lunes, 4 de julio de 2011

LA CIRT Y EL IFE: SIN LÁGRIMAS

RICARDO BECERRA LAGUNA

Desde la segunda semana de junio, la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión (CIRT) ha estado poseída por un tono de fin del mundo, una campaña iracunda contra el Instituto Federal Electoral, muy impropia de empresas de tanto peso y dueñas de tantos intereses en México.
La razón de su irritación es sencilla pero no tiene proporción, ni lejanamente, con el tamaño y el acento de su cruzada nacional. Vean la razón.
El IFE modificó su reglamento de radio y televisión, es decir, un catálogo de procedimientos y plazos para la administración del tiempo que pertenece a la nación –no a los concesionarios ni permisionarios- en las frecuencias de radio y televisión. Desde 2008 existe este mismo reglamento, pero luego de 50 elecciones organizadas con su instrumental, y con suficiente antelación, el IFE estuvo en condiciones de reformar para mejorarlo.
Los cambios son sencillos, y son de este tipo: cuando el IFE entrega un spot a un concesionario se lo hace saber a la antigüita, es decir, a pie ¿podría recibirlo de manera más ágil, eficiente y barata? Claro: el reglamento ahora incentiva y permite notificaciones electrónicas. El reglamento anterior partía de una visión centralista, ahora habilita a los funcionarios en el IFE en toda la República para realizar gestiones con las televisoras y radiodifusoras. ¿Esto pone en cuestión la organización electoral del 2012? Sigamos.
La exasperación de algunos concesionarios, les ha impedido reconocer que muchos de los cambios incluidos en el ejercicio, les son francamente favorables. Me explico: el reglamento ahora dispone un esquema mucho más preventivo que sancionatorio, precisamente porque las empresas de radio y televisión adquieren mayor flexibilidad para poder cumplir con su obligación, mediante mecanismos de reposición por ejemplo, (si no pudo transmitir antier, lo hará mañana).
Se establecieron criterios nuevos para programas especiales, como conciertos, partidos de futbol, seguimientos noticiosos de gran relevancia, eventos culturales o artísticos. El reglamento impelía al IFE a interrumpir esas emisiones fracturando su continuidad y su calidad, de modo que ahora, la administración de los tiempos de radio se flexibiliza a favor de la industria y su negocio.
Y no sólo eso: el cambio reglamentario obliga la producción de lineamientos en varias direcciones, especialmente introduce un nuevo instrumento que resulta muy caro para la industria, justamente porque tiene que ver con la operación de las redes nacionales y las posibilidades de bloqueo.
Hay otro punto, sin embargo, que ha resultado muy doloroso para algunos miembros prominentes en la Cámara de la Radio y la Televisión. Antes de la reforma al reglamento, la televisora “T” recibía por parte del IFE, un material del partido “P” en sus instalaciones un buen martes y los podía poner al aire hasta el martes, incluso hasta el miércoles de la semana siguiente, porque su plazo reglamentario era de cinco días hábiles. Lo que hizo la reforma fue transitar de 5 a 3 días hábiles, de modo tal que el spot entregado el martes, deba transmitirse el viernes, una ganancia en la dinámica de las campañas de 48 horas. ¿Se afecta a la democracia mexicana por esta ganancia de dos días?
Pero para poder criticar y tumbar este cambio, los voceros más rutilantes de la industria han tenido que echar mano de exageraciones, figuras extremas y espantasuegras. Por ejemplo: que las emisoras habrán de administrar 39.8 millones de spots durante el proceso electoral. Tendrían razón si una sola emisora tuviera que transmitir esa inmensidad, pero no: cada una tendrá que transmitir 18 mil 240 promocionales, 96 cada día, desde la tercera semana de diciembre y hasta el día de la jornada electoral. En otras palabras: tendrán que hacer lo que ya han hecho en decenas de elecciones y con buen éxito.
Se afirma también que una sustitución más ágil de materiales, generalizará las calumnias, denigraciones y campañas negras. Hay que recordar que bajo las normas y la parsimonia del reglamento anterior, ocurrieron decenas de episodios de promocionales que se consideraron calumniosos; es decir, no es un problema de tiempos ni de plazos. No obstante, el IFE cuenta con el instrumento de las medias cautelares, justo para atajar en un cortísimo plazo –tan o más breve como el tiempo reformado- cualquier brote denigratorio que le sea denunciado.
Una exageración más: los partidos incrementarán exponencialmente su producción de spots y eso hará reventar la operación del IFE y de las emisoras. No obstante, si lo vemos con calma, esta posibilidad de sustitución a tres días hábiles, tiene poco que ver con el número de spots que decida transmitir cada partido. Cada organización, según la fuerza de arrastre de sus candidatos, según los mensajes que quiera colocar a los electores, determinará cuántos, cuáles y cuándo los transmitirá al aire, con independencia de los mágicos tiempos de sustitución. Lo que es más: nunca ha sido una buena estrategia de propaganda electoral la dispersión del mensaje en cientos de spots. Y un dato adicional: el IFE ya colocó 4 mil 890 versiones de promocionales durante las 11 elecciones locales coincidentes de 2010 (esas sí, dispersas por naturaleza), sin problemas para la autoridad ni para la industria.
Ahora, el debate se traslada al Tribunal Electoral. Pero mientras resuelve y dicta sentencia (esperemos, lo más pronto posible), tanto al IFE como a la CIRT les corresponde promover un debate más racional y más sensato. También encuentros oficiales y públicos para retomar la conversación, discutir sobre datos ciertos, sin exageración y dibujar salidas en las muchas tareas que se desprenden de la reforma y del propio código electoral, incluso antes de arrancar el proceso electoral.
Conviene a la estabilidad de una institución pública central como es el IFE; conviene a unas empresas de tanta importancia como las de radio y televisión. También al clima de opinión, a la discusión entre partidos y por supuesto, a las elecciones por venir. Una relación CIRT-IFE, así: sin lágrimas.

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