jueves, 8 de marzo de 2012

LO QUE JOE BIDEN VIO Y NO ENTENDIÓ

JULIO JUÁREZ GÁMIZ

Dos países separados por una delgada línea de metal. Dos democracias que este año celebran una elección presidencial de acuerdo a un calendario electoral ininterrumpido desde hace más de setenta años. Ellos, los estadounidenses, eligiendo presidente cada cuatro años con una posible reelección. Nosotros, los mexicanos, con el sexenio inscrito en la genética reproductiva de la clase política y acompañados siempre de la cansina frase del sufragio efectivo y la no reelección. 

Democracias vecinas que, sin embargo, han construido muy distintos espacios de debate, reflexión y persuasión durante las campañas electorales. Campañas como la estadounidense en donde el dinero privado fluye a raudales en un país (cada vez menos) rico. Campañas que, como en nuestro cada vez más desigual país, ese dinero va y viene desde las arcas públicas. Las primeras, elecciones financiadas por los intereses empresariales, gremiales y ciudadanos a través de donaciones de todos los colores. Las segundas elecciones financiadas por decreto de los financiados bajo pretexto de proteger los intereses de los financiadores. Con todo y su aberrantes listas de candidatos plurinominales.
Se apostó el vicepresidente Biden en un hotel de Reforma y vio pasar a los tres candidatos que buscan habitar los Pinos durante los próximos seis años. Intercambió opiniones, escuchó propuestas, sonrió de oreja a oreja y dio las gracias. Antes de partir visitó, como hace unos años lo hiciera su antagónico republicano John McCain, la Basílica de Guadalupe. Que buena candidata hubiera sido la virgencita habría pensado nuestro vecino.
Biden sabe que los tres candidatos a la presidencia invitados a entrevistarse con él acudirían con gusto a saludarlo. Muy alto sería el costo para cualquiera de ellos rechazar la invitación del vicepresidente estadounidense a platicar unos minutos. Al final de cuentas lo cortés no quita lo valiente. Y ya hasta el más aguerrido de los candidatos aprendió la lección de que la estridencia pierde más votos de los que gana. 
En el mismo orden de aparición se desprenden los principales mensajes que los candidatos posicionaran tras concluir su reunión con Biden. Primero, AMLO dijo que le entregó una carta en donde le da a conocer la propuesta de una nueva relación bilateral con los Estados Unidos centrada más en la cooperación para el desarrollo que en la cuestión militar y policiaca. 
Luego Enrique Peña Nieto reiteró su compromiso con la lucha, más eficaz eso sí, contra el crimen organizado. El priista declaró además que le dio al vicepresidente estadounidense un resumen de propuestas entre las que destacó la apertura de Pemex a la iniciativa privada.
Más tarde, Josefina Vázquez Mota mencionó que Biden ve con normalidad que México tenga una presidenta. Dijo, además, que le planteó su propósito de construir el primer gobierno de coalición ciudadana y le pidió no hacer de la agenda migratoria un tema electorero. Josefina también dijo que Biden reconoció la labor de Calderón en la lucha contra el crimen organizado.
Eso sí, todos resaltaron el hecho de que Joseph Biden asegurara que el gobierno de EUA no intervendrá en las elecciones y respetará a quién resulte ganador. Faltaba más, aunque el problema de la democracia mexicana no recae en la intervención norteamericana sino en la propia descalificación del proceso electoral que hacen los candidatos mexicanos.
Los tres encuentros transcurrieron dentro de un terso protocolo diplomático aunque sería difícil explicarle a Biden por qué los candidatos andan de puntitas con eso de la promoción del voto y las actividades públicas durante el periodo de intercampaña. Cómo decirle que los tres están haciendo tiempo en lo que las autoridades electorales diriman todas las controversias interpartidistas originadas por la elección de cientos de candidatos de mayoría relativa a lo largo y ancho del país.
Cómo explicarle a Biden que, en promedio, los mexicanos verán y escucharán más spots políticos en 2012 que los ciudadanos estadounidenses o que los dos debates que produzca la autoridad electoral podrían no ser transmitidos por las cadenas privadas de televisión abierta si no se les da la gana. Cómo aclararle que nuestras campañas están sometidas a un cinturón de castidad en donde la negatividad no puede dañar nuestros puritanos oídos. Cómo decirle que, en realidad, esto no es así y que en Internet y por las calles puede pasar y verse de todo. Entendería Biden las reglas de nuestro turista electoral. Yo lo dudo.

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