibra óptica de la Comision Federal de Electricidad (CFE), la fallida licitación 21, los contratos a la telefónica Bestel (ISSSTE e IMSS), el freno a la posibilidad de una competencia real en televisión abierta, la autorización a una mayor concentración en empresas de televisión por cable y la inminente autorización para la fusión Televisa-Iusacell.
Los llamados Cuatro Fantásticos de Grupo Televisa se han enriquecido de una forma grosera en este periodo. El megayate TV de Emilio Azcárraga Jean, documentado por Proceso, es tan sólo un botón de muestra de lo que ellos consideran un lujo que vale la pena tenerlo, pero en secreto. Enfermos de soberbia, los principales cuatro ejecutivos de Televisa (Azcárraga Jean, Bernardo Gómez, Alfonso de Angoitia y José Bastón) no entienden lo que está sucediendo.
En las últimas semanas han reforzado las medidas represivas contra sus propios trabajadores. La paranoia es la otra cara de la soberbia. Creen que desde adentro existen “traidores” y no se dan cuenta que el maltrato a reporteros, productores, actores y publicistas es el camino empedrado para su propio infierno.
Creen que las marchas de los jóvenes del movimiento #YoSoy132 se pueden ocultar creando movimientos “alternos” como GeneraciónMx, un grupo sin representatividad alguna que tiene todas las características de los productos al estilo Televisa (Iniciativa México (Mx), por ejemplo). Creen que #YoSoy132 es un grupo manipulado o sobredimensionado para favorecer a López Obrador.
Frente a la crisis de opinión pública que viven, creen que con sacrificar a funcionarios menores (como el mismo caso de Alejandro Quintero, director de TV Promo) van a tapar el sol de su impudicia.
Creen que tienen aún el bono del rating cuando han perdido de forma acelerada el único bien intangible que no se compra: la credibilidad.
Piensan que todo es una crisis pasajera, administrable, resultado del ánimo electoral, de la disputa entre Peña Nieto y López Obrador. A la panista Josefina Vázquez Mota la utilizan para hacer negocios, no la consideran una interlocutora válida. Ahora buscan, desesperados, quedar bien con el “peligro para México”, el mismo político al que han “dado por muerto” decenas de veces y hoy asciende en las preferencias electorales.
La soberbia los vuelve a cegar.
Los expedientes de Proceso, The Guardian, Wikileaks y otros muchos grupos, como Televileaks, creado por su exsocio Simón Charaf, no constituyen un pasaje efímero. Anuncian el fin de una era de televisión hegemónica.
Los 19 días restantes pueden ser el éxito de la Primavera Mexicana y el Otoño de Televisa, como aparato de poder salvaje, sin contrapesos, soberbia y sin autocontención. Es demasiado tarde para el gatopardismo. Es el tiempo de la democratización de los medios masivos mexicanos.

CUANDO SE TRATA DEL HONOR Y DE LA VIDA PRIVADA


GENARO DAVID GÓNGORA PIMENTEL

Louis Nizer, destacado abogado norteamericano acostumbra aconsejar a todos los que acuden a su despacho para pedirle que los ayude a demandar a quienes los han ofendido, contando falsedades sobre ellos, que no lo hagan, y entonces el ejemplo que les pone es el siguiente: “si tu cruzas la calle en un día de lluvia y un automóvil con una velocidad inusitada pasa a un lado y te salpica lodo, no trates de limpiarlo inmediatamente. Si lo haces tratando de limpiar de inmediato tus ropas, lo único que lograrás será el que todo el traje quede manchado. Espera un día o dos hasta que el lodo se seque y entonces podrás quitarlo sin problema”.
Este consejo lo dio a muchas personas que deseaban demandar: gobernadores, autores famosos, jueces, etc. En muchos casos las publicaciones que contienen los comentarios injuriosos, mentirosos, indudablemente pagados por los enemigos, si se inicia un juicio en contra de ellos inmediatamente, será la calumnia conocida en todos lados y a lo mejor de manera internacional. Cuando la publicación calumniosa se conoce se hace más grande por curiosidad, aún cuando a la postre se pruebe que es falsa, por tanto no se aconseja iniciar una demanda por daño moral además es raro que personas distinguidas que han sido agraviadas con libelos, sufran en sus finanzas. La preminencia de la reputación de la personalidad, es una defensa en contra de que vayan a tener problemas financieros. La comunidad continua teniendo a esas personas en alta estima. Yo les he pedido que esperen un poco de tiempo hasta que el lodo se seque y el libelo se quite, entonces pueden tener una mayor perspectiva de la irresponsabilidad de la fuente y de cómo los lectores tienen una extraordinaria capacidad para olvidar.
Este consejo del abogado Louis Nizer lo he dado yo también a algunos amigos indignados por publicaciones hechas en los periódicos. No debemos tener rencores con los periodistas, incluso el más corrupto de ellos, no lo olvidemos, de eso vive. Al contrario cuando lo veamos vayamos a saludarlo de inmediato, sin guardarle rencor. Si además hay algún periodista, generalmente odiado por la gente porque sus publicaciones son claramente influenciadas por los enemigos políticos de quien se trata.
Ellos solos se labran una fama de corruptos y malandrines. Si a pesar de todo tienen un enorme éxito como el caso de uno de ellos de quien yo acostumbro leer sus columnas para asombrarme siempre de las mentiras y exageraciones que publica, como alguna vez lo hice incluso le hablé por teléfono para felicitarlo por alguna publicación, quedó en venir a mi oficina a tomarse un café, lo que nunca cumplió, sin duda le remordió la conciencia. Respetemos a los periodistas y más ahora que vivimos dentro de la República del Amor. 

NOCHE DEL 1° DE JULIO: GUÍA CONTRA ACELERADOS


CIRO MURAYAMA RENDÓN

En toda elección auténtica y competida son críticas las horas que siguen al cierre de las urnas. La incertidumbre en el resultado, propia de una justa democrática, debe desvelarse con toda transparencia e información confiable para evitar una feria de especulación y desconfianza.
Este primero de julio viviremos una elección auténtica y competida. Por eso va a ser vital la difusión de los resultados y, no menos importante, la conducta de los actores políticos.
Lamentablemente, en este último terreno no tenemos los mejores antecedentes. La elección a gobernador en Michoacán de noviembre pasado es un ejemplo redondo de irresponsabilidad política de los tres principales contendientes (PAN, PRI y PRD). Su actuación es una guía de lo que no debe hacerse: 1) cada uno de los candidatos aseguró que tenía ganada la elección antes de que los ciudadanos acabaran de votar; 2) al cierre de las casillas cada candidato se atribuyó el triunfo basándose en sus propias encuestas y organizó un mitin de la victoria y, 3) cuando se fueron conociendo los resultados oficiales los dos perdedores denunciaron fraude.
Además de exigir que se eviten esas conductas, ¿qué puede hacer el ciudadano de a pie? Familiarizarse con las fuentes de información de resultados electorales y saber qué tan confiables son. Hay tres instrumentos que generalmente se usan para conocer resultados el día de la elección. Veamos.
1. Exit polls o encuestas de salida. Se diseña una muestra de casillas, el encuestador espera al elector que sale de depositar su sufragio, y le pide que le diga por quién votó (generalmente a través de depositar una boleta simulada en una urna simulada). A partir de esas respuestas se estima un resultado. Las encuestas de salida no son muy fiables, porque se basan en lo que el ciudadano declara haber votado. Si varios encuestados dicen que votaron por A y en realidad lo hicieron por B o C, alteran el resultado de la encuesta y ésta pierde precisión. El exit poll no es fiable en una elección cerrada ni lo es el político que se declara ganador con datos obtenidos de esa forma.
2. Conteos rápidos. Esta herramienta es mucho más fiable. Se cuenta con una muestra representativa de casillas de todo el país y, una vez que concluye la votación y se hace el conteo de votos, se recogen los resultados de esas casillas. Así se estima un resultado agregado. Como la fuente de información son votos depositados y contados, es muy confiable. Con los conteos rápidos se supo, a las 11 de la noche del día de la elección en el 2000, que habían acabado siete décadas de hegemonía del PRI.
En 2006, como la elección se decidió por una diferencia menor a un punto porcentual, los conteos rápidos no pudieron arrojar un ganador. Este primero de julio, el IFE hará un conteo rápido y nos dará sus resultados a las 11 de la noche. Sabremos si hay ganador por suficiente margen o si la elección es muy cerrada y entre quiénes. Si el conteo del IFE no permite conocer ganador, en automático sabremos que si alguno de los contendientes se autoproclama vencedor, estará haciéndolo sin pizca alguna de responsabilidad.
3. El Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP). A diferencia de los instrumentos anteriores, no es un ejercicio de estimación estadístico. El PREP captura y publica en internet los datos de las actas de escrutinio y cómputo de todo el país tal cual van llegando a los consejos distritales del IFE. La velocidad de incorporación de los datos al PREP depende, básicamente, del tiempo de traslado del lugar de la casilla al consejo distrital del IFE. El PREP opera de forma ininterrumpida por 24 horas desde las 8 de la noche del día de la elección. En la madrugada, habrá captado prácticamente la totalidad de los resultados electorales casilla por casilla.
En suma, el domingo primero de julio conviene estar muy atentos al conteo rápido y al PREP del IFE, e ir exigiendo a los candidatos que no quieran ser juez y parte para autodeclararse ganadores.

martes, 12 de junio de 2012

LOS ESRATEGAS


JORGE ALCOCER

Ante la pregunta ¿quién ganó el segundo debate? Mi respuesta es: los estrategas.
Son personajes que prefieren, por lo general, el anonimato, estar en la sombra, no aparecer en las fotos ni dar conferencias de prensa. Son consejeros áulicos a los que candidatos y equipos de campaña escuchan con atención, y en ocasiones con reverencia. Si su candidato gana la elección, consignarán en sus currícula el trabajo desempeñado; si pierde, omitirán el dato.
Para formular sus instrucciones, los estrategas tienen como libro de cabecera la encuesta más reciente, y como guía -para su asesorado- "hacer lo que quiere la gente". Intervienen en las decisiones del candidato hasta el mínimo detalle, desde el tono y tonada del mensaje, hasta la vestimenta y el corte de pelo. Han sustituido a los dirigentes partidistas en el análisis político y en la determinación de los tiempos y movimientos de la campaña; varios de ellos son extranjeros, pero el 33 es letra muerta.
El domingo vimos un caso de disciplina extrema a lo que opinan los estrategas, como lo aceptó Andrés Manuel López Obrador en su discurso en Guadalajara al término del debate: "Nos funcionó la estrategia. Le hice caso a mis asesores, y ¿saben quiénes son mis asesores?, los mexicanos, la gente, el pueblo" (Reforma, 11/06/12, p.12). Me quedo con la primera parte de la confesión.
El candidato de las izquierdas ha vivido esta campaña en una permanente tensión entre lo que piensa y quiere decir, y los consejos de sus asesores, empeñados en bajar los negativos que, respecto a López Obrador, las encuestas reflejaban desde el arranque de las precampañas, allá por diciembre de 2011. Lo consiguieron, si a las últimas mediciones atendemos. Sin embargo, en días pasados el candidato empezó a salirse del guión, reviviendo el discurso de la desconfianza y la denuncia del fraude. Un hecho inesperado, la encuesta de Reforma, parece haber sido el mejor aliado de la estrategia de no confrontar, de no atacar, y a ella retornó el tabasqueño.
Que sus estrategas optaron por esa vía, no cabe duda; en cambio no sabemos si eso era lo que esperaban los seguidores de Andrés Manuel, los de a pie y los del llamado círculo rojo; lo único cierto es que, en su última oportunidad de contraste directo con sus adversarios, prefirió el tono conciliador, la oferta del gobierno para todos, las promesas de resolverlo todo en una república tan amorosa como dadivosa, de la que todo recibiremos, sin dar nada a cambio. Seguramente a su electorado fiel lo que haga o deje de hacer, lo que dijo o dejó de decir, les tiene sin cuidado; pero a los indecisos, y dentro de ellos al universo de jóvenes electores, que significan más del 30% del total, ¿qué les habrá parecido?
Josefina Vázquez Mota también hizo caso a sus estrategas, como lo anticiparon sus spots de TV y radio; en el debate decidió poner su resto atacando a dos flancos e incluso dándose tiempo para ponerle un alto a Gabriel Quadri. La rijosa fue ella, pero sus obuses tenían pólvora mojada, eran previsibles y por tanto ineficaces para poner en aprietos a sus dos adversarios. Combinar el ataque con la propuesta la hizo perder en contundencia, de forma tal que nunca pudo lograr un efecto memorable, recordable, de esos que alteran preferencias y modifican encuestas.
Sus ataques a López Obrador quedaron nulificados por el negativo impacto de su spot de TV, en el que, sin pudor alguno, un discurso de aquél fue editado para hacerlo decir lo que no dijo. El IFE ya ordenó la suspensión de ese mensaje. En el tema de política, Josefina se corrió a la extrema derecha al proponer eliminar por completo los diputados plurinominales. Eso es, dirán sus estrategas, lo que quiere oír la gente, aunque la hagan escupir al cielo, a ella que dos veces ha sido diputada plurinominal.
Como anticipó en varias entrevistas, Enrique Peña Nieto usó la mayor parte de su tiempo en esbozar propuestas, igualmente dadivosas. Una y otra vez dejó para una siguiente intervención completar sus promesas; se apegó al guión y al hacerlo dejó a Josefina boxeando con su sombra. Se trataba de proteger la ventaja y evitar ser noqueado. Lo logró.
Ya veremos lo que dicen las encuestas. En tanto, mi impresión es que los cuatro candidatos salieron del segundo debate como entraron. Lo que ocurra de ahora al 1o. de julio dependerá de nuevos factores, o de la inercia.

¡Y NO LO DIJO!


MARÍA AMPARO CASAR

Y no lo dijo. No hubo manera de que se pronunciara a favor de la institucionalidad que exige el éxito de cualquier proceso democrático. No hubo forma de que dijera de cara a todo el auditorio que observó el debate: "Gane o pierda yo, Andrés Manuel, admitiré el resultado electoral"; "Yo, Andrés Manuel, acepté entrar al proceso electoral bajo la normatividad vigente, me registré ante la autoridad electoral, recibí las prerrogativas de ley para hacer campaña, me beneficié de los tiempos del Estado en radio y televisión que correspondieron a los partidos que me postularon y, en consecuencia, reconoceré también los resultados".
Hace unas semanas comenzó a disolverse la percepción de inevitabilidad del triunfo de Peña Nieto. A pesar de la todavía gran ventaja que el promedio de encuestas le otorga, a 15 días del cierre de campañas hay una saludable dosis de incertidumbre sobre el resultado. De ello tenemos que congratularnos. Uno de los principales criterios para definir si hay o no democracia en un país es precisamente esa incertidumbre.
Pero el otro criterio, la certidumbre sobre la aceptación de las reglas del juego, de los resultados y de la transmisión pacífica del poder, no está presente. Nadie ha sido capaz de convencer al candidato del Movimiento Progresista a comprometerse con el veredicto de las urnas. Por el contrario, la dilución de la inevitabilidad del triunfo de Peña Nieto y la tendencia al alza en las preferencias por AMLO han llevado a construir un discurso que abona el terreno para un conflicto post electoral en caso de perder. Paradójicamente, la posibilidad de ganar ha llevado a AMLO a insistir en que la elección está manipulada y se prepara el fraude electoral.
Si salvamos la institucionalidad democrática que aún con sus grandes imperfecciones se ha construido a lo largo de las últimas décadas, ningún candidato y ningún partido serían un peligro para México: ni la continuidad del PAN, ni la mal llamada restauración del PRI, ni la llegada a la Presidencia de López Obrador.
Puede gustar o no la plataforma de gobierno que ofrece AMLO, pero su triunfo no es un peligro para México. Lo que es un peligro es su derrota y su insistencia, en esta ocasión anticipada, en cantar la puesta en escena de un fraude y la preparación de un conflicto postelectoral en caso de ser derrotado.
Ese es el problema de AMLO y lo que lo puede volver a llevar a la derrota. Lo que lo hace poco confiable ante buena parte del electorado es su incongruencia y ausencia de credenciales democráticas. Su juego doble frente a las instituciones, frente a las encuestas, frente a las reglas para acceder a los cargos públicos y, de paso, frente a las que rigen el ejercicio del poder.
AMLO se dice congruente pero lo ha sido únicamente en el desconocimiento de los resultados cada vez que pierde. En todo lo demás la incongruencia está a la vista.
No es congruente porque acepta jugar con las reglas vigentes -reglas pactadas por todos los partidos incluidos los tres que hoy lo postulan- pero no admite lo que de ellas se deriva: que el PREP primero y los conteos distritales después son instrumentos confiables, que el IFE es el legítimo y único árbitro de la contienda y que el Tribunal tiene la última palabra.
No es congruente porque exige un alto a la "propaganda negra" pero la ha practicado desde que fue candidato en el 2006. Porque si la misma casa encuestadora como la del periódico Reforma no lo favorece en su medición de preferencias, la condena y acusa de haber "truqueado" los resultados, pero si como ahora lo trae en empate técnico con el puntero, la alaba.
No es congruente porque si la Suprema Corte falla en el sentido que él piensa es el correcto entonces los ministros son independientes, pero si lo hace en sentido contrario son unos vendidos; porque si la Asamblea Legislativa aprueba una ley a su gusto la publica, pero si no lo hace entonces, como ocurrió con el código fiscal del DF, promulga solo la parte que se ajusta a su criterio; porque si derechos abanderados por él y su partido -aborto, sociedades de convivencia o eutanasia- son inconvenientes porque restan votos, les retira su apoyo.
Hoy como en el 2006 AMLO puede ganar pero prepara el terreno en caso de perder: minando las instituciones, desconociendo la honorabilidad de los consejeros, insistiendo en que el árbitro son los ciudadanos en lugar del IFE o el Tribunal, anunciando un conflicto post electoral.
Todavía hay tiempo de pronunciarse a favor de las instituciones democráticas. Todavía hay tiempo para el ciudadano de ponderar su voto en función del compromiso con la democracia. Es cierto que nuestra democracia es perfectible pero también lo es que con sus imperfecciones la alternancia es y ha sido posible.

¿ACEPTARÍA PEÑA NIETO SU DERROTA?


JOHN ACKERMAN

El verdadero riesgo para la democracia no son las acciones pacíficas que podría emprender Andrés Manuel López Obrador después del 1º de julio, sino el fuerte coletazo del dinosaurio si el PRI pierde las elecciones presidenciales. El candidato de las izquierdas siempre ha defendido la vía electoral y pacífica como el único camino para conquistar al poder gubernamental. En contraste, el PRIAN controla las fuerzas militares y cuenta con tantos pactos y compromisos inconfesables que muy difícilmente aceptaría una derrota en las urnas.
En contraste con la versión hegemónica divulgada por los principales medios electrónicos de comunicación, López Obrador sí sabe perder. Tanto en la elección para gobernador del estado de Tabasco en 1994 como en las elección presidencial de 2006, el candidato llamó a la movilización ciudadana pero jamás auspició la violencia. En ambos casos, López Obrador se negó a romper con el orden institucional y recurrió a las instancias correspondientes con la ley en la mano para impugnar la validez de la elección. La grosera manipulación por Josefina Vázquez Mota en su más reciente espot del discurso del candidato del PRD es, para decir lo menos, una afrenta a la inteligencia ciudadana.
La marcha de Tabasco al Distrito Federal en 1994 y la toma del Paseo de la Reforma en 2006 sin duda generaron importantes molestias ciudadanas. Estas acciones también lastimaron la imagen de López Obrador entre algunos sectores de la sociedad. Sin embargo, a la postre tuvieron una contribución sumamente positiva a la democracia. Debemos a estas expresiones ciudadanas, junto con el importante movimiento Zapatista en 1994, las históricas reformas electorales de 1996 y de 2007 que colocaron a México a la vanguardia en materia de derecho electoral.
La verdadera preocupación no es cómo reaccionaría López Obrador ante un resultado cuestionable el 1º de julio, sino como respondería Peña Nieto si los ciudadanos acuden masivamente a las urnas para expulsar al PRIAN del poder. El comportamiento del PRI durante la campaña sugiere que este partido de ninguna manera estaría dispuesto a aceptar su derrota. Peña Nieto, como Felipe Calderón en 2006, también pretende ganar “haiga sido como haiga sido”.
La formidable iniciativa ciudadana Todos Contamos (contamos.org.mx), encabezada por Carlos Gershenson y Amílcar Sandoval, ha recibido gran cantidad de información que indica que el PRI ya ha iniciado una movilización masiva al escala nacional para comprar votos, recolectar claves de elector, repartir despensas y condicionar el voto ciudadano. También son cada vez más comunes las presiones y los chantajes por el PRI a los medios de comunicación e incluso directamente a los locutores y reporteros. Este sábado, el IFE aceptó el gravísimo e inaceptable error de la duplicación de algunos folios de boletas electorales.
Si López Obrador se coloca a la cabeza en el conteo la noche del 1º de julio, evidentemente se les antojará a los operadores del PRIAN descarrilar la elección. Este grupo de poder ha demostrado una y otra vez que le interesa más el poder que la democracia. Ésta es precisamente la razón de ser del importante conteo ciudadano paralelo x Casilla (www.fotoxcasilla.com) impulsado por Víctor Romero Rochín.
Hay que evitar a toda costa la imposición de un nuevo Presidente de la República. El país simplemente no aguantaría otra elección sin certeza. Con este fin, se ha conformado el Frente Ciudadano en Defensa del Sufragio Efectivo para defender la legalidad, la equidad y la autenticidad de la elección presidencial. Lo promueven académicos y periodistas de la talla de Héctor Díaz Polanco, Julio Boltvinik, Lorenzo Meyer, Epigmenio Ibarra, Carlos Payán, Víctor Flores Olea, Rafael Barajas, Araceli Damián, Jesús Cantú, Víctor Romero Rochín, Sergio Aguayo, Irma Eréndira Sandoval y Luis Mochán, entre muchos otros. Un servidor también tiene el honor de formar parte de esta iniciativa.
Mañana martes, a las 10:30 horas en el Club de Periodistas, este mismo grupo presentará los resultados de una encuesta de preferencias electorales que demuestra que no es el periódico Reforma sino la mayoría de las otras casas encuestadoras quienes están fuera de rango. Más allá del impacto del debate de anoche, ya existe un empate técnico entre los dos candidatos punteros.
Lamentablemente, en lugar de celebrar la creación de este nuevo grupo ciudadano, el IFE lo ha querido ningunear y descalificar. En un desplegado publicado a plana entera, los consejeros electorales no se dignan a mencionar al grupo por su nombre o a contestar nuestras cinco exigencias, sino que se esconden atrás de autoelogios injustificados y evasivas irresponsables. También mandan a sus voceros de oficio, como Ciro Murayama quien en 2006 organizó el desplegado en contra del recuento total de la votación, a golpear y a descalificarnos. Al visualizar a la ciudadanía como su adversario, el IFE divide y polariza a la sociedad.
Recordemos que el principal problema con las elecciones de 2006 no fueron las protestas de López Obrador, sino la ilegalidad y la inequidad del proceso electoral, así como la falta de certeza en los resultados. Hasta la fecha, los ciudadanos todavía no hemos podido revisar las boletas electorales utilizadas hace seis años, aún después de una larga lucha jurídica y social por la transparencia.
Las instituciones electorales aparentemente no han aprendido de los acontecimientos de 2006. Una vez más, se distancian de la sociedad y permiten que se enturbie el proceso electoral. Nuestra única salvación sería la participación, análisis y movilización ciudadana en favor de la legalidad y la equidad de las elecciones presidenciales de 2012.

LA CORRUPCIÓN EN EL GOBIERNO DE CESAR DUARTE

JAVIER CORRAL JURADO

Nunca habían recibido tanto dinero los estados de la República que con la llegada de los gobiernos del PAN. El federalismo casi se duplicó en 12 años, de lo que había avanzado en 80 años. Hoy en día las entidades reciben el 34 por ciento de los ingresos federales. Lo paradójico es que cuando más reciben, más se endeudan.

El caso de Chihuahua es muy ilustrador, puesto que es de los estados más endeudados, pero también de los que más recursos reciben por parte de la federación, más de 30 mil millones de pesos; mientras que su deuda actual es de 18 mil millones de pesos, producto de compromisos contraídos en la forma de 7 créditos bancarios, cuyos intereses mensuales ascienden aproximadamente a 190 millones de pesos.
¿Por qué se genera tal contradicción? Es evidente que hay un manejo irresponsable de las finanzas estatales, una manga ancha en no pocos rubros, pero a ello también contribuye la enorme corrupción que se ha desatado en los gobiernos estatales, sin auténtica fiscalización por parte de los Congresos locales, y por la ausencia de un sistema nacional de rendición de cuentas que actúe con independencia política y pueda brincar el pretexto de "la soberanía de los estados". La impunidad existente en las entidades, ha multiplicado las conductas corruptas y corruptoras. Chihuahua, lamentablemente, también es uno de esos casos, ni más ni menos que en la época actual, bajo la administración de César Duarte.
Un sistema nacional de rendición de cuentas obliga esencialmente a transparentar la información y dar plena explicación y justificación del ejercicio de las facultades y atribuciones que tiene la autoridad, y sería sin lugar a dudas, junto con la autonomía constitucional de los órganos de procuración de justicia y de los de fiscalización de la federación y los estados, el mejor instrumento para el combate de la corrupción, que sigue siendo el gran problema de nuestro sistema político, recrudecido como nunca antes en las administraciones estatales.
El índice de percepción de la corrupción de Transparencia Internacional ubica a nuestro país en el lugar 98 por debajo de países como Brasil, Ghana, Cuba, El Salvador, Jamaica y Guatemala. Factores como éste y como la impunidad se suman a la lista de obstáculos que dificultan el fortalecimiento de las instituciones y permean en el progreso económico y social del país. Esa percepción está basada en varios elementos con asidero en la realidad, y los niveles de gobierno que más contribuyen a formarla son los municipios y los estados, precisamente los de mayor contacto directo con los ciudadanos.
La corrupción y la impunidad son elementos indisociables. La impunidad significa, sencillamente, que los delitos cometidos no son sancionados por una u otra causa. En buena medida, la impunidad es generada y amparada por la corrupción. Este es en realidad un problema endémico. No denunciarlo, no afrontarlo, es ser parte de él.
Comento lo anterior, porque en mi columna pasada adelanté que era hora de colocar no sólo sobre la agenda mediática, sino sobre cauces legales y políticos, hasta llegar a sus últimas consecuencias en la denuncia, seguimiento y castigo del enorme caso de corrupción que se está realizando a través del organismo Pensiones Civiles del estado, por parte del gobierno de César Duarte.
El gobierno del estado está adquiriendo medicamentos con sobreprecios exorbitantes para favorecer, y así pagar la factura, a varios de quienes le financiaron a César Duarte buena parte de su campaña, quienes además de ser compañeros de viaje frecuentes del mandatario, se han convertido a través de distintas empresas en las que no necesariamente aparecen, en recipiendarios fabulosos de contratos de carreteras, equipamiento, transporte público, obras para presas y no se diga, medicinas.
Pensiones Civiles del estado convocó y realizó la más importante licitación pública en el sector, con el objeto de adquirir medicamentos y productos farmacéuticos, a la cual fueron convocadas más de 40 empresas distribuidoras, y aquí empieza la historia.
En el expediente constan varias anomalías: "una de ellas fue que si el concursante había celebrado o tuviera contratos vigentes con otras dependencias chihuahuenses, debía de presentar una carta de conformidad de dichas dependencias donde se manifieste que el concursante ha cumplido en tiempo y forma con los compromisos adquiridos en sus contratos, lo cual nunca antes se había solicitado".
Algunas dependencias no dieron la carta de conformidad a 11 empresas concursantes, lo que las descalificaba automáticamente de la licitación; sin embargo, las razones por las que no se otorgaron los oficios gozaron de enorme discrecionalidad: "algunas se excusaron porque el titular estaba de vacaciones, en otras tuvieron que realizar correcciones a varias versiones de las cartas con ausencias prolongadas de los responsables, y en otras, simplemente no se les dio razón alguna".
La licitación produjo 10 ganadores de las partidas licitadas; pero la que se ha colocado en la mirada de varios columnistas y de una de las empresas inconformes es YMMARSA Pharmaceutica, a cuya titularidad aparecen como dueños Hiram y Jorge Márquez, hermanos, ya que se llevó el 83 por ciento de las 881 partidas licitadas cerrando un negocio de 354 millones de pesos, aunque presentó aumentos de precios exorbitantes comparado al año anterior. Así la información de la que dispongo, "YMMARSA cotizó 648 piezas de Fenitoina Sódica en $204.60 pesos por pieza cuando en el ejercicio anterior habría gastado $48.62 pesos por pieza, es decir un 321 por ciento por arriba; asimismo, cuatro mil piezas de Propafenona, que produce Kendrick, a $82.80 pesos por pieza, teniendo un costo al año anterior de $20.75 pesos por pieza... 299 por ciento más caro.
Igualmente, encontramos el caso de la Bicalutamida, de Asofarma, cotizada por 700 piezas a $1,503.60 pesos; mientras que en 2011, se cotizó en $500.00 pesos… 201 por ciento de sobreprecio. En resumen, el sobreprecio que la dependencia erogará en 2012 para los mismos productos en adquiridos en 2011 será de alrededor de $100 millones de pesos".
El asunto de YMMARSA Pharmaceutica acapara la atención, pues resulta que los dueños de esta empresa apoyaron la campaña del gobernador César Duarte, lo que sugiere que la estrategia emprendida por el estado fue para favorecer a este distribuidor local y pagar los favores recibidos. Asimismo, el hecho de que esta empresa se haya constituido en julio 2011, siete meses después de la toma de posesión del Gobernador (diciembre 2010), genera aun mas sospechas, cuando para este tipo de licitaciones se pide por lo menos dos años de experiencia en el ramo.
Ahora bien, la siguiente licitación sería del Instituto Chihuahuense de Salud, que dirige el Dr. Noel del Val Ochoa, la cual abarcaría un mercado de $200 millones de pesos. La licitación se llevó a cabo y hubieron los mismos factores extraños, como la carta que se comentó, sólo que en esta ocasión a la mayoría de las empresas que la requerían se les entregó en sentido negativo (en la licitación pasada simplemente no se las dieron), es decir, las dependencias marcaron que dichas empresas no cumplieron con sus contratos, a pesar de que algunas de estas empresas llevan más de dos o tres contratos con las diferentes dependencias.
Con lo anterior, la licitación se hubiera quedado sin concursantes, pero ¡oh, milagro!, apareció una empresa llamada Administración y Comercialización de Franquicias Internacionales, cuyo mayor accionista es Víctor Almeida García, que pertenece al otro grupo de amigos del gobernador Duarte al que, al igual que YMMARSA Pharmaceutica, la empresa que ganó la anterior licitación, apoyaron económicamente la campaña de César Duarte. Además, curiosamente, Administración y Comercialización de Franquicias Internacionales ofertaron 873 de las 912 partidas con una cotización de $186.5 millones de pesos.
En cuanto a la primera licitación y luego de una queja realizada por una de las empresas afectadas, Marketing Medicinal, el director de Pensiones Civiles del estado, Marcelo González Tachiquín, indicó que la persona que estaba a cargo del Área de Adquisiciones fue cesada de su cargo por pérdida de confianza. Además, el funcionario estatal indicó que la licitación fue realizada antes de que él ocupara el cargo, por lo que pidió que todos los procesos de adquisiciones fueran revisados por las áreas fiscalizadoras del gobierno del estado, las cuales emitirían una serie de recomendaciones que el instituto atendería, inclusive si indicaran cancelar las licitaciones que se hubieran efectuado y volver a licitar. Afirmó que hasta el 24 de febrero de 2012 (fecha en que realizó las declaraciones para El Diario de Chihuahua), no se había firmado ningún contrato con las empresas ganadoras de la licitación. En un reportaje realizado por la revista Contralínea sobre este caso (marzo de 2012, No. 277), González Tachiquín comenta que la carta de cumplimiento se solicitó para que “se hiciera constar que [los participantes] son cumplidos”; lo cual demuestra que es necesaria experiencia en el ramo; sin embargo, YMMARSA no contaba con ninguna.
Finalmente, las partidas que se declararon desiertas de la primera licitación correspondiente a Pensiones Civiles del estado, se volvieron a concursar bajo el registro PCE-LP-001-2012-BIS; se mantuvo el requisito de la carta de conformidad, con lo cual se confirmó la persistencia del gobierno del estado por apoyar a los amigos del gobernador en lugar de velar por la salud de los chihuahuenses.
Lo grotesco y a la vez la mejor prueba de lo aquí comentado, es que de nueva cuenta YMMARSA Pharmaceutica volvió a participar, con la diferencia que, ahora sí, fue descalificada en todas las partidas concursadas por estar “fuera de presupuesto”. La gran pregunta a la que el gobierno estatal debe contestar es, ¿Por qué no aplicar el mismo criterio en la primera licitación?, sobre todo con un sobreprecio como el documentado.
Para las demás empresas ganadoras, Pensiones Civiles esperaba cerrar los contratos antes del 17 de mayo de 2012, fecha límite para entregar las fianzas de las partidas respectivas.
A pesar de no es la primera vez que se denuncia este caso, nada ha sucedido en Chihuahua para sancionarlo. Por supuesto que tratándose de mi entidad, y en la que aspiro a ser senador de la República para representar los intereses de todos los ciudadanos, he decidido asumir la denuncia de este caso como un deber ético y político, y buscar mediante todos los medios a mi alcance, que sean sancionados los responsables.

MUCHA POLÍTICA Y MUCHA ADMINISTRACIÓN


JOSÉ RAMÓN COSSÍO DÍAZ

Fue alrededor de 1890 cuando el lema del Porfiriato “poca política y mucha administración”, cobró  pleno sentido. En ese momento, el General Díaz había logrado subordinar a su persona al resto de  los poderes federales, controlar la designación y funcionamiento de buena parte de los locales y  someter, mediante los jefes políticos, a las autoridades municipales. Es también en esos años  cuando había logrado constituir buena parte de las clientelas empresariales nacionales y encontrar  las vías para acordar con las extranjeras. En un contexto político y económico así, a Díaz le  correspondía, efectivamente, diseñar y conducir la política. Él decidía las  grandes  acciones que  debían acometerse y, en general, el modo en que debía hacerse, mientras que mientras que a los  legisladores correspondía darles forma.  Las administraciones federal y locales  debían, a su vez, ejecutar sus directrices. Si Díaz concentraba legitimidad, poder y decisión y ello es lo propio del ejercicio político, es claro por que reclamaba para sí y prohibía para los demás, el ejercicio de la política; si sus decisiones requerían para ser de una eficiente ejecución, resulta obvio también por qué exigía mucha administración.
El breve recordatorio acabado de hacer viene a cuento por la situación que atraviesa nuestro país. Como muchas otras personas,  atendí el debate del domingo pasado. No entro a calificar posiciones ni emito juicios individualizados. Me quedo con los  que a mi juicio fueron  sus elementos comunes. Los cuatro candidatos, independientemente de sus diagnósticos y estrategias de implementación, identificaron  los temas sobre los que es preciso  llevar a cabo grandes reformas: educación, seguridad social, trabajo, salud,  energía, pobreza,  productividad, competitividad, justicia, seguridad pública, primordialmente.  Cada uno de  los sectores identificados es de una magnitud enorme. Su modificación requiere consensos profundos, vencer resistencias simbólicas y reales de gran significado. Cada uno de ellos se encuentra construido y funciona a partir de una compleja red de intereses, regulaciones, complicidades y, desde luego, importantes beneficios para quienes participan en ellas. Diversos grupos  públicos, sociales y privados han dificultado  y dificultan su transformación, pues viven en y del statu quo. Tómese cualquiera de los sectores que fueron identificados en el debate y a que yo acabo de aludir y piénsese por un momento en lo siguiente: ¿cómo está hoy el sector? ¿Qué se requiere hacer para transformarlo? ¿Qué intentos se han hecho para ello?, ¿Por qué no se ha transformado? ¿Qiénes se han opuesto al cambio? 
Al terminar el ejercicio de imaginación sobre las condiciones que han impedido la transformación de los sectores, varias cosas quedarán en evidencia. Una, que muchos de los problemas que  tenemos enfrente no son de diagnóstico. En general, se sabe dónde está el problema y, también  en general, cuáles son sus contornos principales. Otra, que respecto de muchos de ellos se  conocen las soluciones o, en el peor de los casos, algunos de los medios más eficaces para  comenzar a combatirlos. Si unimos ambos puntos, es claro que el origen del problema no es de carácter intelectual. La complejidad del asunto está en otra parte. Este 
es a mi juicio y con todas las reducciones que se quiera a efecto de poderlo expresar en estas líneas, de carácter político y  administrativo. 
En la dinámica de la elección para la presidencia de la República que estamos viviendo, es normal  que el tono de los debates sea  por completo personalista: “voy a hacer…”, “en mi gobierno se  hará…”, “cuando sea Presidente de los mexicanos…”, etc. Ello está bien para generar  simpatizantes y lograr que  éstos  expresen su subjetividad en la objetividad de un voto.  Sin embargo, lo que ya no queda tan claro es saber cómo, una vez que los votos se han logrado y han permitido sentar a alguien en la silla presidencial, el nuevo ocupante va a  lograr el cambio de cualquiera de los sectores mencionados. Para ello requiere, sin duda, de las mayorías necesarias para transformar leyes y, en muchos casos y por la práctica nacional, de las requeridas para reformar la Constitución. Sin embargo, una cosa es postular las transformaciones desde el 
personalismo del debate o del discurso, y otra es conseguir las mayorías legislativas idóneas para lograrlo. Específicamente, alcanzar los consensos necesarios en un contexto de enorme pluralidad social y su consiguiente ausencia de representación o, en el mejor de los casos, de clara fragmentación política.  Además y con todas las dificultades que se quiera, una cosa es implementar las transformaciones normativas y otra muy distinta lograr que las nuevas normas efectivamente rijan las conductas de los servidores públicos y de los ciudadanos. Conseguir, pues, la transformación de las prácticas mediante la cuales estamos viviendo.
Si en el Porfiriato la frase “poca política y mucha administración” servía tanto para describir lo que acontecía como lema para ordenar lo que debía hacerse, las condiciones de nuestro tiempo nos exigen transformarla radicalmente. Lo que debe hacerse es mucha política y mucha administración. Sólo mediante la primera (y no mediante la “grilla”) es posible  intentar alcanzar los acuerdos profundos que permitan generar las condiciones del cambio que necesitamos.  Luego, es preciso insertar las decisiones tomadas en el ámbito de la administración (que no de la mera burocracia), para lograr la transformación de las condiciones imperantes.  Hacer “grilla” y no política, es mantener el entendimiento patrimonialista de quienes detentan cargos públicos; entender la administración como burocracia, es impedir la socialización de las decisiones y, con ello, el mantenimiento de lo que al menos con cierta generalidad, todos entendemos que no funciona más. Hacer política sin administración es predicar en el desierto y hacer administración sin política, es generar una tecnocracia autónoma y prácticamente instrumental. Creo que sólo si concurre el ejercicio  de 
mucha y buena política con el ejercicio de mucha y buena administración, será posible acometer y realizar los cambios que, me parece, todos sabemos son urgentes.

domingo, 10 de junio de 2012

LAS OMISIONES DE CAMPAÑA


OLGA PELLICER

Son muchos los motivos que explican el malestar ciudadano ante las campañas para las elecciones del próximo 1 de julio. Una de las más importantes es la ligereza con la que se han abordado los problemas nacionales. Ningún documento o discurso, aun menos un spot televisivo, sorprende por lo acertado del diagnóstico y lo convincente de la propuesta para enfrentarlos. Más graves aún son las omisiones; es decir, los temas y problemas que simplemente se han ignorado. En este caso se encuentra la relación de México con el mundo, sobre la cual el silencio ha sido casi total.
A los comentaristas políticos, algunos de ellos conocidos académicos e intelectuales, no les preocupa tal ausencia. El anecdotario del día a día ha sido, hasta ahora, aquello que les llama la atención. Pocos elementos ofrecen para un análisis de las propuestas que ponga en evidencia los errores conceptuales de las mismas o las omisiones imperdonables.
No hacer referencia al factor externo en los proyectos es una grave omisión. En realidad, lo que ocurra en el mundo, sus efectos sobre la economía y la política nacionales, así como las acciones que se emprendan para hacerle frente, será lo que haga posible, o no, que se cumpla gran parte de las promesas que los candidatos reparten a diestra y siniestra.
Hay numerosos ejemplos para ilustrar la afirmación anterior. Desde la perspectiva económica, siendo México un país cuyo componente principal del Producto Interno Bruto son las exportaciones, hoy por hoy cualquier proyección de crecimiento debe incorporar la posible evolución de los mercados mundiales, en particular el de Estados Unidos.
Hace poco, el año 2009, sufrimos las consecuencias de la recesión en aquel país. Siguiendo una correlación que ya es muy conocida por los especialistas, el crecimiento de la economía mexicana siguió los vaivenes de la estadunidense. La caída del PIB fue dramática, y sus consecuencias, entre otros puntos en los niveles de pobreza, todavía se están sintiendo.
Sin embargo, ningún candidato ocupado en prometer que se van a elevar los índices de crecimiento se detiene a reflexionar sobre cuáles son los escenarios de los mercados mundiales. Un señalamiento, aunque fuese rápido, sobre el mundo en el que estamos inmersos y lo que ello representa para alcanzar las metas que se prometen era obligatorio para quien aspira a conducir el país en momentos de incertidumbre mundial.
El tema de la seguridad es otro en el que resulta inexplicable que no se aluda a las relaciones con el exterior. El problema que mayormente nos afecta, aquel para cuya solución se siguió una estrategia que ha causado decenas de miles de muertos, es el narcotráfico. Se trata de un fenómeno imposible de entender sin verlo en el contexto internacional.
La cercanía con el principal consumidor de drogas y los acuerdos que hemos establecido con él para lidiar con el narcotráfico son centrales para saber cómo se resuelve, o empeora, el problema de la violencia en México. Otro tanto puede decirse de la relación con Centroamérica, cuya cooperación es indispensable para combatir al crimen organizado.
A pesar de la necesaria referencia al exterior, los candidatos casi no mencionan ese aspecto. Hablan de crear policías nacionales, de perseguir el lavado de dinero, de volver, en su momento, al Ejército a los cuarteles. Sin embargo, se reservan su opinión sobre si continuarán los operativos que aconsejan los servicios de inteligencia de Estados Unidos. Tampoco se pronuncian sobre si, en el ámbito de la seguridad, dejarán intactas o modificarán las relaciones con Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador.
La tendencia a olvidar los factores externos en la discusión de los problemas nacionales tiene viejas raíces en la política mexicana. Durante muchos años, la relación con el exterior sirvió para apuntalar el nacionalismo de los gobiernos del PRI. Las directivas para ver y dirigirse al exterior subrayaban los aspectos defensivos, la soberanía nacional, el compromiso con los principios rectores de la política exterior, como la no intervención. Esa forma de comportarse dio muy buenos resultados para reducir la dependencia política de México ante Estados Unidos en los momentos álgidos de la guerra fría. La política exterior brilló entonces como una que tenía mayor margen de maniobra que la de otros países de América Latina; también sirvió para dar prestigio y legitimidad a los regímenes del PRI.
Años después, cuando las condiciones internacionales cambiaron, cuando se decidió la apertura de la economía mexicana, cuando se firmó el TLCAN y se aceleró la integración económica con Estados Unidos, cuando la globalización obligó a interpretar con nuevos instrumentos la relación con el mundo era necesario cambiar el discurso. No ocurrió, y los políticos mexicanos prefieren eludir el tema. Un matiz diferente se encuentra en el caso de López Obrador, aunque no lo suficiente para convertirlo en una verdadera excepción.
La campaña del 2012 pone en evidencia las limitaciones de quienes no se reconocen ni parecen sentirse como parte de un mundo en transformación que urge entender porque de él depende, en gran medida, hasta dónde se puede llegar o cuánto podemos estar avasallados. El próximo debate tiene en su agenda la política exterior. No albergo muchas ilusiones sobre lo que pueda ocurrir allí. La relación con el mundo es un fenómeno que no puede reducirse a aspectos puntuales de la política exterior; su ausencia ya es irremediable al haberse ignorado en los casos de la economía, la seguridad y tantos otros.

DE CARA AL DEBATE: CAMBIOS DE PREFERENCIAS Y CAMPAÑAS


JESÚS CANTÚ ESCALANTE

Los discursos de los tres candidatos presidenciales con mayores preferencias reflejan claramente los cambios en las intenciones de voto de los electores. Al generarse el empate técnico entre Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador el enfoque de las tres campañas giró: los esfuerzos del candidato de la coalición Compromiso por México, otrora puntero indiscutible, se enfocaron a restaurar la imagen de una ventaja inalcanzable y a denostar al candidato del Movimiento Progresista; los de la blanquiazul Josefina Vázquez Mota también viraron en contra del mismo objetivo, incluso con el absurdo de afirmar que la competencia es entre ella y AMLO; y López Obrador retomó el discurso del 2006: advertir sobre un posible fraude electoral, intentando minar la credibilidad de las autoridades electorales.
Las encuestas mostraron casi desde el inicio de las campañas –pero recrudecidas en las últimas semanas, particularmente a partir del inicio del movimiento #YoSoy132 y de la persecución de los exgobernadores tamaulipecos– dos tendencias muy claras y definidas: el declive de las preferencias electorales de Peña Nieto y Vázquez Mota, y el incremento de las de López Obrador y Gabriel Quadri (aunque este último se lo deba más a su participación en el primer debate el pasado 6 de mayo). Estos dos efectos combinados provocaron que se cerrara la competencia entre el priista y el perredista y que la candidata del blanquiazul se rezagara en el tercer lugar.
Además, en general las encuestas muestran, al margen de la diferencia que reflejen entre los punteros, que Peña Nieto ya no arrastra más votos que los candidatos priistas al Senado o a la Cámara de Diputados; al contrario: en algunas de las encuestas los porcentajes de intención de voto son mayores para los legisladores que para el candidato presidencial. En el caso de la encuesta de Reforma, los diputados obtienen 3 puntos porcentuales más que el exgobernador del Estado de México, mientras que en la de senadores son únicamente 2. En el caso de Consulta Mitofsky –por poner sólo dos ejemplos–, la intención de voto para presidente y diputados es idéntica: 44%, lo cual contrasta con lo que sucedía al principio de la contienda, el 30 de marzo, cuando el exgobernador tenía 4 puntos porcentuales más.
Estos hechos se reflejaron de inmediato en las campañas. Los equipos del tricolor y del blanquiazul prepararon promocionales, denominados ahora “de contraste”, para minar la imagen de López Obrador, en dos sentidos: uno, recordando su actuación durante y después del proceso electoral del 2006; y dos, mostrando (incluso manipulando y descontextualizando) partes de sus discursos que pretenden proyectar una imagen violenta, y reeditando la embestida de hace seis años.
Peña Nieto recurre incluso a la difusión de encuestas que le dan amplia ventaja para contrarrestar la realidad. Mientras que dentro del equipo de campaña de la candidata blanquiazul ya relanzaron la frase de que “López Obrador es un peligro para México”, y la especie de que su triunfo significaría repetir la historia de Hugo Chávez en Venezuela.
Sólo bajo la óptica de este empate técnico puede explicarse la intervención del expresidente Vicente Fox en apoyo de Peña Nieto; no tiene ningún sentido llamar a cerrar filas en torno a un candidato que tiene 18 puntos porcentuales de ventaja sobre su más cercano perseguidor, como él mismo afirma, pues en una contienda con tres participantes eso automáticamente implica que el puntero ya tiene el apoyo de la mayoría de los votantes potenciales. En cambio, el llamado sí tiene sentido ante la posibilidad de tener un escenario electoral similar al del 2006, e, inclusive, de que ahora sí se concrete el triunfo del perredismo.
Si los medios de comunicación se ocupan de difundir destacadamente la cena en la que algunos de los colaboradores del candidato de la coalición de izquierda solicitan el apoyo económico a un grupo de empresarios, es porque saben que hoy AMLO tiene posibilidades reales de ganar y eso lo convierte otra vez en figura destacada.
Aparte de estos cambios, hay que considerar las nuevas reglas que estableció el IFE para el segundo debate, pues en lugar de la rigidez de las rondas de intervención, réplicas y contrarréplicas, ahora será una intervención inicial de 2.5 minutos en cada uno de los tres bloques temáticos, y libertad para utilizar a discreción otros seis minutos a condición de que no se utilicen juntos más de 2.5, lo cual garantiza en cada uno de los bloques al menos cuatro intervenciones para cada uno de los candidatos. Y todo esto será por primera vez en las dos principales cadenas de televisión nacional.
En estas condiciones, el segundo debate sufrirá cambios fundamentales, pues ahora los misiles se dirigirán contra el candidato del Movimiento Progresista, que es el principal objetivo de los otros tres: de Peña Nieto, para tratar de romper el empate técnico o, si no lo quiere aceptar en esos términos, despegarse de su más cercano perseguidor; de Vázquez Mota, para intentar reinsertarse en una contienda electoral de la que ella y su equipo de campaña se salieron por sus reiterados errores; y de Gabriel Quadri, para cumplir con el acuerdo de su mentora (Elba Esther Gordillo) con Peña Nieto o, bajo su propia definición, simplemente porque tiene más coincidencias con el priista que con el perredista.
De este modo, si en el primer debate los misiles de Vázquez Mota y López Obrador se dirigieron en contra de Peña Nieto, lo que lo llevó a repetir que era muy poco el tiempo, en el segundo será AMLO quien recibirá los ataques de los otros tres candidatos, aunque seguramente Quadri lo haga de manera más discreta, simplemente para poder mantener su discurso contra “los políticos”.
Y a juzgar por los antecedentes de los dos debates en los que ha participado (uno en 2006 y otro en mayo de este año), López Obrador también traerá su arsenal en contra del abanderado tricolor, ya que es su principal competidor. En las dos ocasiones, en un primer momento parecía que la artillería de López Obrador fracasaba, pero en ambas logró los efectos deseados en los llamados “posdebates”: en 2006, con el conocido caso Hildebrando y, en el 2012, con el gasto en comunicación del gobierno que encabezó Peña Nieto.
Así, la contienda, que inició con mayor ventaja del puntero, puede dar todavía vuelcos y sorpresas.

jueves, 7 de junio de 2012

LA TELEBANCADA


PEDRO SALAZAR UGARTE

No es cuestión de complots. Un senador del Partido Verde, Arturo Escobar, lo dijo con claridad: “Todos los sectores de este país deben estar representados en el Congreso mexicano, como está el sector obrero, como está el sector campesino, como está el sector magisterial, como están los empresarios”. En consecuencia, su partido apoya “a algunos actores que cumplan la afiliación partidista y que también tengan algún tipo de vinculación indirecta con grupos del sector de telecomunicaciones”. Y por si acaso, sin tapujos, remató: “Yo también soy muy amigo de los medios”. Así que, al menos en esta operación, las cartas están abiertas. El PVEM y —ahora lo sabemos— otras fuerzas políticas de todos los colores e ideologías han decidido colocar personeros de las televisoras en el Congreso. Para el senador Escobar se trata de una decisión positiva que nos ayudará a tener “un Congreso más plural y mejor representado”. No sé lo que entienda Escobar por esos conceptos, pero sí sé que no los entiende en clave democrática.
Valga una premisa teórica con sustento histórico: no todas las formas de representación política son compatibles con la democracia. Si en un parlamento se representan los estratos sociales tendremos una representación estamental, no democrática. Y si los que están representados son los sectores o las corporaciones —como defiende el senador— tendremos una representación corporativa, tampoco democrática. La confusión es particularmente grave cuando proviene del vocero de un partido político, porque ésas son las instituciones diseñadas para evitar que los estamentos o las corporaciones se apoderen de los órganos legislativos. La representación democrática se verifica cuando los ciudadanos —no los empresarios, no las televisoras— eligen a otros ciudadanos —no a los empleados de una corporación— para que representen sus intereses en esas instancias plurales llamadas parlamentos. Ciudadanos que representan a ciudadanos; no empleados que representan a sus patrones.
Por eso, cuando los partidos colocan en las listas de representación proporcional o en las fórmulas para el Senado a personeros de los medios minan a la democracia. No sólo porque corrompen a la representación democrática, sino también porque desprestigian a los mecanismos electorales ideados para inyectar pluralidad política al Congreso. También en esto es falaz la lógica del senador: la pluralidad que debe representarse en una democracia es la de los idearios, aspiraciones y proyectos ciudadanos; no la de los poderes económicos o ideológicos. Ahora bien, si debemos tomar las palabras del senador como una confesión y constatar que su partido y su principal aliado operan bajo lógicas corporativas, no hay nada que objetar. La vocación democrática de ambas organizaciones es altamente dudosa. Pero, para sortear la vieja falacia realista (que induce a confundir planos), vale la pena recordar que una cosa es la “cruda realidad” en la que nos tienen atrapados y otra son los postulados de la democracia a la que aspiramos. Y, por fortuna, hoy en México ya no es tan fácil vender gato por liebre.
Por eso debemos celebrar que la Asociación Mexicana de Derecho a la Información y la Coalición Ciudadana de Medios y Democracia señalen a los personeros de los medios que aspiran al Congreso de la Unión. Por lo menos podremos identificarlos para no votarlos. Y que quede claro que el rechazo no está dirigido a sus personas o biografías, sino a lo que representan. Técnicamente hablando. Su misión legislativa es la de capturar al Estado: aspiran a ser legisladores para defender los privilegios de sus corporaciones, para impedir la aprobación de una Ley de Medios moderna, para neutralizar a los órganos reguladores. Asistimos a un asalto desde los poderes ideológicos y económicos —amalgamados en las telecomunicaciones— sobre el poder político. Y tal vez el senador no lo sepa, pero la teoría también dice que cuando los poderes se fusionan la libertad se esfuma.

DISTRIBUCIÓN DE CASILLAS ELECTORALES: ¿GATO ENCERRADO?


CIRO MURAYAMA RENDÓN

El domingo 1 de julio 79.4 millones de mexicanos tendremos la oportunidad de votar en las elecciones federales. Para hacerlo, deberemos de acudir con nuestra credencial de elector con fotografía a la casilla que nos corresponda. El IFE va a instalar 143 mil casillas a lo largo y ancho del territorio nacional.
Esta tarea de organización de la autoridad electoral, la de instalar casillas para hacer viable el voto, ha sido realizada desde hace más de dos décadas por el IFE con toda precisión y con el aval irrestricto de los actores políticos. Elección tras elección, los ciudadanos encontramos una casilla cercana a nuestro domicilio, y ahí están nuestros vecinos recibiendo el voto y los representantes de los partidos políticos.
Sin embargo, ahora comienza a circular la especie de que en este 2012 existe algo sospechoso en la distribución de las casillas. Cito la fuente de la desconfianza: en el portal SDPnoticias.com, Bolívar Huerta publicó el artículo “Las raras aritméticas demográficas del IFE”, donde afirma: “En 2006 había 131 mil casillas, de las cuales 75% eran urbanas y 25% no urbanas. El censo del 2000 del INEGI arrojó que la población urbana era 75% y la rural 25%. En 2012, el IFE reporta 143 mil casillas, de las cuales ahora 64% son urbanas y 36% no urbanas. El censo del 2010 del INEGI afirma que la población urbana es 78% y la rural 22%... ¿Por qué difiere el IFE tan brutalmente con el INEGI? ¿Acaso ha crecido la población rural y disminuido la población urbana?” y concluye: “Aquí hay gato encerrado”.
En realidad no hay ningún misterio. Solicité ayer (6/6/12) información actualizada de las casillas a la Secretaría Ejecutiva del IFE. Las estadísticas son éstas: el IFE clasifica las casillas electorales no en dos sino en tres categorías: urbanas, mixtas y rurales. En 2006 hubo 59.3% de casillas urbanas (77 mil 421), 13.9% mixtas (18 mil 175) y 26.8% (34 mil 892) rurales. Para 2012 se plantea instalar el 59.8% de casillas urbanas (85 mil 655), 15% mixtas (21 mil 491) y 25.2% rurales (36 mil 10).
Si comparamos el número de casillas de 2006 frente a las de 2012, vemos que el número de casillas urbanas crece en 8 mil, de mixtas en 3 mil y de rurales en mil. Obviamente, el crecimiento se concentra en las casillas urbanas, no en las rurales. Y es falso que en 2012 vaya a disminuir el número de casillas urbanas frente a 2006.
Por otro lado, cabe decir que el diseño de la instalación de casillas en el IFE se hace con la participación de ciudadanos y partidos en cada uno de los 300 distritos electorales en que se divide el país. Así, a partir de la lista nominal de electores —revisada por los partidos hasta la saciedad y, por cierto, aprobada hace unas semanas con el respaldo de todos ellos—, los consejos distritales —donde votan seis consejeros electorales que son ciudadanos independientes y donde tienen voz los partidos— analizan y deciden la ubicación de cada una de las casillas a instalar. Los partidos conocen muy bien dónde estará cada casilla y enviarán ahí a sus representantes el día de la jornada electoral. Si hubiese alguna anormalidad en la distribución de casillas, los propios partidos se inconformarían de inmediato, pero no ha ocurrido así porque el proceso se hace una vez más con transparencia y pulcritud.
Es importante señalar que la lista nominal de electores por casilla no puede rebasar los 750, pero, obviamente, por debajo de ese número hay variaciones normales: existen asentamientos rurales donde viven acaso 150 o 200 electores y ahí debe instalarse una casilla. Como la dispersión de la población rural es mayor, en términos relativos se instalan más casillas que en zonas urbanas para hacer posible que todo ciudadano mexicano, por remoto y aislado que sea el lugar donde viva, pueda votar.
Como se ve, al gato de la desconfianza se le debe poner el cascabel con información verídicamente comprobada y clara.