jueves, 1 de abril de 2010

HABLAR BIEN DE MÉXICO...

RAÚL CARRANCÁ Y RIVAS

El 7 de septiembre de 2009, al exponer los lineamientos principales del llamado "paquete económico" que entregaría al Congreso de la Unión, el Presidente Felipe Calderón anunció la desaparición de tres secretarías de Estado, la de Turismo, que transferiría sus funciones a la Secretaría de Economía; la de la Reforma Agraria, cuyas funciones y programas se distribuirían entre la Secretaría de Desarrollo Social y la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación; y la de la Función Pública, cuyas acciones serían desempeñadas por una Contraloría General de la Federación que dependería directamente del Presidente. Añadió asimismo en ese entonces que "se trata de un paquete económico centrado en la prioridad de abatir los niveles de pobreza extrema", buscando además el fortalecimiento de las finanzas públicas con los cambios substanciales que requiere el país. "Estos son tiempos difíciles -dijo- y antes de pedir cualquier esfuerzo adicional, el gobierno debe ser el primero en poner el ejemplo". Como se sabe la idea no prosperó y las tres secretarías del caso siguen allí. Ahora, el 26 de marzo de 2010, siete meses después, el Presidente le da especial relevancia al turismo, de hecho primordial relevancia, lo que desde cualquier punto de vista necesita una Secretaría de Estado que lo organice y coordine. La idea es fomentar, hablando bien de México, incluso la llegada de viajeros procedentes de países con "altos estándares de seguridad". O sea, decirles: "tú que vives en un medio muy seguro ven a mí país, que no es tan inseguro como se dice". ¿Y las noticias que al respecto circulan? No son exactas, son calumnias. ¿En las condiciones actuales por las que atraviesa México alguien lo puede creer? ¿Acaso es verdad que los propios mexicanos hemos satanizado a nuestro país? ¿Qué quiere el Presidente? ¿Que hablemos de México o de su gobierno y de su política que en materia de seguridad no ha dado los frutos deseados? ¿Es hablar mal de México señalar las grandes fallas de esa política? Por otra parte compararnos con Brasil, por ejemplo, no es razonable sin tener previamente en cuenta una serie de parámetros sociales, de peculiaridades, que son radicalmente distintos en las dos naciones. El Presidente pide "salir y promover" la determinación con la que se enfrenta la delincuencia. Eso, me parece, le toca a él y a su gobierno. Pero en una democracia todos podemos y debemos opinar y criticar. ¿Es indebido? ¿Es inevitablemente de mala fe? ¿Es, repito, satanizador del país, lo cual sostiene el Presidente? En una democracia hay siempre, es lo deseable, un equilibrio de fuerzas, es decir, distintos pensamientos y visiones de las cosas. ¿Cómo negar el cotidiano y espantoso derramamiento de sangre en el país? Los hechos hablan por sí solos. Lo que hacemos el gobierno por su parte y los ciudadanos que lo criticamos por la nuestra (criticar es juzgar de las cosas, censurar) es lo imprescindible, repito, en una democracia. Además y en todo caso no se habla mal de México sino del propio gobierno o, mejor dicho, de una política equivocada en el combate a la delincuencia. No hay que confundir los términos porque por ese camino se llegaría a la absurda conclusión de que los inconformes, e incluso las víctimas directas e indirectas, no somos patriotas. Lo que pasa es que cada quien ama a su patria y procura su bien de diferente forma. Y más aún, víctimas indirectas lo somos todos los mexicanos que vemos medio desgarrado el país en el que vivimos y trabajamos. El Presidente y su gobierno gobiernan. Esa es su función y su responsabilidad. Y nosotros los gobernados ¿qué? ¿Cerrar la boca? ¿Guardar silencio? Obviamente lo negativo es criticar sin sentido, soltando la bilis por doquier. México es un país maravilloso, excepcional, en su naturaleza y en su espíritu. Pero no es posible, ni tampoco debido, pregonar esto omitiendo lo otro. La delincuencia, a mayor abundamiento, ha prendido en algunos sitios del país a manera de una epidemia, o sea, que es perfectamente posible que transite, que circule de un lugar a otro; lo que por cierto ya ha sucedido. Por lo tanto el país entero se halla invadido, potencialmente, por la delincuencia. Sin olvidar el estado de ánimo y la sensación de inseguridad que prevalece en la conciencia de los mexicanos.
Ahora bien, a mí como gobernado no me importa que Brasil, comparándolo con México, tenga los mayores índices de homicidios a nivel internacional y que a pesar de lo anterior haya obtenido la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos. Creo que a donde se realizaran la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos la gente iría, hasta en medio del fuego cruzado. El fanatismo deportivo, que es una válvula de escape de uno y mil problemas individuales y sociales, desconoce los límites, los peligros y las fronteras. Lo que nos importa a los gobernados es la situación en concreto del país y sin duda la carga de la prueba de lo bien que está México corre a cargo del Presidente, de su equipo y del PAN. Que con su PAN se lo coman. Pero hay un riesgo enorme en pedirnos que divulguemos a los cuatro vientos lo que le corresponde divulgar, defender y probar exclusivamente al gobierno. Desde luego reconocemos que el Presidente y el gobierno luchan contra la delincuencia, tienen su estrategia y su modo de hacer las cosas, aunque tal reconocimiento no excluye que por su ineficacia los desaprobemos. Y ya que el gobierno insiste en no cambiar de estrategia, desoyendo las voces críticas, la verdad es que la aprobación o desaprobación de lo que hace es una facultad exclusiva del gobernado. En suma, hablar bien de México es ser objetivos y decir cada quien su verdad.

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