jueves, 13 de agosto de 2009

80 AÑOS DE LA AUTONOMÍA UNIVERSITARIA

FERNANDO SERRANO MIGALLÓN

Hace 80 años, al conquistar su libertad, la Universidad Nacional de México se convirtió en la Universidad Nacional Autónoma de México. Opacada por el centenario de la nueva etapa de la universidad mexicana, la lucha por la autonomía ha pasado casi desapercibida. Sin embargo, la autonomía es el corazón de la universidad, su espíritu y su sentido.

Desde finales de la década de los ochenta, debido a la creciente complejidad de la administración pública y de la vida política de México, se crearon diversos organismos autónomos. Pero, en sentido propio, como autoadministración y también facultad para darse sus respectivas normas y autoridades, sólo son auténticamente autónomas las universidades públicas así establecidas por la ley, de entre las cuales, por antonomasia, es autónoma la UNAM. Así, por ejemplo, el IFE, la CNDH y el Banco de México, si bien están facultados para autorregularse y autogobernarse, en el nombramiento de sus máximas autoridades interviene, en el primero, el Poder Legislativo y, en los otros dos, el Ejecutivo. Mientras que la UNAM elige, sin injerencia de ninguna otra parte, a sus máximas autoridades, de entre los miembros de su comunidad. Esta lucha es la que ha llevado a la Universidad a la conquista de su identidad y de su lugar en la historia nacional. La ley establece tres misiones que debe cumplir la UNAM: la enseñanza, la generación de nuevo conocimiento y la difusión de la cultura. Sin embargo, sólo en el ámbito de la libertad y la autonomía se puede entender una cuarta misión ordenadora de todas las demás: el ser conciencia crítica de la nación, que sólo se puede ejercitar en un ámbito de completa libertad.

No podemos entender el desarrollo de las ciencias, de las humanidades o de la cultura fuera del ámbito de la libertad. Las relaciones entre la Universidad y el poder público están limitadas a la obligación de este último de sostener económicamente sus actividades. En cambio, las obligaciones de la UNAM, tanto en el marco de la ley como de la ética histórica, son frente al pueblo que la creó y la sostiene, y que se traduce en las obligaciones propias de transparencia y rendición de cuentas a que obliga todo manejo de recursos públicos.

Si la ciencia sometida al poder es inimaginable y ni siquiera puede llamarse ciencia con toda propiedad, menos aún puede entenderse la creatividad cultural o la crítica humanista a la sombra del poder. Por su naturaleza, ciencia, cultura y humanidades requieren libertad para fijar sus horizontes más allá de las convenciones y las necesidades del instante, mientras que el poder, por esencia, se traduce en ejercicio inmediato, no siempre racional, de las posibilidades coyunturales. Por otra parte, tratar de limitar el pensamiento a las estrechas fronteras del interés inmediato es tanto como convertirlo en dogma o simple creencia. La autonomía ha sido una conquista histórica de los universitarios, que comparten con colegas de otras regiones del mundo, especialmente de América. De ningún modo se ha tratado de una gracia del poder público o un lento proceso evolutivo. Es, sin duda, la mayor definición de la cultura del país y la apuesta más afortunada de cuantas hemos realizado los mexicanos en la construcción de nuestro ser nacional. La lucha por la autonomía ha llevado desde arduas horas de debate científico hasta la conquista de las calles como lugares públicos, ha constituido la obligación de los universitarios de actuar con responsabilidad en el ejercicio de sus libertades, de resistir a las presiones del poder que tanto inhibe el pensamiento como limita la creatividad.

Hoy, los mexicanos tenemos en la memoria las duras jornadas de 1929, por la autonomía. Recordamos al rector Barros Sierra, acompañado por la sociedad en los justos reclamos por el respeto a esa autonomía en el año fundacional de 1968, pero, quizás, la manifestación más profunda y clara del ejercicio de la autonomía sea el trabajo silencioso y cotidiano de los casi 450 mil alumnos y los 35 mil académicos que cada día honran con responsabilidad el depósito de libertad que la sociedad les ha conferido, para construir el mañana sin más compromiso que la búsqueda de la verdad, el ejercicio de la razón y el cultivo de la tolerancia.

No hay comentarios: