viernes, 24 de julio de 2009

NO JUGUEMOS CON MÉXICO

FRANCISCO MARTÍN MORENO

La asociación inteligente con los empresarios extranjeros que explotan la industria eléctrica mundial podría representar para México la captación de decenas de decenas de millones de dólares, que no sólo se traducirían en una generosa derrama económica, sino que abatiría nuestros costos de producción haciéndonos mucho más competitivos.
Desechar las alternativas aprovechables para evitar un nuevo cataclismo económico, político y social constituye un juego temerario y peligroso en el que no podemos caer y, sin embargo, nos prestamos por irresponsabilidad, por corrupción política o por traumatismos indígeno-nacionalistas, cuyos orígenes ni siquiera alcanzamos a comprender.
Una de las opciones más lucrativas se encuentra en la explotación inteligente de nuestro subsuelo, aquél al que el poeta se refería cuando afirmaba: “El niño Dios te escrituró un establo y los veneros del petróleo, el diablo.” Si se abriera la industria petrolera en los términos dispuestos por el propio Lázaro Cárdenas a través de una ley emitida en 1939, en la que hacía constar la insolvencia tecnológica y económica de México para explotar nuestros veneros, le podríamos dar la vuelta al país como a un calcetín. De revivir dicho ordenamiento sería posible rescatar a millones de mexicanos de la miseria, sacar a flote a nuestra industria, al comercio, a la academia, empezando un faraónico proceso de reconstrucción y, en el corto plazo, podríamos hacer de México el país que todos soñamos. Los estudios hablan de la captación de 600 mil millones de dólares en ocho años de abrir la industria a la inversión extranjera, tal como ya lo han hecho todos los países del orbe incluido, no faltaba más, el presidido por el marxista-leninista-stalinista-maoísta-brejnevista, ¡uf!, de Fidel Castro, quien se afianzó aún más en el poder al asociarse con compañías extranjeras dedicadas a explotar el subsuelo marino.
¿Cómo es posible que continuemos exportando crudo e importando gasolinas? ¿Se trata de hacer precisamente todo aquello opuesto a la razón? ¿La idea es exportar azúcar para importar caramelos..? Cada barril se puede desdoblar en un producto petroquímico hasta 10 veces superior al precio de un barril de petróleo. ¿Por qué no aprovechamos este valor agregado en lugar de seguir exportando crudo con una torpeza que raya en lo patético? Si México ya no depende del petróleo, ¿por qué casi 40% del Presupuesto federal de Egresos se financia precisamente con dichas exportaciones y con los impuestos mutiladores que el gobierno federal impone a esa paraestatal para después derrocharlos irresponsablemente en gasto corriente? ¿De qué le han servido a los 50 millones de mexicanos que subsisten en la miseria, a los lacandones, a los tarahumaras o a los mixtecos, el hecho de que México haya expropiado el petróleo hace más de 70 años?
Los extranjeros nos cambiaron collares de oro por cuentas de vidrio; nos conquistaron y ultrajaron a nuestras mujeres robándonos todo lo nuestro y explotándonos como animales; nos despojaron de la mitad del territorio nacional; nos impusieron a un emperador austriaco, hasta que Tata Lázaro les arrebató el petróleo haciendo por primera vez justicia a los desposeídos y a las víctimas históricas. ¿Por esa razón la xenofobia?
La asociación inteligente con los empresarios extranjeros que explotan la industria eléctrica mundial podría representar para México la captación de decenas de decenas de millones de dólares, que no sólo se traducirían en una generosa derrama económica, sino que abatiría nuestros costos de producción haciéndonos mucho más competitivos. Sólo que la corrupción política ha impedido sacudirnos de la garganta al sindicato respectivo que permanece anudado como una sedienta sanguijuela que se alimenta con la mejor sangre de la nación. La alternativa nuevamente no se aprovecha. ¿Los casinos? Los casinos constituyen otra opción que podría traducirse en la captación de 10 mil millones de dólares que irían a dar a polos de desarrollo turístico en nuestro país. Sin embargo, todo parece indicar que esta posibilidad también permanecerá embotellada hasta que desaparezca afortunadamente Castro y Cuba abra otra vez casinos arrebatándonos buena parte del turismo de Estados Unidos, canadiense y europeo. Entonces será tarde, otra vez tarde, muy tarde.
El tesoro mexicano se erosiona agresivamente. La recaudación se ha desplomado en buena medida por la crisis internacional y en otra parte en razón de la ineficacia operativa del gobierno de Calderón para combatirla. ¿Cuánto tiempo pasará antes de que sea imposible sufragar los costos de una nómina pesadísima integrada por millones y más millones de burócratas, unos más incompetentes que otros? El gasto corriente nos asfixia, como también nos asfixia ese 50% de los mexicanos que subsisten en la economía informal, pero eso sí, disfrutan el seguro médico gratuito sin cooperar al financiamiento del gasto público. ¿Solución? Derogar los impuestos a las nóminas, facilitar las contrataciones de puestos de trabajo, generalizar el Impuesto al Valor Agregado (IVA) sin excepción alguna, hacerse de recursos para ayudar a los marginados y gravar el consumo, a lo que nadie puede escapar.
Ahí están las soluciones a la vista, sin embargo, no sólo no se toman, sino que se juega con México y su paciencia… ¿Hasta cuándo..?

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