martes, 29 de noviembre de 2011

LA GUERRA Y SUS IMÁGENES

JOSÉ RAMÓN COSSÍO DÍAZ

Diariamente asistimos a la reproducción de una porción mínima de la lucha que se vive en el país. En los medios impresos y electrónicos son muchas las fotografías y los videos en los que se presenta un fragmento del enorme proceso de esta lucha. En ocasiones los medios recogen los instantes de la lucha misma y en la mayoría de los casos sus resultados. El acercamiento puede darse como parte de un trabajo periodístico deliberado o como reporte de lo que los grupos en combate quieren dar a conocer. Por una parte, la quema de plantíos, la detención de presuntos delincuentes, los grandes desplazamientos, el entrenamiento de las tropas o la exposición de los bienes decomisados. Por otra, los ahorcados o decapitados, las mantas, las fosas comunes, los carteles adheridos a los cuerpos de las víctimas.
Cada uno de los grupos en pugna está creando sus propios íconos y tratando de presentarlos a través de los medios. Cada uno de ellos quiere decirle algo a la sociedad, a las fuerzas de seguridad, a sus rivales, a sus propios miembros o seguidores. Se trata de un diálogo que busca atemorizar, generar respeto, advertir, lograr adeptos, demarcar y otras muchas funciones. Lo macabro de muchas de las acciones, lo sorprendentemente contrario a las prácticas aceptadas de conducta que estimamos “propias” de nuestro tiempo, impide considerar la dimensión semiótica de la lucha.
¿Qué nos muestran las imágenes de la guerra? Fotografías y videos de algunos de sus episodios. Algunos, a los que los medios tuvieran acceso en condiciones; otros, los menos, los captados fortuitamente; muchos más, resultado de lo que los propios combatientes quieren comunicar. Sabemos que hay una guerra, que hay desplazamientos de fuerzas e inversiones en armas y equipos, sabemos que se asignan presupuestos mayores y que hay bajas. Sabemos que la guerra genera cantidades muy grandes de dinero por el precio que tienen los productos ilícitos en juego. Suponemos que el dinero se mueve de diversas maneras, se gasta cotidianamente y sirve para financiar actividades permitidas y prohibidas. Suponemos que no todos los participantes en el proceso delictivo forman parte de los grupos armados; hay quien realiza funciones comerciales o financieras para lavar dinero y hacer socialmente respetables a sus portadores.
La manera en la que se nos están transmitiendo las imágenes de la guerra o, lo que aquí es igual, se termina por presentar la lucha misma, sólo permite observar una parte minúscula de su desarrollo. Más aun, a lo que las imágenes nos conducen es a imaginar un tipo de combate parcial y distorsionado.
Las imágenes que vemos son reales. En su presentación no está el problema. Donde éste radica es en que ni toda la guerra son las imágenes que vemos ni todo lo que concierne a la lucha puede ser presentado en imágenes. ¿Qué vemos cuando vemos las imágenes de la guerra? Jóvenes muertos, semidesnudos o desnudos, pobres, amontonados, anónimos, vejados. Práctica y tristemente prescindibles. Las imágenes evocan una terrible división social. Parece que es sólo una lucha de pobres, de necesitados, que pareciera ser una lucha entre los componentes de una clase desfavorecida que, por lo mismo, es de ellos y ellos deben resolver. Para quienes no se sientan identificados con esa clase, los muertos no pueden generar empatía. El efecto deformante de la imagen cobra sentido al ver en los muertos y, a partir de ello, en sus compañeros vivos, algo distinto a lo que soy, algo que no me interesa comprender, menos remediar. Las imágenes de la guerra fragmentan su comprensión y la hacen ajena.
Las imágenes de la lucha como sustituto del proceso que vivimos dan lugar a otra deformación, igualmente grave. El que partes de ella no aparezcan en imágenes no significa que no existan. Se ha hablado de fortunas y torturas aun cuando no haya fotografías que lo expresen; se habla de enormes cantidades de dinero en circulación, aun cuando no existan videos que muestren ese hecho ni a sus portadores. El que no veamos en los diarios, revistas o canales televisivos a servidores públicos torturando o el que no veamos a empresarios lavando dinero o no podamos identificar su riqueza como producto de ello no significan que no existan.
El proceso de deterioro nacional es grave. La forma del combate es en sí una de sus causas. Sin embargo, la suposición de que toda ella y los males que acarrea puede ser reproducida en unas cuantas imágenes, es un equívoco importante. Es verdad que en muchas ocasiones una imagen vale más que mil palabras. El problema es que no toda la realidad puede ser atrapada en una imagen y no por ello deja de ser la dura y lastimosa realidad. Como Alicia, tratemos de ver qué hay detrás de las imágenes que vemos, pero también sepamos preguntar por lo que, con o sin intención, no estamos viendo.

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