sábado, 6 de junio de 2009

¿CON LOS BRAZOS CRUZADOS?

RAÚL CARRANCÁ Y RIVAS

No, pero sí con la papeleta de votar cruzada. Somos ciudadanos de una República, electores, mandantes. Como tales la Constitución prescribe en sus artículos 35 y 36 que tenemos la prerrogativa y la obligación de votar en las elecciones populares y en los términos que establezca la ley. Es decir, tenemos ese privilegio y esa exigencia civil e incluso moral. Lo que pasa es que por más que se hable de ello muy pocos saben en rigor lo que es votar. Votar es dar el voto o dictamen en una elección de personas, expresar secretamente una preferencia ante una opción, lo cual es precisamente emitir una opinión y juicio ya formado sobre algo; de suerte que el ciudadano, el elector, puede opinar lo que quiera. Desde luego lo importante es que opine ya que en caso contrario es un ciudadano a medias, alejado de su ciudad o República, indiferente a ella. Pero nada lo obliga a uno a elegir entre los candidatos de los distintos partidos. Alguien podrá alegar que la expresión "en los términos que establezca la ley", que es la ley electoral, constriñe al elector a elegir una de las opciones propuestas por los partidos. No lo creo porque la prerrogativa y la obligación de votar implica opinar; y uno tiene la libertad y el derecho de formarse un juicio adverso acerca de los candidatos o de las ofertas políticas de los partidos. Además esos términos corresponden a la organización de las elecciones. En consecuencia cruzar la papeleta es votar. No coincido con que esto es una "abstención activa", palabras que juntas llevan la carga de una contradicción (abstener es contener, refrenar, y activa, o sea, acción, es un ejercicio de hacer). Yo prefiero hablar de "voto negativo". Ahora bien, ¿por qué algunos ciudadanos cruzarían la papeleta de votar? La tendencia de cruzarla va creciendo y no es difícil ver la razón de ello. Entre el pueblo el descontento, la falta de fe, la desilusión, son mayúsculos. Cada candidato o cada partido, salvo muy raras, rarísimas excepciones, sólo miran su propio interés. Ya no cree uno en nada o cree en muy poco. Todo lo que hacen los gobernantes o la mayor parte de sus críticos lleva la marca de la conveniencia, del oportunismo, de la mentira. No comparto el punto de vista del Presidente del Partido Acción Nacional en el sentido de que cruzar la papeleta es equivalente a renunciar a la organización y administración social (palabras más, palabras menos). Eso sería en la hipótesis de no votar. Tampoco se declararía desierta la elección con el cruce de las papeletas. Ni modo que así votara una mayoría aplastante de electores. Claro, los políticos, del nivel que sea, piden votar. Lo que también le conviene al organizador de las elecciones, es decir, al gobierno, que es en la especie un sinónimo del Estado ("La organización de las elecciones federales es una función estatal que se realiza a través de un organismo público autónomo denominado Instituto Federal Electoral", ordena el artículo 41 constitucional en su fracción V). No se trata de un voto de castigo, como el de 2000 con el PRI; ni de un voto duro; ni de un voto común y corriente. Se trata de un "voto negativo" que trae o traería consigo una fuerte carga de opinión adversa al actual sistema político. El elector debe manifestar su inconformidad cuando no le satisface el esquema político y de acción democrática, cuando no le satisfacen los partidos y sus candidatos. El voto es un razonamiento primero secreto y después público. Por lo tanto el voto cruzado es una crítica de alto contenido social. Conformarse con lo que nos ofrecen porque no hay más remedio, es una forma de la apatía política. Así mismo el voto en general guarda relación directa con lo que sucede en el país, con la manera de gobernar, con los argumentos y reacciones de la oposición. Es una oportunidad que tenemos para analizar la realidad social y calificarla. Votando no nos aislamos, no nos ponemos aparte. Y si no elegimos o eligiéramos candidatos y partidos, con el "voto negativo" elegimos la crítica, el severo cuestionamiento. Los "deselegimos". Lo indebido civilmente hablando es la abstención, el "no me importa lo que hagan ni quiénes sean"; lo que equivale a una cómoda postura de indiferencia. Para eso, mejor meterse en un convento y que el mundo ruede. En suma, el voto cruzado contiene un derecho inalienable de opinión política para los que decidan hacer uso de él. Los políticos que lo rechazan, que no lo quieren, o son conformistas o no les conviene. Desean un río revuelto de votos y así ganar. Dicho voto es además lo opuesto al voto mecánico, no digamos manipulado. Hay que votar, sí, pero con sentido de responsabilidad.

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