lunes, 16 de agosto de 2010

JÓVENES POBRES

CIRO MURAYAMA RENDÓN

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) dio a conocer, a propósito del Día Internacional de la Juventud, que 14.9 millones de jóvenes mexicanos con edades de entre 12 y 29 años se encuentran en pobreza, esto es, que no tienen atención médica, un empleo seguro y acceso a la educación, ni cuentan con una vivienda de calidad. En su comunicado, el Coneval refirió que “3.3 millones se encontraban en pobreza multidimensional extrema (…)12.1 millones de jóvenes eran vulnerables por carencias sociales, 1.5 millones eran vulnerables por ingreso y 6.2 millones no eran considerados pobres multidimensionales ni vulnerables por ingreso o carencias sociales”. Añadía que, en promedio, los jóvenes que se encontraban en pobreza multidimensional tenían, cada uno, 1.9 carencias sociales de la siguiente manera: “18.1 por ciento tenían rezago educativo; 44.7 por ciento no contaban con acceso a los servicios de salud; 68.0 por ciento no tenían acceso a la seguridad social; 18.1 por ciento presentaban carencia en la calidad y en los espacios en la vivienda;19.1 por ciento no tenían acceso a los servicios básicos en la vivienda, y 22.0 por ciento por acceso a la alimentación.”Ahora bien, si se toma el universo de jóvenes que hay en el país, los pobres representan el 42.9 por ciento del total. Además, es en los de menor edad en donde la pobreza tiene una incidencia mayor: del grupo de 12 a 17 años de edad el 48.2% son pobres y el 39.5% de quienes tienen entre 18 y 29 años. La extendida pobreza juvenil tiene diversa incidencia según las entidades federativas, confirmando que la desigualdad es una constante en cualquier acercamiento a la situación mexicana. Por ejemplo, en Chiapas el 75.8% de los jóvenes están en algún tipo de pobreza; en Guerrero el 67.4%; en Oaxaca el 61.2% y en Puebla el 61.6%. En cambio sólo hay dos entidades con una pobreza juvenil de menos del 20 por ciento, que son Baja California Sur con 17.3% y Nuevo León con una incidencia de la pobreza en sus jóvenes del 19.4%.Del 100 por ciento de los jóvenes que hay en el país, 34.8% son vulnerables por carencia social; el 42.9% sufren pobreza multidimensional; el 4.4% son vulnerables por su bajo nivel de ingreso y el 17.9% no tiene carencias y cuenta con un adecuado nivel de vida. De estos datos surge una conclusión que no puede pasarse por alto: estamos construyendo una sociedad donde menos de uno de cada cinco jóvenes vive en condiciones adecuadas, esto es, más de ocho de cada diez jóvenes están en una situación de fragilidad por razones económicas. De esta forma, la desigualdad de oportunidades y de condiciones de vida no sólo no se revierte, sino que se agudiza sobre las nuevas generaciones. México, en su Bicentenario, en vez de resolver sus más agudos problemas ancestrales, los agudiza.Los datos del Coneval provienen de encuestas levantadas en 2008, lo que puede anticipar que la realidad al día de hoy sea más cruda, pues desde entonces a la fecha es cuando se han presentado los mayores estragos de la crisis económica. Nada más en 2009 la economía mexicana tuvo una contracción de -6.5 por ciento del PIB, se generaron más de medio millón de desempleados adicionales y se redujo la calidad en el empleo, pues creció el número de trabajadores percibiendo menos de dos salarios mínimos y cayó el de personas que ganan más de tres salarios mínimos. Cabe decir que adicionalmente el propio Coneval ha dado a conocer un incremento muy drástico de la pobreza laboral, esto es, de los trabajadores cuyo ingreso no alcanza para comer, fenómeno que se presentó a partir del tercer trimestre de 2008 y que no ha sido revertido a la fecha. Estos cambios, por tanto, pueden haber afectado las condiciones de vida de los jóvenes que son los que acusan las mayores tasas de desempleo y subempleo y, por tanto, la cantidad de pobres en estas edades tempranas de la vida puede ser sustancialmente mayor al panorama, de por sí alarmante en términos sociales, que presenta el Coneval.Es indispensable reconocer que esta situación no sólo tiene efectos inmediatos sobre la calidad de vida y de la coexistencia en el país, sino que al manifestarse sobre la población aún en edad de formación y que está en las edades en que se tiene la experiencia del primer ingreso al mercado de trabajo, puede significar consecuencias duraderas que perduren durante las próximas décadas. Un joven pobre que, por lo mismo, puede desertar del sistema educativo o que bien tiene un empleo que no le aporta ingresos suficientes para, siquiera, cubrir su canasta alimentaria básica, va a ser una persona que pierda en forma definitiva su oportunidad de movilidad social. La exclusión temprana se traduce en marginación permanente. Pocos datos tan graves como el de la situación de los jóvenes se han presentado últimamente, y eso ya es decir. México no corre el riesgo de perder su bono demográfico, sino que lo está perdiendo ya a pasos agigantados. En este tema se define de manera crucial la seguridad del país y la convivencia que podamos tener. Son los jóvenes y su situación social lo relevante, ¡caramba!, no si compran mariguana bajo mano o lo llegan a hacer en un estanquillo legalizado.

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