viernes, 28 de enero de 2011

TATIC: TUS INDIOS , DOLORIDOS, TE AGRADECEN

HERMILIO LÓPEZ BASSOLS

En el momento en que la Iglesia se encuentra en una profundísima crisis, sólo comparable con aquella que generó la Reforma en el siglo XVI, México y sus indígenas pierden a un hombre singular, el Obispo Emérito de San Cristóbal de las Casas. Don Samuel Ruiz, mi amigo, quien me encargó buscar la solidaridad internacional en 1994, era un hombre de la talla de Fray Bartolomé de las Casas -cuya diócesis- ocupó de 1545 a 1547. Luego el dominico regresó a España para pronunciarse, ante la reina Isabel, por el reconocimiento de los derechos del hombre, contribuyendo así a la elaboración de las Leyes de Indias. En un debate del que no podía ser ajeno monseñor Ruiz, polemizó con Ginés de Sepúlveda, ayo del príncipe Don Felipe que defendía las tesis aristotélicas de la servidumbre por naturaleza. Fray Bartolomé de las Casas pensó que esta posición era anticristiana, impía y herética. Transcurridos 500 años algunas de las afirmaciones de Las Casas eran ratificadas por Monseñor Ruiz. Si bien la esclavitud desapareció jurídicamente desde el Bando de Hidalgo, las condiciones de vida de nuestros indígenas se mantienen casi en el mismo nivel de explotación, despojo e ignorancia.
El religioso guanajuatense luego de sus estudios en Roma, amigo de otros obispos de la Teología de Liberación, como Hélder Cámara de Brasil, Óscar Arnulfo Romero del Salvador, Sergio Méndez Arceo, participó en la Reunión del Consejo Episcopal Latinoamericano en Medellín en 1971. Allí algunos religiosos manifestaron su oposición al método tradicional de evangelización que destruía la cultura de los indígenas. Vivió los conflictos armados en Centroamérica y fue condiscípulo de Monseñor Rosa Chávez del Salvador en el Seminario.
Al llegar a la antigua Ciudad Real, don Samuel constató la brutal explotación de los indios mayas y abrió los senderos de un diálogo con los más oprimidos y humillados y la puerta de la catedral siempre estuvo abierta para ellos, pero El Caminante también transitó por todas las veredas del Estado para oír sus quejas, para levantar su voz, para atender a los refugiados que huían de las masacres de los Kaibiles guatemaltecos. Estuvo en los campamentos en La Trinitaria y del otro lado de la cordillera.
Años después don Samuel, cuando el EZLN inició su levantamiento, se convirtió en defensor de los indígenas contra los arrebatos de poder despiadado que impuso el ejército. Allí lo vi a fines de enero de 1994, en su Centro Fray Bartolomé desde donde las monjas irlandesas informaban en otros países de lo que verdaderamente ocurría con el alzamiento insurgente, tan pronto como el gobierno suspendió la cacería humana, Monseñor puso su talento y la confianza de los indios en él, en la búsqueda de senderos que condujeron a una muy compleja solución al conflicto. Con Luis H. Álvarez, don Pablo González Casanova, con la viuda de don Alfonso García Robles y otros hombres de integridad acercó a las partes, en tanto podía darse un acuerdo que privilegiara las demandas indígenas. Congruente siempre con su pensamiento lascasiano exigió que se devolviera la dignidad a los pueblos indios, sostuvo su compromiso con la iglesia emanado de las conclusiones del Concilio Vaticano y fue enérgico y puntual en su rechazo a los políticos advenedizos que querían hacer postrar en rendición al justo levantamiento zapatista. Supo de la amenaza del Estado que inclusive pensó en su aprehensión ("la pintura encarcelada es como encarcelar la llamarada", decía David Alfaro Siqueiros). Momento crucial fue el ocurrido en San Andrés Larráinzar cuando ante la amenaza insolente de la delegación gubernamental, el EZLN decidió retirarse y fue sólo la palabra de don Samuel la que los convenció a permanecer. Ese fue el parteaguas de la traición al zapatismo que tanto dolió a Monseñor Ruiz.
Qué afrenta que aquellos canallas que lo denostaron insistentemente, que lo amenazaron, ahora, hipócritamente se aparecieron en la ceremonia del atrio de Catedral. Sólo la cordura de algunos religiosos impidió que se expulsara con látigo de fuego, a la corrupta mesnada de gobernadores y políticos que han expoliado al Estado y lo siguen haciendo, y cuyos nombres están en la mente de los indígenas.
DON SAMUEL VIVIRÁ MIENTRAS NUESTROS INDÍGENAS, -EL MÉXICO PROFUNDO DE GUILLERMO BONFIL-, NO LOGREN LA REIVINDICACIÓN A SUS DERECHOS ANCESTRALES DE TIERRA, LIBERTAD Y JUSTICIA.

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