jueves, 2 de diciembre de 2010

ÚLTIMO TERCIO

JORGE ALCOCER VILLANUEVA

Felipe Calderón llegó al fin de su cuarto año como presidente de México e iniciará el tercio final de su administración. Si recordamos las condiciones en que se vio obligado a rendir protesta ante el Congreso, su primer mérito es llegar a esta fecha en ejercicio de sus facultades constitucionales, que esperemos siga ejerciendo hasta el último día de su mandato.En el balance, el saldo es contradictorio, cuando no desfavorable. La guerra que declaró en contra del crimen organizado ha consumido no sólo las energías del Ejecutivo y de su gobierno, sino que ha llegado a un callejón sin salida en el que solamente queda sumar los muertos de cada día. Como lo muestran encuestas recientes, la opinión pública ha virado su percepción sobre el tema, a tal punto que quienes manifiestan desacuerdo con la participación de las Fuerzas Armadas y no creen que el Estado esté ganando esta guerra casi igualan a quienes siguen opinando a favor. Si, como ha reiterado el Presidente, contar con el apoyo de la sociedad es crucial en esta materia, en los 24 meses que a Calderón le restan de mandato podría toparse con una sociedad abiertamente crítica de su estrategia y acciones para detener el pavoroso clima de inseguridad y violencia en que hemos caído.En el ámbito de la economía, han sido cuatro años de relativa estabilidad de precios, sin sobresaltos en la paridad cambiaria; las finanzas públicas han soportado gracias a los elevados precios del petróleo y a los ingresos que su venta aporta al erario; pero la desgracia ha sido que esos recursos, irrepetibles en el corto y mediano plazos, han servido para alimentar el gasto corriente de los tres órdenes de gobierno, aportando muy poco a la inversión en infraestructura y en la adaptación de Pemex a las nuevas exigencias que impone el agotamiento progresivo e irreversible de los yacimientos en que se fincó el boom petrolero del pasado. La década que termina, marcada en México por dos gobiernos panistas, es, vistos los indicadores de crecimiento económico, empleo y desarrollo humano, un tiempo perdido.De Felipe Calderón, por su trayectoria previa como constructor de acuerdos políticos y parlamentario con experiencia, se esperaba mucho más de lo que su inmediato antecesor alcanzó en su trato con el Congreso y los partidos políticos. Lamentablemente no ha sido así. Con justeza, cabe reconocer que hay culpa en ambos lados, pero también que un signo de estos cuatro años ha sido la inconsistencia presidencial en la promoción de sus principales propuestas ante el Congreso, y un clima de encono cada día más acentuado.No hubo perseverancia presidencial en el impulso a la reforma fiscal y tributaria, que ya no parece tener oportunidad alguna de avanzar en lo que resta del sexenio; tampoco la hubo en la reforma energética, de la que el propio Presidente ahora parece arrepentido. Igual ha ocurrido con sus iniciativas para la actualización de las normas para la procuración e impartición de justicia; las pocas reformas aprobadas se quedaron a medias. Sus propuestas de reforma política, anunciadas con bombo y platillo hace más de un año, no han podido generar acuerdos, pues a nadie gustó la idea de retornar a los mecanismos para generar mayorías artificiales o lanzarse a experimentos como la segunda vuelta en la elección presidencial.En política exterior, México ha perdido peso y presencia en el escenario internacional, la agenda con Estados Unidos está dominada por los asuntos de seguridad y narcotráfico; la avalancha republicana y su inminente predominio en la Cámara baja del Capitolio auguran peores tiempos.El gabinete, apabullado por su propio jefe, ha carecido de liderazgos o figuras relevantes; transita en la discreta medianía. La ausencia de operadores políticos a la altura de los retos ha esterilizado los esfuerzos presidenciales, encomiables, pero improductivos.Queda desear que en el último tercio el presidente Calderón defina una agenda plausible, alcanzable, aunque sólo sea para evitar que el desánimo social y el encono político se generalicen. Sus tareas no están en la arena electoral, en la que de pronto parece concentrar sus energías, sino en la conducción del país, urgido de encontrar en las acciones de su Presidente un motivo de unión y esperanza.

No hay comentarios: