jueves, 1 de julio de 2010

¿APOYO DECIDIDO Y COMPRENSIÓN?

RAÚL CARRANCÁ Y RIVAS

En un mensaje emitido horas después del artero asesinato de Rodolfo Torre Cantú, el Presidente Calderón convocó a la sociedad (fuerzas políticas, sectores productivos, empresarios, trabajadores, académicos, intelectuales y medios de comunicación) al diálogo y a la unidad afirmando que su gobierno está dispuesto a actuar, escuchar y por supuesto dialogar. "Demos, verdaderamente, no sólo una respuesta de gobierno -sostuvo-, sino una respuesta del Estado Mexicano". Y ante banqueros de Tamaulipas dijo que esperaba de las fuerzas políticas "colaboración y diálogo" y de los ciudadanos "su apoyo decidido y su comprensión, y no actos de martirio o de heroísmo". Más tarde Beatriz Paredes acompañada de un grupo de "hombres de negro" respondió lo siguiente a las palabras del Presidente: "Nuevamente se nos pide civilidad, cuando fue la responsabilidad democrática del PRI la que dio vigencia al régimen, cuando nuestros legisladores hicieron el quórum para que se rindiera protesta". O sea, "tú me lo debes". Con lo que el poderoso PRI recuerda el aval conque consintió, condescendiendo, una gravísima ilegalidad electoral.
Los momentos que vive el país son trágicos y han rebasado, o están rebasando, las expectativas de hallar la paz. Por lo tanto es inaceptable -hablo en mi condición de académico e intelectual- que se nos pida "apoyo decido y comprensión". ¿A qué? ¿A una estrategia, digamos política, que no ha dado el menor resultado en la lucha contra el crimen y la violencia desbordada? Si se convoca a un diálogo se supone que es para discutir, lo que no obstaculiza la unidad del propósito de salvar a México de la agresión criminal, y no para "comprender", que en el caso es o sería justificar, una política equivocada en la que se empecinan el gobierno y el propio Presidente. Yo creo que las fuerzas políticas, los sectores productivos, los empresarios, los trabajadores, los académicos, los intelectuales y los medios de comunicación, si somos honestos y patriotas, no podemos, ya no digo "debemos" -que es cuestión de alto contenido ético-, brindar nuestro "apoyo decidido" a una estrategia, repito, que no ha evitado muertes, secuestros, "desapariciones" inexplicables e inexplicadas, degollamientos, inseguridad y miedo si es que no terror. ¿Comprensión? ¿Comprensión a qué? Me parece inaudito e inoportuno requerir el diálogo y la unidad condicionados no a la discusión (examen atento y particular de aquella estrategia) sino a la aceptación de ella. Y en vez de que los actores responsables de lo que pasa, o partícipes en el ejercicio político nacional, atiendan a la verdadera causa del problema, aplauden resignadamente la propuesta o evocan el espaldarazo dado a una, insisto, gravísima ilegalidad electoral. Sí, es la hora de apoyar y colaborar en un diálogo abierto pero jamás condicionado. A México lo debemos rescatar, salvar, en unidad y con unidad. Es inaceptable que se convoque al pueblo, a los gobernados, a un monólogo impuesto que es la negación del diálogo. Nuestra colaboración debe ser sincera y espontánea. Lo contrario no es servir al gobierno ni al país. Al respecto no creo que haya nadie que sostenga la necesidad de abandonar la lucha, de claudicar. Lo que es impostergable, en cambio, es revisar cuidadosamente la tantas veces mencionada estrategia, y en particular la que tiene que ver con la materia de justicia penal y seguridad pública. Me refiero en concreto a la reforma constitucional de 2008. El país se cimbra, el crimen avanza y algunos siguen aplaudiendo tal reforma. Pierden de vista que el retorno a la legalidad, el Estado de Derecho y la Justicia, dependen íntegramente de un buen sistema jurídico constitucional y legal. Es un absurdo y una irresponsabilidad enfrentar al crimen con instrumentos jurídicos deficientes. ¡Se ha repetido hasta el cansancio! E insiste el gobierno en defender una "supuesta" renovación de nuestro sistema penal. ¡Como si fuera suficiente castigar el delito en vez de evitarlo! Y esto es lo que demandamos los ciudadanos de buena fe: que se detenga la sangría, que no haya impunidad ni silencio ante secuestros. ¿Qué sigue, se pregunta mucha gente? El enemigo, porque enemigo lo es, avanza artera y cautelosamente. ¿Hasta dónde llegará? Que el gobierno no confunda los términos. Queremos y debemos apoyar, dialogar, aunque no sobre la base de algo inservible, inalterable e inmodificable. El senador panista Gustavo Madero -increíble- ha dicho que "la estrategia debe ser revisada, siempre que no signifique una claudicación, enriquecida y fortalecida con la evolución de los acontecimientos". De acuerdo, pero yo hablaría de substitución en vez de enriquecimiento. Tampoco se trata de claudicar. Madero, el panista, agregó que "lo ocurrido en Tamaulipas muestra la crisis de seguridad del país". En suma, es asunto de diferencias jurídicas más que políticas. Al ejército y a la marina no les corresponde constitucionalmente luchar contra el crimen, no son "tontos útiles" quienes defienden el respeto a los derechos humanos y a las garantías individuales, la reforma constitucional de 2008 está plagada de violaciones al espíritu de la Carta Magna, es decir, a la norma jurídica fundamental. Según un informe oficial la guerra contra el crimen ha costado 22,700 muertos hasta marzo del año en curso. El hecho es que parece que a las llamadas fuerzas políticas sólo les interesa dirimir rencillas y agravios que se han causado mutuamente. ¿Por qué no proponen concreta, específica, fundada y razonadamente un cambio de estrategia? ¿Qué esperan? Que no se comprometan en un apoyo inducido más que decidido. Que comprendan lo que le sucede a México. Que exijan dialogar, con valor y patriotismo auténtico.
¡Cuidado! ¡La hora nos puede rebasar!

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