jueves, 14 de julio de 2011

ASV: PARTIDA Y ARRIBO

JOSÉ WOLDENBERG

El 13 de junio de 1989 se cumplieron 50 años de la llegada a las costas de Veracruz del Sinaia. Ese día don Adolfo Sánchez Vázquez, a sus 73 años, participó en el puerto en una mesa redonda para conmemorar tan significativo evento.
En 1939, la derrota de la República se había consumado. España se convertiría en una prisión para España. Y en el Sinaia se embarcó la "primera expedición colectiva de exilados". "Reflejaba en su composición la diversidad social, ideológica, política y profesional del pueblo que había hecho la guerra". Era posible "por el generoso ofrecimiento de asilo del presidente Lázaro Cárdenas". Entre los casi 2 mil exilados venía Adolfo Sánchez Vázquez, un joven de 23 años.
Recordó: "La derrota militar... dejó a los combatientes y civiles en un desamparo total. Los afortunados que pasaron la frontera francesa lograron escapar al largo y sanguinario brazo de la jauría franquista, pero en suelo francés sólo tenían ante sí la alternativa del campo de concentración... En esa situación de indefensión total y de acongojada incertidumbre... llega el mensaje del presidente Cárdenas... un ofrecimiento de ayuda generosa y tangible". Desde el puerto de Sète partiría el Sinaia el 26 de mayo. Sánchez Vázquez se encontraba en ese puerto con el poeta Juan Rejano. "Con los bolsillos vacíos y sin documentación migratoria alguna" llegaron al muelle.
Se trata quizá de uno de los momentos fundamentales de su biografía: la patria original está a punto de quedar atrás y el futuro aparece incierto bajo el nombre de un país extraño -México- del que muy poco sabía. "Al subir finalmente la escalerilla del barco, en cada uno se debatían los más encontrados sentimientos: por un lado, la ira al recordar las frescas humillaciones y vejaciones, la tristeza y la amargura al pensar en los que quedaban en los campos de concentración de Francia o en los familiares de España; y, por el otro, el gozo de abandonar una tierra ingrata y la ilusión de alcanzar otra en la que serían tratados como ciudadanos".
La travesía duró 18 días. Los solteros dormían en la bodega. A Sánchez Vázquez y Rejano se sumó Pedro Garfias. Las actividades eran múltiples: "conferencias sobre México, reuniones de grupos profesionales, conciertos, fiestas, exposiciones", y para promover esas actividades se editó un periódico, realizado en mimeógrafo. "Aquel conjunto de seres humanos, acosados en los primeros días por la tristeza, la amargura y la nostalgia y dados a confinarse en sí mismos, se transformó en la comunidad esperanzada que desembarcó en Veracruz".
Sánchez Vázquez, 50 años después, rescataba cuatro rasgos de ese grupo: A) Habían sido derrotados militarmente, se veían obligados a abandonar el país, pero "se sentían fuertes moralmente y, sobre todo, superiores a sus vencedores en el campo de batalla". Los triunfadores habían sido más fuertes, pero no les asistía la razón y menos la ética. (Intuyo que esa pulsión es la que llevó al maestro a escribir de manera reiterada sobre las relaciones siempre tensionadas entre política y ética). B) "Su espíritu colectivo y de cooperación", ya que por encima de las "tentaciones egoístas", los del Sinaia forjaron una comunidad. C) "La superación de los exclusivismos ideológicos y políticos y del espíritu de facción. Aun con los antecedentes del divisionismo que tanto daño nos hizo en la guerra y que, en cierto modo, reaparecería en la emigración". "Los hombres del Sinaia" se asumieron en conjunto como representantes de España y elevaron la exigencia de su compromiso. D) La "vinculación responsable... con el gobierno y el pueblo que los acoge". "No van a 'hacer la América', sino a trabajar... y con la esperanza de reconquistar la tierra perdida, y con ella la libertad y la democracia".
ASV recreó tres estampas, literalmente imborrables, de su memoria. Los momentos en que el barco cruzaba el Estrecho de Gibraltar "y vimos perderse en la lejanía la tierra de España"; el día en que Pedro Garfias, "saltó torpemente de su litera y empezó a recitarnos a Rejano y a mí, con su voz ronca y pausada, el poema que había concebido y gestado durante toda la noche": Como en otro tiempo por la mar salada/ te va un río español de sangre roja,/ de generosa sangre desbordada.../ Pero eres tú, esta vez, quien nos conquista/ y para siempre, ¡oh vieja y nueva España!; y finalmente el 13 de junio, día del desembarco en Veracruz: "la intensa emoción que nos sacude todo el cuerpo ante los veinte mil obreros que nos saludan en el muelle, agitando sus brazos, alzando sus estandartes y pancartas... las palabras cálidas, alentadoras, de los altos representantes del gobierno y el pueblo mexicanos...la pancarta gigantesca que decía 'Negrín tenía razón', y alguna otra que... nos dejó confundidos al leer en ella: 'El Sindicato de Tortilleras os saluda'. (Un toque de humor).
El maestro Sánchez Vázquez empezaría entonces su nueva vida, su otra vida; la del exilio "ya vinculada para siempre a México" (Del exilio en México. Grijalbo. 1997).

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