jueves, 26 de agosto de 2010

LOS PRELADOS

JORGE ALCOCER VILLANUEVA

En las declaraciones y conductas que otros dignatarios de la Iglesia Católica han seguido ante las del cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez, se manifiesta el "huevo de la serpiente", el poderío acumulado por esa Iglesia y sus jerarcas en las últimas dos décadas. Estamos ante algo más que calumniosas expresiones; se trata de un embate contra la civilidad, la expansión de derechos individuales y colectivos y los principios del Estado laico.
Los ministros de la Suprema Corte de Justicia, agraviados por las expresiones de Sandoval, aprobaron, por unanimidad, a propuesta del ministro Sergio Valls, un pronunciamiento de censura a las mismas; pero el embate del p(r)elado, y de otros como él, ha continuado, lo que lleva a preguntar por otras acciones desde la Corte. No sería justificable que quienes integran el máximo tribunal constitucional de México permanezcan impávidos ante lo que está ocurriendo, que se limiten a una censura simbólica, en lugar de utilizar los instrumentos legales a su alcance. El silencio de la Corte sería más fuerte que las palabras del cardenal.
Grave es el silencio de la Secretaría de Gobernación, omisa desde hace años en el ejercicio de las facultades que la ley le otorga en la vigilancia de su cumplimiento por las iglesias; fusionada a la que atiende los asuntos de población y migración, la Subsecretaría responsable lleva años ignorando las ilegales y desafiantes conductas y declaraciones en que incurren, una y otra vez, jerarcas de las iglesias.
En el IFE, los consejeros electorales han preferido dejar pasar el asunto, tres se van en octubre y de los otros seis que llegarán al 2012, nadie quiere tomar ese toro por los cuernos. Deberían actuar de oficio, sin esperar queja o denuncia, pues la gravedad del caso, y sus implicaciones directamente electorales, como lo son los llamados de voceros eclesiásticos a no votar por el PRD, así lo ameritan. Si la máxima autoridad electoral de nuestro país sigue siendo omisa en el cumplimiento de sus responsabilidades, que nadie se extrañe de ver y escuchar nuevas y más agresivas conductas y declaraciones en el futuro inmediato.
Solamente Marcelo Ebrard tomó la decisión de dar la pelea judicial; demandó por la vía civil al lenguaraz cardenal, exigiéndole disculpa pública y reparación del daño moral que le causa la temeraria acusación de que maiceó (sobornó) a los ministros de la Corte en la sentencia que causa llanto y crujir de dientes a los jerarcas de varias iglesias, no sólo de la Católica, sino también de otras confesiones.
Vista la demanda que ha interpuesto el jefe de Gobierno del DF, parece exigible que los ministros de la Suprema Corte de Justicia sumen la propia; en tanto que la Secretaría de Gobernación y el IFE están obligados a instaurar procedimientos de oficio, conforme a las leyes aplicables, para investigar y, en su caso, sancionar, al cardenal de Guadalajara, y a otros prelados, por flagrante violación a la Constitución.
No se trata solamente de poner un alto a Sandoval, sino hacerlo respecto de la Iglesia Católica y otras, hoy unificadas y en pie de guerra en contra del avance de la civilidad y la expansión de nuevos derechos. Ésta no es una pelea de opiniones; es una batalla por la preservación del Estado laico, por las ideas y conquistas que Juárez y los liberales defendieron y ganaron en el siglo XIX.
La tolerancia del Estado, con la complicidad de legisladores y partidos, ha provocado retrocesos en varios ámbitos de la vida social, en particular en contra de las mujeres y de sectores que reclaman su derecho a la diferencia. Gobiernos de todo signo ideológico y color partidista han prohijado el retroceso ocurrido en 17 estados de la República, en donde se han endurecido las penas en contra de las mujeres que abortan, llegando a excesos como los que han sido denunciados en Guanajuato, donde gracias a la presión de la ONU y de algunos medios de comunicación, el gobernador se vio obligado a dar marcha atrás, al menos parcialmente.
No se trata sólo de reivindicar la historia, sino ante todo de mirar el futuro del Estado laico; defender lo que la Corte resolvió en materia del matrimonio entre personas del mismo sexo, y su derecho a la adopción, en el DF, es actuar en favor de los derechos de todos.

1 comentario:

BRW DJ dijo...

Me parece fundado pero insuficiente el comentario del Maestro Alcocer al respecto.

Porque, en primer lugar, si bien es cierto que nadie es omiso en reconocer el poder político de que estos días goza la Iglesia Católica en México, la verdad es que, en este caso, las declaraciones sólo se reducen a simples palabras. Recordemos que al final del día, las decisiones que toma el Estado son las únicas que jurídicamente importan, ¿ajá? Por lo tanto, los señores Ministros bien se pudieron ofuscar, aunque la verdad es que les pudo haber valido dos papas lo manifestado por los hombres de la sotana y el escapulario.

Por otro lado, la Secretaría de Gobernación ni los vio ni los oyó, como se estila decir, puesto que la línea que sigue el partido político que preside esta administración comulga de maravilla con los intereses del gremio eclesiástico. Triste pero cierto. El silencio administrativo de la Secretaría me provoca vómito.

Pero así que digamos preocupado no estoy. Recordemos que este país es la versión maximalista de San Pedro de los Saguaros. Reto al Maestro a tomarse el atrevimiento de desmentirme.

Las autoridades electorales también guardaron silencio. ¿Como por qué, si se trata de organismos revestido de autonomía? Es que, bueno, no es que yo me lo haya sacado de la manga, pero su legislación establece claramente que las designaciones y demás movimientos de sus titulares los hace el Presidente. ¿Coincidencia? En esta ciudad tooodo es posible.

No es un asunto de tolerancia, según veo. "Zapatero a tus zapatos"; que cada quién haga su trabajo y cuando a alguien se le vaya la mano diciendo tonterías, pues que los demás se encarguen de recordarle, así bien amables y toda la onda, que no lo debe hacer. Y todos contentitos.

Pero como esto es una utopía, pues no queda más que tragarse estos cuentos de brujas o de plano desconectarse y estar cada quién en su canal. Es que tanto de esto en verdad ataranta. A mí me duele la cabeza nomás de ver; no es broma.

¿Será que justamente no viendo las noticias y centrándonos más en las series de televisión podremos acabar con este mal llamado Derecho Administrativo al estilo mexicano, al decir del egregio e ínclito Doctor Ernesto Gutiérrez y González?

Saludos.