lunes, 7 de noviembre de 2011

UNA CORTE PARA CIUDADANOS

ANA LAURA MAGALONI

El 4 de octubre pasado, el presidente de la Suprema Corte, el ministro Juan Silva Meza, en un espléndido discurso, hizo saber públicamente que se iniciaba un cambio de paradigma en la forma en que los jueces federales interpretan y aplican la Constitución. El mensaje central fue el compromiso que deben tener los jueces federales en la construcción de un sistema de justicia que ponga la efectividad de los derechos humanos en el centro. Se trata, en último término, de que los jueces construyan el andamiaje jurisdiccional que permita el fortalecimiento de la pieza más débil de nuestra democracia: la ciudadanía.
El motivo de su discurso fue el anuncio del inicio de la Décima Época del Semanario Judicial de la Federación. Las "Épocas" son periodos que reflejan cambios en el sistema jurídico de tal trascendencia que impactan en el contenido sustantivo de la jurisprudencia, es decir, en los criterios de interpretación constitucional y legal que se derivan de las decisiones de la Corte y los tribunales colegiados y que están obligados a seguir todos los jueces cuando resuelven casos análogos o similares. El poder transformador de cualquier tribunal constitucional radica en esta capacidad de dirigir la actividad de todos los jueces a través de su jurisprudencia. La Décima Época es consecuencia de tres reformas constitucionales de gran calado: la reforma de derechos humanos, la reforma al juicio de amparo y la reforma penal.
Me parece muy simbólico que, precisamente en estos momentos, cuando la violencia, la muerte y los abusos de autoridad forman parte del acontecer diario de muchas personas en varias regiones del país, la Corte, en voz de su presidente, haga un llamado a que los jueces pongan en el centro del aparato de justicia la efectividad de los derechos humanos. Creo que es una forma de recuperar la brújula, de regresar a los fundamentos del pacto social y de reconstruir la relación de los ciudadanos con sus autoridades.
Sin embargo, me pregunto cómo se va a concretizar este llamado de la Corte en los lugares en donde hay retenes militares, despliegue masivo de fuerzas federales, detenciones arbitrarias, fuegos cruzados, ciudadanos indefensos, sicarios, procuradurías colapsadas, policías infiltradas. Es un acertijo muy complejo para un juez ordinario colocar la eficacia de los derechos humanos en contextos de guerra. No obstante, ello no significa que deban claudicar a esta tarea.
Para que las palabras de Silva Meza puedan traducirse en hechos, me parece que se requieren dos políticas básicas. En primer término, la Suprema Corte debe liderar este proceso. Es decir, deben ser los propios ministros, de forma unánime, los que definan el contenido de este nuevo paradigma y, con ello, marquen la ruta a seguir para los demás jueces del país. Ello requiere que los 11 ministros compartan una visión común de cómo hacerlo: con qué tipo de retórica, con qué visión de la Constitución, con cuál definición de su papel, con qué tipo de casos, etcétera. Esa visión común no existe al interior del tribunal. Lo que prevalece son visiones contrapuestas, paradigmas interpretativos completamente distintos y demasiadas diferencias entre ellos en cuestiones muy básicas. Un tribunal tan dividido como el que tenemos no tiene fuerza para transformar paradigmas. Los ministros, por tanto, tienen que decidir ser un cuerpo colegiado, tienen que poder hacer a un lado sus diferencias y construir una visión común de lo que se imaginan debe suceder en el país en materia de derechos humanos y llevar a cabo una estrategia para lograrlo. El país necesita una Corte clara, unida y potente y no 11 individualidades empeñadas en pelear pequeños cotos de poder.
En segundo término, la Corte, para poder liderar el cambio de paradigma que se propone, debe ampliar las puertas de acceso de los ciudadanos al máximo tribunal. Ello pasa por una mayor capacidad de los ministros para detectar casos relevantes que no les llegarían en automático pero que pueden atraer. No obstante, ello no va a ser suficiente. La inmensa mayoría de los casos que le permitirían a la Corte establecer una nueva jurisprudencia en materia de derechos humanos no llega a los tribunales. Por ello, los ministros deben lograr articular un discurso común que presione para que el Congreso y el Ejecutivo inviertan recursos públicos en serio en la construcción de defensorías públicas dignas de ese nombre y que no sólo lleven casos penales. Además, se requiere que el Congreso diseñe una política fiscal que incentive a los mejores despachos a llevar asuntos pro bono en materia de derechos humanos. La población más vulnerable, en términos de derechos humanos, no tiene forma de acceder a un buen abogado. Para muestra, basta escuchar las voces de las víctimas de la guerra. No hay manera en que sus demandas de justicia sean escuchadas por los jueces, pues, hasta donde he seguido sus testimonios, la mayoría no tiene forma de acceder un abogado capaz de instrumentar una estrategia jurídica que haga que sus voces sean escuchadas en el recinto del pleno de la Suprema Corte de la Nación.
La buena noticia es que la Corte está consciente de la urgente necesidad de lograr construir una sistema justicia que ponga los derechos humanos en el centro. Sin embargo, se requerirá mucho más que la sola intención para que ello sea una realidad.

¿CÓMO TRANSFORMAR A MÉXICO?

ANDRES MANUEL LÓPEZ OBRADOR

En síntesis, expongo nuestra propuesta. La falta de empleo, junto con la inseguridad, son los dos principales problemas de México. Ambos males se alimentan mutuamente: porque no hay empleos, se produce inseguridad, y sin seguridad no se pueden abrir fuentes de trabajo. Por eso planteamos romper esta dualidad perversa -desempleo e inseguridad-, reactivando con urgencia la economía y creando empleos.
De 1983 a la fecha, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) ha sido en promedio de 2.3% y el per cápita de 0.4% anual, una de las tasas más bajas del mundo. Y, como es obvio, sin crecimiento económico no hay empleos. En los últimos 15 años, por ejemplo, se han generado anualmente 500 mil empleos formales en promedio, cuando se han requerido un millón 200 mil. En otras palabras: cada año, 700 mil mexicanos han tenido que emigrar, buscarse la vida en la economía informal o tomar el camino de las conductas antisociales.

¿De dónde saldrán los recursos para financiar el desarrollo?
El propósito es crecer sin endeudamiento, inflación ni aumento de impuestos. Esto se puede lograr elevando la honestidad a rango supremo. La honestidad es la mayor riqueza de las naciones y, en nuestro país, este valor se ha venido degradando cada vez más. Por lo tanto, la propuesta consiste en hacer realidad la honestidad y, con este imperativo ético, recuperar recursos que hoy se van por el caño de la corrupción; aplicar un plan de austeridad y abolir privilegios fiscales. Con estas tres medidas se podrían liberar hasta 800 mil millones de pesos al año para el desarrollo y el bienestar de la población.

¿Cuáles serán los proyectos y las acciones para sacar a México de la decadencia?
En materia económica, planteamos: rescatar al campo y procurar la soberanía alimentaria; sembrar un millón de hectáreas de árboles maderables en el sureste del país; construir cinco refinerías y evitar las cuantiosas importaciones de combustibles; no permitir las prácticas monopólicas y alentar la libre competencia; impulsar el desarrollo de la pequeña y mediana empresa, con energéticos y créditos baratos; aplicar una política nacional de ciencia y tecnología y destinar recursos suficientes para la investigación y fomento de energías alternativas; cuidar los recursos naturales, herencia de las nuevas generaciones; crear un corredor industrial y comercial en el Istmo de Tehuantepec, aprovechando la ubicación estratégica de esta franja del territorio nacional para unir al Pacífico con el Atlántico.
Asimismo, se estimulará la industria de la construcción para reactivar pronto la economía y crear puestos de trabajo. Se propone: un programa de un millón de acciones de mejoramiento, ampliación y construcción de vivienda; desarrollo urbano e introducción de servicios públicos en colonias populares del Valle de México, en ciudades fronterizas y en las periferias de las urbes más pobladas del país; nuevas carreteras, sobre todo en el sur-sureste; atender a 362 municipios (15% de los 2,456 que existen) que no cuentan con caminos pavimentados; un nuevo aeropuerto en Tizayuca, Hidalgo; trenes rápidos o de gran velocidad de la Ciudad de México hacia la frontera con Estados Unidos, así como el tren turístico y cultural de la ruta maya: Cancún-Chichén Itzá-Mérida- Uxmal-Campeche-Palenque.
Estos proyectos requieren alrededor de 300 mil millones de pesos anuales. La tasa de inversión de la economía aumentaría de 20 a 22.5% del PIB y, con la participación social y privada, que es posible anticipar, la inversión de la economía llegaría a 25% del PIB. Con ello, la tasa potencial de crecimiento económico se elevaría del 2.5% actual a 6%, de forma sostenida, con lo cual se generarían un millón 200 mil empleos cada año.

Programa emergente de atención a los jóvenes
Todo el plan de desarrollo descrito permitirá reactivar la economía y crear empleos. Sin embargo, existe un rezago de millones de desocupados, sobre todo jóvenes, a quienes se les incorporará de manera urgente al trabajo y al estudio. Algo parecido a lo que hizo el presidente Roosevelt de Estados Unidos, durante la Gran Depresión que se originó en 1929. Entre otras medidas, creó las condiciones para hacer realidad el derecho de todos al empleo. El programa nuestro se llamará Jóvenes Construyendo el Futuro. Se irá casa por casa apuntando, integrando a los jóvenes a la actividad productiva. En poco tiempo, se atenderá a 7 millones de muchachas y muchachos que actualmente no tienen oportunidad de estudiar ni trabajar.

Establecimiento del Estado de Bienestar
Nuestro propósito es combatir la desigualdad para tener una sociedad más humana y evitar la frustración y las trágicas tensiones que provoca. Con esta idea central se promoverá el desarrollo social en dos vertientes: por un lado, como ya lo explicamos, se impulsará el crecimiento económico y la creación de empleos para mejorar los ingresos de la gente y la calidad de vida. Pero en tanto se alcanza ese nivel de desarrollo, y dada la situación de pobreza extrema en el país, es urgente sentar las bases del Estado de Bienestar, que contemple, cuando menos, las siguientes medidas: pensión universal para los adultos mayores y discapacitados; atención médica y medicamentos gratuitos para quienes no cuenten con seguridad social; apoyos a madres solteras y educación pública gratuita y de calidad en todos los niveles escolares. No se rechazará a los jóvenes que quieran estudiar. También, se fomentará la formación artística y cultural, el deporte y el esparcimiento.

¿Cómo garantizar la tranquilidad y la seguridad pública?
Estamos preparados y decididos a resolver la actual crisis de inseguridad y de violencia. Lo haremos, no solo con criterios policíacos, como se ha hecho hasta ahora, con los resultados que conocemos, sino bajo el principio de que la paz y la tranquilidad son frutos de la justicia. La solución de fondo, la más eficaz y la más humana, pasa por combatir el desempleo, la pobreza, la desintegración familiar, la pérdida de valores y la ausencia de alternativas para los jóvenes.
Esta nueva política será complementada con las siguientes decisiones: no se perseguirá a una banda para proteger a otra, se aplicará la ley por parejo; todas las dependencias y niveles de gobierno trabajarán coordinadamente; el Presidente de la República tendrá reuniones diarias con el gabinete de seguridad; se desterrará la corrupción de los cuerpos policíacos, profesionalizando y mejorando los ingresos de los agentes de las corporaciones; se protegerán los derechos humanos; se le seguirá la pista al dinero y se buscará con el gobierno de Estados Unidos una nueva relación bilateral fincada en la cooperación para el desarrollo y no en la cooperación militar.
Por último, estamos conscientes que la crisis actual no es solo por falta de bienes materiales, sino también por la pérdida de valores. De ahí que sea indispensable auspiciar una nueva corriente de pensamiento para alcanzar un ideal moral, cuyos preceptos exalten el amor a las familias, al prójimo, a la naturaleza y a la patria.
En suma, convocamos a todos los mexicanos a construir una sociedad mejor y con grandeza espiritual: una república amorosa.

viernes, 4 de noviembre de 2011

LOS DERECHOS HUMANOS DE LAS MUJERES EN MÉXICO

PATRICIA GALEANA

He sido una mujer afortunada. Nací en esta ciudad de México, una de las urbes con más historia y fuerza cultural del mundo, que es hoy la ciudad más abierta y tolerante del país y de buena parte de América Latina. Una isla en medio de la misoginia y del fanatismo. Nuestra ciudad va a la vanguardia de todos los estados del país en el tema de los derechos humanos de las mujeres. Aquí somos ciudadanas plenas, podemos decidir sobre nuestras vidas y se respetan las preferencias sexuales de cada persona.
México fue a la vanguardia continental en el reconocimiento de los derechos humanos de primera generación. Abolió la esclavitud en 1810; incorporó los derechos del hombre al Acta Constitutiva de la Federación de 1824 y estableció un estado laico con libertad de creencias en 1860. Fue el primer país en establecer en su Constitución los derechos sociales, llamados de segunda generación, desde 1917. Sin embargo, ha ido a la zaga en los derechos de las mujeres y de las comunidades indígenas.
Nuestro país fue de los últimos seis en América Latina en otorgar la ciudadanía a la población femenina, apenas hace 58 años, después de que la ONU señalara que no podía haber democracia en un país dónde más de la mitad de su población no era ciudadana. Este retraso ha tenido un impacto negativo en la situación de las mexicanas, y en el desarrollo de nuestra nación.
La reforma constitucional del 14 de agosto de 2001 dio menos derechos a las comunidades indígenas que el Convenio 169 de la OIT y de ocho constituciones de países de nuestra América.
Hoy la población femenina en México sigue subrepresentada en los tres poderes y niveles de gobierno. Sólo hay una gobernadora, de 32 entidades federativas. Han disminuido las mujeres en las secretarías de Estado y de 2 mil 436 municipios, sólo 5.3 por ciento están presididos por una mujer. De 16 demarcaciones capitalinas sólo una está administrada por una jefa delegacional.
En la Suprema Corte de Justicia de la Nación hay dos mujeres, de 11 ministros.
Nuestro país se encuentra por debajo de la cuota parlamentaria de género. En nuestra región, Argentina tiene 40 por ciento; Costa Rica, 36.8 por ciento y Perú 29.2 por ciento. México es superado también por Ruanda, con 48.8 por ciento; Mozambique, con 34.5 por ciento, y Tanzania, 30.4 por ciento.
En la 61 Legislatura de la Cámara de Diputados sólo 27 por ciento son mujeres. En el Senado, 21.6 por ciento, y en la Quinta Legislatura de la ALDF, sólo 25.7 por ciento. Por otra parte, no se cumple con el precepto constitucional que dispone que a trabajo igual corresponde salario igual. Tanto en los trabajos menos remunerados como en los niveles gerenciales, los salarios son inferiores para las mujeres, de 13 a 33 por ciento en promedio.
De todos los pobres, la mujer es la más pobre, pero sin el escaso ingreso generado por ellas, la pobreza extrema se elevaría al doble. El analfabetismo es mayor entre las mujeres, aunque cuando pueden ejercer su derecho a la educación, obtienen las mejores calificaciones.
Los feminicidios perpetrados desde hace dos décadas en Ciudad Juárez se han reproducido en otras partes del país, como en el estado de México. En Juárez pasaron de 117 en 2009 a 306 en 2010. En la capital de la República seis de cada 10 mujeres han sufrido algún tipo de violencia y nueve de cada 10 la sufrieron desde el noviazgo. La violencia familiar es el origen de la mayor parte de los males que aquejan a la sociedad, ya que es un factor criminógeno determinante. Detrás de las personas en reclusión se encuentra, casi siempre, una historia de violencia. Estos hechos son muestra palpable de la grave situación de discriminación que todavía enfrentan las mujeres mexicanas y lo mucho que nos falta por hacer.
Está demostrado científicamente que el rezago en las políticas públicas en materia de género es determinante en el desarrollo de los pueblos. En el informe de brecha de género elaborado por las Universidades Harvard y Berkeley para el Foro Económico Mundial de Davos, México se encuentra en el lugar 89 de 135 países. En participación económica de las mujeres, nos situamos en el 109.
Las mujeres no constituyen un grupo vulnerable más: son más de la mitad de la población, de ahí que su atención sea prioritaria y tenga un efecto determinante en la sociedad. Su desarrollo es la mejor inversión que puede hacer un Estado, por el efecto multiplicador que tienen.
Para generar una cultura de respeto a los derechos humanos de las mujeres, se deben realizar tres acciones paralelas indispensables: uno, actualizar el marco jurídico para que haya congruencia con los tratados internacionales que nuestro país ha suscrito en la materia, y que éste sea conocido por autoridades y por la ciudadanía, para que se cumpla; dos, establecer políticas públicas con enfoque de género, y tres, un sistema educativo formal e informal de promoción de los derechos de la persona humana.
Hay que tener presente que un pueblo llega tan lejos como su educación se lo permite. Por ello, desde que la ONU convocó a elaborar programas para la enseñanza de los derechos humanos, presentamos la propuesta de hacer un Museo de la Mujer, para difundir el conocimiento de la historia y de la situación de este grupo, con el objetivo de contribuir a generar una nueva cultura de respeto a sus derechos.
Gracias al apoyo del rector de la UNAM, el doctor José Narro Robles, el Museo de la Mujer abrió sus puertas el pasado 8 de marzo en nuestra ciudad, siendo el segundo espacio semejante en América Latina.
La historia de las mujeres en México y en el mundo fue una historia olvidada, hasta que en la segunda mitad del siglo pasado la doctrina social del feminismo buscó que la mujer fuera reconocida como sujeto y no objeto de la historia.
Buscamos que se conozca la historia de las mujeres y que se valore su contribución a la construcción del país, para fortalecer su imagen actual. En una palabra, hacerlas visibles como protagonistas.
Una nación sin historia es como una persona con alzheimer: no sabe de dónde viene ni adónde va. De ahí la importancia de contar con museos de la mujer, entendidos como un libro abierto para el pueblo. Necesitamos generar una mentalidad que supere la discriminación y la violencia.
La lucha de las mujeres en México por el reconocimiento de sus derechos ha sido larga y difícil, y aún no concluye. Ha sido una revolución silenciosa y pacífica. Desde tiempos remotos lucharon primero por sus derechos laborales, después por su derecho a la educación, por sus derechos políticos, y finalmente por su derecho a la salud, a una vida libre de violencia, por sus derechos reproductivos, por su dignidad.
Actualmente existen en nuestro país 18 estados con leyes que criminalizan a las mujeres, condenándolas hasta con 35 años de cárcel por decidir sobre su propio cuerpo, caso inédito en la historia penal de México.
De ahí la necesidad de que haya más instituciones y espacios como los que existen en nuestra ciudad, para contribuir a generar una cultura de respeto a la persona humana, independientemente de su sexo, etnia, religión, ideología o preferencia sexual.
Tenemos la obligación moral de abatir los rezagos que aún enfrentamos y extender los logros obtenidos a todo el país. La mejor forma de medir el grado de civilización de un pueblo es la situación de sus mujeres.

PACTAR CON CRIMINALES

CARMEN ARISTEGUI

Llama la atención el escaso o nulo espacio dedicado por una parte importante de la prensa mexicana a lo que será el trascendente juicio en contra del hijo de El Mayo Zambada, uno de los principales capos mexicanos del crimen organizado, que iniciará a principios del año en Estados Unidos. Ahí se ventilará uno de los grandes temas que han marcado a las administraciones Bush, Obama y Calderón: la sospecha de sostener una estrategia sesgada en el combate al crimen organizado a favor del cártel de Sinaloa.
Vicente Zambada Niebla, recluido en una cárcel federal de Michigan, recientemente transferido por razones de seguridad, espera ser sometido a juicio en una Corte Penal Federal de Chicago. En etapa preparatoria, el juicio arroja luces ya de lo que se avecina.
Los abogados del inculpado han sostenido que existen acuerdos firmados entre el cártel de Sinaloa y el gobierno de Estados Unidos: "El gobierno está protegiendo al cártel de Sinaloa y a sus líderes bajo el acuerdo que tienen firmado con el informante de la DEA Humberto Loya Castro", dijo el abogado Edward Panzer, ante el juez federal Rubén Castillo, según se informa en el amplio reportaje de Jesús Esquivel, en Proceso esta semana, titulado "Juego de traiciones". Eso es lo que parece ser, entre quienes, se presume, han jugado ese juego peligroso que involucra a autoridades y criminales en ambos lados de la frontera.
La Corte ha empezado a recibir documentos oficiales sumamente comprometedores para las autoridades norteamericanas, especialmente para la DEA.
Anabel Hernández, de Reporte Índigo, ha mostrado y leído ante las cámaras de CNN el documento en donde se especifica el alcance y naturaleza del pacto entre dos agentes de la DEA y Humberto Loya Castro, abogado y conexión con el cártel de Sinaloa. Por increíble que parezca, el documento existe; fue firmado por las partes, entregado al juez por la propia Fiscalía y, acorde a las fechas especificadas, el documento aún tiene vigencia.
Loya y la DEA aceptan, en el texto, que el primero puede cometer delitos y otras actividades si mantiene enterada a su contraparte. Ahí radica el corazón de la estrategia de defensa, que pretende que se reconozca que las actividades cometidas por él y su organización contaron con el conocimiento, anuencia y protección de las autoridades en Estados Unidos. Ni más ni menos. En el cártel, a su vez, dicen sus abogados, le proporcionaron información a la DEA relacionada a otras organizaciones criminales, contrarias a la suya, y permitieron la captura o muerte de algunos de ellos.
Difícil creer que un pacto así esté firmado pero ahí está, como parte de los documentos oficiales, el signado por Loya que sirve ya para la causa penal.
La Fiscalía, que acusa a Zambada, alega que los agentes de la DEA, si bien firmaron el pacto, no tenían autoridad para hacerlo ni atribuciones para comprometerse a garantizar la inmunidad para Zambada, como alega su defensa.
La información presentada por Anabel Hernández indica que hubo varios encuentros entre Loya y los agentes de la DEA antes de firmar el pacto de inmunidad. El primero, en Monterrey. Los contactos empezaron en 2005 según la Fiscalía, aunque la defensa afirma que fueron varios años atrás.
En la audiencia del 27 los abogados insistieron al juez Castillo que Loya es un agente del cártel de Sinaloa, quien en sus acuerdos con la DEA "... pasa información directa al gobierno de Estados Unidos de lo que dicen El Mayo y El Chapo y a la inversa".
Dijeron también que, su testigo clave, Loya Castro, estaba siendo intimidado por la DEA y que ahora no les toma ni las llamadas.
Esquivel menciona que, de acuerdo a los documentos presentados, en enero de 2009 los agentes de la DEA y un funcionario del Departamento de Justicia le dijeron a Loya que "el pacto de inmunidad" había sido aprobado para Zambada Niebla, por colaboración como informante. Los abogados de Zambada se reunieron con Loya entre marzo y julio de 2010 en un hotel de la Ciudad de México para hablar de cómo se presentaría como testigo en el juicio. Sin embargo, afirman que la última reunión acordada con él para realizarse, de nuevo, en la Ciudad de México ya no fue realizada.
Por sus implicaciones, el juicio al hijo de El Mayo Zambada se perfila como un asunto de Estado, para las dos naciones.
La Fiscalía deberá desclasificar y entregar, en pocos meses, informes y documentos exigidos por el juez federal. La defensa de Zambada hará lo propio. Estaremos pronto frente a una caja de Pandora.

jueves, 3 de noviembre de 2011

NUESTRO DEPRESIVO HUMOR PÚBLICO

JOSÉ WOLDENBERG

Entre la "realidad" y las percepciones puede mediar una enorme brecha. No obstante, las percepciones, el mundo subjetivo, son parte de la "realidad". Y en ese mundo también tenemos problemas. La nueva entrega de Latinobarómetro -2011- no nos trae buenas nuevas. Existe y se expande un desencanto con la marcha de la economía y una distancia crítica y anímica con el funcionamiento de nuestra germinal democracia.
A la pregunta: "¿su país está progresando?", en México solo el 22 por ciento dice que sí, mientras que el promedio de la región es 35, y en Panamá la respuesta positiva llega a 64 por ciento, en Uruguay a 62 y en Brasil a 52. Claro, en Honduras solamente alcanza al 7 por ciento y en Guatemala al 8.
"¿En los próximos 12 meses la situación económica de usted y la de su familia será mucho mejor o un poco mejor?", fue otra de las preguntas planteadas. En México el 39 por ciento de los entrevistados contestó que sí, cerca del promedio de la región que fue de 42. Pero, otra vez, estamos muy lejos del optimismo de Brasil (64) y Colombia (61), aunque también del pesimismo extremo de República Dominicana y El Salvador (23).
Solo el 15 por ciento de los mexicanos cree que existe una distribución del ingreso justa, el mismo porcentaje que en Brasil. Me sorprende que en Ecuador lo crea el 43 por ciento y en Panamá el 33. Paradójicamente en Chile solo un 6 por ciento de la población comparte ese enunciado.
A la pregunta de si se gobierna para todo el pueblo, en México solo cree eso el 17 por ciento, debajo del promedio latinoamericano que es de 26. En Uruguay lo cree el 54 por ciento y en Nicaragua el 42. Por debajo de nosotros solo se colocan tres países: Honduras y Perú (15) y República Dominicana (9).
Eso sí, cuando se nos pregunta a los mexicanos si estamos satisfechos con nuestras vidas, el 76 por ciento contestamos que sí, colocándonos por encima de la media latinoamericana que es de 72. No alcanzamos a Costa Rica (88), pero nos alejamos de los humores depresivos de El Salvador (51).
La frase "la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno" solo recibió un respaldo en nuestro país del 40 por ciento, 18 puntos porcentuales por debajo del promedio en América Latina. Y solo otro país de la región, Guatemala (36), se encuentra por debajo. Estamos muy lejos de los punteros: Venezuela (77) y Uruguay (75). A la formulación siguiente: "en algunas circunstancias un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático", en México contestó afirmativamente el 14 por ciento, pero respondió que le da lo mismo el 36 (el más alto de toda la región).
A la pregunta de si piensa "que en su país la democracia está mejorando", en México solo el 16 por ciento contestó que sí. Mientras que el promedio regional es de 21. Panamá y Uruguay son los más risueños en este renglón (35), y por debajo de México se encuentran Costa Rica, Chile, El Salvador, Guatemala y Honduras (entre el 5 y 14 por ciento).
A los encuestados se les preguntó qué le falta a la democracia en sus respectivos países, y llama la atención que el problema fundamental enunciado sea "reducir la corrupción". El 48 por ciento de los latinoamericanos apuntan en ese sentido, y en México el 55.
Al enunciado: "la democracia puede tener problemas pero es el mejor sistema de gobierno", en México contestó afirmativamente el 55 por ciento. Muy lejos de la media de la región (76), para no hablar de Uruguay (90) o Argentina (88). Nuestro único consuelo resulta ser Guatemala (49).
A la frase "sin Congreso nacional no puede haber democracia", el 53 por ciento de los mexicanos contestó que en efecto, así era. Otra vez por debajo de la media (59) y muy lejanos de Argentina (80) y Uruguay (73). Y a la aseveración "sin partidos no puede haber democracia", exactamente la mitad de los mexicanos (50) contestó afirmativamente, mientras que el promedio de la región es de 58. Otra vez en Argentina y Uruguay (74) parece existir una mejor comprensión de lo que es la democracia y cuales son algunos de sus ingredientes insustituibles.
A la pregunta de ¿qué tan democrático es su país?, calificado del 1 al 10 como en la escuela, los mexicanos le damos al nuestro 5.9. Y evaluamos a Estados Unidos, España y Canadá por encima de nosotros (6.8, 6.2 y 6.6 respectivamente) y a Venezuela y Cuba por debajo (4.6 y 3.7).
"Bajo ninguna circunstancia apoyaría un gobierno militar" fue otra de las frases utilizadas para medir nuestros resortes democráticos. El 53 por ciento de los mexicanos compartió esa aseveración. Parece buena noticia, pero no lo es tanto porque en América Latina el promedio es 66. En Costa Rica el 90 por ciento contestó afirmativamente, y por debajo de México solo aparecen Paraguay (52) y Guatemala (40).
Solamente alcanzo a ver una buena noticia más allá del bosque de cifras: no existe ninguna fuerza política, ninguna corriente intelectual, ninguna agrupación civil que ofrezca una fórmula de gobierno distinta a la democracia.

REGLAS Y LEGITIMIDAD DEMOCRÁTICA

LORENZO CÓRDOVA VIANELLO
Para que la democracia funcione como el único juego reconocido para tomar las decisiones políticas en una sociedad (The only game in town, diría Juan Linz), se requiere de un compromiso preliminar que debe ser aceptado por todos los actores políticos y sociales sin excepción. Me refiero al compromiso respecto de las reglas conforme a las cuales se desarrolla ese juego.
Si no existe una conformidad unánime con las reglas de procedimiento democrático y con las autoridades encargadas de aplicarlas, la viabilidad del régimen democrático se diluye y se agota. Dicho en otras palabras, más allá de las diferencias políticas e ideológicas de las que se nutre el pluralismo político, y con ello la democracia, para que ésta subsista requiere que todos los individuos y los grupos organizados que éstos conforman asuman que el procesamiento de dichas diferencias debe hacerse con respeto a las reglas que caracterizan el juego democrático. Si esas reglas esenciales no se respetan, entonces ya estaremos jugando un juego distinto.
Es cierto que la democracia implica que las decisiones colectivas son tomadas con base en la regla de la mayoría y que la pretensión de unanimidad simplemente volvería impracticable en los hechos que aquellas fueran asumidas. Pero una cosa es que para decidir se requiera de una determinada mayoría predefinida y otra que la validez de las reglas constitutivas de la democracia requiera de un consenso generalizado y compromiso de todos de apegarse a ellas.
Lo anterior —que constituye el ABC de la teoría política democrática— conviene recordarlo de cara al reciente arranque del proceso electoral que culminará, el próximo año, con la renovación de todos los cargos electivos federales y la renovación de varios poderes en prácticamente la mitad de los estados.
Y vale la pena recordarlo porque las normas electorales encarnan, precisamente, una serie de reglas que resultan esenciales para que el procedimiento democrático efectivamente se lleve a cabo. Las reglas electorales tienen, desde ese punto de vista, un carácter estructural y fundacional del funcionamiento democrático de una colectividad. Si las normas electorales fallan, con toda probabilidad la operación del sistema también fallará.
De hecho, la legitimidad que presumen los regímenes democráticos, en cuanto su gobierno es emanado de la voluntad del pueblo (es decir, del conjunto de ciudadanos) expresada en las urnas, depende de que exista una aceptación generalizada de que las elecciones de donde emanan los órganos representativos públicos fueron apegadas a las reglas y los procedimientos preestablecidos y respecto de los que existe, como señalábamos, un consenso —es decir, una aceptación compartida— de inicio.
Hoy existe una cada vez más difundida presunción de que la legitimidad del poder puede construirse mediante el ejercicio eficaz del poder (más de uno pregona que lo que nos hace falta es un “gobierno eficaz”), menospreciando la legitimidad originaria que se desprende de un proceso electoral cierto e incontestado. Esa perspectiva es peligrosa porque encarna una gran dosis de autoritarismo intrínseco.
A propósito de reglas, hace apenas unas semanas presenciamos un lastimoso episodio en el que dos de los principales aspirantes a las candidaturas a la Presidencia de la República, Enrique Peña Nieto y Josefina Vázquez Mota, en una pasarela organizada por la CIRT descalificaron las normas relativas al modelo de comunicación política introducidas por la reforma electoral de 2007 y que en su momento fueron avaladas e impulsadas por sus respectivos partidos, el PRI y el PAN.
Lo preocupante no fue sólo el tono servil y condescendiente de sus declaraciones con la agenda particular de los poderes mediáticos (ocupados en una cruzada para denostar la reforma que se atrevió a tocar a sus intereses), ni la falsedad de lo dicho por uno de ellos de que la libertad de expresión se había restringido con el nuevo modelo, sino el hecho de que su franca descalificación de las reglas que rigen el acceso a la radio y la televisión de la política durante las precampañas y campañas electorales se da justo a unas semanas de que inicie abiertamente la competencia electoral.
Todo el mundo tiene el derecho de disentir con el sentido de las reglas y a plantear su eventual modificación, lo que es delicado es que dos destacados contendientes por la Presidencia desde ahora se sumen a la descalificación de las reglas del juego y que hasta ahora no hayan refrendado su compromiso a ceñirse indefectiblemente a ellas. Ojalá pronto lo hagan, con todo lo que ello implica.

LA VIOLENCIA QUE NO CEDE

MIGUEL CARBONELL

No cabe duda de que el sexenio del presidente Calderón quedará marcado ya para siempre por la explosión imparable de hechos violentos, que han arrastrado a miles de mexicanos hacia la muerte. Todos los indicadores disponibles demuestran que la incidencia delictiva en el país ha aumentado de forma importante de 2007 hasta hoy, sin que se observen avances sustantivos en ninguno de los principales campos de batalla contra la delincuencia.
Los llamados delitos de alto impacto, tales como el secuestro, el homicidio, la extorsión, el robo violento de vehículos y la violación, siguen imparables. La ciudadanía tiene miedo incluso presentar una denuncia. Según datos del INEGI, 92% de los delitos que se cometen en México no son denunciados.
En 2007 hubo 25 mi 133 homicidios en México; en 2008 hubo 28 mil 18; en 2009 hubo 31 mil 545 y en 2010 llegamos a un máximo histórico de 35 mil 53, cifra que supera con creces a los poco más de 25 mil fallecidos durante la primera Guerra del Golfo, ocurrida en 1990-1991.
Esto significa que en México se cometen 96 homicidios diarios; cuatro por hora; uno cada 15 minutos. Organizaciones de la sociedad civil reportan que cada día hay en el país entre cinco y 10 eventos de violencia —que no se denuncian— relacionados con el crimen organizado donde mueren menores civiles e inocentes. Tan sólo en 2006 —año que se tiene monitoreado— mil 326 menores de edad murieron en eventos relacionados con el combate al narcotráfico.
¿Cómo nos dejan los datos anteriores ante otros países? Las comparaciones pueden resultar odiosas, pero en este caso creo que son necesarias e ilustrativas.
Los países más peligrosos del mundo, tomando en cuenta el número de homicidios por cada 100 mil habitantes (con cifras de 2010) son Honduras (82), El Salvador (66), Jamaica (52) y Venezuela con 48. Ese mismo año el estado de Chihuahua tuvo un promedio de 124 homicidios por cada 100 mil habitantes. Si Chihuahua fuera un país, sería el más peligroso del mundo. Sinaloa tuvo en 2010 una tasa de homicidios de 64 por cada 100 mil habitantes, lo que equivale a decir que, si fuera un país, sería el tercero más peligroso del mundo. Ese es el tamaño del reto.
Por si lo anterior fuera poco, la mayor desesperanza proviene del hecho de que el gobierno dice que está haciendo muchas cosas, pero su eficacia está claramente limitada. Vayamos, de nuevo, a las cifras disponibles.
Según información proporcionada por el Consejo de la Judicatura Federal —dada en contestación a la solicitud de información 00044844 hecha por la revista Contralínea—, entre diciembre de 2006 y febrero de 2010 los juzgados federales de distrito sólo han dictado 735 sentencias de última instancia por delitos de delincuencia organizada. En otras palabras, tenemos un gran despliegue publicitario, con muchos detenidos pero muy pocos sentenciados.
Las investigaciones contra la delincuencia organizada no son muy veloces que digamos; en el Quinto Informe de Gobierno del presidente Calderón se nos informó que el tiempo promedio de tramitación de una averiguación previa por parte de la PGR fue de 269 días en 2006, 151 días en 2007 y 2008, 172 días en 2009 y 153 días en 2010. ¿Qué es lo que sucede en esos intervalos? ¿Qué tanta intensidad despliegan los agentes del Ministerio Público en la realización de sus investigaciones? ¿Cómo funciona la tramitación de las mismas, como para justificar periodos tan prolongados?
Hay un indicador adicional que nos permite advertir, tomando en cuenta solamente información oficial que aparece en los ya citados informes de gobierno del Presidente, que algo no se está haciendo bien en la PGR. El porcentaje de órdenes de aprehensión, reaprehensión y comparecencia negadas por jueces federales ha ido en aumento de forma preocupante. Esa cifra fue de 25% en 2008, 33% en 2009 y 38% en 2010. ¿Quién es responsable? ¿Por qué causas y razones se niegan las órdenes? ¿Qué es lo que contienen las averiguaciones previas que los jueces no tienen elementos para expedir los mandamientos que se les solicitan?
Si no somos capaces de resolver esas preguntas y de convertir a la acción del Estado mexicano en algo mucho más eficaz, la violencia seguirá entre nosotros por décadas. Si seguimos igual solamente podremos tener una certeza: nunca vamos a terminar con la violencia.

LAS OTRAS "C" DE LAS TELECOMUNICACIONES

JAVIER CORRAL JURADO

Cuando se verificó la parte más pública de la guerra de los mastodontes de la radiodifusión y las telecomunicaciones, esto es, el pleito entre el duopolio televisivo contra Telmex a propósito de las tarifas de interconexión, apareció con toda claridad una de las consecuencias más funestas que sobrevendrá, de confirmarse la autorización de la Comisión Federal de Competencia (Cofeco) a la fusión de Televisa-Iusacell en el negocio de la telefonía móvil: la colusión entre las televisoras para expulsar-censurar de la pantalla (tanto en contenidos informativos como publicitarios) a sus competidores.
Este es un hecho muy grave que de entrada no mereció sanción alguna por parte de la Cofeco, más bien su complicidad, siendo que en un país como el nuestro la televisión abierta es la principal fuente de información, entretenimiento y difusión de campañas publicitarias y, por lo tanto, la principal arena mediática de la competencia entre las telefónicas.
Televisa echó a Telmex de su pantalla cuando incrementó exponencialmente las tarifas de publicidad y ahora transmite anuncios de Iusacell (empresa de TV Azteca). Por su parte, TV Azteca expulsó de su pantalla a Dish, cuya meteórica y exitosa presencia en el mercado de la televisión satelital afecta a Sky (empresa de Televisa), éxito marcado sobre todo porque la empresa de los “platitos rojos”, perteneciente a la familia Vargas Guajardo, ofreció precios muy baratos y paquetes donde ofertó “lo que nunca te quisieron dar”, en clara alusión a la transmisión del noticiero de Carmen Aristegui a través del canal 52 de MVS, que en Sky fue censurado cuando éste se transmitía en W Radio, bajo el pretexto de una falla técnica.
Esa vertiente de censura no escapó al conflicto entre Telmex y las televisoras pues, quién lo diría, alcanzó al mismísimo Carlos Slim, en el momento de la inauguración del museo Soumaya, hecho que no existió para la televisión pese a la relevancia social y económica de esa obra de filantropía cultural.
Sin duda, el efecto más pernicioso de esa fusión entre las televisoras en el negocio de telefonía, es el de la concentración que se refuerza en quienes ya acumulan una gran cantidad del espectro y varias plataformas de transmisión de contenidos por virtud de las autorizaciones que el órgano “antimonopolios” les ha regalado. Entre las concentraciones más recientes autorizadas a Televisa están, en 2006, el 49% de Televisión Internacional TVI. En 2007, el 99.99% del capital social de Alvafig, empresa tenedora de 49% de Cablemás. En 2008, el 100% de Bestel, operador con la segunda red de telecomunicaciones de mayor tamaño en el país. En 2010 “resulta” ganador de la licitación de dos hilos de fibra óptica de la red de la CFE y en 2011 se engulle el 51% restante de Cablemás. Y ahora también tendrá el 50% de Iusacell.
Pero la complicidad de Cofeco por la que Televisa ha visto incrementar sus negocios y extender sus tentáculos tiene como argumento uno de los mayores absurdos no sólo en lo económico, sino también en lo técnico: considerar que el espectro de radiodifusión es distinto al de telecomunicaciones, esto es, no distinguir entre bienes del dominio de la nación, y servicio público concesionado. El recurso esencial (el espectro) es el mismo para ambos servicios, además que parece ignorar —¿o lo hace de mala fe?— el fenómeno de la convergencia tecnológica por el que se imbrican redes con servicios. Ésta fue la base con la que Eduardo Pérez Motta resolvió canalizar el espectro en la licitación 21, diseñada a la medida de Televisa.
La Cofeco tendría que tomar en cuenta el espectro radioeléctrico que ya controla Televisa gracias a los 321 canales de televisión que se encuentran en sus manos.
Raúl Trejo Delarbre lo señala con su característica contundencia: “No sería admisible que la autoridad considerase que las frecuencias concesionadas a Televisa son solamente para televisión y que la banda ancha controlada por Iusacell sirven sólo para telefonía. La convergencia tecnológica permite usos similares de todas esas bandas. La inversión en Iusacell-Unefon además significa la asociación de Televisa y TV Azteca para profundizar juntos su presencia en el mercado de las telecomunicaciones. El duopolio sería monopolio”.
Televisa es el acaparador más grande de frecuencias en México: tiene 257 concesiones para televisión abierta y el mismo número de frecuencias digitales en operación y reservadas hasta 2021. Con la intentona de Cofetel de modificar la política digital para autorizar la “multiprogramación” en estas frecuencias, esa empresa puede expandirse en cada plaza hasta por cinco canales adicionales en cada una de sus frecuencias. Televisa tiene tres cadenas nacionales y una regional, representa 60% de todas las concesiones, posee 71% de participación de audiencia y se lleva 70% del mercado publicitario de televisión, y gracias a la Cofeco tiene 50% del mercado de televisión restringida. Como su voracidad es insaciable, ahora van por más. Por supuesto, con la complicidad de las autoridades, en la época de mayor debilidad del Estado.

CONSTITUCIÓN: ¿MARCO NORMATIVO O DECORATIVO?

CIRO MURAYAMA RENDÓN

El relator especial de las Naciones Unidas sobre el Derecho a la Alimentación desarrolló este año una misión en México y concluye que: “le preocupa que no se cumpla el mandato constitucional de que el salario mínimo debe estar alineado al costo de la canasta básica”. En efecto, el artículo 123 de la Constitución establece que los “salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos”. Pero en la realidad, como subraya el relator de Naciones Unidas, “el salario mínimo se fija en aproximadamente 57 pesos por día, alrededor de 25% de lo que representaría un jornal adecuado para la subsistencia”. Es decir, para que un trabajador que gana el salario mínimo tuviera acceso a los bienes que establece la Constitución, el monto debería rondar los 220 pesos diarios.
El relator de Naciones Unidas señala directamente responsabilidades y responsables: “la comisión nacional tripartita sobre los salarios mínimos encargada de establecer el salario mínimo para los diversos niveles de calificación está violando sus deberes constitucionales y los derechos humanos internacionales”.
En México el salario mínimo se ha convertido en una mera unidad de cuenta para, por ejemplo, fijar multas de tránsito o ser multiplicador para calcular el monto de financiamiento a los partidos políticos, pero lejos está de cumplir la letra constitucional que, en este punto, es papel mojado.
En noviembre de 2002, se publicó en el Diario Oficial de la Federación el decreto por el que la educación preescolar se volvió obligatoria en México. Así, se modificó el artículo tercero constitucional para establecer la responsabilidad del Estado de impartir este nivel (añadiéndose a la primaria y secundaria), y también cambió el artículo 31 para hacer explícito el mandato a los padres para enviar a sus hijos a preescolar.
Sólo que casi 10 años después tal disposición constitucional no aplica porque no hay suficiente oferta de servicio público de educación preescolar. En la entidad donde más se ha avanzado, el Distrito Federal —donde hay que recordar que la educación básica depende de la SEP y no del gobierno local—, la cobertura de educación pública en preescolar ronda sólo el 30%. Así que, o bien los niños no van a preescolar, lo cual eventualmente afectaría su ingreso a la primaria, o bien sus padres se ven forzados a pagar escuelas privadas.
De nuevo, un caso de incumplimiento de la Constitución porque las autoridades no se han ocupado de garantizar suficiente educación pública. No obstante esta situación, y en vez de tomar medidas para corregir la situación ilegal prevaleciente, el Congreso de la Unión ya aprobó la obligatoriedad del bachillerato, que —de seguir las cosas como están— implicará una vez más asegurar un nicho de mercado para las escuelas particulares si no se amplía la oferta pública.
Así, la Constitución se va llenando de buenos propósitos y de pocos derechos efectivos.
Un tercer caso donde la letra constitucional empieza a tener ecos de mero llamando a misa se refiere a la integración del Instituto Federal Electoral. El artículo 41 constitucional no deja lugar a dudas en el sentido de que el Consejo General del IFE se integra “por un consejero presidente y ocho consejeros electorales”. Pues bien (pues mal), desde el 31 de octubre de 2010 el Consejo General del IFE tiene sólo cinco consejeros electorales porque la Cámara de Diputados no ha atendido a su obligación constitucional de nombrar, con el voto de sus dos terceras partes, a los nuevos consejeros.
Siempre hemos escuchado a los abogados decir: “el desconocimiento de la norma no exime de su cumplimiento”. Hoy, con su actuación, ciertas autoridades y legisladores demuestran que: “el conocimiento de la Constitución no obliga a su cumplimiento”.

UNA HISTORIA JUDICIAL

GENARO DAVID GÓNGORA PIMENTEL
 
En un hermoso libro de J. Moliérac llamado Iniciación a la Abogacía[1], se cuenta la siguiente anécdota:
 
“Jules Simon recuerda la noble actitud de un magistrado del gran siglo, Chamillard, que fue ministro de Luis XIV, había llevado al Parlamento un proceso que acababa de ser juzgado. El perdidoso vino a verle y deplorando su ruina, se quejaba de haber sido condenado, volviendo siempre a cierto documento que, en su concepto, debería hacerle ganar el pleito. Chamillard, que le escuchaba con paciencia y dulzura, le dijo que, en efecto, hubiese ganado, si tal documento se hubiera exhibido, pero que no se hallaba en el expediente. Insiste el litigante, se discute y por fin, Chamillard abre el bolso[2] y en el encuentra el documento capital, que cambiaba la faz del asunto y que, por negligencia, había omitido leer. Inmediatamente tomó su decisión. Dijo al litigante que volviera al día siguiente y como la sentencia era inapelable pasó la noche rastreando sus ahorros y habiendo reunido el monto del perjuicio causado al litigante, se lo entregó, despojándose de tal suerte de casi toda su fortuna. Cumplió así su estricto deber, pero es bello hacerlo, ¡cuando cuesta tan caro! Lo que hizo a continuación no es menos honroso: fuese a ver al presidente de su compañía y le rogó que nunca más le encomendara informe alguno. En cierta forma consumaba así su ruina, pero es que, se tenía a sí mismo por sospechoso después de haber cometido tamaño error, aunque, noblemente lo hubiese reparado”.

Desde luego, esta historia contada en tintes heroicos, es obra de un litigante. Pero…. ¿Será cierta?...
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[1] Editorial Porrúa, S.A., 1974, traducción de Pablo Macedo, pp.16.
[2] Uso que databa de los romanos, consistente en poner en un talego los documentos del proceso.

TESTAMENTO DE UN REGLAMENTO

JULIO JUÁREZ GÁMIZ

Como si de cumplir una nueva profecía bíblica se tratara, el consejo general del IFE se dio a la tarea el pasado jueves 27 de octubre de resucitar por segunda ocasión al Reglamento de Radio y Televisión que el TEPJF conminara en septiembre pasado a corregir pues, entre otras cosas, los concesionarios de la radio y la televisión no habían sido escuchados al ser aprobadas las reglas que ordenan la transmisión y pautado de los spots de radio y televisión a través de los tiempos del Estado
Del jueves a la fecha se han formalizado ya las nuevas impugnaciones del PRD, el PAN y el PRI ante el TEPJF. Los primeros dos partidos han argumentado la supuesta violación constitucional por brindar el nuevo Reglamento un trato de excepción a los dos grandes concesionarios de televisión, al concederles un día extra (cuatro en lugar de tres) para la transmisión de los spots de los partidos políticos bajo el argumento de que la localización física del domicilio legal de las televisoras, el Distrito Federal, impide la ejecución del pautado en sus repetidoras a lo largo del país. Algo de entrada inverosímil en el caso de la publicidad comercial en un mercado de televisión en donde más del 80% de las concesiones locales de televisión pertenecen a, adivinó usted, Televisa y TvAzteca.
Por su parte, el PRI reculó frente a la posibilidad de que el nuevo Reglamento impida a un partido político la transmisión de promocionales sobre un candidato de unidad, durante tiempos de precampaña, y obligando, en su caso, a la transmisión de mensajes genéricos del propio partido.
El actual enredo en el que se encuentran metidos autoridades electorales, medios de comunicación y los partidos políticos ilustra de manera muy clara la omisión regulatoria, quizá por alevosía o simple desinterés por parte de la clase política mexicana, de tres elementos centrales en procesos electorales propios de una democracia deliberativa que, paradójicamente, no pueden ser únicamente reglamentados desde la óptica electoral.
Primero, el concepto de publicidad política, es decir, de los formatos, plataformas y contenidos de la promoción política que, a través de los medios de comunicación, hacen candidatos, servidores públicos y cualquier otro actor interesado en promoverse en el espacio público. Normar el acceso de los actores políticos a los medios de comunicación parecería hoy reducirse a la utilización del tiempo oficial y al diabólico entramado operativo que conlleva la transmisión del pautado que representa administrar 48 minutos por frecuencia de radio o canal televisivo durante procesos electorales federales y otro tanto en procesos electorales locales.
Por más riguroso que sea este modelo, su implementación carecerá de sentido en un mercado mediático en donde uno puede comprar o adquirir menciones, entrevistas, apariciones e invitaciones en una parte considerable de los medios de comunicación electrónicos. Ese aspecto, central en el modelo de publicidad política, representa el verdadero elefante en el salón en sesiones del Consejo General del IFE en donde se intenta precisar el número de días que deben transcurrir entre la producción de un spot y su transmisión.
Poco importa la discusión jurídica y logística de la transmisión de los spots cuando existen dos pistas de promoción mediática, una regulada ad nauseaum y otra en donde se puede hacer lo que se quiera siempre y cuando se tenga el dinero suficiente para promoverse. Prenda usted su televisor a cualquier hora de cualquier día y verá que la distinción entre los comerciales y los contenidos de los programas es cada vez menos clara. No importa si es una bebida refrescante, un jabón o un político.
Un segundo aspecto es la libertad de expresión para que un partido político o candidato diga lo que piensa sobre sus contrincantes durante una campaña, siempre y cuando, se identifique plenamente ante el auditorio al momento de hacerlo. Sigo preguntándome por qué la ley electoral mexicana no obliga a que, en su publicidad, un candidato se identifique plenamente en audio y video aprobando lo que dice el mensaje de su campaña. Quizá una de las muy pocas pero útiles exigencias en otro modelo de comunicación política sostenido en los mensajes de 30 segundos, el estadounidense. Útil porque limita el uso de acusaciones infundadas o denigratorias pues, como décadas de investigación en el efecto de los spots de campaña lo demuestran, el que paga el precio de difamar ante el electorado es directamente el candidato difamador. Sin necesidad de abogados, multas salomónicas, interpretaciones jurídicas y demás faramallas legaloides que tanto fascinan en México.
Por último, es entendible la complejidad técnica y jurídica de la implementación del actual modelo de comunicación política. Simplemente son muchos los actores involucrados (concesionarios, permisionarios, partidos políticos, candidatos) dentro de numerosos niveles de implementación (locales, estatales, federal) todo dentro de aspectos de la vida pública profundamente abandonados por el legislador: la radio, la televisión y las telecomunicaciones.
Esto no significa que los procesos de comunicación propios de una campaña electoral deban estar sometidos a la lógica jurídica pues, tal y como ha quedado demostrado, los medios (los contenidos que producen y distribuyen) siempre irán más adelante que los esfuerzos por acotar el discurso público. Que lástima que sigamos enfrascados en la lógica de la simulación regulatoria en materia de comunicación política.
Tal y como sucedería con una reforma política de gran calado, sin una ley de medios que acompañe estas y otras disposiciones, poco aportará la autoridad electoral a la vida democrática del país. Mucho menos lo harán las sesudas intervenciones de los consejeros electorales aunque algunos se regodeen en sus conocimientos jurídicos. Su interpretación de la comunicación política es tan fútil como inconexa con la realidad de millones de mexicanos que irán a votar el próximo 1º de julio. Ese, no los fuegos artificiales del debate, es el verdadero problema de la democracia mexicana. El fracaso de la realidad frente a la simulación de su regulación. Ahí el triste testamento del Reglamento aprobado en lo general el jueves pasado en el Consejo General del IFE.

LA HERENCIA DE CALDERÓN

RAÚL CARRANCÁ

Al encabezar la trigésima primera sesión del Consejo Nacional de Seguridad Calderón dijo que viene una nueva crisis de inseguridad. Es lo que nos está dejando y nos va a dejar. Ya no será Presidente dentro de un año y un mes y quién sabe dónde vivirá, si en México o en el extranjero; pero donde viva estarán él y su familia literalmente cubiertos de seguridad por su "lucha valiente" que tantos alaban y aplauden desde lejos. Pero aquí no se sabe con exactitud si el que llegue a la Presidencia cambiará la actual estrategia de guerra violenta e infructuosa en contra de la delincuencia organizada y del narcotráfico, que ha mantenido en inseguridad a millones de mexicanos y costado más de 50.000 vidas humanas. Desde luego no se cambiará si triunfa el PAN. Sin embargo la herencia de Calderón es clara a la luz de las estadísticas y de la realidad. Recientemente lo han confirmado la Rand Corporation y el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). Lo que me llama la atención es que ninguna de estas dos organizaciones, aparte de la discutible credibilidad de la primera, sitúan de manera directa sus conclusiones en el espacio del Derecho, o sea, en lo relativo a la procedencia o improcedencia constitucional y legal de la guerra que lleva a cabo el gobierno; pero sí lo hacen de manera indirecta. Veámoslo. La norteamericana con sede en Santa Mónica, California, dice que México enfrenta una serie de "crecientes desafíos" en las áreas de gobernabilidad y legalidad, entre otras. No va a fondo en las razones pero me parece evidente que con una Constitución adulterada en la reforma de 2008 el gobierno no cuenta con un instrumento legal, adecuado y eficaz, para enfrentar la delincuencia. Lo que se reitera con la iniciativa de Calderón de un nuevo Código Federal de Procedimientos Penales, plagada de serios errores que desconocen o ignoran derechos y garantías de los gobernados. Por ejemplo, la orden de cateo concedida por el juez al Ministerio Público y a través de "cualquier medio". La Rand Corporation compara la "guerra" emprendida por el gobierno mexicano con la primera fase de lucha contra la insurgencia, añadiendo que el gobierno se halla en peligro de perder. A mí no me escandaliza aquí la palabra insurgencia, a la que yo agregaría criminal, puesto que desde hace más de cinco años estamos en presencia de un levantamiento precisamente criminal contra la autoridad. A su vez el Instituto Mexicano para la Competitividad señala que hay más gente que se siente cada vez más insegura en más zonas del país, precisando que "la mayor agresividad del gobierno en la persecución de los cárteles pudo haber sido el catalizador de un aumento extraordinario del número de homicidios en el segundo trimestre de 2008. A partir de ese punto -concluye-, es probable que la violencia se haya alimentado a sí misma". ¿Qué significa lo anterior? A mi juicio, que esa mayor agresividad del gobierno no tiene nada que ver con la fuerza constitucional y legal del Estado, con su función coercitiva. Es decir, que con su "guerra" el gobierno ha desbordado los límites jurídicos de su responsabilidad. En otros términos, la respuesta violenta del gobierno al crimen, pero sin el control del Derecho, ha acarreado más violencia delictiva. El Instituto insiste: cinco medidas aplicadas por el gobierno, entre ellas el despliegue masivo de fuerzas federales y la "decapitación" de organizaciones criminales, "pudieron elevar los niveles de violencia en el país". Y yo insisto: si ese despliegue de fuerzas federales estuviera apoyado íntegramente en la Constitución, en su espíritu, lo mismo que la "decapitación", no se habrían elevado a dicho grado los niveles de violencia.
Ese es el quid del terrible problema de México. Con el Derecho, la Constitución y las leyes que de ella emanan, no manipulados, manoseados, alterados o desvirtuados en su esencia, se deben y pueden disminuir los dramáticos índices de inseguridad y violencia. ¡Que éste sea el asunto a dilucidar en 2012!

martes, 1 de noviembre de 2011

PROBLEMAS DE PRECAMPAÑA

JORGE ALCOCER VILLANUEVA

Al regular las precampañas el Congreso de la Unión atendió dos hechos: uno fue el antecedente de aspirantes que hicieron precampaña por varios años; el otro fue una sentencia de la SCJN, que las consideró parte del sistema electoral. Como en otros asuntos de la reforma 2007, los partidos no están a gusto con su obra y han sido incapaces de poner orden para que los aspirantes respeten plazos y reglas.
Una cosa es que aspirantes y partidos se brinquen las trancas y otra muy distinta es que el IFE haga caso omiso de la ley al resolver sobre los métodos y plazos que le notificaron, por separado, los partidos políticos nacionales, respecto de los procesos internos y precampañas. Dos casos llaman la atención.
El PAN resolvió que la consulta para seleccionar a su candidato presidencial podría tener lugar en dos vueltas, si es el caso que se inscriban tres precandidatos, y que en la primera vuelta ninguno de ellos alcance el porcentaje de votación exigido por los Estatutos (la mitad más uno de los votos; o el 37% o más, con una diferencia sobre el segundo lugar de por lo menos 5 puntos porcentuales). En tal hipótesis, habrá una segunda vuelta entre los dos precandidatos de mayor votación, que tendría lugar dos semanas después de la primera. Aunque no es explícito, se colige que la consulta para diputados y senadores de mayoría relativa tendrá lugar durante la primera vuelta, pero tratándose de candidatos plurinominales, la consulta tendría lugar el último día de febrero de 2012. Podría haber tres jornadas electivas internas.
El problema, para el PAN, es que el inciso c), párrafo 2, del artículo 211 del Cofipe establece una sola jornada de consulta, para todas las candidaturas. Hay un enredo mayúsculo detrás del tema: el Consejo Nacional del blanquiazul reformó los Estatutos en 2008, después de publicado el nuevo Cofipe, estableciendo la regla antes citada. El Consejo General del IFE aprobó tal reforma, sin observar la evidente contradicción. El IFE tendrá que pedirle al PAN que se ajuste a la norma legal, y este dirá, con justa razón, que la conducta de la Autoridad no puede causarle perjuicio. La única salida que tendría el PAN para resolver el problema es poner en práctica un complicado procedimiento contemplado en su Reglamento de Selección de Candidatos (Art. 50): hacer la primera y segunda vueltas para candidato presidencial el mismo día, y consultar también sobre las otras candidaturas, a menos que el IFE o el TEPJF decidan cambiar la ley.
Ayer este diario informó (p.8) que las tres encuestas para determinar el candidato presidencial del PRD se realizarán entre el 4 y el 6 de noviembre, y que sus resultados serán publicados el día 15. Cada aspirante decidirá una empresa, y los aliados (PT y MC) la tercera. Aunque el resolutivo del reciente congreso extraordinario del PRD señala que las encuestas serán "a población abierta", Dolores Padierna, secretaria general, afirmó que solo participarán en ellas los afiliados; es un asunto no menor, por el posible impacto que la decisión tendría sobre el resultado.
Hay otro problema. El PRD notificó al IFE que la elección de su candidato presidencial será, "tentativamente", el 19 de febrero de 2012. Pero si las encuestas de este mes dan un ganador contundente, parece obvio que el perdedor se retirará de la contienda y habrá precandidato único, que no podrá hacer precampaña ni aparecer en los mensajes de radio y TV que corresponderán al PRD, y a los partidos que con él se coaliguen. En otras palabras, las encuestas habrán definido al candidato presidencial del PRD con más de un mes de antelación al arranque de la precampaña, y sin ésta, el ungido tendrá que guardarse en caja fuerte hasta el 29 de marzo de 2012.

