martes, 17 de mayo de 2011

ANA, LA DEMOSCOPIA Y EL 2012

JORGE ALCOCER VILLANUEVA


Para la doctora Covarrubias.

Hasta 1988, en México, las encuestas electorales eran una rareza; aunque existían varias empresas dedicadas a la demoscopia, esa materia les era ajena, o casi. Cuando en abril de aquel año nuestro candidato a la Presidencia, Heberto Castillo (PMS), decidió considerar su declinación, me pidió que buscara una empresa para levantar una encuesta nacional que midiera la preferencia que en ese momento tenía entre los electores. Pregunté al consultor que nos asesoraba, Enrique Rubio, quien me contactó con Ana Cristina Covarrubias.
Ana trabajó durante varios años con Televisa, midiendo el impacto de las telenovelas; era la más acreditada encuestadora en México. Le expliqué lo que queríamos y aceptó el reto. Heberto revisó con ella, en diálogo de expertos, el marco muestral y la metodología. Los resultados de la encuesta fueron determinantes para la histórica decisión que tomó nuestro candidato presidencial.
Inicié entonces una fructífera relación de trabajo con Ana y su empresa Covarrubias y Asociados; les encargué una encuesta sobre las elecciones en Michoacán, que pagó y publicó La Jornada, lo que provocó una pequeña crisis entre su director, Carlos Payán, y los cardenistas del propio diario. Meses más tarde les pedí una encuesta en el Estado de México, cuyo resultado mostró el costo del radicalismo en que había caído el naciente PRD. El informe fue ocultado a los dirigentes nacionales y locales.
En las elecciones intermedias de 1991 se publicaron varias encuestas; sin embargo, el repunte del PRI en esa elección restó interés en el tema. A finales de 1992, al idear lo que sería Voz y Voto, platiqué con Ana Cristina, quien se sumó de manera entusiasta al proyecto; en la portada de nuestro primer número (marzo de 1993) su encuesta se presentó en forma de pregunta: ¿Quién cree? A partir de entonces la demoscopia electoral motivó interés en algunos diarios de la Ciudad de México.
De 1993 a 1994 las encuestas de Covarrubias abrieron brecha, hasta dejar acreditada su importancia. Había empezado algo diferente; la demoscopia se instaló como parte del nuevo paisaje electoral mexicano. Los encuestadores de hoy deben a Ana -fundadora de la AMAI- un reconocimiento por su trayectoria; gracias a su perseverancia el mercado creció y surgieron nuevas empresas; en la mayoría de ellas trabajan profesionales formados bajo la batuta de la doctora Covarrubias.
Hubo otros pioneros, tres en mi memoria: María de las Heras, que al menos desde 1991 está presente en el medio; Roy Campos y su empresa Consulta, que gracias a su alianza con Warren Mitofsky y con Televisa (1994) se convirtió en el más prolífico e influyente de los profesionales de la demoscopia mexicana; también Edmundo Berumen, que de las encuestas epidemiológicas pasó al terreno electoral. Un hecho decisivo lo constituyó la aparición en el DF del diario Reforma (1993), el primero en destinar recursos y espacio a encuestas periódicas sobre procesos electorales.
En 1994 el IFE contrató, por vez primera, la realización de conteos rápidos, que sumados a los de televisión y medios impresos dieron certidumbre al resultado. En las siguientes tres elecciones federales encuestas y encuestadores acrecentaron prestigio e influencia. Pero en las presidenciales de 2006 el gozo se fue al pozo; la noche de la elección ni el IFE ni los encuestadores contratados por los medios pudieron dar al público un resultado preliminar, una tendencia. Se impuso el silencio. Las televisoras suspendieron la cobertura de lo que estaba pasando, pusieron música. En la radio, salvo excepciones, ocurrió lo mismo. Nos fuimos a dormir sin saber quién había ganado.
La demoscopia electoral sufrió un descrédito del que no termina de salir. Luego siguieron los yerros en elecciones locales. Así llegamos a las vísperas del arranque del 2012, con la generalizada pregunta ¿quién les cree?
Hay nuevas empresas y también más dudas. Son demasiados los casos en que las encuestas parecen ser (o son convertidas en) parte de la propaganda. En otras falta rigor científico y técnico pero, sobre todo, transparencia. Regular en extremo solo ha servido para abusos en comicios locales por parte de partidos, autoridades electorales y gobiernos.
La credibilidad y confianza de las encuestas depende de los encuestadores, no de la ley.

No hay comentarios: