miércoles, 28 de abril de 2010

NACEN, LA REFORMA Y BENEDICTO XVIEN LA MISMA ALEMANIA

HERMILIO LÓPEZ BASSOLS

La Historia, ineludible, ineluctable, aleccionadora, formativa, ilustradora, contundente y sabia, ha sido el instrumento del hombre para que a su estudio, explique los problemas del presente. Es por ello que nunca es más cierto que hoy, el aforismo latino "la Historia es la maestra de la vida".Estamos a fines del siglo XV, los altos dignatarios tienen la convicción de que son invulnerables, pese al hecho de que nadie discutía que la avaricia de los eclesiásticos, su corrupción y su ignorancia habían llegado hasta más allá de lo increíble. Era inevitable una reforma de la iglesia. Antes, recordamos, la monarquía pontificia había pretendido poner fin a los desórdenes del Gran Cisma y los concilios en ese siglo y en el siguiente fracasaron totalmente en sus intentos de reforma, poniendo a la iglesia al borde de la desunión y muy probablemente de la debacle. Volvamos los ojos a los humanistas que hacia 1450 describían la vida de los clérigos, las órdenes religiosas y aún la curia romana. Alejandro VI, Borgia, al ser coronado en Roma, para adularle se levantó un Arco del Triunfo en el que se leía: "La Roma de los Césares fue grande, esta de los Papas lo es más; aquellos eran emperadores, estos son dioses".Eran entonces omnipotentes con derecho sobre los reyes, bajo bulas y excomuniones. Él mismo se convirtió en árbitro del mundo en el reparto de las tierras descubiertas entre castellanos y portugueses y trazó la Bula Alejandrina, partiendo nuestro continente en dos (No olvidemos que también el diferendo entre Argentina y Chile por el canal de Beagle lo resolvió otro pontífice en el siglo pasado). Coincidimos en que si ese poder papal hubiese sido legítimamente obtenido y ejercitado por hombres piadosos, la protesta que originó la reforma se hubiera reducido a una reacción de carácter político como la que había motivado el conflicto entre el pontificado y el imperio en tiempos de Gregorio VII. Pero era bien sabido que algunos papas habían logrado la elección distribuyendo dinero al Colegio Cardenalicio y también que muchos de los cardenales habían comprado su cargo. Alejando VI en 1500 nombró 12 cardenales que pagaron 120 mil ducados por los capelos. Los altos cargos de la curia se vendían igualmente al mejor postor. Estos puestos obtenidos por dinero eran considerados inamovibles y se podían traspasar a otros. En esa jauja, un Médicis, León X, decía, "Gocemos del pontificado, ya que Dios nos lo ha concedido".La corrupción romana se contagiaba a toda la cristiandad y la curia daba en encomienda obispados y abadías, inclusive a los parientes, como fue el caso de Sixto IV. Se argumenta entonces que ante estas condiciones la reforma era inevitable sin necesidad del cisma luterano. Todos lamentaban los abusos del clero de la época y proponían como remedio un concilio. Pero el concilio se celebró en la ciudad italiana de Trento bajo la presencia del emperador Carlos V, cuando ya las ideas protestantes habían cundido por Europa desde Escocia y Suecia hasta lo que hoy es Suiza y Checoslovaquia, pero nunca traspasando los Pirineos.La Iglesia actuó con ingenuidad y soberbia, creía que abrigando a los que la criticaban se resolverían los pavorosos escándalos. Primero, acercó a Erasmo de Rótterdam, luego intentó hacerlo con el propio Lutero y ya le fue difícil hacerlo con Calvino, Zuinglio y Knox.La Europa de fines del siglo XV supo de un alud de tratados cortos, la mayor parte en latín, que presentaban a La Iglesia como una organización de gente maleante. Erasmo desencadenó la tempestad y el papa lo invitó a ayudarle en su reforma de la iglesia. Él rehusó el capelo y continuó con su trabajo doctrinal. Martín Lutero no sólo rechazó la invitación del papa sino le dijo que no había leído su carta. Uno y otro fueron el Voltaire y el Rousseau de la reforma. La venta de las indulgencias fue para pagar las asombrosas obras en el Vaticano, como la Basílica de San Pedro y también para sostenimiento de las cortes de los pontífices. Luego comenzó la lucha ideológica, el exceso de indulgencias fue la gota de agua que hizo desbordar el vaso, ya repleto de rencor, contra Roma y el pontificado.A mayor abundamiento leer: Historia Universal, Tomo 13, Editorial Salvat, 2005.He citado un hecho y un texto conocido, corresponde al lector hacer un trazo comparativo directo con los hechos del presente.

No hay comentarios: