jueves, 21 de junio de 2012

LA CORTE TAMBIÉN EXISTE


PEDRO SALAZAR UGARTE

Este año habrá mudanza en todos los cuartos de la República. Se va Calderón, se van todos los diputados y senadores y se van dos ministros de la Suprema Corte. Así que, tras la jornada electoral, seguirán los cambios. Y la renovación en la Corte no es cosa de poca monta.
Los ministros que se van, Sergio Aguirre Anguiano y Guillermo Ortiz Mayagoitia, son dos de los decanos de la Corte y ocupan sus cargos desde 1995. Llegaron ahí con el actual presidente Silva Meza y la ministra Sánchez Cordero, con aquella reforma que transformó a la Corte en un Tribunal Constitucional.
Ortiz, además, presidió a la Corte entre 2007 y 2011, en una etapa particularmente intensa para la justicia federal. Y, por si no bastara, se trata de dos personajes con identidad marcada y personalidad indiscutible. Representan, por razones técnicas e ideológicas, al ala más conservadora de la Corte y, por lo mismo, su reemplazo —sea cual sea el perfil de sus sustitutos— impactará de manera sensible en las dinámicas y discusiones de las Salas y del Pleno del máximo tribunal.
Para colmo, la renovación parcial en la Corte está aderezada por una mala pasada del calendario. Dado que los tiempos de la justicia no se miden en sexenios, resulta que el mandato de Ortiz y de Aguirre concluye el mismo día que la presidencia de Calderón. Es relevante porque la Constitución establece que le corresponde al presidente confeccionar y enviar las ternas con los candidatos a ministros para que éstas sean valoradas y eventualmente votadas en el Senado. Así que desembocamos en una baraja de posibilidades. Es posible que el nombramiento se adelante y le corresponda a Calderón enviar las ternas. Pero, en todo caso, lo hará cuando ya se sepa quién es su sustituto. Además, indefectiblemente, el Senado que recibirá las ternas y, en su caso, las votará será el que resulte de la elección en puerta. Así que, aun cuando decidan pisar el acelerador para que sea Calderón el que proponga, la negociación quedará en manos de senadores que hoy no han sido electos y, por lo mismo, cuya distribución política desconocemos.
También es posible que los nuevos ministros sean propuestos por el nuevo presidente de la República. Ello en dos supuestos: si se difiere el nombramiento hasta el final del mandato de Ortiz y de Aguirre o si el Senado rechaza las ternas propuestas por Calderón. No olvidemos que se requiere una votación de dos terceras partes de los senadores presentes y que la Constitución permite un rechazo legislativo. Así, de hecho, podríamos tener un escenario sin precedentes: que Calderón proponga una terna estéril y que la segunda propuesta toque a su sucesor. En ese caso, si la segunda terna tampoco logra mayoría, paradójicamente, los nuevos ministros serían designados unilateralmente por el nuevo presidente. Recordemos que la Constitución dice que, si la segunda terna es rechazada, el presidente de la República decide quiénes de los propuestos serán ministros.
La Suprema Corte, por muchas y muy buenas razones, ha venido adquiriendo mayor relevancia institucional. Hoy, de hecho, es un actor clave para la consolidación de la democracia en México. Sobre todo ahora que han cambiado las normas constitucionales en materia de amparo y de derechos humanos. Así que lo peor que podría pasarnos es que los nombramientos se partidizaran o respondieran a los cálculos o agendas personales del presidente en turno (del que se va o del que llegará). Por lo mismo, una vez que la elección haya pasado, más nos vale estar atentos también a estas designaciones cruciales. Ojalá académicos, ONG, los jóvenes de #YoSoy132, opinólogos y todos los que, para bien, han venido acompañando la elección presidencial tengamos en mente que el Poder Judicial también importa.

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