Posdata. En el afán de quedar bien con las empresas de televisión y radio, varios aspirantes a candidato presidencial se sumaron a la desinformación sobre los debates en precampaña. La semana pasada tocó el turno a Ernesto Cordero, que calificó de "lamentable" la ley electoral, ¡por una prohibición que no existe! El Cofipe no prohíbe los debates. Lo que está en duda, por sentencia del TEPJF, es su difusión, por radio y televisión, en programas especiales sin fines de lucro.


REMEDO DE REFORMA

MARÍA AMPARO CASAR

Una raya más al tigre. Una raya más que desprestigia a los legisladores. Que demuestra no la incapacidad de llegar a consensos sino su falta de seriedad. Que nutre el escepticismo. Los partidos prometieron una reforma política de gran calado y entregaron un remedo de reforma.
Cuando el Ejecutivo y cada partido plantearon sus más recientes iniciativas de reforma política todos coincidían en el diagnóstico de los problemas y los objetivos a alcanzar. Preocupados por el desencanto con la democracia, por el descrédito de los políticos y por la difícil relación entre poderes que se traduce en la ineficaz toma de decisiones, anunciaron por enésima ocasión que sus iniciativas respondían a los propósitos de represtigiar la política, ampliar la rendición de cuentas, empoderar a los ciudadanos y mejorar las posibilidades de acuerdo. Ninguno de los objetivos se logró. Consumieron meses de discusión para sacar una reforma que en poco cambiará la estructura y funcionamiento del régimen. De las más de 40 propuestas pasaron seis. Las menos importantes. Por añadidura, en la Cámara de Diputados protagonizaron una sesión que con sus tintes circenses acabó dañando aún más la imagen de los legisladores.
El cuento del empoderamiento ciudadano quedó en tres figuras -que aún esperan regulación- con poco potencial para transformar el sistema. Las candidaturas independientes se han revelado en la experiencia internacional como un instrumento bastante inocuo. En los congresos del mundo son pocos, poquísimos, los candidatos independientes. Además no pesan. Poco es lo que pueden hacer porque los congresos funcionan a partir de los partidos. El empoderamiento a través de la iniciativa ciudadana es una quimera. Si un grupo de mexicanos está determinado a lanzar una iniciativa está el expediente de convencer a un diputado para que la introduzca y la defienda. Su cabildeo, ese sí, puede correr a cargo de un movimiento social dispuesto a comprar la causa. Así ocurrió con la iniciativa que nos trajo el derecho a la información. Para qué complicarse con tantas firmas. ¿Creemos que los legisladores se van a sentir presionados? La consulta popular está bien pero tampoco nos empodera. Funciona para casos excepcionales y las más de las veces es un instrumento para ser utilizado a modo de los partidos o del gobierno.
En cambio, la pieza central del empoderamiento ciudadano y de la rendición de cuentas quedó fuera. Habiéndose aprobado en el Senado, los diputados del PRI decidieron que los mexicanos siguieran privados del derecho a decidir si un legislador o un alcalde debe permanecer en el cargo porque hizo un buen trabajo o castigarlo por hacerlo mal.
De mejorar las posibilidades de acuerdo, el segundo gran objetivo de la reforma, ni hablar. A la iniciativa preferente le quitaron los dientes. La gracia de la iniciativa preferente es precisamente que si los legisladores no atienden y votan una iniciativa que el Presidente manda con carácter prioritario, ella se convierte en ley. Es un castigo para la inacción legislativa, un incentivo para el acuerdo y un remedio para la congeladora. Pero no. Se autoimpusieron la obligación de discutir, aprobar o rechazar ciertas iniciativas en un plazo perentorio pero no quisieron ponerse la sanción en caso de no cumplir con la obligación. Y, ya se sabe, en este país sin sanción no hay obligación. Ahí están, para comprobarlo, los doce meses consecutivos en que los diputados, sin consecuencia alguna, han violado la Constitución al no cumplir con su obligación de nombrar a los consejeros del IFE.
La otra pieza para agilizar la toma de decisiones e incentivar los acuerdos también fue frenada por los diputados: seguiremos siendo de los pocos países sin un mecanismo de reconducción presupuestal. De nuevo, prefirieron no amarrarse las manos que prever la solución a un atorón que dejaría al país en una crisis constitucional.
No hay de qué quejarse. Tuvimos la reforma política que la mayoría en la Cámara de Diputados quiso. Así es la democracia. La aritmética legislativa no le alcanzó al PAN ni al PRD para imponer sus preferencias. Acariciaron la idea de votar en contra del dictamen que el PRI con su mayoría en comisiones sometió al pleno. La idea era exhibir que ese partido se negaba a pasar una reforma que atendiera a los mínimos requerimientos que los propios legisladores habían hecho explícitos en sus exposiciones de motivos. Al final no lo hicieron. Supongo que pensaron que los costos de no pasar nada iban a ser mayores y se conformaron con el remedo de reforma. Así nos vamos: con remedos de reformas o, de plano sin ellas.

ELOGIO DEL CONTENEDOR

RICARDO BECERRA LAGUNA
 
Un grueso tomo de cuentos terroríficos -debido al fortachón marinero William Hope Hodgson- culmina con un curioso glosario de términos náuticos donde aparecen palabras tan bonitas y tan desconocidas como éstas: barlovento, botavara, cornamusa, derrelicto, filástica, marchapié y sobrejuanete.
Objetos y conceptos duros y toscos que los de tierra ignoramos completamente, pero que, a bordo, se convierten en herramientas de vida o muerte, si de surcar el mar se trata.
A la driza, el bauprés, el racamento o el trancanil, recientemente, se ha agregado otro rudo trasto, cuyo nombre es mucho menos estilizado pero que resulta ser “el objeto más importante de la globalización”: el contenedor metálico de carga.
Según el sociólogo James Fulcher, ni las modernas perforadoras de petróleo, ni las grandes aeronaves, ni la computadora, ni Internet, ni los celulares, ni siquiera las tabletas casi mágicas de Jobs, se comparan en su importancia comercial y universal con los contenedores de carga que se montan en los buques, barcos y trasatlánticos.
Equipados con dispositivos de amarre en rieles longitudinales y vigas en las esquinas, estos “ataúdes de lejana mano de obra” son los responsables del noventa por ciento del flujo mundial de las mercancías, de modo que casi todo lo que se crea en el planeta, todo lo que se compra y se vende, cabe y viaja en ellos.
Se trata de una caja de metal de características estándar, de modo que un estibador en Rotterdam lo reconoce igual que uno en Hong Kong, Puerto Elizabeth o Bilbao. Su radical importancia se debe a su principal característica: es fácilmente trasladable -del barco al tren o al camión y viceversa- de modo que todo objeto producido en el mundo, de cualquier valor y forma, se protege y se mueve en ellos.
Fulcher insiste en poner atención a los cubicados y rudos contenedores para recordarnos la realidad neciamente material del mundo, y para alertarnos de la nueva mitología según la cual, la sociedad global se acerca y se representa cada vez más y mejor, a través de metáforas livianísimas y táctiles: redes inalámbricas, telecomunicaciones, Internet, iPhone y la Matrix. Un mundo que ha dejado de ser sólido para volverse sobre todo, ligero, digital y virtual.
En su ensayo “Time-Shift: In A Future World” el historiador y sociólogo subraya, una y otra vez, que a pesar de la propaganda, la globalización no se nutre ni se despliega en los leves espacios cibernéticos de la fibra óptica, ni es tan cierto que vivamos una era posindustrial y pos-mecánica; por el contrario, el comercio mundial, el cúmulo de mercancías que danzan aquí y allá, en China o en la India y Brasil, siguen dependiendo de las reliquias que flotan, del óxido y de los cables que crujen en los barcos.
La “vieja economía”, la que depende de viajes largos, pesados materiales y de procesamientos grasientos, sigue siendo tan decisiva como siempre, como las East Indianman de la Compañía de las Islas Orientales del 1601.
Por eso, la cacareada, única e innovadora globalización de entre siglos “ni siquiera ha cambiando de vehículo”, con la única diferencia de que hoy, los barcos no son más esas venerables y angulosas naves de compleja arboladura (otra palabra del glosario), sino descomunales fábricas o almacenes flotantes en los que viajan decenas de miles de contenedores estándar, conectados a un sistema mundial de distribución just in time.
Así las cosas y por mucho y que hayamos avanzado en la Red o en los satélites orbitales, el océano sigue siendo “la realidad”, la verdadera interconexión mundial.
Visto así, la globalización no es otra cosa que el movedizo y brutal lugar cruzado a diario por miles de millones de contenedores, repletos de pimienta, I-Pads, tenis, teléfonos, automóviles, promesas, violencia y desorientación cuya única guía es “la búsqueda incesante del siguiente puerto, con la mano de obra más barata”.

LA DISPUTA POR EL CONTROL DEL PRD

JESÚS CANTÚ ESCALANTE

En las elecciones de los consejeros y delegados perredistas no están en juego la definición del método de selección y la propia designación del candidato presidencial del PRD, sino el control del partido para los próximos tres años y las candidaturas para 500 diputaciones federales, 128 senadurías, seis gubernaturas (aunque los comicios en Chiapas serán el tercer domingo de agosto de 2012) y la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal, así como para varios centenares de diputaciones estatales y presidencias municipales.
El método de selección interna del candidato presidencial perredista para el 2012 ya fue decidido por el XIII Congreso Nacional, y señala con claridad que el Consejo Nacional, al resolver quién será el abanderado, deberá tomar en cuenta el resultado de una encuesta abierta a la ciudadanía, así como los acuerdos que tomen los propios precandidatos. Dicho procedimiento ya fue avalado por la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que en su sesión del 21 de septiembre declaró infundados e inoperantes los agravios que pretendía hacer valer el senador perredista Carlos Sotelo. De modo que el pasado 19 de octubre el PRD notificó dicho procedimiento de elección al IFE.
Así que para la designación del candidato presidencial del PRD, y seguramente de la alianza con el Partido del Trabajo y el Movimiento Ciudadano, los integrantes del nuevo Consejo Nacional no tendrán mucho margen de acción, pues prácticamente están obligados a acatar los resultados que arroje la encuesta de preferencia electoral abierta a toda la ciudadanía. Pero donde sí tienen margen de acción es en la selección del resto de las candidaturas, y esas son decisiones fundamentales que tomarán los órganos directivos que emergerán del actual proceso electoral.
No es ninguna casualidad que los procesos que tuvieron que suspenderse fueron en entidades (Chiapas, Distrito Federal, Oaxaca, Veracruz y Zacatecas) donde el partido del sol azteca tiene una fuerte presencia electoral y es o ha sido gobierno, salvo en el caso de Veracruz; y además en dos de ellas (Chiapas y DF) renovarán al titular del Ejecutivo local en el 2012.
El control de los consejos nacional y estatales se vuelve determinante para la postulación de los candidatos, ya que tales órganos son los que tienen la atribución de establecer las reglas al efecto. Y justamente porque la candidatura a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal es la segunda posición más disputada, es muy lógico que la principal pugna surja en el DF, entidad que los perredistas consideran como segura para la elección del 1 de julio del 2012.
Los perredistas no parecen darse cuenta de que están en riesgo de perder el gobierno de la capital, y aún cierran los ojos ante las encuestas que muestran cómo han perdido fuerza, al grado de que las preferencias electorales por partido muestran diferencias con el PRI de un solo dígito; incluso algunas encuestas, como la divulgada por Reforma el lunes 24, indican que, al incluir candidatos, Beatriz Paredes les gana a todos los aspirantes perredistas, aunque con algunos se encuentre dentro del margen de error.
La proximidad de estas definiciones vuelve sin duda más encarnizada la disputa, pero no es lo único que está en juego, pues la elección de consejeros federales y estatales y delegados al Congreso Nacional también resulta fundamental para el control del partido durante los próximos tres años. Fue precisamente esa correlación la que resultó clave para que finalmente Jesús Zambrano y Dolores Padierna tuvieran que compartir la dirigencia nacional del PRD, el primero como presidente y la segunda como secretaria general.
De esta manera, aunque la designación del candidato presidencial gravita sobre la elección interna del PRD, no es la principal causa de la disputa. De hecho, aunque las principales corrientes ya se alinearon en su apoyo a Andrés Manuel López Obrador o Marcelo Ebrard, no son sus candidaturas las que motivaron estos posicionamientos, sino las diferencias previas entre Nueva Izquierda y sus aliados con la Izquierda Democrática Nacional y los suyos, es decir, Los Chuchos contra René Bejarano y Dolores Padierna.
Lo que está en disputa es realmente el futuro del PRD, pues aunque un triunfo del candidato de la izquierda en la elección presidencial del 2012 cambiaría totalmente el panorama, lo cierto es que el grupo que obtenga la mayoría de los consejeros y delegados federales asegura el control del partido (sobre todo si logra más de las dos terceras partes de las posiciones), y si ese grupo es el de Los Chuchos (y López Obrador no gana la Presidencia) las posibilidades de ruptura crecen exponencialmente, ya que muy probablemente buscará convertir a Morena en partido político.
En el caso contrario, es decir, de que fuese IDN el grupo que obtuviera la mayoría, empezaría casi de inmediato un desplazamiento del resto de los grupos de las posiciones de poder dentro del partido, aunque en ese caso no se daría la ruptura porque las minorías no tienen forma de conseguir otro registro.
Por eso la lucha es encarnizada, y la Comisión Política Nacional tuvo que acordar la madrugada del viernes 28 de octubre posponer otra semana (hasta el domingo 6 de noviembre) las elecciones en las citadas entidades, así como la anulación de la elección en Tamaulipas. Todas las decisiones se tomaron por unanimidad, salvo la posposición del DF, donde fue por nueve votos a favor y seis en contra, lo cual muestra claramente que es allí donde las diferencias se agudizan.
Así pues, la disputa por el control del partido y el impacto que éste tiene en el reparto de candidaturas y recursos económicos, está detrás del enésimo espectáculo de desaseo electoral del PRD, lo que afecta su imagen y disminuye sus posibilidades de triunfo en las elecciones del 1 de julio del 2012, aunque afortunadamente para el perredismo en esta ocasión ese episodio no ha tenido tanta atención en los medios de comunicación masiva.

ANTE EL SISTEMA INTERAMERICANO DE DERECHOS HUMANOS

JOSÉ RAMÓN COSSÍO DÍAZ

En 2010 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos recibió 1,598 denuncias por presuntas violaciones a este tipo de derechos. 267 fueron en contra del Estado mexicano. Nuestro país ocupó en ese lapso el segundo lugar, entre las 325 de Colombia y las 91 del Perú. Del total de denuncias recibidas contra México, la Comisión decidió darle trámite a 29 y otorgar medidas cautelares en 13. Al número de casos admitidos en 2010 se suman los anteriores, para dar un total de 96. Aun cuando en 2010 no se presentaron demandas de la Comisión ante la Corte Interamericana en nuestra contra, se dictaron tres sentencias condenatorias (Fernández Ortega y otros, Rosendo Cantú y otra y Cabrera García y Montiel Flores), mismas que deben sumarse a las dos dictadas en 2009 (“Campo Algodonero” y Radilla Pacheco). Si atendemos a estos números y a los promedios de resolución de la Corte Interamericana, es posible predecir que nuestro país enfrentará alrededor de tres resoluciones por año.
Los asuntos que actualmente se están denunciando ante la Comisión tienen que ver con acciones de las Fuerzas Armadas y de seguridad, condición de las prisiones, detenciones arbitrarias, trato a inmigrantes, agresión a defensores de derechos humanos y periodistas, desapariciones, torturas y violencia contra las mujeres, por ejemplo. Si relacionamos estas materias con los casos por los que nuestro país y otros de la región han sido condenados, podemos prever que dentro del alto número de sentencias habrá uno igualmente alto de condenas. Las sentencias de este tipo son graves no sólo por lo que implican, sino principalmente por lo que ponen de manifiesto. Conforme a estándares por los que como país aceptamos ser juzgados, los jueces a quienes dimos poder podrán estimar que nuestras prácticas jurídicas y democráticas no son satisfactorias: que las autoridades no son capaces de proteger a los habitantes de su territorio de las acciones llevadas a cabo por las propias autoridades.
Si las anteriores conjeturas son correctas, ¿qué podemos esperar y cómo debemos actuar? Desde luego y de manera preventiva, estableciendo las condiciones para que la lucha contra la delincuencia se lleve a cabo dentro del marco constitucional. Es preciso no ceder a la tentación de asignarle el carácter de delincuente a quien manifieste disensos o diferencias ni, mucho menos, juzgarlo por sospechas o intenciones ajenas a lo prescrito por las normas jurídicas. En este sentido, se debe buscar la vigencia de las formalidades jurídicas acordes con la Constitución, pues en tiempos como los que corren suelen ser objeto de críticas al constituirse en medios eficaces para el control del poder público.
Temo que ante las adversidades poco a poco se esparza, una vez más, la “razón de Estado”. Ahora, bajo la fórmula de la “seguridad nacional” y mediante la aceptación como “natural” de sus muchas y sutiles manifestaciones: la necesidad de incrementar las actuaciones con “más de los mismo” y con independencia de los resultados; la imaginación de conspiraciones y traiciones por doquier, la encarnación de verdades totales o la justificación de los medios en función de los fines establecidos, por ejemplo. Hace algunos días se discutió en el Senado de los Estados Unidos lo que está dándose en llamar la “enmienda Levin”. Mediante ella podrán conferirse atribuciones al Departamento de Justicia de ese país para, básicamente, detener en cualquier parte del mundo a toda persona de nacionalidad diversa a la estadounidense a la que se considere sospechosa de terrorismo. Con este motivo, el abogado en jefe del Ejército estadounidense expresó algo que es importante tener en cuenta, sobre todo por la posición desde la cual lo dijo: es un riesgo extender el poder del Ejército de los Estados Unidos en áreas de la aplicación coactiva del derecho (enforcement) tradicionalmente reservadas a las autoridades civiles.
Otra manera de hacernos cargo de la situación actual es más de carácter remedial que preventivo. Debe emitirse la legislación que permita “incorporar” las determinaciones de los órganos que condenen al Estado mexicano por violaciones a derechos humanos. Soluciones de este tipo han sido acogidas ya en Colombia (1996) y Perú (2002) mediante la expedición de leyes, mientras que otros Estados han logrado soluciones específicas (Costa Rica mediante un Convenio de Sede), se encuentran en proceso de creación de leyes (Argentina y Brasil) o han generado órganos administrativos de seguimiento (Ecuador, Guatemala y Paraguay). En México existe ya una propuesta de ley de cooperación con estas características y un órgano de seguimiento dentro de la administración federal. Sin embargo, es necesario avanzar en la aprobación de ese ordenamiento no como una manera, tal como algunas personas lo ven, de rendir la soberanía nacional a los poderes externos, sino como un modo de darle cauce eficaz a los compromisos internacionales que quisimos establecer para proteger de menor manera a nuestros habitantes en sus derechos fundamentales. La existencia de legislaciones de este tipo no debilita a los Estados nacionales. Les permiten procesar las decisiones dictadas en su contra y de esa manera reducir los conflictos que precisamente por existir dieron lugar a la intervención de órganos como los del Sistema Interamericano. Para como van las cosas, parece prudente pensar desde ahora en las soluciones que, probable y desafortunadamente, van a sernos necesarias en un futuro no muy lejano.