jueves, 11 de noviembre de 2010

UN PRIMER PASO

MANLIO FABIO BELTRONES

México vive el momento más crítico de sus últimos 100 años. Sin duda, el principal problema estructural que enfrentamos es la falta de empleo. En mi opinión, el primer paso para recuperar el orden es generar empleos suficientes y de calidad. ¿Por qué? Porque nunca habíamos tenido mayor capacidad en nuestra fuerza laboral y a la vez no habíamos enfrentado una situación de desempleo y subempleo como la actual. La falta de empleo es lacerante. Impacta todos los niveles socioeconómicos: jóvenes y adultos, hombres y mujeres entre los 18 y los 60 años resienten por igual su ausencia. El desempleo es uno de los principales generadores de pobreza, enfermedades, inseguridad y violencia. ¿Por qué es tan grave nuestra crisis de empleo? Desde el año 2000, el promedio de crecimiento de nuestra Población Económicamente Activa (PEA) ha sido de 1.9%, pero los empleos formales han crecido en 1.1%. Esto significa que cada año se han incorporado a la fuerza laboral 783 mil personas, pero sólo han estado disponibles 200 mil trabajos nuevos. Ante la falta de perspectivas de empleo, en el Senado de la República tomamos cartas en el asunto y aprobamos por unanimidad incorporar en la Ley del lmpuesto sobre la Renta todos los beneficios que pensamos debía tener una Ley de Fomento al Primer Empleo. Se trata de un ordenamiento transitorio y de emergencia que consiste en ofrecer una exención fiscal al empresario que abra un nuevo puesto de trabajo, y que esta plaza la ocupe una persona que por primera vez se inscribe en el Seguro Social. Se ha hecho énfasis en que esta iniciativa del Primer Empleo es, principalmente, para la generación de los jóvenes que se ha dado en llamar los “ninis”, pero su alcance es mucho mayor. Se pueden beneficiar todos los hombres y mujeres económicamente activos, sin importar su edad, que nunca hayan estado inscritos en el Instituto Mexicano del Seguro Social. El tamaño del grupo, como muestro a continuación, es enorme. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del primer trimestre de 2010 señala que existen 2 millones 458 mil trabajadores desocupados y 4 millones de subocupados, lo que comparado con el año 2000 representa un incremento de 143% y de 164%, respectivamente. Por su parte, la Secretaría del Trabajo reporta que hay 12 millones 612 mil trabajadores en el sector informal, lo que, en conjunto, equivale a 19 millones de mexicanos en edad de trabajar que se encuentran técnicamente en paro, y la mayoría, no pocos en edad adulta, ignoran por completo lo que es tener un empleo estable, con prestaciones y seguridad social. La economía mexicana de los últimos 10 años no ha generado suficientes oportunidades de empleo. Lo que ha producido es una generación de “nuevos olvidados” que por necesidad buscan su subsistencia en la migración, en la informalidad o en la delincuencia. La situación es simple y escalofriante: por cada cuatro mexicanos nacidos entre 1980 y 1990 hay solamente un trabajo formal. Lo que es peor, en el presente decenio hemos acumulado un déficit de seis millones de puestos de trabajo (600 mil empleos por año). La pregunta es: ¿cómo y cuándo vamos a recuperar estos empleos? Si no actuamos ahora en forma decidida la situación del país va a empeorar. El desempleo requiere soluciones integrales, universales y sustentables. Desde mi perspectiva, para revertir las tasas de desempleo y subempleo necesitamos trabajar en proyectos estratégicos enfocados a tres áreas clave: ofrecer certeza jurídica a empresarios e inversionistas, mejorar integralmente la regulación del sector industrial para hacerlo competitivo a escala global y aplicar correctamente el gasto gubernamental. En este sentido, este esfuerzo por promover el primer empleo es significativo, pero es apenas el primero de muchos que requerimos, puesto que la situación del desempleo en México es de emergencia. Hemos sido incapaces de elevar la productividad en forma sostenida y de generar condiciones de competencia que permitan a las familias prosperar. La crisis de empleo está vinculada con todos los ámbitos de la vida comunitaria: desempleo y delincuencia, desempleo y violencia intrafamiliar, desempleo y adicciones, están imbricados. Debemos de tenerlo claro: el fin de la violencia va de la mano con la generación de empleo. No existe otro camino, los hechos así lo confirman.

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