jueves, 30 de mayo de 2013

JOSÉ MARÍA PÉREZ GAY*

JOSÉ WOLDENBERG

En memoria de José Luis Victoria Toscano.


José María Pérez Gay fue un intelectual excéntrico en el sentido literal de la palabra: "fuera del centro", "fuera de la corriente". Sus temas, autores y tratamientos fueron singulares, alejados de las tendencias predominantes, de los usos y costumbres consagrados. Por ello fue capaz de introducirnos a mundos diferentes (y sugerentes)...por supuesto, a quienes fuimos sus lectores. Y para muestra tres botones.

1. En 1991 publicó El imperio perdido (Cal y Arena). Recreó la vida y obra de cuatro escritores en los estertores del imperio Austro-Húngaro. Karl Kraus, Robert Musil, Hermann Broch y Joseph Roth. Y agregó un ensayo sobre Elías Canetti "albacea", según Pérez Gay, de aquellos. Viena era algo más que la capital de un gran imperio; era la capital cultural de un gran imperio. Cruce de caminos, de nacionalidades, lenguas, tradiciones, era un espacio donde se acunaba y reproducía el psicoanálisis, la socialdemocracia intelectual, diferentes escuelas filosóficas, económicas, del derecho por no hablar de las enfrentadas corrientes musicales. Era una ciudad efervescente que expresaba el enigma, las tensiones y los crujidos propios de la modernidad.

Pérez Gay la visita preso de una melancolía oceánica recuperando textos, estampas cotidianas, pistas, biografías y anécdotas de los autores mencionados tratando de rastrear el sentido de su obra y de sus vidas. Es como él mismo dice de Broch "una brújula oscilante entre el asombro y el descubrimiento". Sabe, siguiendo a Bashevis Singer, autor más que lejano a Viena, "que la verdadera vida de una persona jamás puede ser escrita porque está más allá del poder de la literatura", pero que los retazos de su existencia -reunidos, explorados, explotados- algo sustantivo alumbran.

El libro no resultaba armónico, era más bien fragmentario y por momentos caprichoso. Pero poseía capacidad de seducción. Lo contado y la manera de contar lo volvía un texto hipnótico. Pérez Gay no solo era empático con sus autores sino que los abordaba con una pasión capaz de convertirlos en nuestros contemporáneos. El imperio perdido es un libro que lleva a otros libros, una puerta que abre múltiples puertas, una invitación a entrar en contacto y conversación con voces de otros tiempos, territorios y sensibilidades.

2. En 2004 publicó El príncipe y sus guerrilleros. La destrucción de Camboya, sobre la política de los jemeres rojos y su delirio fundacional que devastó no solamente la cultura, las instituciones, los bienes materiales, sino que cometió un documentado genocidio en aras de la supuesta e imposible construcción del hombre nuevo. Una historia de sectarismo y terror alimentada por la paranoia política y por un ideario que pretendía no dejar del pasado -literalmente- títere con cabeza. Una dictadura inclemente a nombre de un futuro por construir.

Pérez Gay rastrea en las leyendas tradicionales camboyanas, en el marxismo osificado de París (en donde estudiaron los principales dirigentes de los jemeres) y en la Revolución Cultural china (y en los bombardeos norteamericanos sobre Camboya) las influencias de esa alucinación que pretendió fundar todo y solo dejó un país convertido en ruinas, en un cementerio inabarcable. El Partido Comunista de Kampuchea es en el origen una organización clandestina que tiene que preservar la integridad de sus miembros; y quizá también esos códigos, propios de las sombras, explican ese "castillo de la pureza" que deseó expandir e imponer sus formas de ser y de pensar al resto de la sociedad. Disciplinados como un ejército y fanáticos como solo pueden ser los extremadamente religiosos, los jemeres fueron implacables, insensibles, devastadores. La escalofriante historia de una utopía más convertida en un infierno terrenal.

3. Hace menos de dos años Pérez Gay publicó La profecía de la memoria. Ensayos alemanes. Textos varios que van de Walter Benjamin al ascenso del Tercer Reich, de la relación entre Martin Heidegger y Hannah Arendt al Berlín del siglo XX, de Habermas a Sebald. Otra vez, una canasta de descubrimientos, relaciones, incluso intuiciones, fruto de los afanes de un lector voraz que lo mismo reconstruye los trazos gruesos de una formulación teórica que las migajas de diferentes vidas. Ese rompecabezas que lo mismo usa documentación de archivos que libros consagrados, testimonios serios y maledicentes, estampas de la vida y leyendas trasmitidas oralmente, es armado con paciencia y ardor por un autor que escudriña en todos los rincones para develar "algo" que cree vale la pena.

Creo que José María Pérez Gay se acercó con desconcierto a las vidas que intentó reconstruir, a los ambientes culturales que se desvanecieron y a los proyectos políticos que trajeron más daño que alivio. Supo que la destrucción era eso: destrucción. Y pensó, sin embargo, que la memoria podía redimirnos, que el pasado seguía proyectándose sobre el presente y que en él quizá existía más luz que en el porvenir. (Escribí quizá). Al final, fascinación por la memoria. Un buen refugio. 

*Reforma 30-05-13

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