sábado, 24 de julio de 2010

¿POR QUÉ SOMOS COMO SOMOS?

JOSÉ WOLDENBERG KARAKOSKY
-¿Por qué los que escribimos en la prensa o hablamos en la radio o la televisión nos sentimos más inteligentes, honestos y capaces que los políticos?
-¿Qué pregunta es ésa?
-Una que me parece pertinente.
-El ocio es la madre de las interrogantes sin sentido. ¿Por qué mejor no escribes sobre la violencia que nos tiene al borde de un ataque de nervios?
-Porque no soy Almodóvar.
-¡!
-Los estoy viendo -me estoy viendo- y escuchando. Somos, según nuestros propios dichos, unos comentaristas impolutos, arcangélicos, cargados de las mejores intenciones y ningún interés, expresamos las aspiraciones fundamentales del "pueblo", la "nación", "la sociedad civil"; por nuestro conducto se recrean los valores, hilamos fino, desplegamos erudición, mientras los políticos son una especie despreciable porque persigue fines aviesos, intereses mezquinos. Son además -según nuestros juicios- tontos e incapaces.
-Estás un poco histérico. Si es que "poco" e "histérico" pueden ser términos compatibles.
-Nos sentimos superiores, tejidos a mano; porque suponemos que nuestros conocimientos son más vastos y completos, porque creemos comprender mejor lo que sucede, porque nos atribuimos una sensibilidad superior. Porque nos sentimos por encima del resto de los mortales, con credenciales que nos habilitan como oráculos de la verdad, la sabiduría, la virtud. Explicamos poco, pontificamos de más; nos gustamos demasiado a nosotros mismos, nos miramos en el espejo, hacemos política sin arriesgar nada, somos privilegiados, intocables. Somos soberbios. Compartimos un rasgo de carácter...
-¿No crees que tu perorata hace agua? Explicar el asunto por un supuesto rasgo de carácter es infantil. Bastaría hacer una lista de nombres de comentaristas para constatar que se trata de personas más que distintas y que soberbios hay en todos los oficios.
-Bueno si no te suena mi primera explicación te propongo otra. Como Groucho Marx que decía que si no te gustaban sus principios te podía presentar otros. Existe una asimetría de poder entre comentaristas y políticos, aunque parezca paradójico. Los primeros, nosotros los analistas, en buena hora hemos sido usufructuarios de la libertad que expandió el proceso democratizador. Y los segundos no encuentran y no tienen cauces eficientes para su defensa de lo que de ellos se dice en los medios. En la prensa el derecho de réplica puede o no ejercerse -realmente depende de la buena o mala voluntad de los editores-, pero en la radio y la televisión es imposible. De tal suerte que los márgenes de impunidad de quienes glosamos la vida pública tienden a ampliarse y las capacidades de defensa de todos aquellos a los que aludimos tienden a acortarse. Y ya se sabe, todo poder que no encuentra límites se acrecienta y expande. En esa situación no resulta sorprendente el incremento de la prepotencia en el comentario, el ensanchamiento de las descalificaciones, la proliferación de adjetivos denigratorios.
-¿Pretendes acaso restringir la libertad de expresión?
-No seas animal. La libertad de expresión es un pilar insustituible de la convivencia democrática -me obligas a volver a lo obvio y a realizar un saludo a la bandera-, pero estoy hablando de otra cosa. Del modo en que los comentaristas nos referimos a los políticos, como si fuéramos superiores.
-Mmm, así que tú dices que las relaciones de poder entre intérpretes de la política y políticos parecen haberse invertido. De una larga etapa de sumisión, con sus siempre honrosas excepciones, a una nueva en la cual los Tiranitos somos nosotros.
-Quizá la "soberbia" tenga otro nutriente: ni los presuntos rasgos de carácter ni la impunidad de la que goza el comentario, sino algo más preocupante: la incomprensión de las complejidades de la vida pública. Sobre todo de los límites legales, institucionales y fácticos que la acotan y modulan. Además de la existencia de otros en el escenario.
-Muy críptico.
-Una idea puede desplegarse sin obstáculos... en el mundo de las ideas, pero una idea difícilmente cristaliza ahí donde existe un tejido de intereses, interpretaciones y proyectos diversos. Y hoy, como nunca antes en el país, los poderes constitucionales se encuentran equilibrados y los poderes fácticos en muchos terrenos tienen contra las cuerdas a los políticos. De tal suerte que querer no es poder. Y nada de ello parece importarnos a nosotros, los nuevos pontífices.
-Oye, no defiendas lo indefendible. Los políticos son...
-No estoy hablando de ellos, sino de nosotros.
-Bueno, no eres muy convincente.
-¿No, verdad? Debemos entonces seguir buscando una buena explicación.
-¿Debemos?, le dijo el Llanero Solitario a Toro.
-Sí, debemos.
-Así estamos bien. Gracias, compañero. Gracias por participar.

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